^ UNIVERSITY OF ILLINOIS
LIBRAR Y
Class Book ,¿ Volume
OURMAHIG mu ROMAWOg
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ANTOLOGÍA
DE
POETAS LÍRICOS CASTELLANOS
BIBLIOTECA CLÁSICA
TOMO CCXÍ
ANTOLOGÍA
DE
(TOMO X)
ROMANCES POPULARES
RECOGIDOS DE LA TRADICIÓN ORAL
CON NOTAS Y OBSERVACIONES DE
D. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO
De la Real Academia Española.
(SUPLEIIENTO Á LA ^ PRIMAVERA Y FLOR DE ROMANCES > DE WOLF )
Tomo III.
MADRID
LIBRERÍA DE HERNANDO Y C.^
Calle del Arenal, núni. ii
1900
4
ES PROPIEDAD
Imprenta de HerEapdo y C.3, Quintana
SECCIÓN PRIMERA
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
90004
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Aunque la mayor y mejor parte de los romances caste-
llanos sólo ha llegado á nosotros por la tradición escrita
(ya en los pliegos sueltos góticos, ya en los romanceros del
siglo xvi), no es poco ni insignificante lo que todavía vive
en labios del vulgo, -sobretodo en algunas comarcas y gru-
pos de población que, por su relativo aislamiento, han podi-
do retener hasta nuestros días este caudal poético, que, al
parecer, ha desaparecido casi completamente en las regio-
nes centrales de la Península, en las provincias que por an-
tonomasia llamamos castellanas, donde, según todo buen
discurso, tuvo el romance su cuna, ó alcanzó, por lo menos,"
su grado más alto de vitalidad y fuerza épica. Las versio-
nes tradicionales, si bien muchas veces aparezcan incom-
pletas, y otras veces estropeadas por adiciones modernas,
nacidas del nefando contubernio de la poesía vulgar con
la popular, merecen alto aprecio, lo mismo cuando son
variantes de romances ya conocidos, que cuando nos con-
servan temas evidentemente primitivos, pero que no han
dejado rastro en los romanceros impresos. Así lo compren-
dió Wolf, incluyendo en la Primavera dos romances tra-
dicionales recogidos en Cataluña y uno procedente de An-
dalucía. Hoy puede ampliarse mucho esta sección, merced
á los hallazgos y trsibdijoa folklóricos de estos últimos años;
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LIRICOS CASTELLANOS
y por nuestra parte vamos á recoger en el presente volu-
men todos los que nos parecen ofrecer, más ó menos pu-
ros, los caracteres de la genuina poesía popular, y pueden
alternar sin desdoro con los romances viejos.
El grupo más considerable y digno de estudio es sin
duda el de los romances asturianos, tanto por el número
y variedad de las versiones, como por la integridad y pu-
reza con que generalmente se han conservado. Las con-
diciones geográficas y sociales del antiguo Principado dan
satisfactoria explicación de este hecho. Para evitar confu-
siones que en esta materia abundan, y en que á veces in-
curren personas muy doctas, no parece superfino advertir
que estos romances se llaman asturianos por haber sido
recogidos en Asturias y ser tradicionales allí, pero que
no deben considerarse como poesía indígena y peculiar
de aquella nobilísima región española, sino como restos
de una poesía narrativa enteramente castellana y no dia-
lectal. No sólo carecen de color local asturiano, de alusio-
nes á la historia provincial (de la cual parecen ignorar
hasta los temas más célebres, como el de Pelayo), de ves-
tigios de las muy curiosas supersticiones que aun persis-
ten allí como reliquias de la primitiva mitología ibérica,
sino que están compuestos, sin excepción alguna, en cas-
tellano corriente, y no hay ni uno solo en el antiguo y ve-
nerable dialecto del país, llamado hable; si bien al pasar
estos romances por las bocas délos rústicos hayan sufrido
y continuamente sufran todas las alteraciones fonéticas
propias de quien habla en una lengua y canta en otra: fe-
nómeno que con caracteres todavía más singulares encon-
traremos en Cataluña. No es esto negar la posible y aun
verosímil existencia , en tiempos remotos , de una poesía
narrativa asturiana por los asuntos y aun por el dialecto;
pero la verdad es que de esta poesía, si existió, no quedan
ADVERTENCIA PRELIMINAR
9
huellas. La poesía bable popular no ha pasado de la forma
lírica de coplas ó cantares sueltos; y el cultivo artístico
del dialecto no data más que del siglo xvii, cuando inge-
niosos y agudos versificadores comenzaron á servirse de él
en parodias clásicas, romances festivos y picantes entre-
meses.
Pero si no la gloria de haber engendrado las bellísimas
canciones populares que en sus valles y montañas se han
recogido (puesto que basta leerlas para comprender que
en algún tiempo fueron comunes á todos los reinos de Cas-
tilla y León, y aun pudiéramos decir que á toda la Penín-
sula, como lo evidencian las versiones similares recogidas
en Audalucía y Portugal), corresponde á Asturias la glo-
ria no menor de haber conservado los textos más genuinos
y completos que la tradición oral ha revelado hasta ahora,
y de haber tenido diligentes colectores que muy á tiempo
han salvado toda esta riqueza, próxima ya á désaparecer
ante la fiera invasión centralista é industrialista de nues-
tros días.
Las más antiguas noticias acerca de romances asturia-
nos se remontan á la célebre carta de Jove-Llanos sobre
las romerías de Asturias, octava de las que dirigió á don
Antonio Ponz (1). Descríbese ^llí la danza prima en estos
curiosos términos :
«Aunque las danzas de los hombres se parecen en la
forma á las de las mujeres, hay entre unas y otras ciertas
diferencias bien dignas de notarse. Seméjanse en unirse
todos los danzantes en rueda, asidos de las manos, y girar
en rededor con un movimiento lento y compasado, al son
del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la for-
ma. Son una especie de coreas á la manera de las danzas
(1) Ohr((f) de JovellanoH (ed. Rivadeneyra), II, pág. 299.
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LÍRICOS CASTELLANOS
de los antiguos pueblos, que prueban tener su origen en
los tiempos más remotos y anteriores á la invención de
la gimnástica. Pero cada sexo tiene su poesía, su canto y
sus movimientos peculiares, de que es preciso dar alguna
razón.
'^Los hombres danzan al son de un romance de ocho sila-
bas, cantado por alguno de los mozos que más se señalan
en la comarca por su clara voz y por su buena memoria;
y á cada copla ó cuarteto del romance responde todo el coro
con una especie de estramhote, que consta de dos solos versos
ó media copla. Los romances suelen ser de guapos y valen-
tones, pero los estrambotes contienen siempre alguna depre-
cación á la Virgen, á Santiago, San Pedro ú otro santo fa-
mosOy cuyo nombre sea asonante con la media rima general
del romance,
»Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen
desde el tiempo de la gentilidad, y que en ellas se canta-
rían entonces las alabanzas de los héroes, interrumpidas
y alternadas con himnos á los dioses. Lo cierto es que su
origen es muy remoto; gue el depravado gusto de las jáca-
ras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las sú-
plicas á los santos es tan monstruosa, que no pudieron na-
cer en un mismo tiempo, ni derivarse de una misma causa. »
Leyendo atentamente estos renglones se ve que el in-
mortal Jove-Llanos, adelantándose en esto, como en tantas
otras cosas, á su tiempo, fijó la atención en los desdeñados
romances del vulgo, que había oído cantar en las rome-
rías asturianas; pero no se fijó bastante en su letra, puesto
que aun degenerados como están ahora (y él debió de al-
canzarlos mucho más puros) no tratan, por lo común, de
guapos y valentones, ni participan del gusto d^ las jácaras,
si bien en algunos se advierta el natural contagio de la
poesía popular por la vulgar.
ADVERTENCIA PRELIMINAR 41
Pero no terminan aquí las noticias del sabio gijonés.
Aunque sea de un modo algo confuso, y sin establecer la
debida distinción entre lo castellano y lo bable, y entre
los romances y las coplas, apunta otras especies que por
tratarse de un escritor del siglo xviii, deben ser cuidado-
samente recogidas, en obsequio á la memoria de quien fué
sin duda uno de los más calificados precursores del Folk-
Lore español.
Distingue Jove-Llanos, y en su tiempo eran distintas,
las danzas de hombres y mujeres, y notado el carácter bé-
lico de las primeras, dice sobre las segundas:
« Su poesía se reduce á un solo cuarteto ó copla de ocho
silabas y alternado con un largo estrambote, ó sea estribillo ^
en el mismo género de versos, que se repite á ciertas y de-
terminadas pausas. Del primer verso de este estrambote
que empieza :
Hay un galán de esta villa...
vino el nombre con que se distinguen estas danzas.
»E1 objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, 6
cosa que diga relación á él. Tal vez se mezclan algunas
sátiras ó invectivas, pero casi siempre alusivas á la mis-
ma pasión, pues ya se zahiere la inconstancia de algún
galán, ya la presunción de alguna doncella, ya el lujo de
unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas semejantes.
»Lo más raro, y lo que más que todo prueba la senci-
llez de las costumbres de estas gentes, es que tales coplas
se dirigen muchas veces contra determinadas personas;
pues aunque no siempre se las nombra, se las señala muy
claramente, y de forma que no pueda dudarse del objeto
de la alabanza ó la invectiva. Aquella persona que más
sobresale en el día de la fiesta por su compostura, ó por
algún caso de sus amores; aquel suceso que es más recien-
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LIRICOS CASTELLANOS
te y notable en la comarca; en fin, lo que aquel día ocupa
principalmente los ojos y la atención del concurso, eso es
lo que da materia á la poesía de nuestros improvisadores
asturianos
» Supongo que para estas composiciones no se valen
nuestras mozas de ajena habilidad. Ellas son las poetisas,
así como las compositoras de los tonos, y en uno y otro gé-
nero suele su ingenio, aunque rudo y sin cultivo, producir
cosas que no carecen de numen y de gracia. »
Cita Jo ve-Llanos dos ejemplos de coplas de cuatro ver-
sos, uno y otro en bable, y continúa de este modo su in-
teresante descripción :
«Los estribillos con que se alternan estas coplas, son una
especie de retahila que nunca he podido entender; pero
siempre tienen sus alusiones á los amores y galanteos, ó
á los placeres y ocupaciones de la vida rústica. Los tonos
son siempre tiernos y patéticos, y compuestos sobre la
tercera menor. Llevan la voz de ordinario tres ó cuatro
mozas de las de más gallada voz y figura, colocadas á la
frente del corro, y las otras van repitiendo ya la mitad de
la copla, ya el estribillo, á cuyo compás giran todas sin
interrupción sobre un mismo circulo, pero con lentos, uni-
formes y bien acordados pasos. Entretanto resuena en tor-
no una dulce armonía que, penetrando por aquellos opa-
cos y silenciosos bosques, no puede oirse sin emoción ni
entusiasmo. No constan estas danzas, como nuestros mo-
dernos bailes, de fuertes y afectadas contorsiones, propias
para expresar unas pasiones violentas y artificiosas, sino
de movimientos lentos y ordenados, que indican las tran-
quilas afecciones de un corazón inocente y sensible.»
Bien se ve leyendo este pasaje que Jove-Llanos, por
excepción singularísima entre los hombres de su siglo, no
ADVERTENCIA PRELIMINAR
13
era insensible, ni mucho menos, al hechizo de la poesía y;
de la música populares, como tampoco lo fué á la peculiar
belleza de las construcciones religiosas y civiles de la Edad
Media. De sus palabras se deduce, además, que entonces
como ahora existían en Asturias dos géneros de poesía
vulgar, uno lírico,. en el dialecto del país, y otro narrati-
vo, en lengua castellana. De la primera pareció cuidarse
más que de la segnnda : no son raras en su corresponden-
cia con el canónigo González Posada las citas de coplas
asturianas, y en la instrucción que formuló como prelimi-
nar para un diccionario bable (1), menciona, entre las auto-
ridades más dignas de tenerse en cuenta, «los cantares
»usados en las danzas, endechas, esfoyazas y otras juntas
»y diversiones del pueblo de Asturias».
Contemporáneo y amigo de Jove-Llanos fué un estra-
falario personaje, entre naturalista y poetastro, traductor
de Virgilio y curandero afamado, D. Benito Pérez Val-
dés, farmacéutico de Oviedo, que solía añadir á su firma
el sobrenombre de El Botánico, con el cual suelen recor-
darle los pocos que se cuidan de él. Inflamado de ardor
patriótico durante la temporada constitucional de 1820
á 1823, compuso con pedestre numen el Romancero de Rie-
go,.qne años después dió á la estampa en Londres el ca-
nónigo D. Miguel, hermano del infortunado caudillo de
Las Cabezas de San Juan (2). En este libro, muy curioso
á pesar de su exiguo valor poético, no sólo se habla de
«la gran danza circular ó prima», sino que se da testimo-
nio de que en nuestro siglo ha servido para acompañar ro-
(1) , Obras de Jove-LlanoH, 11, 207.
(2) El Romancero de Riego, por l). Benito Pérez, llamado *el Botá-
nico de Oviedo 'y , publicado por I). Miguel Riego, canónigo de la Catedral
ovetense. En Londres, por Carlos Wood, 1842,
44
LÍRICOS CASTELLANOS
manees políticos de circunstancias. «Yo he presenciado
»(dice Valdéa) el 14 de Septiembre de 1819 en Candás,
»una danza de más de 500 mozos, con otra dentro de mo-
»zas, cantando el romance triste de la muerte de Porlier,
^composición (creo) del escribano D. Kamón de Miranda-
»liombre nada vulgar». Resulta de esa curiosa noticia que
todavía entonces eran distintos los corros de hombres y
de mujeres, y que el segundo iba en medio, y como pro-
tegido por el primero.
No faltaban, como se ve, algunas indicaciones disper-
sas sobre cantos y danzas populares de Asturias, pero en
el contenido de los romances nadie se había fijado hasta
que en 1849, el eminente estadista y literato asturiano
D. Pedro José Pidal, por tantos conceptos benemérito de
su patria, comunicó á su grande amigo D. Agustín Durán
la curiosa nota inserta como apéndice al discurso prelimi •
nar del Romancero ge?ieral en la colección de Rivadeneyra.
Allí aparecieron por primera vez cuatro romances asturia-
nos de los más curiosos, supliendo ingeniosamente Pidal,
con gran sentido de la poesía popular, algunos versos que
no recordaba en el bello romancillo de Don Bueso^ que no
había vuelto á oir desde su niñez. Entusiasmado Durán
con el hallazgo de estos romances y la noticia de que
existían otros muchos, exclamaba: «Sus formas típicas,
»su espíritu sencillo y épico, parecen pertenecer esencial-
»mente á la poesía primitiva, aunque su lenguaje esté mo-
»dernizado. En estos romances se percibe un sabor orien-
»tal, una sencillez bíblica admirables... Hay en ellos un
»lujo de imaginación, pero sencilla y natural; hay una cul-
»tura inartificiosa y apacible de que carecen los rudos ro-
»mances viejos históricos... y de que sólo se hallan vesti-
»gios en algunos de los moriscos primitivos. ¿De dónde
»ha venido esta clase de romances puramente hechos en
ADVERTENCIA PUELIMINAR
15
» castellano, y de que sólo hay vestigios en Asturias, y en-
»tre la gente vulgar, cuando parecen hechos hasta para
»la gente culta?»
Fácil es descontar de este pasaje la parte de inexactitud
y de hipérbole, propia del estado de los estudios cuando
Durán escribía, pues lo del colorido oriental es pura- ima-
ginación, y los romances moriscos nada tienen de primi-
tivos. Además, los temas de los romances asturianos, que
son generalmente novelescos, pertenecen al fondo común
de la canción popular en el Mediodía de Europa; y por
lo que toca á nuestra Península, no sólo se conocen varian-
tes castellanas de algunos de ellos en otras provincias y
hasta en boca de los judíos de Constantinopla y Salónica,
sino que casi todos se conservan en portugués, y algunos
hasta en catalán. Pero lo que importa es dejar consigna-
do el gran aprecio que tan fino conocedor de la poesía del
pueblo como era Durán hizo de estas canciones.
Seis años después de la publicación del gran Romance-
ro de Durán, visitó el Principado de Asturias un arqueólo-
go artista, cuyo nombre no puedo mencionar sin cariñoso
respeto: D. José María Quadrado, español de los más me-
morables de nuestro siglo en virtud, entendimiento y cien-
cia. En el curso de su pintoresco viaje, no podía menos de
tropezar Quadrado con los rasgos de la poesía popular, y
en efecto, describe la danza prima, traslada integro el fa-
moso romance de el galán de esta villa, que sirve de cons-
tante acompañamiento á dicha danza, y advierte con mu-
cha verdad que «de la poesía hable no aparece vestigio
»alguno anterior al siglo xvii: los romances antiguos y
»tradicionales que parecen más indígenas del país, como
» desconocidos fuera de sus límites, llevan la marca caste-
»llana pura, sin el menor resabio de provincialismo.»
Descubierto ya el rico filón de los romances asturianos,
16
LÍRICOS CASTELLPNOS
fué el primero en beneficiarle el sabio historiador de nues-
tras letras en la Edad Media, D. José Amador de los Ríos,
el cual en varias excursiones veraniegas recogió, ya por
sí mismo, ya con el concurso de varios aficionados astu-
rianos, un pequeño, pero muy selecto ramillete de estas
flores" campesinas, con que obsequió en 1859 á su amigo
Wolf, que le dió á conocer inmediatamente en el Jarhrbuch
für romanische und englische literatur, siendo reproducido
poco después en la Revista Ibérica, y también en un cua-
derno aparte. Precede á la coleccioncita de Amador una
carta á Wolf, en que haciéndose cargo de la penuria de
cantos históricos en Asturias, al mismo tiempo que de la
existencia de tradiciones orales relativas á los primeros
tiempos de la Reconquista, emite la hipótesis de que es-
tas tradiciones ( que quizá supone más antiguas de lo
que son) dieron acaso materia á una poesía heroico-popu-
lar hoy perdida , habiéndose conservado sólo los tonos y
danzas que la acompañaban, y que fueron aplicadas luego
á los romances castellanos que publica, cuya antigüedad
exagera un poco , suponiéndolos , por ciertas analogías
de espíritu, coetáneos de la época de las Cantigas y de la
Crónica de Ultramar, aunque en el lenguaje hayan sido
modernizados. Años después, en el tómo VII (y último que
llegó á publicar) de su Historia critica (1865), volvió á
ocuparse con especial cariño en estos romances, rebajando
algo de la antigüedad que antes parecía atribuirles, y es-
tudiándolos en la época más remota á que algunos de
ellos, en su estado actual, pueden referirse, es decir, en el
período de los Reyes Católicos. Por lo demás, hoy como
entonces, conservan su valor las siguientes palabras del
sagaz y laborioso crítico, y queda en pie el problema que
él planteó, y que sólo podrá ser resuelto por un estudio
cabal y amplio de la poesía popular en toda la Península:
ADVERTENCIA PRELIMINAR -1 7
«Debe llamar seriamente la atención de los doctos cómo,
»en medio del tenaz empeño con que se han adherido á
»la localidad las primeras leyendas de la Reconquista,
»han desaparecido de los valles asturianos los primitivos
» cantos guerreros de los soldados de Pelayo, y cómo á
»los ecos históricos de sus maravillosas victorias, han sus-
»tituído en el centro mismo de las montañas otras más
»recientes tradiciones, nacidas sin duda en lejanas comar-
»cas, é hijas, por tanto, originariamente, de muy diversa
^> cultura. Y sube de punto la extrañeza que esta observa-
»ción produce, el considerar que ni aun siquiera ha sobre-
» vivido en los cantares que hoy guarda la tradición oral,
^>el dialecto nativo de las montañas asturianas. »
Los curiosos romances recopilados por Amador llama-
ron la atención de varios folk loristas , como el Conde de
Puymaigre, que les dedicó un apéndice en su libro sobre
Les Vieux Auteurs Castillans (t. II. 1862). Pero su em-
presa no tuvo imitadores, hasta que en 1885, un joven y
aventajado escritor asturiano, D, Juan Menéndez Pidal,
€onocido ya por felices ensayos poéticos, acometió con los
bríos de la mocedad y con el más ferviente entusiasmo,
una exploración metódica del Principado bajo el aspecto
de la poesía popular, penetrando en lo más recóndito de
sus montañas, y soprendiendo en labios de los rústicos la
canción próxima á extinguirse. Fruto de este viaje artís-
tico fué el precioso libro que lleva por título Poesía popu-
lar. Colección de los viejos romances que se cantan por los
asturianos en la danza prima, esfoyazas {\)y filandones (2),
(1) Deshojas del maíz.
(2) Llámanse asi en Asturias las tertulias de aldea ea torno al
¿lar. En la Montaña de Burgos (actual provincia de Santander) se
denominan h¿la>iy y Pereda las ha descrito en uno de sus más admi-
rables cuadros de costumbres (Al amor de los tizonen).
Tomo X. 2
48
LIRICOS CASTELLANOS
recogidos directamente de boca del pueblo. Los romances
llegan á 98, aunque algunos son variantes del mismo tema^
y otros no merecen estrictamente la calificación de po-
pulares. Pero la mayor parte lo son, sin género de duda,
y algunos merecen figurar al lado de los más bellos de
las antiguas colecciones. Con el beneplácito del Sr. Me-
néndez Pidal, á quien damos mil gracias por esta prueba de
cariñosa amistad, reproducimos aquí todos los que, á nues-
tro juicio, presentan rasgos de poesía primitiva, incluyendo
no solamente los impresos en 1885, sino algunos inéditos
hasta ahora, que el mismo colector ha recogido en pos-
teriores excursiones y que liberalmente nos ha facilitado.
Dividió Amador estos romances en religiosos, históri-
cos, novelescos y caballerescos. Amplía esta clasificación el
Sr. Menéndez Pidal añadiendo un grupo, el de apólogos,
y subdividiendo los romances novelescos en tres clases :
1.^, de moros y cristianos; 2.*, caballerescos; 3.\ puramen-
te novelescos; y los romances religiosos en otras dos:
1/, místicos; 2/, sagrados. Por mi parte, me abstengo de
clasificarlos, tanto por no ser muy numerosos los que aquí
figuran, cuanto por respetar el carácter esencialmente
novelesco que en su estado actual tienen casi todos los que
en su origen fueron históricos, hasta el punto de haberse
borrado á veces los nombres propios de los personajes y
casi todas las circunstancias de lugar y tiempo. Muestras
de otra evolución no menos curiosa, pero en sentido con-
trario, ofrecen los romances devotos, que son seguramente
más modernos que todos los demás, y suelen ser transfor-
mación de viejos romances novelescos. Es un fenómeno, to-
davía no explicado, pero innegable, que la inspiración reli-
giosa, á lo menos en su forma directa, falta casi del todo-
en nuestras antiguas canciones narrativas, las cuales son
siempre heroicas ó novelescas. Si algo de aquel género se
ADVERTENCIA PRELIMINAR
19
encuentra, ó no es popular (y á veces ni siquiera español
de origen) ó no se remonta más allá del siglo xvi, en que
ciertamente hubo un progreso en la vida religiosa de nues-
tro pueblo. Durante la Edad Media, la poesía religiosa flo-
rece sólo en la escuela monacal del mester de clerecía y en
algunas escuelas de troVadores. Nada tiene de singular,
por consiguiente, que ni en la Primaverade Wolf, ni en la
voluminosa colección de Durán, figure ni un solo roman-
ce religioso. Los que hay en el llamado Romancero sa-
grado de la Biblioteca de Rivadeneyra, son todos artÍF-
ticos y modernos. La tradición oral, en Asturias, Anda-
lucia y otras partes, conserva mayor número de canciones
de este género, y sirve para llenar ésta y otras lagunas
de los romanceros impresos.
Hemos puesto en la mayor parte de los romances bre-
ves notas, prescindiendo de la parte crítica que reserva-
mos para el estudio general, y limitándonos á apuntar las
correspondencias con otras canciones populares análogas.
Aun en este punto seremos muy sobrios, puesto que ape-
nas saldremos de los límites de la Península Ibérica, y
sólo por excepción citaremos los cantos de algunos pue-
blos que tienen con nosotros muy estrecha conexión étni-
ca é histórica, cuales son los de Italia y Mediodía de Fran-
cia. Proceder más adelante sería temerario y hasta pueril.
Dado el creciente progreso de los estudios folklóricos, y
el enorme número de materiales publicados, nada más fá-
cil que llenar muchas páginas y afectar muy varia erudi-
ción, registrando á tontas y á locas coincidencias reales ó
soñadas con canciones de todos los pueblos de Europa y
Asia, y hasta de las razas bárbaras y salvajes de Africa,
América y Oceanía. El lector me perdonará que no haya
seguido este farraginoso procedimiento, que hoy no tiene
utilidad ni excusa, por lo mismo que está al alcance de
20
LÍRICOS CASTELLANOS
todo el mundo. Lo que ahora nos interesa son las versio-
nes peninsulares, y en esta parte he procurado llegar á
donde han alcanzado mis medios.
Como he de citar con frecuencia romances portugueses
y catalanes, creo oportuno indicar, para evitar repeticio-
nes, las principales fuentes á que he acudido.
Romanceiro de J. B. de Almeida Garrett, (Los tomos se-
gundo y tercero, únicos que para este caso nos interesan,
tienen la fecha de 1851. Del tomo primero, que en reali-
dad no pertenece al Romancero tradicional, sino á la co-
lección de las poesías de Garrett, hay ediciones incomple-
tas de Londres, 1828, y Lisboa, 1843: la última y defini-
tiva es de 1853.)
Esta colección, formada por un delicioso poeta, que era
al mismo tiempo hombre de gusto finísimo, no fué hecha
para los eruditos, sino para las gentes de mundo, y tuvo el
mérito de despertar el gusto por la poesía popular, com-
pletamente olvidada ó desdeñada en Portugal. El Roman-
ceiro de Garrett es libro estético y no científico : la mayor
parte de los textos están restaurados libérrimamente, no
sólo escogiendo lo mejor de las varias lecciones (como
hacía Durán), sino intercalando versos y aun episodios de
propia cosecha. Comprende 37 composiciones, no todas tra-
dicionales, y algunas muy sospechosas como las tomadas
délos supuestos manuscritos del caballero Oliveira. Garrett
se valió mucho de los romances castellanos para llenar
huecos de las versiones escasas y fragmentarias que pudo
lograr. No parece que pusiese gran diligencia en su tarea
de colector, ni sus hábitos y aficiones artísticas lo permi-
tían. Las advertencias y notas que añadió son de dilettan-
te; pero aunque no enseñen mucho, recrean sobremanera,
y demuestran á veces una intuición muy delicada del alma
poética del pueblo.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
21
Romanceiro Geral, colligido da tradigao por Theophilo
Braga. Coimbra, 1867.
Comprende 61 canciones (no todas romances), fidelísi-
mamente recogidas de la tradición oral en todas las pro-
vincias peninsulares de Portugal, especialmente en la
Beira Baja, y en Tras os Montes, donde, al parecer, este
género de poesía se conserva mejor que en Extremadura
y en el Alemtejo. T. Braga tiene grandísimo mérito como
colector. En sus notas hay especies muy útiles, curiosas
comparaciones y algunas ideas originales; pero es lástima
que estén deslucidas por resabios de hueco filosofismo y
por una aprensión exagerada del valor sociológico é his-
tórico de la poesía popular, cuyas genuinas bellezas cam-
pean mejor cuando se las contempla con ánimo sencillo
y sin el velo de interpretaciones sofísticas.
Cantos populares do Archipiélago Acoriano, publicados e
annotados por Theophilo Braga. Porto, 1869.
Contiene 82 romances y jácaras, recogidos casi todos
por el Dr. Teixeira Soares, á quien el libro está dedicado,
y doctamente ilustrados por Braga. Las versiones insula-
res son mucho más completas, auténticas y primitivas que
las del continente. Tanto en las Azores como en Madera,
ha contribuido el aislamiento geográfico á conservar estos
cantos en forma muy próxima á aquella en que hubieron
de importarlos los conquistadores. Acaso una exploración
inteligente en las Islas Canarias (de cuya poesía popular
sabemos tan poco) nos daría igual resultado respecto de
los romances castellanos, que es de presumir se conserven
allí con más pureza que en Andalucía.
Floresta de varios Romances colligidos por Theophilo
Braga. Porto, 1869.
Son artísticos, y tomados de los poetas de los siglos xvi
y XVII, casi todos los romances de esta coleccioncita.
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LÍRICOS CASTELLANOS
Bomanceiro do Algarve, por Estado da Veiga. Lis-
boa, 1870.
Contiene, además de varias leyendas, 26 romances. Es-
tado da Veiga siguió el método de Almeida Garrett, fun-
diendo varias versiones en una, y retocando algo los tex-
tos. Así y todo, los romances del Algarbe son curiosísimos,
y hay entre ellos alguno histórico.
Bomanceiro portuguez , coordinado^ annotado e acompa-
nhado urna introducgao e d'um glosario, por Víctor Euge-
nio Hardung. Leipzig. Brockaus, editor. 1877. Dos volú-
menes.
Reúne, metódicamente clasificadas, todas las versiones
dadas á conocer por Almeida Garrett, T. Braga y Estado
da Veiga, pero esta compilación, aunque útilísima, no
excusa de recurrir á los libros originales, porque omite
las advertencias y comentarios de los primitivos editores.
Bomanceiro do Archipelago da Madeira, colligido e pu-
blicado por Alvaro Rodrigues de Azevedo. Eunchal, 1880.
La Madeira, juntamente con las Azores, ha sido uno
de los principales refugios de la tradición poética penin-
sular. Algunos de los lindos romances que este tomo con-
tiene, no se encuentran más que en aquella isla.
Cantos populares do Brazil, colligidos pelo Dr. Sylvio
Romero (con introducción y notas de Teófilo Braga). Lis-
boa, 1883. Dos tomos.
Contiene este florilegio algunos romances tradicionales
revueltos con muchas jácaras modernas, pero en general
se observa que las versiones del Brasil son fragmentarias
y algo mestizas.
Menos numerosas, pero no menos importantes, son las
colecciones de romances catalanes ó entreverados de caste-
llano y catalán (grupo muy curioso que estudiaremos apar-
te). Las principales son :
ADVERTENCIA PRELIMINAR
23
Observaciones sobre la poesía popular con muestras de
romances catalanes inéditos, por D. Manuel Milá y Fonta-
nals. Barcelona, 1853. (Traducido en parte al alemán por
Wolf en 1857, y reimpreso en el tomo sexto de las Obras
completas de Milá. Barcelona, 1898.)
Este libro, cuya parte doctrinal y teórica es admirable
para el tiempo en que se escribió, contiene, por vía de
muestra, un selecto ramillete de 70 canciones populares
catalanas, no todas romances.
Bomancerillo catalán. Canciones tradicionales. Segunda
edición refundida y aumentada por D. Manuel Milá y Fon-
tanals. Barcelona, 1882. (Es el tomo séptimo de las obras
completas de su autor.)
Aunque este libro se titula segunda edición por un ras-
go de humildad propio del carácter de mi venerado maes-
tro, debe considerarse como una obra enteramente nueva
en su plan y método, á la cual tampoco cuadra el modes-
to titulo de Bomancerillo, puesto que comprende, más 6
menos integras, quinientas oche/da y seis canciones, y gran
número de variantes, con las melodías de algunas de ellas.
La mayor parte de estos romances fueron recogidos por
Milá y sus amigos en el Principado de Cataluña, pero tam-
bién hay algunos del reino de Valencia, de las Islas Ba-
leares, del E-osellón y de la ciudad catalana de Alguer en
la Isla de Cerdeña. Transcríbense todos con sus diferen-
cias fonéticas, que son notables aun dentro de una misma
región.
Cansons de la térra, cants popular s catalans, Barcelo-
na, 1866-1877, cinco tomos.
El colector fué D. Francisco Peí ayo Briz, catalanista
más entusiasta que docto, pero muy apreciable por su la-
boriosidad. Esta abundante colección de poesías populares
le honra más que sus innumerables versos propios y más
54
LÍRICOS CASTELLANOS
que las desdichadas ediciones que publicó de algunos poe-
tas antiguos como Jaime Roig y Ansias March.
Romancer popular de la térra Catalana recullit y orde—
mt per En M. Agviló y Fuster, Cangons feudals cavalleres-
ques. (Barcelona, 1893.)
Este libro, que es un primor literario y tipográfico^
pero que pertenece al mundo de la poesía más que al de
la erudición, contiene 33 romances; todos, á excepción de
dos, conocidos ya por las publicaciones de Milá y Briz.
Aguiló, que ha sido el más profundo conocedor de la len-
gua catalana y de sus tesoros bibliográficos, era además
un gran poeta lírico, y el sentimiento estético se sobrepu-
so en él á la severidad del método científico. De todos los
romances había recogido innumerables versiones en todas
las comarcas de lengua catalana, pero se limitó á publicar
una sola, que naturalmente no corresponde á ninguna de
ellas en particular, sino que es una nueva forma selecta y
artística de la canción. Que nadie podía hacer este trabaja
mejor que Aguiló es indudable; pero conviene notar el
peculiar carácter de su colección; y además se ha de tener
en cuenta que este tomo es sólo una pequeñísima muestra
de los materiales que en cantidad enorme tenía acopiados
Aguiló para su gran Romancero, que continúa inédito, lo
mismo que su bibliografía y su diccionario y la mayor
parte de las obras colosales en que empleó su vida.
No hay para qué suscitar enojosas cuestiones de prio-
ridad entre Milá y Aguiló, considerados como colectores
de poesía popular. Toda duda se resuelve leyendo las fran-
cas declaraciones que uno y otro estamparon en sus res-
pectivos libros. Empezaron á trabajar casi al mismo tiem-
po, pero con entera independencia el uno del otro, y si
algún lazo pudo haber entre ellos, debióse á la común amis-
tad con Piferrer, que tenía un sentido muy profundo de
ADVERTENCIA PRELIMINAR
25
la poesía y de la música popular, y que escribió algo so-
bre melodías catalanas. Y ateniéndonos á las fechas, que
es lo más seguro, la honra de haber publicado el primer
romance catalán (y por cierto uno de los más bellos), el
titulado Don Juan y Don Ramón, se debe á D. José María
Quadrado, que en el penúltimo cuaderno de La Palma, peí
riódico mallorquín de 1840, le dió á la estampa, ponderán-
dole en estos notables términos: «La rapidez del diálogo, lo
misterioso del suceso, lo lúgubre y al par homérico de los
incidentes, forman de esta corta pieza una excelente pro-
ducción que ningún genio pudiera desdeñar; y no creemos
que pierda nada de su mérito por los vulgares labios que
lo repiten.» Este romance fué reproducido por Piferrer
(que además le tradujo al castellano) en el tomo de Ma-
llorca de los Recuerdos y bellezas de España, que se acabó
de imprimir en 1845.
Un año antes Milá había publicado su Arte poética, don-
de después de afirmar muy sabiamente que «la poesía po-
pular de portugueses y catalanes forman sólo dos ramifica-
ciones particulares de la española» (principio que no debe
olvidarse nunca), inserta por vía de nota el romance de
¿a Dama de Aragón, y manifiesta la esperanza, mezclada
de temor, de ver llegar pronto el día «en que la moda, que
»todo lo invade y todo lo devora, se apodere también de la
»inocente poesía de nuestros abuelos». De 1853 es la pri-
mera edición del Romancerülo, á cuyo frente se leen las
consideraciones más profundas que pluma española hubie-
ra escrito hasta entonces sobre la poesía popular: páginas
que nadie, salvo su propio autor, ha superado después.
Esto baste por el momento acerca de las colecciones
poéticas de pueblos españoles cuya lengua nativa no es
el castellano. Falta todavía, y es grave falta, el romancero
gallego, que debe de parecerse mucho al portugués, aun-
26
LÍRICOS CASTELLANOS
que en Galicia, como en Asturias, los romances suelen
cantarse en castellano, según tenemos entendido.
De los libros extranjeros que por incidencia hemos uti-
lizado, iremos dando cuenta en sus lugares respectivos.
Los romances que llevan asterisco son los que no figu-
ran en la primitiva colección del Sr. Menóndez Pidal, y
que él mismo nos ha facilitado.
M. M. Y P.
1.
El penitente. — I
Yendo yo cuestas abajo,— volviera cuestas arriba;
y encontrara un ermitaño— que vida santa facía.
—Por Dios le pido, ermitaño, — por Dios y Santa María
no me niegue la verdad — ni me diga la mentira;
si el que trata con mujeres — tiene la gloria perdida.
— La gloria perdida nó, — no siendo cuñada ó prima.
— Yo traté con una hermana — y también con una prima,
y, para mayor pecado, — con una cuñada mía.
Estando en estas razones, — se oyó una voz que decía :
<(Con6ésalo, el ermitaño, — por Dios y Santa María,
y dale de penitencia — conforme lo merecía.»
Confesóle el ermitaño;-— pena grande le ponía,
y le diera penitencia— con una culebra viva.
La culebra era serpiente — que siete bocas tenía;
con la más chiquita d' ellas— á la gente acometía.
— Quien le quiera ver morir — traiga una vela encendida.
Por deprisa que llegaron— ya el penitente moría.
Ya se tocan las campanas, — ;campanas, oh maravillal
por r alma del penitente— que para el cielo camina.
28
LÍRICOS CASTELLANOS
2.
El penitente. — II
Allá arriba en alta sierra, — alta sierra niontesía,
donde cáe la nieve á copos — y el agua menuda y fría,
habitaba un ermitaño — que vida santa facía.
Allí llegó un caballero, — desta manera decía :
— Por Dios le pido, ermitaño, — por Dios y Santa María,
que me diga la verdad — y me niegue la mentira;
si hombre que trata en mujeres — tendrá el ánima perdida.
— L' ánima perdida no, — non siendo cuñada ó prima.
— lAy de mí, triste cuitado; — qu' esa fué la mi desdichal
pues traté con una hermana — y también con una prima.
Confiéseme, el ermitaño, — por Dios y Santa María,
y déme de penitencia— conforme la merecía.
— Confesar, confesaréte, — absolverte non podía.
Estando 'n estas razones, — se oyó una voz que decía :
«Confiésalo, el ermitaño, — por Dios y Santa María,
y dale de penitencia — conforme lo merecía.»
Metiéralo en una tumba — donde una serpiente había
que daba espanto de verla, — siete cabezaá tenía :
por todas las siete come — por todas las siete oía.
El ermitaño era bueno, — y á verlo vá cada día.
— ¿Cómo te va, penitente — con tu biiena compañía?
— ¡Cómo quiere que me vaya, — pues que ansí lo merecía!
De la cinta para abajo, — ya comido me tenía;
de la cinta para arriba — luego me comenzaría.
El que quiera ver mi muerte — traiga una luz encendida.
Cuando llega con la luz, — ya el penitente moría.
Las campanas de la gloria — ellas de sou (1) se tanguían
por r alma del penitente — que pra los cielos camina.
(1) De sou, provincialismo asturiano por de suyo.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 29
Estos dos romances, que en rigor son uno solo con va-
riantes, pertenecen á la importante clase de los que, siendo
al principio históricos, se transformaron luego en novelescos.
Aunque en ellos se omite el nombre del penitente, basta com-
pararlos con el romance 7.^ de la Primavera de Wolf para
comprender que se refieren á la penitencia del rey D. Rodri-
go. El asonante es el mismo en los tres romances, y hay bas-
tantes versos que con leve diferencia son comunes á las tres
versiones. Apuntaremos algunos del texto de Wolf para que
se compare con el de la tradición asturiana :
Porque en todo aquel desierto — solo una ermita había
donde estaba un ermitaño — que hacía muy santa vida...
No recibas pesadumbre, por Dios y Santa María.
Fuéle luego revelado — de parte de Dios un día
que le meta en una tumba — con una culebra viva...
Aquí acabó el rey Rodrigo — al cielo derecho se iba...
Como rasgos muy primitivos de esta leyenda pueden con-
siderarse el valor simbólico y supersticioso ligado al número
siete; y el entierro con la culebra viva, que á varios críticos
ha hecho recordar el Edda escandinavo, donde Gunnar es
arrojado al pozo de las serpientes, y una de ellas le roe el
corazón.
Ni el romance de las colecciones antiguas (que es jugla-
resco y lánguido), ni las versiones tradicionales asturianas,
que tienen más viveza y conservan interesantes pormenores
poéticos, pueden considerarse como originales. Unas y otras
proceden, según toda verosimilitud, de un romance viejo
que se perdió, y éste, á sq vez había salido de la Crónica no-
velesca de D. Rodrigo, escrita por Pedro del Corral en el si-
glo XV.
Y ya que se trata de romances relativos á la pérdida de
España, no he de omitir uno del Conde D. Julián (llamado
30
LÍRICOS CASTELLANOS
también del Conde de Ceuta), que sólo se conoce en portu-
gués, y que trae Estacio da Veiga en su Romanceiro do Al-
garve{p, 5):
Dom Eodrigp, Dom Rodrigo,
rei sem alma e sem palavra,
com a vida pagas boje
a trai^ao de Dona Cava (1).
Don Juliano lá em Ceita,
lá em Ceita a bem fadada,
a jurar está vingan^a
pelas suas mesmas barbas.
Nao estivera elle enfermo,
ja com armas se voltára,
que onde Juliano chega,
ninguem chega nem chegára;
cavalleiro de armadura
nao se Ihe mostré com armas,
que fadado foi Juliano
para só vencer batalhas!
Sete noites pensa o conde,
todas las sete pensára
como poderá vingar-se
de quem tanto o magoára;
quer escrever, mas nao pode,
por seus servos rebradára,
ao mais velho escrever manda
e o conde a carta nota va;
mal acaba de escrever-se,
ao rei moiro a enviava.
Na carta Ihe dava o conde
todo o reino de Granada,
se logo ao campo mandasse
sua gente bem armada,
(1) Por corruptela popular Dona Clara, según advierte E. da Veiga.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
para vingar sua filha,
qu' el rei godo deshonrára.
Mal recebe el rei a cárta,
sua gente aparelhava
para vingar Juliano,
para conquistar Granada.
¡Triste Hispanha, flor do mundo,
táo nobre e táo desgranada!
Por vinganga d.e un tredor
serás dentro em pouco escrava!
Tuas cidades e villas
todas te serao ganhadas!
Andalusía nao hade
dar-te mais vida, mais alma!
Térras bemditas sao logo
de perros moiros cercadas;
o triste de Dom Kodrigo
ao campo vai dar batalha,
mas lo tredor de Dom Oppas
tudo alli Ihe atraigoara.
Grande senLor de Moraima
commandava grande armada;
pondo o pe em térra firme
toda a térra conquistava;
o sangue ja era tanto
que todo o campo ensanguava.
Assim perde Dom Rodrigo
a sua grande batalha,
tamben perde Andalusia,
e tambem perde Granada;
Guadalete outra nao vira
tíio fera e tao pelejada!
Toda Hispanha se converte
en poderosa Moirama.
Dom Juliano e Dom Oppas
Dona Cava assim vingavami
32
LIRIAOS CASTELLANOS
Este romance, sea ó no traducción del castellano, tiene
trazas de ser muy moderno. Su estilo, nada popular, le hace
altamente sospechoso.
3.
Grerineldo, — I
. — Gerineldo, Gerineldo, — paje del Rey más querido;
i dichosa fuera la dama— que se casara contigo!
— Porque soy criado suyo, — icómo se burla conmigol
— Non me burlo, Gerineldo; — advierte lo que te digo :
á las doce de la noche— echa á andar para el castillo,
desque mi padre y mi madre — estéan adormecidos.
Aun no eran dadas las doce — ya llamaba en el postigo.
Mas la Eeina, con ser Reina, — aun no se había dormido.
— Levántate, buen Rey, — levántate conmigo;
ó nos roban la Infantina, — ó nos roban el castillo.
Levantárase el buen Rey— con un camisón vestido;
cogió la espada en la mano, — y echó á andar por el castillo...
Topólos boca con boca— como mujer y marido :
alzó los ojos arriba, y dixo :—i Válgame Cristol
yo si mato á la Infantina— queda mi reino perdido;
y si mato á Gerineldo... — ¡criólo desde muy niñol
Puso la espada entre ambos: — Esta será buen testigo.
Á otro día de mañana — Gerineldo aborrecido (1).
— ¿Tú que tienes, Gerineldo; — tú que tienes, paje mío?
¿Hízote mal el mi pan, — ó te hizo mal el mi vino? [vino;
— Non me hizo mal vuestro pan, — nin me hizo mal vuestro
falta un cofre á la Infantina— y á mi me lo habían pedido., '
— iDese cofre, Gerineldo, — la mi espada es buen testigol...
Ó te has de casar con ella — ó la has de buscar marido.
(1) Triste, abatido, pesaroso.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 33
— Señor, mi padre non tiene— ni para echarla un vestido.
— Echáselo de sayal — pues ella lo ha merecido.
4.
Oerineldo* — II
— Gerineldo, Gerineldo, — paje del Eey más querido;
íquién me diera, Gerineldo, — tres lioras hablar contigo!
— Como soy criado suyo,— señora, os burláis conmigo.
— No me burlo, Gerineldo,— que de veras te lo digo.
— Pues ya que me habláis de veras , — ¿á qué hora vendré al
[castillo?
— De las once pa las doce — al cantar del gallo pinto.
De las once pa las doce, — Gerineldo fué al castillo;
-zapatos lleva en la mano — sin ser de nadie sentido.
Anduviera siete puertas —hasta encontrar un postigo:
cuando al postigo llegaba, —Gerineldo dió un suspiro.
— ¿Quién es ese que á mi puerta, — que á mi puerta dió un sus-
— Gerineldo soy, señora, — que vengo á lo prometido, [piro?
Cogiérale por la mano;— para dentro le ha metido:
se acostaron los dos juntos— como mujer y marido.
Despertárase el buen Eey — de un sueño despavorido,
«ó Gerineldo se ha muerto, — ó hay traición en el castillo.»
Un paxarin respondiera, — que es de Gerineldo amigo;
«Ni Gerineldo se ha muerto, — ni hay traición en el castillo;
Gerineldo va en el baile,— porque es hombre divertido.»
Buscaba el Key las espadas, — las espadas de más ñlo :
cogiera el Rey la dorada —y echó á andar por el castillo (1).
Topó con los dos durmiendo — como mujer y marido.
Alzó los ojos al cielo, — y dijo: «¡Válgame Cristol
(1) Según otra variante ■
Corredor tras corredor,— f orase onde están dormindo :
erguía las portas arriba, — \)or no hacer tanto ruido.
Tomo X. 3
34 LÍRICOS CASTELLANOS
Yo si mato á la Infantina, — mi reinado está perdido;
y si mato á Gerineldo... — jcrielo desde chiquitol
Pondré la espada entre ambos — y ella será fiel testigo.»
Con el frío de la espada — la Infanta ha espavorecido.
— Levántate, Gerineldo, — que los dos somos perdidos;
vé la espada de mi padre — que entre los dos la ha metido.
Márchate sin que te sientan — por el mi jardin florido,
y escóndete entre las ramas — para no ser conocido.
Con el buen Eey se topara — en el medio del camino.
— ¿Tú que tienes, Gerineldo,— que vienes descolorido?
— Perdiera un cofre la Infanta— y á mi me lo habían pedido,
— Dése cofre que tu dices, — mi espada será testigo...
ó te has de casar con ella, — ó la has de buscar marido.
— Yo casárame con ella; — pero no querrá conmigo;
que mis' posibles no son — ni para echarla un vestido.
— Comprálo de paño pardo; — pues así lo ha merecido.
— De paño pardo, no tal; — ¡de terciopelo... no digol
5.
OerineldOc — III
— Gerineldo, Gerineldo,— mi caballero pulido;
jdichosa fuera la dama— que se folgara contigol
— Se burla de mí, señora, — porque á su mandado vivo..,
— Non me burlo, Gerineldo, — que de veras te lo digo:
á las diez se acuesta el Rey — y á las once está dormida,
A eso de las once y media, — Gerineldo se ha vestido.
Puso zapatos de seda, — porque no fuese sentido,
y al cuarto de la Infantina, — sus pasos ha dirigido ;
y llamando en la su puerta — d' esta manera la dijo:
— Abráisme, señora mía, — abráisme, cuerpo garrido.
— ¿Cuál es el hombre traidor^— cuál es el hombre atrevido
que deshora de la noche, — sube á rondar mi postigo?
— Gerineldo soy, señora, — que vengo á lo prometido.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 35
Juegos van y juegos vienen, — juegan á brazo partido,
juegos van y juegos vienen, — los dos se quedan dormidos.
Despertárase el buen Rey — con un sueño que ha tenido:
á eso de las cuatro y media— el Rey pidió su vestido;
non se lo dá Gerineldo, — y él solo se lo ha cogido.
Para el cuarto de la Infanta — sus pasos se han dirigido...
Hallólos boca con boca— como mujer y marido.
Alzó los ojos arriba,— y dijo: «¡Válgame Cristol
iSi matare á la Infantina --está mi reino perdido!»
Desenvainando la espada — entre los dos se ha metido.
Recordado había la Infanta — y la espada conocido.
— Levántate, Gerineldo,— que los dos somos perdidos;
¡pues la espada de mi padre — ha servido de testigol
Levantóse Gerineldo — muy triste y muy afligido;
para el cuarto del buen Rey — sus pasos ha dirigido.
— ¿Dónde vienes, Gerineldo, —tan triste y tan afligido?
— Vengo del jardin, señor,— de coger rosas y lirios.
— Non lo niegues, Gerineldo, — que con la Infanta has dor-
— Déme la muerte buen Rey; — ella la culpa ha tenido, [mido.
— Non te mato, Gerineldo; — que te crié de muy niño.
Para mañana á las doce — seréis mujer y marido.
— Señor, mi padre no tiene — ni para echarla un vestido.
— Echáselo de sayal — pues ella así lo ha querido.
— Yo iré á la guerra, señor, — para echárselo mas fino.
Tres son las versiones asturianas recogidas hasta aho-
ra del romance de Gerineldo, uno de los más populares en
todas las comarcas españolas, y origen del dicho vulgar más
galán que Gerineldo. Cántanse los amores de Gerineldo en
Asturias, en Portugal, en Andalucía, en Extremadura, en Ca-
taluña, en las comunidades judías de Levante, y también en-
tre los hebreos de Marruecos (1). Durán y Wolf insertaron
(1) Así se infiere de una carta firmada con las iniciales T. de C. é inser-
ta en la Menaxensa (año 3.° núm. 3) :
• Ab tot no m' ha faltat paciensia per ferme cantar per una de aquestas
36
LÍRICOS CASTELLANOS
dos versiones (núms. 161 y 161 bis de la Primavera)^ tomada
la primera de un pliego suelto gótico de 1637, y la segunda
de otro mucho más moderno. A estos dos romances hay que
añadir otro de la Tercera pajote de la Silva de Zaragoza, 1551
(vid. núm. 46 del apéndice al tomo anterior). Prosigue impri-
miéndose todavía, para uso del pueblo, una redacción de cor-
del, lastimosamente estropeada y vulgarizada, que lleva por
título Canción nueva del Gerineldo, en la que se expresan los
amores y fuga de un oficial ruso con la bella Enilda, sultana
favorita del Gran Señor.
Las versiones orales castellanas irán apareciendo en el
curso de este libro. En portugués conozco las siguientes :
a ) Versión de Tras-os-Montes, publicada por Teófilo Bra-
ga {B. G. pp. 18-20). Se llama al paje Gerinaldo.
h ) Romance de Gerenaldo, tradicional en la isla de San
Miguel {Azores), impreso en los Cant. Pop, do Arch, Agor,
pp. 265-267.
c ) Romance de Girinaldo, tradicional en la isla de San
Jorje [Cant. Pop. do Arch. Agor. pp. 268-270).
d ) Estoria de Gerinardo, tradicional en la isla de la Ma-
dera, publicado por Alvaro Rodrigues de Azevedo {Rom, do
Arch. da Mad. pp. 63-66).
e ) Otra variante de la misma isla, con el título de Geri-
naldo (66-68).
/ ) Tercera variante del Archipiélago de la Madera con el
título de Leonardo (pp. 69-72).
g ) Beginaldo, lección de Almeida-Garrett {Rom. II, pp.
íuivas que encara sembla que conservan esma de la patria espanyola, lo
romans de Girineldo que t' envió tan cabal com he pogut lograrlo, junt
ab la tonada monótona ab que per tradició desde '1 segle xvi ó xvii 1' acom-
panyan y que no deixa de recordar la mateixa ab que en certa part del
nostre bon terral de Cataluña... lo liavem sentit entonar per bocas femeni-
nas. Sois que com veurás, lo que t' envío es mes llareli y 's parla en ell cap
á r ultím de la dona María Linares en qui s' torna la princesa y del capitá
general «Conde Niño» com ?i fos lo mateix... Gririnaldo que ha comensat
Cortando paño de seda— para hacer al rey vestidos...»
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 37
163-173), que viene á ser una taracea de varios fragmentos
procedentes de Extremadura, Alemtejo, Beira y Minho. La
última parte de este centón nada tiene que ver con Gerinel-
do, y A. Garrett pudo haberlo advertido hasta por el cambio
de metro. En el Algarve se canta como romance indepen-
diente (E. da V. pp. 123-133) y tiene mucha analogía con el
de Vergilios.
Además de los nombres que ya hemos consignado, recibe
el famoso héroe de estos romances, en el Alemtejo, el de 6re-
neraldo, y en la Beira el de EginaldOj que parece el más pró-
ximo al del historiógrafo (supuesto yerno) de Carlomagno,
Eginardo, á cuyos legendarios amores con Emma, hija de
aquel emperador, aluden estos romances, según opinión co-
múnmente aceptada y muy verosímil, aunque no libre de
dificultades.
Todos estos romances portugueses coinciden en subs-
tancia con los de Asturias, y tienen el mismo asonante que
ellos, lo cual indica su origen común ó más bien su identidad
primitiva. Por cierto que este romance es uno de los que más
abiertamente contradicen la caprichosa teoría del Conde Ni-
gra, que pretende clasificar los romances por sus asonancias,
considerando como indígenas los que tienen terminaciones
llanas y como de procedencia extranjera los que las presen-
tan agudas. Los romances de Gerineldo, á pesar de su indu-
dable origen transpirenaico, tienen asonantes paroxítonos; y
por el contrario, muchos romances históricos, de cuyo carác-
ter nacional y exclusivamente castellano no duda nadie, es-
tán compuestos en asonantes oxítonos. Nada más fácil, pero
nada tampoco más arriesgado que teorizar en materias de
poesía popular, más sujetas á incertidumbre que ninguna
otra materia literaria.
La versión publicada por Almeida-Garrett difiere, en mu-
chos pormenores y amplificaciones, de todas las demás cono-
cidas, pero ya hemos indicado la poca fe que merece. En
cuanto á los demás textos portugueses, asturianos, andalu-
ces, etc., las leves diferencias que entre ellos hay se explican
38
LÍRICOS GASTELLAINOS
no solamente por el natural proceso de la poesía popular, sino
por el cruzamiento con los romances análogos del Conde Cla-
ros (1) y aun con otros de diverso argumento. Algunos con-
tienen rasgos epigramáticos que parecen indicio de una tra-
dición menos pura.
El romance de Gerineldo, como otros muchos romances
castellanos, pasó no solamente á Portugal, sino á Cataluña,
donde todavía se canta en castellano, más ó menos estropea-
do. Más adelante reproduciremos los fragmentos de dos ver-
siones dadas á conocer por Milá (núm. 269 del Romancerillo)^
el cual habla también de una tercera versión más catalaniza-
da, pero no la inserta. Es muy dudoso que exista ninguna
enteramente catalana. La que trae Aguiló (núm. XXV), ha
de tomarse á beneficio de inventario, pues tiene todas las
trazas de ser composición artística del mismo Aguiló sobre
el tema tradicional. Él mismo la marca con el asterisco que
emplea en todas las canciones de indudable origen castella-
no, de las cuales dice que «fueron traduciéndose por sí mis-
mas».
6.
El Conde del ülol.
Grandes guerras se publican — entre España y Portugal,
y nombran á Gerineldo — por capitán general.
—Adiós, la Infantina, adiós; — voime fortuna á buscar;
si á los siete años no vuelvo,— con otro podéis casar.
Los siete años han pasado, — Gerineldo sin llegar.
(1) T. Braga cita también, sin indicación de aüo ni de lugar, un libro
en prosa donde se encuentra relatada la historia de Grerineldo : Hora de
recreyo ñas ferias de maiores estudos a oppressdo de maiores cuidados- A
iuzgar por el título, debe de ser alguna colección de cuentos de fines del
siglo xvii ó principios del xviii-
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 39
Vistióse de romerilla — y comenzóle á buscar.
Siete reinos ha corrido, — sin que lo pudiese hallar:
en el medio del camino — encontróse un rabadán.
— Vaquerito, vaquerito, — por la Santa Eternidad;
¿de quién son esos ganados— con tanto hierro y collar?
— De Gerineldo, señora,— que se está para casar.
]Cayó en suelo desmayada — las nuevas al escuchar!
— Buen dinero te daré — si me llevas donde está.
Cogiérala por la mano; — llevóla hasta su portal.
Ella pide una limosna; — Gerineldo se la dá. ^
— Romerita, romerita, — si hacia Francia camináis,
diréis á la Princesina — que ya se puede casar.
— No está en Francia, Gerineldo, — que delante de tí está.
— Romera, ¿eres demonio— que me vienes á tentar? (1)
— Gerineldo, no lo soy; — que soy tu esposa leal.
Las bodas y los torneos— por Doña Elvira serán;
la Princesa en un convento — su vida rematará.
— Non será así, Princesina; — contigo quiero casar.
Ya mandan á los criados — los coches aparejar;
desque aparejados fueron — ya se parten, ya se van,
para celebrar las bodas— en Francia la natural.
Aunque en esta variante asturiana (que por cierto es de
las más abreviadas) se da al protagonista el nombre de Ge-
rineldo, hemos puesto sin vacilar el tituló de El Conde del Sol,
que es con el que más generalmente se conoce este romance,
muy divulgado en varias partes de España, especialmente en
Andalucía. Ya Durán y Wolf (núm. 135 de la Primavera) die-
ron á conocer una excelente versión de este origen, y otras
(1) Otras variantes dicen :
—Gerineldo, Gerineldo,— una limosna dame,
Mete mano en el su bolso— y dos maravedís dale.
—Gerineldo, Gerineldo,— ¡qué poca limosna faces,
parala que en mi palacio— antaño solías daré!
—Pelegrina ¿eres el diablo— que me vienes á tentare? etc.
40
LÍRICOS CASTELLANOS
añadiremos en su lugar respectivo. El trueque del Conde del
Sol por Gerineldo es capricho de algún juglar y ejemplo curio-
so de contaminación ó de soldadura de un romance con otro>
Uno de los romances portugueses más populares, tanto en
el continente como en las islas, el de D, Martin de Azevedo
ó de la doncella que va á la gueri^, del cual se han publica-
do ocho ó diez versiones por lo menos, tiene en casi todas-
ellas idéntico principio que este romance castellano :
Hoje se apregoam guerras
entre Franca e Aragao...
Pero la semejanza se reduce á estos primeros versos^
siendo el asunto completamente distinto. Hasta ahora nues-
tro Conde del Sol no ha aparecido en la tradición portuguesa^
y, por el contrario, el romance portugués no se encuentra en
nuestras colecciones antiguas. Y sin embargo, no puede du-
darse que es de origen castellano, como ya lo reconoció leal-
mente Almeida Garrett. En el siglo xvi todavía los portugue-
ses cantaban este romance en nuestra lengua, según testimo-
nio de Jorge Ferreira de Vasconcellos én su Comedia Aule-
graphia :
Pregonadas son las guerras
de Francia contra Aragón...
¿Cómo las haría triste,
viejo, cano y pecador...
Versos que conforman admirablemente con estos, de una
de las variantes de la isla de la Madera :
Hoje s' apregoam guerras
de Franca contra Aragáo.
jCuitado de mim! Son velho;
guerras ja p'ra mi na sao...
Los romances castellanos, al difundirse en Portugal y en
Cataluña, se fueron traduciendo por sí mismos; pero la sepa-
ración política fatalmente consumada en el siglo xvii hizo
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 41
que este proceso de traducción avanzase más en portugués
que en catalán, donde todavía los romances aparecen en una
forma mestiza.
Tal acontece con las dos canciones que Milá tituló La boda
interrumpida y La niña guerrera (núms. 244 y 245 del Román-
cerillo). En su lugar las transcribiremos, bastando advertir
ahora que la primera corresponde al Conde del Sol, de la tra-
dición asturiana y andaluza, si bien cambiando el nombre en
Conde de Burgos y Conde Don Biieso, así como en otras ver-
siones todavía más degeneradas se le llama Don Lombardo
Ramírez, Don Llamhago, Conde Elrico, Conde de Berjulita, et-
cétera.
La segunda canción, también mixta de castellano y cata-
lán, es el D. Martin portugués, trocado su nombre en Don
Marcos. Aguiló, según su costumbre, formula ambos roman-
ces en muy buen catalán (núms. XIII y XXII), y ni siquiera
les pone el asterisco que debían tener; pero es muy dudoso
que ni uno ni otro existan en tal estado.
Por lo demás, ni una ni otra canción son indígenas de la
Península, sino que pertenecen al fondo común de la poesía
popular de Europa. Y limitándonos por ahora á la del Conde
del Sol, es patente su analogía con la canción piamontesa Mo-
ran d'Inghilterra, de la cual ha publicado Nigra dos versio-
nes (1) y Ferraro otra con el título de Morando j recogida en
Monferrato (2). Situaciones análogas se encuentran en can-
tos populares del país de Metz, del Franco-Condado y de
otras provincias francesas, citados por Puymaigre (3), y to-
davía más en la balada anglo-escocesa Susan Pye ó Young
Beichan, que puede leerse extractada en las notas del Sr. Me-
néndez Pidal á su Romancero. El Conde Nigra, insigne reco-
(1) Canti popolari del Piemonte pubhlicati da Constantino Nigra. To-
rino. 1888, pp. 263-266.
(2) Canti Monferrini, raccolti ed annotati dal Dr. Giusseppe Ferra-
ro. Torino-Fiianze, 1870, pp. 42-44.
(3) Chanta populaires du Pays Messin, p- 33, y Petit Romance-
ro, p. 129.
42
LÍRICOS CASTELLANOS
pilador de los cantos piamonteses, que fué el primero en ad-
vertir esta analogía, se inclina á creer que la balada inglesa
está fundada en la leyenda de Gilberto Becket, padre de San-
to Tomás Cantuariense (1). Admitido este fundamento histó-
rico, puede conjeturarse que la balada inglesa pasó á Fran-
cia, y que desde Francia transmigró á España y á la alta Ita-
lia, siendo indicio de su remoto origen el nombre de Inglate-
rra que todavía se conserva en el canto piamontés.
Creo superfino hacer notar que el argumento de este ro-
mance es precisamente inverso ai del Conde Birlos (núme-
ro 164 de la Primavera),
— Galanzuca, Galanzuca, — hija del Eey tan galán,
iquién te me diera tres horas, — tres horas á mi mandarl
te besara y te abrazara— y no te hiciera otro mal.
— Carlos, eres muy ligero (2);— de mi te vas a alabar.
— Non lo quiera Dios del cielo, — nin su Madre lo querrá;
que mujer con quien yo holgara — della me vaya á alabar. —
Á otro día de mañana— al campo se fué á alabar.
— Dormí con la mejor moza — que había en este lugar. —
Míranse unas para otras, — ¿quién será? ¿Quién no será?
iSi será la Galanzuca — hija del Eey tan galán!
(1) El erudito Child, á quien se debe la admirable colección que lleva
por título The english and scottisch popular ballads (Boston, 1882-1886),
opina que la balada es todavía más antigua que la leyenda, y, por consi-
guiente, anterior al siglo xiv. Trae ds ella catorce lecciones diversas. (ÍI,
454.)
(2) Esta palabra que en tal sentido no parece muy popular, quizá ha
sido sustituida por el colector de estos romances, pudoris causa, en vez
de alguna más expresiva que habría en el canto popular.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
Su padre desde un balcón— escuchando todo está.
— Pues si con ella has dormido — con ella te has de casar
y si non casas con ella, — pronto la mando quemar.
—Tanto me dá que la queme, — nin la deje de quemar;
que mujeres en el mundo — para mi no han de faltar.
Si non lo tienen de guapas,— lo tendrán de habilidad. —
Siete criados tenía, — leña les nxandó apañar
para quemar Galanzuca— hija del Key tan galán.
Allí pasó un pajecillo — que ya le comiera el pan.
— Escríbalo, Galanzuca, — á Carlos de Montalvan.
— Escribir sí lo escribiera; — ¿pero quién lo va á llevar?
— Escríbalo, Galanzuca, — que yo se lo iré á llevar. —
Cuando vá cuestas arriba — non se le puede mirar;
cuando vá cuestas abajo— corre com' un gavilán.
—Aquí le traigo Don Carlos— tres letras de mal pesar:
escríbelas Galanzuca — que la diban á quemar.
Confesó con siete curas — ninguno dijo verdad. —
Quitó su traje d^ seda, — se vistió de padre Abad;
arreó el caballo blanco, — también ensilló el rúan.
Jornada de cuatro días — en uno la fuera andar.
— Confiese, Padre, confiese;— que Dios se lo pagará.
— Si tuvo que ver con hombres — casados ó por casar.
— Non tuve que ver con hombres— casados nin por casar
si non han sido tres horas— con Carlos de Montalvan;
una ha sido de mi gusto— las otras de mi pesar.—
Cogiérala entre sus brazos — pusiérala en el rúan.
— Ahora con esa leña— con ella quemar un can.
En. quemando bien los huesos,— al Rey idlos presentar;
que Galanzuca es mi esposa— y yo la voy á llevar.
— Llévela el Don Carlos, lleve;— Dios se la deje lograr;
mas quiero que se la lleve— que non verla aquí quemar.
44
LÍRICOS CASTELLANOS
8,
Oalaneina.
— Galancina, Galancina, — hija del Conde galán,
¡quién me dejara contigo — tres noches á mi mandarl
te abrazara y te besara— y non t' hiciera otro mal.
— Carlos, eres muy ligero; — de mi te vas á alabar...
— Non lo quiera Dios del cielo— nin la Virgen del Pilar,
que mujer con quien yo duerma— -della me fuera á alabar. —
Á otro dia de mañana, — Don Carlos se fué á alabar :
— Dormí con una muchacha — la mejor de la ciudá. —
Dícense unos para otros:— «¿Quién será, quién no será?»
— Es Galancina, señores,— hija del Conde galán. —
Su padre desque lo supo, — mandárala prisionar.
Caballeros de su casa — la diban á visitar.
— ¿No hay quien le lleve la nueva — á Carlos de Montalvan (1):
no hay quien le lleve la nueva — que á su amor le van quemar? —
Allí hablara un pajecico — tal respuesta le fué á dar:
— Escríbele, Galancina,— que yo se la iré á llevar. —
Las cartas ya son escritas,— el paje las vá á llevar.
Jornada de quince dias — en ocho la fuera andar;
que por las cuestas arriba — corre como un gavilán,
y por las cuestas abajo — no le pueden divisar.
Ha Uegado^U los palacios — á donde el buen Conde está.
— Asómate ahi, Don Carlos— si te quieres asomar.
Tráigole malas razones — que á su amor le van quemar.
— Si lo dijeras de burla, — mandárate prisionar;
si lo dijeras de veras — yo te diera de almorzar.
—Coja la carta en la mano — y ella dirá la verdad. —
Ya se partía Don Carlos; — ya se parte, ya se vá.
Jornada de quince dias — en ocho la fuera andar.
Fuese para un monasterio — donde los frailes están;
(1) En ana variante de Ribadesella Don Carlos de Montealbar.
ROMANCES TRADICrONALES DE ASTURIAS 45
quitóse hábitos de seda,— vistióse hábitos de fraile,
y llegóse á las prisiones — donde Galancina está.
Cuando Don Carlos llegaba — ya la diban á quemar.
— Quítense de ahí, señores,— que la quiero confesar.
Dime, Galancina, dime;— dime por Dios la verdad :
mira que van á matarte— y te vengo á confesar;
y en tanto que te confieso, — un abrazo me has de dár.
— Apártese allá el traidor, — que á mi non ha de llegar;
que tengo hecho juramento— á la virgen del Pilar,
de no abrazar otro hombre — ni otro hombre besar
si no fuera ese buen Conde — Don Carlos de Montalvan.
— Pues mírale, Galancina, — que delante de tí está. —
Bien pronto lo conociera — desde aquella oscuridá;
y del placer que sentía — mucho comenzó á llorar.
Tomóla el Conde en sus brazos — tercióla en el suo rúan.
Siete guardias dejó muertos — por las puertas al pasar;
y en aquellos campos verdes— ¡quién los vía galopari
Pertenecen estos romances al ciclo carolingio del Conde
Claros de Montalbán, cuyo nombre ha transmutado el vul-
go asturiano y portugués en Don Carlos de Montalbán y Don
Carlos de Montealbar. Reservando para su lugar propio el es-
tudio de esta leyenda, muy análoga á la de Gerineldo, y qui-
zá de idéntico origen, basta indicar desde luego la compara-
ción con el núm. 191 de la Primavera, qiie es de las antiguas
versiones castellanas la de carácter más popular y la que me-
nos se separa del dato tradicional en Asturias.
Pero son mucho más análogas las lecciones portuguesas,
que en gran número se han recogido. Conozco las siguientes:
a ) DoM Claros d'Alem-mar. Texto publicado por Almeida
Garrett. (II, 189-208.)
b ) Dom Carlos de Montealbar (la heroína se llama Silva-
na : no es el Conde quien se jacta de su aventura, sino que
ésta llega á oídos del Rey por la delación de un paje). Ver-
46
LÍRICOS CASTELLANOS
fíión de Porto y Beira Alta, publicada por T. Braga. [Roman-
ceiro, pp. 79-83.)
c ) Dona Lisarda. Variante de la Beira Baja (se habla en
ella, como en casi todas las restantes, de la jactancia del Con-
de). Apud Braga, pp. 83-86. Se advierte en este romance la
fusión con el de Albaninna.
d ) Dona Averia. Variante de Coimbra. El principio co-
rresponde al romance asturiano de Doña Ausenda, que vere-
mos después. {Rom. de Braga, 87-89.)
e ) Claralinda. Versión de la isla de San Jorge ( Azo-
res, pp. 243-246). El nombre del protaganista aparece cam-
biado en Juan de Gibraltar.
/) Dom Carlos de Montealvar. Variante de Ribeira de
Areias. (Azores, 246-249.)
g ) Las seis variantes descubiertas en la isla de la Made-
ra (79-99), en una de las cuales se confunde al Conde Claros
con el Conde Alarcos, no son de la familia de las anteriores,
sino que hacen juego con el núm. 190 de la Primavera.
h ) Dos lecciones de Celorico de Basto y de Peñafiel, pu-
blicadas por Carolina Michaelis de Vasconcellos en el Zeit-
schrift fur romanische Philologie.
i ) Tres versiones del Brasil, publicadas por el Dr. Silvio
Eomero (I, pp. 13-19), En la tercera de ellas, procedente de
Sergipe, la Princesa se llama Doña Blanca y el Conde Don
Duarte de Montealbar.
No menos divulgado que en las regiones portuguesas está
en Cataluña el presente romance, de indudable procedencia
castellana, como lo prueba la jerga híbrida en que se canta.
Lleva el título de La Infanta seducida en el Romancerillo de
Milá (núm. 258), que reunió hasta doce versiones. Aguiló, se-
gún su costumbre, trae una sola (núm. 32), enteramente ca-
talanizada por un procedimiento artificial.
ROMANCES TRADICrONALES DE ASTURIAS
47
9.
Xenderlna.
Por los palacios del Rey— Duques, Condes van entrándo :
allí entrara un Conde viejo— con un hijo por la mano.
Detrás del altar mayor — Tenderina le ha llamado
— ¡Válgame Dios, muchachuelol— Si fueras de ventiun años,
comieras conmigo en mesa — y durmieras á mi lado.
— Para eso, mi señora, — ya estoy bastante criado...
Calla, calla, muchachuelo— que te has de alabar n' el campo.
— De mujer que me dió el cuerpo — nunca d' eso yo me alabo. —
Á otro dia de mañana— se fué á alabar en el campo.
. — Esta noche dormí en cama — un sueño muy regalado,
que dormí con Tenderina— del Conde Zaragozano.
— Calla, calla, muchachuelo; — cállate, mal educado...
Si dormiste con mujer — con ella serás casado.
— Con esta espada me maten,— con esta que al lado traigo,
si mujer que me dió el cuerpo — nunca con ella me caso.
Es patente la afinidad del breve romance de Tenderina con
los de Gerineldo y con los de Galanzuca y Galancina (1) 6
sea con los del Conde Claros.
Almeida Garrett, que encontró en Tras-os-Montes una for-
ma de este romance, á la cual dió el título de Albaninha
(Rom. III, 14-17), dice que no se halla rastro de él en las co-
lecciones castellanas. Existe, sin embargo, no sólo en la tra-
dición popular, sino también en tres lecciones del siglo xvr
con los títulos de Gallarda y Aliarda (núms. 138 y 139 de 1
Primavera). Tiene también analogía con el romance histórica
(1) El uso frecuente de estos diminutivos familiares y mimosos es uno
de los pocos rasgos de asturianismo que pueden encontrarse en estos ro-
mances.
48
LÍRICOS CASTELLANOS
«Alabóse el Conde Vélez» (núm. 12 del apéndice á la Prima-
vera),
La versión portuguesa es más completa y dramática que
la asturiana, pues comprende no sólo la jactancia del galán,
sino la venganza de los hermanos de Albaninha, que también
se indica en una de las variantes castellanas antiguas (Pn-
mavera, 139).
10.
Bernaldo del Carpió» — I
Ibase por un camino — el valiente Don Bernaldo;
todo vestido de luto, —negro también el caballo :
por los cascos echa sangre, — y sangre por el bocado.
Oon la prisa que traía — atrás deja los criados.
Viéralo pasar su tío,— y á un mesón fuera alcanzarlo.
— Don Bernaldo, ¿dónde vás, — que así vienes preparado
€on una espada en la mano— y otra en el cinto colgando?
— Voy libertar á mi padre, — que dicen que van á ahorcarlo.
— Don Bernaldo sube, sube; — tomaremos un bocado.
— Maldita la cosa quiero — hasta verlo libertado. —
Entre que ambos descansaban, — volvieron ya los criados.
Nadie les daba razón — de donde estaba su amo,
sinon porque conocieron—el relincho del caballo.
— ¿Don Bernaldo dónde está? — Don Bernaldo está ocupado,
<3ue está comiendo y bebiendo— y un momento descansando.
— Dígale que se dé prisa, — que á su padre van á ahorcarlo,
y en el medio de la plaza— hemos visto ya el tablado. —
Oiñó Bernaldo la espada — y montóse en su caballo:
por las plazas donde pasa— las piedras quedan temblando.
Sus ojos echaban fuego, — y espuma echaban sus labios :
por donde quiera que pasa — todos se quedan mirando.
Llegóse al medio la plaza, — y apeóse del caballo;
diera un puntapié á la horca— y en el suelo la ha tirado;
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 49
y una de las dos espadas — dióla á su tío Don Basco :
— Tóme esa espada mi tío— rí jala como hombro honrado;
que ninguno de mi sangre— habrá de morir ahorcado.
11.
Bernaldo del Carpió, — II
Preso va el Conde, preso, — preso y muy bien amarrado,
por encintar una niña — n' el camino de Santiago.
Como era de buena gente — gran castigo le habían dado;
por castigo le pusieron — que habrá de morir ahorcado.
Cerráronlo en una torre — tiénenlo bien custodiado;
de día le ponen cien hombres— y de noche ciento cuatro.
— Si estuviera aquí mi primo, — el mi primo Don Bernaldo,
no temiera los cien hombres— ni tampoco ciento cuatro. —
Inda no lo hubiera dicho, — cuando viene caminando;
€n el medio del camino — el buen Rey le había parado.
— Suba, suba, Don Bernaldo— vamos á jugar un rato. [dado.
— Voy ver á mi primo el Conde, — que está en la cárcel guar-
— Si supiera que es tu primo — yo mandaría soltarlo. —
No se había bien sentado— á la puerta dió un muchacho.
— Baje, baje Don Bernaldo,— que van á ahorcar á su herma-
y en el medio de la plaza — he visto el tablero armado. — [no,
Tiró Don Bernaldo el naipe,— y al buen Rey se lo ha tirado.
— Don Bernaldo poco á poco; — que en la corona me ha dado.
— No se me da por ^1 Rey — si en la corona le he dado. —
Cien pasos hay de escalones — de un salto los ha bajado:
sin poner pie en el estribo — de un salto montó á caballo;
le dió un puntapié á la horca — y la hizo mil pedazos;
dió una estocada al verdugo— la cabeza le ha cortado.
Tomo X
50
LÍRICOS CASTELLANOS
12.
* Bernaldo del Carpió. — m (1).
Al conde le llevan preso,— al conde Miguel del Prado?
no le llevan por ladrón,— tampoco porque ha matado;
le llevan porque forzó — en el camino de Santiago
una niña muy hermosa, — cogiérala sin reparo.
Era sobrina del rey — y nieta del Padre Santo :
Por eso le llevan preso — al conde Miguel del Prado.
Sin tener apelación — á muerte le sentenciaron.
Guárdanle de día cien hombres —y de noche ciento y cuatro.
— Si estuviese aquí mi primo,— el mi primo Don Bernardo,
no temiera yo cien hombres, — ni tampoco ciento y cuatro. —
Bernardo estaba en el juego — y á la puerta le llamaron;
al más apurar del juego— salió muy bien preparado
con una espada en el cinto— y otra desnuda en la mano;
y del brinco que pegó — doce pasos ha salvado,
poniendo el pie en el estribo— ligero montó á caballo.
Marchó por la calle arriba, — al rey Alfonso ha topado :
— ¿A dónde vas, caballero,— á dónde vas, Don Bernardo?
— A libertar á mi primo — que ya le estarán ahorcando.
— Porque es un primo tuyo— yo mandaré libertarlo,
— No quiero empeño del rey — ni de ningún soberano;
quiero defenderle yo — con la fuerza de mi brazo. —
Cuando llegara á la horca, — le estaban ya predicando.
Diera un puntapié á la horca — la hizo dos mil pedazos,
y al verdugo en la cabeza— que pronto marchó rodando.
— Toma la espada, mi primo,— deféndete» por tu mano;
no quiero que de mi sangre— ninguno muera ahorcado.
Precioso cuanto inesperado hallazgo para adicionar el ge-
nuino y épico romancero castellano ha sido el de estas tre»
(1) Recitado por doña Norberta Rivalla, natural de Bones (Ribadesella.V
Oviedo, 1886.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 51
canciones, que conservan rastros de una forma muy primiti-
va de la gesta de Bernardo. Nos haremos cargo de ellas al es-
tudiar detenidamente, en el próximo volumen, las vicisitudes
de esta famosa leyenda.
El docto y afortunado colector de estos fragmentos (uno
de los cuales se imprime hoy por primera vez) hizo notar ya
la analogía que en su fondo tienen con el segundo de los ro-
mances del Conde Grifos Lombardo, que comienza «En
aquellas pefías pardas* {Primav. 137), y también con los por-
tugueses que llevan por títiílo : :
a ) JusÜQa de Deus ( Almeida Garrett, II, 285-294). Confun-
dió y mezcló, según su costumbre, dos distintas versiones.
h ) Rorhance do Conde Preso (versión de Tras-os-Montes,
en el Rom, de T. Braga, 60^62).
c ) Dom Garfos. Versión de la Beira Baja. (En T. Braga,
62-64.)
d ) Justiga de Deus. Versión de la Beira Alta. (En T. Bra-
ga, 65.67.)
Aunque estos romances están amplificados con circuns-
tancias novelescas, en todos se reconoce la degeneración del
tipo épico, la cual puede estudiarse en otros muchos roman-
ces de los que hoy parecen novelescos; por ejemplo, en el
núm. 136 bis de la Primavera, cuyo protagonista es tam-
bién el Conde Grifos Lombardo, pero en el cual se perciben
ciertos vestigios de la historia que la Crónica General cuen-
ta acerca del Conde Garci Fernández « el de las fermosas
manos».
13.
Ija peregrina*
En la ciudad de León — (Dios me asista y non me falte)
vive una fermosa niña — fermosa de lindo talle (1).
(1)
En las Cortes de León— donde está la xente grande
52
LÍftIGOS CASTELLANOS
El Rey namoróse della— y de su belleza grande :
aun non tiene quince años— casarla quieren sus padres.
El Rey le prende el marido— que quiere della vengarse :
ella por furtarse al Rey,— metióse monja del Carmen.
Allí estuvo siete años — á su placer y donaire :
desde los siete á los ocho— á Dios le plogo llevarle.
Por los palacios del Rey, — pelegrina va una tarde,
con su esclavina ahujerada — sus blancos hombros al aire.
Lleva su pelo tendido : — parece el sol como sale.
— ¿Donde vienes, pelegrina — por mis palacios reales?...
— Vengo de Santiago, el Rey,— de Santiago que vos guarde, '
y muchas más romerías... — ¡plantas de mis pies lo sabeni
Licencia traigo de Dios: — mi marido luego dadme.
• — Pues si la traes de Dios— escuso más preguntarte.
Sube, sube, carcelero, — apriesa trae las llaves
y las hachas encendidas, — para alumbrar este ángel.
— Dios vos guarde Condesillo, — farto de prisiones tales, [tes,
— Dios vos guarde, la Condesa — porque siempre me guardas-
Non pienses que vengo viva;— que vengo muerta á soltarte.
Tres horas tienes de vida; — una ya la escomenzastes.
Tres sillas tengo en el cielo: — una es para tú sentarte (1),
otra para el Señor Rey — por esta merced que face (2).
A Dios, á Dios que me voy;— ya non puedo más fablarte;
que las horas deste mundo —son como soplo de aire.
vivía una hermosa niña— de condición y linaje.
Aun non tiene quince años— casarla quieren sus padres :
pidenla Duques y Condes- pa con ella maridarse, etc.
Así comienza la versión que de este romance hemos recogido en las
montañas de Gfrado. Aunque poco distinto del que publicamos, cosecha-
do por Amador de los Ríos en Luarca por los años del 50 al t)0, preferi-
mos éste como texto, por estar íntegro y aquél no; sin perjuicio de apun-
tar alguna variante que no debe ser relegada al olvido. (Nota del Sr. Me-
néndez Pidal.)
(1) Otra será para mí— pues mi alma de penas sale.
(2) Estando 'n estas razones— oyera el gallo cantare.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 53
Aunque Amador de los Eíos clasificó este romance entre
los religiosos, es realmente histórico, y pertenece al ciclo de
Fernán González. Es el único que nos conserva un recuerdo
lejano de la prisión del Conde de Castilla, en León, y de
su libertad, lograda por industria de la Condesa Doña San-
cha, su mujer; tal como en la Crónica general se refiere. Ha
sido admirablemente estudiado por D. Ramón Menéndez Pi-
dal en su monografía sobre todos los romances de aquel ciclo
(Homenaje áM.y P., 1899, 1. 1, pp. 463-465). Advierte este crí-
tico sagacísimo que «los versos 1 á 8 forman un fragmento in-
dependiente del texto, y deben eliminarse, pues ni el marido
aprisionado de que en ellos se habla es un Conde, como des-
pués se le llama, ni se dice que la mujer muriese, como luego
se infiere del verso 21, ni el tono de este primer fragmento es
semejante al del segundo : es vulgar y prosaico, mientras el
del siguiente tiene mucho más encanto en sus descripciones
y en sus diálogos... En lo que el romance asturiano reñeja otro
más antiguo, de origen épico, es sólo en los doce versos en
que refiere la llegada de la Condesa á los palacios del Rey,
diciéndose peregrina de Santiago, su subida á la cárcel del
Conde y los saludos que marido y mujer cambian entre sí».
14.
El aguinaldo.
Mañanita de los Reyes, — la primer fiesta del año,
cuando damas y doncellas — al Rey piden aguinaldo;
unas le pedían seda, — otras el fino brocado;
otras le piden mercedes— para sus enamorados.
Doña María, entre todas,— viene á pedirle llorando,
la cabeza del Maestre — del Maestre de Santiago.
El Rey se la concediera; —y al buen Maestre ha llamado.
Salen criados y pajes,— cuando el Maestre es entrado:
54
LÍRICOS CASTELLANOS
— Bien venidos caballeros — Maestre, mal soes llegado,
ca en tal día su cabeza — mandada está en aguinaldo.
— Quien mi cabeza mandara, — ponga la suya á recabdo;
que cabezas de maestres — non se mandan de aguinaldo.
Villas é cibdades tengo — é freyres á mi mandado:
non me las dió Key ni Reina — ganélas yo por mi mano. —
Estas razcnes dixiera— el Maestre de Santiago,
cuando entra pajes del Rey — entrara en el su palacio.
E más sin dubdar fablara — como home bien razonado ;
mas al sobir la escalera, — la cabeza le han quitado.
Allí la entregan al Rey : —él, maguer era su hermano,
mandó echarla en una fuente — por facer el aguinaldo.
«Llevalda á Doña María» — dixiera á los sus criados.
Doña María que la vido, — mucho se ha maravillado;
ca el Rey amaba al Maestre, — y era muy grande el regalo.
Prendióla de los cabellos,— de bofetadas le ha dado :
— Agora me pagas, perro, — lo de aguaño y lo de antaño
cuando me llamaste puta — del Rey Don Pedro tu hermano. —
Prendióla de los cabellos — y lanzóla allí al alano;
el alano es del Maestre, — é bien conoce á su amo.
Cogióla con los sus dientes— é Uevósela á sagrado:
faz con las patas la fuesa — do la cabeza ha enterrado.
Bien lo viera el Rey Don Pedro — donde se está paseando:
bien lo viera ese buen Rey — que ñzo atal aguinaldo.
Llega al balcón y pregunta— ¿De quién era aquel alano?
— Ese alano es del Maestre, — del Maestre de Santiago;
que por facer la su obsequia —está, cual vedes, llorando.
— lAy, triste de mi é mezquino, — ay triste de mi é cuitado:
si el alano face aquello, — qué ha de facer un hermano! —
Dormir non puede el buen Rey — dormir non puede el cuitado:
porque en medio de la noche— el Maestre le ha llamado,
viérale todo sangriento— sin cabeza, en su caballo;
viérale todo sangriento — el su pecho amenazando.
Dormir non puede el buen Rey, — que yaz todo desvelado,
porque enmedio de la noche— Doña María le ha llamado.
Viérala con la cabeza — que fué lanzar al alano.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 55
Doña María de Padilla— por los aires va volando;
por sus buenas fechorías— non la quiere Dios ni el diablo.
Este magnífico romance histórico, que debe añadirse á los
del ciclo del Eey D. Pedro, trata el mismo argumento que el
número 65 de la Primavera: «Yo me estaba allá en Coim-
bra».
15.
Hflal de amores.
¿Duque de Alba, estás casado?... — si nón, yo te casaría...
— Estoy casado, buen Rey, — casado por vida mía;
-que tengo palabra dada — á una señora en Castilla.
Aunque viva cincuent' años, — yo jamás la olvidaría.
Entre estas palabras y otras — el casamiento se hacía.
Toda la gente lo sabe; — Doña Ana non lo sabía,
si no es por una doncella — que anda en su compañía :
— Novedad traigo. Doña Ana, — non sé si le placería;
que el Duque de Alba se casa,— su palabra mal cumplía.
—Que se case, que se vele,— ¿á mí que se me daría?
¡Caballeros tien la corte — que conmigo casarían! —
Los anillos de la mano — por el medio los partía;
los pelos de la cabeza— por el uno los arrinca ..
Subióse en una ventana— de una sala que tenía;
viólo que estaba jugando— con otros en compañía :
—¡Duque de Alba de mis ojosi— ¡Duque de Alba de mi vidal
¿Cómo tan presto olvidaste— á quién tanto te quería?
Él posó el naipe n' el suelo,— y corrió á ver á la niña.
¡En el medio de una sala— topárala flaquecida!
56
LÍRICOS CASTELLANOS
Llamara cuatro dolores — por ver de qué mal moría;
unos dicen que de susto,— y otros que de amor moría.
Este afectuoso romance, que aparece aquí incompleto por
flaqueza de memoria de la anciana que se le recitó al Sr. Me-
néndez Pidal, alude al contrariado casamiento de Don Fadri-
que de Toledo, hijo del Gran Duque de Alba, y ha de ser
muy poco posterior al suceso que narra.
16
Don Bueso.
Camina Don Bueso— mañanita fría
á tierra de moros— á buscar amiga.
Fallóla lavando — en la fuente fría :
— Quita de ahí, mora,— perra judía;
dexa á mi caballo — beber agua fría;
— Keviente el caballo — y quien lo traía;
que yo no soy mora— ni fía (1) de judía;
soy una cristiana,— de nombre María,
en poder de moros — siet' afíos había.
— Si fueras cristiana, — yo te llevaría;
y si fueras mora— yo te dexaría (2).
—Los paños del moro— ¿yo d'ellos qué haría?
— Los que son ruanos, — traelos, María;
los que son de grana — al mar los echarías. —
Montóla á caballo— por ver que decía;
en las siete leguas — no hablara la niña...
Al pjasar un campo — de verdes olivas,
Contracción de jija.
Te bautizaría, dice una variante recogida en Navia.
(1)
(2)
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 57
por aquellos prados— ¡que llantos hacía!
— ¡Cuando el Eey mi padre — llanto (1) aquí esta oliva,
sentada al amparo — de su sombra fría,
la Reina mi madre— la seda torcía,
mi hermano Don Bueso— los perros corría;
yo, que era rapaza, — las flores cogía!...
— Pues por estas señas— mi hermana serías!
¡Abra, la mi madre, — puertas de alegría;
que por traer nuera — traigo la su fía!
— Si eres la mi nuera,— seas bien venida;
si mi fía no eres — ¡bien lo parecías!
¡Para ser mi fía — color non tenías!
— ¿Cómo quiere madre, — color todavía?
si fay siete años — que pan non comía,
sino amargas yerbas— que en montes cogía!
17.
Don Bóyso.
Camina Don Bóyso — mañanita fría
á tierra de Campos — á buscar la niña.
Hallóla lavando— en la fuente fría.
— ¿Que haces ahí, mora, — hija de judía?
Deja á mi caballo — beber agua fría.
— Reviente el caballo — y quien lo traía;
que yo no soy mora, — ni hija de judía.
Soy una cristiana, — que aquí estoy cativa
lavando los paños — de la morería.
— Si fueras cristiana, — yo te llevaría,
y en paños de seda — yo te envolvería;
pero si eres mora — yo te dejaría. —
Montóla á caballo, —por ver que decía;
en las siete leguas — no hablara la niña.
Plantó.
58
LIRICOS CASTELLANOS
Al pasar un campo — de verdes olivas,
por aquellos prados — ¡que llantos hacía!
— ¡Ay prados! ¡Ay prados!— ¡prados de mi vida!
¡ Cuando el Key mi padre —plantó aquí esta oliva,
él se la plantara, — yo se la tenía;
la Reina mi madre — la seda torcía;
mi hermano Don Bóyso— los toros corría!...
— ¿Y cómo te llamas? — Yo soy Rosalinda;
que así me pusieron,— porque al ser nacida,
una linda rosa — n'el pecho tenía.
—Pues tú, por las señas, — mi hermana serías !
¡Abra, la mi madre, — puertas de alegría;
por traerle nuera, — tráigole su hija!
— Para ser tu hermana, — ¡qué descolorida!
— Madre, la mi madre, — mi madre querida;
que hace siete años — que yo no comía,
sino amargas yerbas— de una fuente fría,
dó culebras cantan, — caballos bebían... —
Metióla en un cuarto — sentóla en la silla.
— j Mi jubón de grana — mi saya querida,
que te dejé nueva — y te hallo rompida!
— Calla, hija, calla,— hija de mi vida;
que quien te echó esa — otra te echaría.
— ¡Mi jubón de grana, — mi saya querida,
que te dejé nueva — y te hallo rompida!
— Calla, hija, calla,— hija de mi vida;
que aquí tienes madre, — que otra te echaría. —
Caminó Don Bóyso — que partir quería,
á tierra de moros — á buscar la niña.
Antes de ser Don Bueso héroe de estos primorosos roman-
cillos novelescos, fué personaje épico, enlazado con la le-
yenda de Bernardo del Carpió en sus más antiguas formas.
La Crónica general refiere que el héroe leonés mató á « un alto
orne de Francia llamado Don Bueso >, y añade esta curiosa
ROMANCES TRADICrOXALES DE ASTURIAS 59
noticia : «Et dicen algunos en sus Cantares, segund cuenta
»la estoria, que este francés Don Bueso que so primo era de
>Don Bernaldo, mas esto non podríe ser.» Así en el manus-
crito Escurialense y en todos los más antiguos y autorizados,
pues la General, impresa por Ocampo, que es sólo un mal
compendio del texto primitivo, no habla de Cantares.
El nombre del personaje parece francés, pero Milá estima
que debe tenerse por invención de los nuestros, pues no sue-
na en los poemas franceses de la guerra de España, y sólo
en el Grirart de Rossilló figura un Bos de Escorpio ó de Car-
pión, consejero del héroe.
Quizá su celebridad poética en los Cantares citados por la
General hizo que el nombre.se vulgarizase en España, lleván-
dole en tiempo de Alfonso VII y de su hijo Don Sancho III
el Deseado, un merino de Saldaña [Dominus Bueso ó Boyso
Majorinus in Saldaña)^ fundador del monasterio de Bueso,
cerca de la villa de Ureña, á donde se retiró en sus últimos
días y donde está enterrado (1). Parece indudable que este
personaje histórico nada tiene que ver con el Don Bueso le-
gendario. En tiempo de Don Sancho III la epopeya castella-
na estaba ya formada, y seguramente existían cantares de
Bernardo, cuyas fábulas iban á penetrar muy pronto en las
historias latinas del Tudense y el Toledano.
En los actuales romances de Bernardo, que son relativa-
mente muy modernos, no se encuentra el nombre de Don
Bueso, pero la poesía popular no se olvidó de él, atribuyén-
dole muy varias aventuras. No sabemos qué cosa serían unos
romances de Don Bueso que pasaban ya por una antigualla
en tiempo de Enrique IV, como se deduce de una picaresca
composición del ingenioso trovador madrileño Juan Alvarez
Gato, el cual, comentando cierta aventura amorosa en la cual
en vez de encontrar á la dama á quien servía tropezó con una
espantable vieja, se queja de que le dieron
(1) Ambrosio de Morales, Crónica general de España^ libro XIII, ca-
pítulo 49.
60
LÍRICOS CASTELLANOS
Por palacios tristes cuevas,
por lindas canciones nuevas
los romances de Don Bueso.
En el romance burlesco inserto en el Cancionero de Hijar
(también de fines del siglo xv) se da á un personaje el pseu-
dónimo de Don Bueso. En la Ensalada, de Praga (pertene-
ciente á la colección de pliegos sueltos góticos que dió á co-
nocer Wolf), se citan los dos primeros versos de un romance
que se ha perdido :
A caza va el rey Don Bueso,
por los montes á cazar...
Los irreverentes poetas del siglo xvii hicieron gran fisga
y matraca del pobre Don Bueso, que aparece convertido en
héroe de botarga y entremés en los dos romances burlescos
que principian
Doliente estaba Don Bueso
de amores, que non de fiebres...
(Niim. 1.710 de Durán.)
En la antecámars solo
Del Rey Don Alonso eJ Bueno,
De una losa en otra losa
Paseando está Don Bueso...
(Nüm. 1.719 de Durán.)
Este último es excelente en su picaro género ; digno del
mismo Quevedo, y acaso sea suyo.
Mejor librado, aunque no siempre, sale Don Bueso en la
poesía popular. Además de los romances asturianos, que por
su versificación hexasilábica no parecen de los más antiguos
(á pesar de las ingeniosas razones que alega su editor), hay
en el Algarve un romance de Dom Bozo, en la provincia por-
tuguesa del Miño otro de Dom Bezo, ambos en metro cor-
to (1). Otra variante recogida en el Brasil con el título de Flor
(1) Publicó la versión del Algarve (recogida por Reis Dámaso) Teófilo
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 6f
do día omite ya el nombre del famoso caballero. En todos es-
tos romances se pinta la crueldad de la madre de Don Bueso
con su nuera.
En Cataluña le llaman Don Guespo (y también Don Bues-
po)^ y cuentan que murió envenenado por una vengativa don-
cella llamada Gudriana. Las tres variantes que recogió Milá
(número 266, La innoble venganza) ^ son taraceadas de cata-
lán y castellano. Aguiló, según su sistema, le da en catalán
solamente (núm. 18).
Nada tienen que ver estas historias con el encantador ro-
mance asturiano, que hasta ahora permanece solitario en la
poesía de la Península, aunque dentro del Principado sea de
los más repetidos por bocas infantiles ó femeninas. Por lo de-
más, su tema, un reconocimiento de hermanos, es de los más
frecuentes en las canciones populares de todos los países (1).
Limitándonos á los textos de nuestra propia casa, le halla-
mos en un romance catalán, de origen castellano, Los dos her-
manos, del cual recogió Milá nada menos que diez y nueve
versiones (núm. 250 de su Romancerillo), Es singular que la
más completa de estas versiones, y al mismo tiempo una de
las que conservan mayor número de palabras y versos caste-
llanos, proceda de la Cataluña francesa, es decir, del antiguo
Condado del Rosellón. En la mayor parte de estas variantes
aparecen revueltas las reminiscencias de algún romance aná-
logo al de Don Bueso con otras del bien sabido de La Infan-
tina, En las Cansons de la térra, de Pelayo Briz, (t. V, p. 95),
hay otro romance sobre el mismo argumento.
Braga en sus notas á los Cantos populares do Brazil (11, 183). En el tomo I ,
páginas 25-27, está la versión brasileña.
(1) Tiene especial analogía con Don Bueso la canción alemana Anne-
lein, citada por Puymaigre (Vieux Áuteurs castillans, 1862, II, 363-364).
Wolf, Proben portugUsischer und Catalanischer Volksromanzen, Viena,
1856, cita al mismo propósito cantos suecos y daneses, la balada escocesa
de La Bella Aldelheid, etc-, etc.
62
LIRICOS CASTELLANOS
18.
El Conde Flor. - I.
El moro non fué á cazar — non cazó como solía;
porque le encargó la Mora — que le traiga una cautiva
que non sea mujer casada, — tampoco mujer pedida;
que fuese una buena moza— para hacerle compañía.
Encuentran al Conde Flor, — que viene de romería
de San Salvador de Oviedo — y Santiago de Galicia,
de pedir á Dios del Cielo — que le diese un hijo ó hija;
y, por gracia de Dios Padre— engendrado lo tenía.
Preguntáronle si deja— á la hermosa compañía.
— La compañía que traigo — muy tarde la dejaría. —
Mataron al Conde Flor, — llevan la mujer cautiva,
la llevan al mar abajo — para llegar más aina.
Echan cartas á la Mora — porque salga á recibirla;
y la Mora, muy contenta, — salió en su caballería.
—Bien venida, la mi esclava, — bien venida esclava mía;;
si eres buena, del palacio — yo las llaves te daría;
y si tú me eres buena,— las del Moro guardarías.
— Non me hacen falta las llaves— de sus salas y cocinas;
si non fuera mi desgracia, — para mí llaves tenía!...
— Háblame poco, la esclava; — háblame poco esclavina;
si tu me gurgutas mucho, — tu vida poca sería. —
Encinta estaba la Mora, — la esclava encinta venía;
y, por gracia de Dios Padre, — ambas parieron un día.
Un niño parió la esclava, — parió la Mora una niña;
la bruja de la partera — maltrocado los había;
que el niño diólo á la Mora — y la niña á la cautiva.
— Diga, diga la mi esclava, — ¿cómo ha llamarse la niña?
— Por la leche que mamaba— llamase Doña María;
y así se llama una hermana — qüe yo traigo en Morería...
y así fío, Conde Flor, — que ansí le pertenecía...
— Diga, diga, ¿la tu hermana, — diga que señas tenía?
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 6.?
— En el costado derecho— una lunar le salía,
y con sus cabellos rubios— todo su cuerpo ceñía.
— Por las señas que me dabas, — eres tú la hermana mía!
¡Y si la mi hermana eres, — yo qué vida te hacer-híal
— Mujer pobre y sin marido, — ¿con quién se consolaría?
— Con tu fío Conde Flor,— que yo te, lo volvería.
Tú te levantas agora; — hoy fago yo ventiun días;
cuatrocientos de á caballo — te pasaran á Castilla.—,
Por aquellos campos verdes — ¡qué llantos hace la niña!
— Hijo mío. Conde Flor,— cuando yo te criaría,
que ya veo los palacios— donde tu padre vivía.
19.
El Conde Flor. - II
A cazar iba el Eey moro,— á cazar como solía;
porque le encargó la Mora— que le traiga una cautiva,
que fuera hija de Condes— ó de Keyes de Castilla.
Hallaron al Conde Flor, — que viene de romería
de San Salvador de Oviedo —y Santiago de Gahcia;
y una hija hermosa que tiene— la trae en su compañía.
Mataron al Conde Flor; — en un pozo lo metían,
y con piedras del camino— todo su cuerpo cubrían,
y una grande á la cabeza — porque non saliera arriba.
Metieron la hija en un barco — para llevarla cautiva;
y al mar abajo la echaron, — porque fuese mas aina.
La Mora desque lo supo— salió alegre á recibirla;
montada en caballo blanco, — con mucha caballería.
Metiéronla en el palácio, — llorando lágrima viva.
En cinta estaba la Mora — la esclava en cinta venía;
y lo quiso Dios del cielo — que ambas parieran un día.
La bruja de la partera,— por pedir al Moro albricias,
usando de malas mañas— cambióles lo que tenían;
Ó4
LÍRICOS CASTELLANOS
y el niño diólo á la Mora — y la niña á la cautiva.
La reina mora contenta, — levantóse al otro día :
la cristiana congojada— á los veinte non podia.
— Levántate, la cristiana; —vé bautizar esa niña.
— ;Oon lágrimas de mis ojos — la bautizo cada día!
Si yo estuviera en mi tierra— presto la bautizaría;
y ponerle había el nombre — de una hermana que tenía,
que se llama Blanca Flor,— toda la flor de Castilla;
y me la llevaron moros— á tierra de morería.
— Diga, diga, ¿la su hermana,— diga, que señas tenía?
— En el su hombro derecho —una lunar le salía,
y con sus cabellos rubios — todo su cuerpo cubría.
— iPor esas señas, cristiana, — eres tú la hermana míal
Con esto le echó lo brazos,— llorando que transvertía :
— Vete ahí á la Casa Santa — qu3 está en medio de Turquía;
vete ahí á la Casa Santa,— á bautizar esa niña. —
Eespondióle la cristiana : — ¡Pa mí remedio no había;
que ya renegar me hicieron — de mi madre y mi madrina,
de la leche que he mamado —y la sagrada María!
— Yo te daré barco de oro, — trinquete de plata fina,
y siete moros mancebos— que te lleven á Castilla :
y si con esto no basta— yo dir he en tu compañía...
En tu compañía non puedo, — porque renegado había;
y aunque renegué de boca — de corazón non tovía (1).
(1) En la variante de este romance que con el título de Las hijas de
Conde Flor publicó Amador de los Ríos en la Ilustración Española y
Americana (Septiembre de 1870), la acción es algo más extensa.
Nosotros no hemos podido encontrar ninguna variante distinta de las
<iue incluímos en este Romancero, quizá porque el pueblo las ha olvidado.
He aquí el final de la variante á qae nos referimos :
La reina, de que esto oyera
fizo grandes alegrías:
é como lo vido el Rey
deste modo la decía :
—¡Qué avedes, la mi mujer,
que avedes esposa mía!
—Que entendí tener esclava
é tengo hermana querida.
— Casaremos la tu hermana,
que yo un hermano tenía.
—Non lo quiera Dios del cielo
nín la virgen lo permita.
Grande vergoña é ludibrio
para mi sangre sería,
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 65
Parecen inspirados en la antiquísima novela, de origen
bizantino, Flores y Blanca-Flor, popular todavía entre nos-
otros en la forma de ^üiegos de cordel. Falta este asunto
poético en los antiguos Romanceros, pero abunda en la tra-
dición oral de la Península. Ya Wolf incluyó en la Frimave-
ra (núm. 130, Las dos hermanas) una versión enteramente cas-
tellana, recogida en Cataluña por el Dr. Milá y Fontanals.
Difiere muchísimo de la de Asturias. El mismo sabio maes-
tro puso en su Romancerillo (núm. 242) otras lecciones híbri-
das ó bilingües mucho más próximas á la nuestra.
En portugués conozco las siguientes :
a ) Rainha e captiva^ publicada por Almeida Garrett (II,
179-188;, que, ignorando el origen literario de este romance,
le da una antigüedad disparatadísima, encontrando en él xm
fuerte color del siglo xii. (!)
h ) Romance de Branca-Flor, versión de la Extremadura
portuguesa, en el Rom. ger. de T. Braga (107-109).
c ) Estoria da captiva Rainha, Lindísima versión de la
isla de la Madera, publicada por Alvaro Eodrigues de Aze-
vedo (211-219).
d ) Romance das duas irmás. Variante del Algarve, mu>
4 las hijas del Conde Flores
maridar en morería!
Dexad, rey, que 's torne luego
:á su tierra la cativa :
non querades que vos mienta
como yo siempre oa mentía,
•ca en el ruedo de la saya
traigo la Virgen María,
■que me amprea y me defienda
contra las vuestras mentiras.
María á quien rezo el rosario
una vez en cada día :
«so mesmo á medianoche,
■cuando la gente dormía . -
El rey moro que lo supo,
mudó el color de la ira:
Jas hijas del Conde Flores
en torre escura metía.
Siete años y las toviera
siete años y las tenía;
al llegar la media noche,
amas hermanas morían.
Al pasar, que se pasaban
llorando entrambas decían :
! -«Virgen Madre, Virgen Madre,
que non oviste mancilla,
hed piedad de los corderos,
que entre fieros lobos fincan :
dad amparo á nuestros fijos
I que salgan de morería.»
(Nota del Sr. Ménéndez Pidal.)
Tomo X.
66
LÍRICOS CASTELLANOS
incompleta, dada á conocer por T. Braga en sus notas á los
Cantos populares do Brazil (203-205).
e ) Branca Flor. — Xacara de Flores-Bella. Dos variantes
del Brasil, publicadas por Sylvio Komero (I, 41-44). La pri-
mera no es más que un fragmento.
Leyendas muy semejantes á ésta, y probablemente del
mismo origen, hay en la poesía popular de varias naciones.
20.
Gray feros •
Estando la Condesina — en su palacio real,
con peine de oro en la mano— para su hijo peinar:
— Dios te encreciente, mi niño; —Dios te deje encrecentary
que la muerte de tu padre — tú la vayas á vengar;
porque á traición le mataron,— para conmigo casar,
viniendo de romería — de San Juan el de Letran. —
Estando 'n estas razones, — viene el Moro de cazar.
— ¿Qué dices tú, boca negra, — ó qué te pones á hablar?
que por eso que tú dices, — el niño ha de pasar mal. —
Ha llamado dos criados,— que al padre comían pan :
— Id á matar ese niño— á los montes de Aguilar;
y por señas hais traerme — el su corazón leal,
y de su mano derecha— también el dedo pulgar. —
Iba una perra con ellos, — cuidando diban cazar :
— Mataremos esta perra,— pues que Dios la truxo acá :
corazón de perra blanca — del niño parecerá,
le cortaremos el dedo, — por eso non morirá :
le dexaremos aquí,— Cristo le consolará.—
Pasára por allí un tío— que venía de cazar 1
—¿Quién te truxo aquí, sobrino, — á los montes de Aguilar?
— Criados del perro Moro, — que me venían matar. —
Ya le coge entre sus brazos — y le pone en su rúan;
ROMANCES TRADieiONALES DE ASTURIAS 67
siete años le ba tenido — comiéndole vino y pan.
Al cabo de los siet' años — el niño soltó á llorar.
— ¿Tú que tienes, mi sobrino;— tú que tienes que estás mal?
¿Hízote mal el mi vino, — ó te hizo mal el mi pan;
ó te hacen mal mis criados? — Mandarélos despachar.
¿Ó ves alguna doncella — que non puedas alcanzar?
— Non me hizo mal vuestro vino — ni me hizo mal vuestro pan;
nin me hacen mal vuestros criados, — non los mande despa-
nin veo doncella alguna — que yo non pueda alcanzar : [char :
es-la muerte de mi padre — que la quiero dir vengar.
— Eres niño muy chiquito, — pa las armas menear.
— Aunque soy niño chiquito, — me sobra la habilidad.
Dadme el caballo y las armas — que yo le diré á vengar.
— Tengo jurado, sobrino, —alia en San Juan de Letran,
mis armas y mi caballo —á nadie las emprestar. —
El niño desque esto oyó, — 'n el suelo va desmayar.
— Arriba, garzón, arriba,— non te quieras desmayar;
mis armas y mi caballo — estarán á tu mandar:
mi cuerpecito aunque viejo,— para el tuyo acompañar. —
Quitaron ropas de seda, — vistiéronse de sayal:
de día anduvieron monte,— de noche camino real.
A puertas de la Condesa — van á pedir caridad.
— Non lo quiera Dios del Cielo, — nin la santa Eternidad;
que el Moro me ha prohibido — esta vez y muchas más,
que á romeros de otras tierras — yo les diera caridad.
Vayanse los romericos — al hospital de San Juan.
— Non lo quiera Dios del Cielo, — nin la santa Eternidad,
caballeros de alta sangre — al mesón vayan cenar.
— Daréles pan por dinero,- y vino de caridad... —
Cuando lo estaban comiendo — viene el Moro de cazar.
— ¿Que te he dicho, Condesina,— esta vez y muchas más?
Que á romeros de otras tierras — non les dieras caridad;
que yo á romeros maté, — romerillos me han matar. —
Los dientes de la Condesa, — por la sala van rodar.
El niño desque esto vió, — al pronto subióse allá,
de la primer puñalada — mató el romero á Galvan.
68
LÍRICOS CASTELLANOS
Vayan con Dios los romeros, — iviuda me hicieron quedar!
— ^^Si vos non fuerais mi madre, — con vos hiciera otro tal.
— Non tengo hijo nin hija: — sola en el mundo estoy ya;
porque un hijo que tenía— murió en montes de Aguilar,
y en mi cofrecito tengo— el su corazón leal,
y de su mano derecha — también el dedo pulgar.
— El corazón que tenéis — de la perra es de Galvan
y ese dedo que guardáis — aquí le veréis faltar. —
Al verlo la Condesina, — comenzárale abrazar :
las lágrimas y suspiros —en placer fuera tornar.
Es un genuino y viejo romance carolingio, variante muy
curiosa de los dos primeros de Don Gaifero^ (171 y 172 de la
Primavera), La astucia de los escuderos, que engañan á Gal-
ván presentándole sólo el dedo de un niño y el corazón de
nna perrita, se repite mucho en cuentos populares (por
ejemplo, el de la Ceneréntola), y está ya en el Román de Ber-
the, del trovero Adenés (último tercio del siglo xiii), y en La
gran conquista de Ultramar, compilación castellana de prin-
cipios del siglo xiv, cuyo original francés no ha sido descu-
bierto todavía.
21.
Blanca Flor y Filomena* —I
Por las orillas del río— Doña Urraca se pasea (1)
con dos hijas de la mano — Blanca Flor y Filomena.
El Rey moro que lo supo— del camino se volviera ;
de palabras se trabaron, — y de amores la requiebra.
Pidiérale la mayor— para casarse con ella :
(1) Según otra versión
Por los jardines del Rey— se pasea la Reina, etc.
ROMANCES T'RADICIONALES DE ASTURIAS 69
si le pidió la mayor, — le diera la mas pequeña;
y por no ser descortés — tomara la que le dieran.
— Non sea cuento, rey Tarquillo,— que mala vida le hicieras...
— Non tenga pena, señora;— por ella non tenga pena.
Del vino que yo bebiese, — también ha de beber ella;
y del pan que yo comiese, — también ha de comer ella.
Se casaron, se velaron, — se fueron para su tierra :
nueve meses estuvieron — sin venir á ver la suegra.
Al cabo de nueve meses, — Rey Turquillo vino á verla.
— Bien venido. Rey Turquillo. — Bien hallada sea mi suegra.
— Lo que más quiero saber — si Blanca Flor qreda buena.
Blanca Flor buena quedaba; — en días de parir queda,
y vengo muy encargado —que vaya allá Filomena,
para gobernar la casa — mientras Blanca Flor pariera.
— Filomena es muy chiquita— para salir de la tierra;
pero por ver á su hermana— vaya, vaya en hora buena.
Llévela por siete días; — que á los ocho acá me vuelva;
que una mujer en cabellos— no está bien en tierra agena. —
Montó en nna yegua torda, — y ella en una yegua negra :
siete leguas anduvieron — sin palabra hablar en ellps.
De las siete pa las ocho, — Rey Turquillo se chancea;
y en el medio del camino,— de amores la requiriera.
— Mira qué haces, Rey Turquillo, — mira que el diablo las
que tú eres mi cuñado, — tu mujer hermana nuestra, [tienta;
Sin escuchar más razones — ya del caballo se apea :
atóla de pies y manos - hizo lo que quiso della;
la cabeza le cortara, — y le arrancara la lengua,
y tiróla en un zarzal — donde cristiano non entra.
Pasó por allí un pastor;— de mano de Dios viniera.
Por la gracia de Dios padre — á hablar comenzó la lengua.
— Por Dios te pido, pastor,— que me escribas una letra:
una para la mi madre, — ¡nunca ella me pariera!
y otra para la mi hermana, — ¡nunca yo la conociera!
— Non tengo papel ni pluma,— aunque serviros quisiera...
— De pluma te servirá — un pelo de mis guedejas;
si tú non tuvieres tinta, — con la sangre de mis veínas:
70 LIRICOS CASTELLANOS
y si papef non trajeres, — un casco de mi cabeza. —
Si mucho corrió la carta, — mucho más corrió la nueva.
Blanca Flor, desque lo supo,~con el dolor malpariera;
y el hijo que malparió, — guisólo en una cazuela
para dar al Rey Tiirquillo, — á la noche cuando venga.
— ¿Qué me diste Blanca Flor, — qué me diste para cena?
De lo que hay que estamos juntos — nunca tan bien me su-
[piera.
— Sangre fué de tus entrañas— gusto de ta carne mesma...;
pero mejor te sabrían — besos de mi Filomenall
—¿Quién te lo dijo, traidora;— quién te lo fué á decir, perra?
ICon esta espada que traigo— te he de cortar la cabezal
Madres las que tienen hijas, — que las casen en su tierra;
que yo, para dos que tave, — la Fortuna lo quisiera,
una murió maneada — y otra de amores muriera.
22.
Dlanca Flor y Fifiomena* — II
Por esos campos arriba — se pasea una romera
con dos hijas de la mano— Blanca Flor y Filomena.
El traidor del Rey Tereno — al camino les saliera,
pidiéndole la más grande — para casarse con ella:
si le pidió la mayor, — diérale la más pequeña.
El casóse y él velóse, — ^^llevóla para su tierra.
Allá estuvo siete años — sin volver á ver la suegra;
de los siete pa los ocho — él vino, ¡que no viniera!
— Buenos días suegra mía, — Tereno, bien venido sea.
Lo que más quiero saber— si Blanca Flor queda buena.
— Blanca Flor buena quedjiba,— en plazos de parir queda.
— Si queda en esos temores, — nunca puede quedar buena.
— Encárgame qae le lleve --á su hermana Filomena.
— Llevásela, si por cierto; —pero ten cuidado della.
ROMAISGES TRADICIONALES DE ASTURIAS 71
— Yo tendré el mismo cuidado — como si mi hermana fuera. —
■La cogiera entre los brazos — á caballo la pusiera.
•Siete leguas anduvieron — sin hablar verbo con ella;
de las siete pa las ocho — de amores la pretendiera.
— Tate quieto, Eey Tereno, — mira que el diablo te ciega;
que mi hermana es tu mujer — y yo tu cuñada era.
Abajóla del caballo, — hizo lo que quiso della:
desque fizo lo que quiso— dejóla en monte señera,
atada de pies y manos — á sombra d'una olivera.
Vino por allí un pastor — le pareció de su tierra.
—Por Dios le pido al pastor — por Dios y la Madalena,
una carta pa mi madre, — la madre que me pariera.
— Yo escribir escribiría, — si tinta y papel tuviera.
— Buen papel sellado tienes, — del paño de mi cabeza,
y buena tinta será — de la sangre de mis venas.
El primer renglón que pongas — pónelo de esta manera:
«La madre que tenga hijas — non las case en tierra agena;
■que mi madre tuvo dos — ¡mala suerte le tuvieran!
Casó una co '1 Rey Tereno— y otra en el monte muriera
atada de pies y manos — á sombra de una olivera.» —
Blanca Flor, desque lo supo, — de malos partos pariera :
los malos partos que fizo, — los guisó 'n una cazuela
para dar á su marido— á la noche cuando venga.
—¿Qué me diste, Blanca Flor; — que tan dulce me supiera?
— I Mas dulces, traidor serían, —los besos de Filomenal
—¿Quién lo dijo, Blanca Flor;— Blanca Flor, quién lo dijera?
— Díjomelo un pajarito — que por el aire viniera.
— iDe malos fuegos quemara, — de malos fuegos ardiera,
de malos fuegos quemara— donde la traición se hiciera! —
No acabara de decirlo, — cuando se le concediera.
Estos romances, que también se encuentran en Andalucía,
son una transformación del mito clásico de Progne y Filo-
mena, del cual conservan los rasgos esenciales y hasta el
nombre del Rey Tereo, trocado en Tereno y á veces en Turquí-
\
72 LÍRICOS CASTELLANOS
lio, acaso por confusión con el romano Tarquino, de qnien
tampoco se olvidó la poesía popular, y que, á título de injus-
to forzador, tenía alguna semejanza con Tereo. Hay mezcla-
das también reminiscencias de la horrible fábula de Tieste&
y Atreo.
23.
WA Conde Olinos. — I
iConde Olinos, Conde Olinos,— ee niño y pasó la mart
Levantóse Conde Olinos — mañanita de San Juan :
llevó su caballo al agua — á las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe — él se pusiera á cantar :
— «Bebe, bebe, mi caballo; — Dios te me libre de mal,
de los vientos rigurosos — y las arenas del mar». —
Bien lo oyó la Reina mora,— de altas torres donde está :
—Escuchad, mis hijas todas;— las que dormis, recordad (1)
y oirédes á la sirena — como canta por la mar. —
Respondió la mas chiquita, — (imas le valiera callar!)
— Aquello no es la sirena, — ni tampoco su cantar;
aquel era el Conde Olindos, — que á mis montes va á cazar.
— Mis morillos, mis morillos, — los que me coméis el pan (2),
id buscar al Conde Olindos, — que á mis montes vá á cazar.
Al que me lo traiga vivo, — un reinado le he de dar;
el que me lo traiga muerto— con la Infanta ha de casar :
al que traiga su cabeza, — á oro se la he de pesar. —
Po '1 monte de los Acebos, — cien mil morillos se van
en busca del Conde Olindos; — non le pueden encontrar.
(1) Los versos á que apuntamos esta nota, son muy parecidos á los si-
guientes del romance de La linda Melisendra, que es el 198 de la Prima-
vera y Flor de romances de Wolf :
—Si dormis las mis doncellas— si dormides, recordad.
(2) —Moriscos, los mis moriscos, - los que ganáis mi soldada.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 73
Encontráronlo durmiendo— debajo de un olivar.
— ¿Qué haces ahí, Conde Olindos?— ¿Qué vienes aquí á bus-
Si á buscar vienes la muerte,— te la venimos á dar, [car?...
si á buscar vienes la vida — de aquí non la has de llevar.
— ¡Oh, mi espada; oh, mi espada— de buen oro y buen metal;
que de muchas me libraste, — desta non me has de faltar:
y si desta me librases,— te vuelvo á sobredorar! —
Por la gracia del Dios Padre,— comenzó la espada á hablar:
«Si tú meneas los brazos— cual los sueles menear,
yo cortaré por los moros— como cuchillo por pan.»
— ¡Oh caballo, mi caballo; — oh, mi caballo rúan,
que de muchas me libraste, — desta non me has de faltar! —
Por la gracia de Dios Padre, — comenzó el caballo á hablar:
«Si me das la sopa en vino — y el agua por la canal,
las cuatro bandas de moros— las pasaré par á par.»
Cuando era medio día, — no halló con quien pelear,
sinon era un perro moro — que non lo pudo matar.
Allí vino una paloma, — blanquita y de buen volar.
— ¿Qué haces ahí, palomita; — qué vienes aquí á buscar?
— Soy la Infanta, Conde Olinos; — de aquí te vengo á sacar.
Ya que non queda más qu' ese, — vivo no habrá de marchar. —
Por el campo los dos juntos —se pasean par á par.
La Reina mora los vió, — y ambos los mandó matar :
del uno nació una oliva,— y del otro un olivar :
cuando hacía viento fuerte, —los dos se iban á juntar.
La Reina también los vió, — también los mandó cortar :
del uno nació una fuente, — del otro un río caudal.
Los que tienen mal de amores — allí se van á lavar.
La Reina también los tiene — y también se iba á lavar.
— Corre fuente, corre fuente,— que en ti me voy á bañar.
— Cuando yo era Conde Olinos, — tú me mandaste matar;
cuando yo era olivar, — tú me mandaste cortar;
ahora que yo soy fuente,— de ti me quiero vengar :
para todos correré— para ti me he de secar,
^ ¡Conde Olinos, Conde Olinos, — es niño y pasó la mar!
74
LÍRICOS CASTELLANOS
24.
Conde Olinos.-— II
¡Quién se del del Conde Olinos,— que niño pasara el mar!
Lleva su caballo al agua — una noche de lunar;
mientras el caballo bebe, — él le canta este cantar:
«Bebe, bebe, mi caballo;— Dios te me libre de mal,
de los peligros del mundo — y de las ondas del mar;
de los castillos de Arriba — que me quieren mucho mal,»
La Eeina mora lo oyera —de altas torres donde está :
— Escuchalde, mis doncellas — las que dormis, recordad,
y oirédes á la serena — cómo canta por el mar.
Respondió la mas chiquita, — (¡mas le valiera callar I)
— Aquella no es la serena, — nin tampoco su cantar :
aquel es el Conde Olinos — que conmigo va á casar. —
La Reina, que aquello oyera,— ambos los mandó matar (1).
Uno lo entierran 'n el coro, — y otro 'n el pie del altar.
D' ella nació verde oliva,— d' el nació verde olivar.
Crece el uno, crece el otro, — ambos iban á la par;
cuando hacía aire d' arriba, — ambos se iban á abrazar;
€uando hacía aire d' abajo, — ambos se iban á besar.
La Reina que aquello vé, — ambos los manda cortar :
d' ella naciera una fuente,— d' el nació un río caudal.
«Quien tuviere mal de amores — aquí se venga á bañar.»
La Reina que aquello oyera — también se fuera á lavar.
— Detente, Reina, detente, — no me vengas dexobar (1).
Cuando yo era Blanca Flor— tú me mandaste matar;
cuando yo era verde oliva— tú me mandaste cortar;
(1) —Si e¿} el Conde Olinos , hija— yo le mandaré matar.
—Non lo mande matar madre, -non me lo mande matar :
si matan al Conde Olinos -á mi me han de degollar.—
Uno muriera á las doce,— y el otro al gallo cantar;
uno fué enterrado en coro, etc.
(1) Enturbiar, ensuciar.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 75
ahora soy fuente clara, — non me puedes facer mal;
para todos he de correr— para ti me he de secar.
Estos poéticos y misteriosos romances, que pudiéramos
llamar de las transfsrmaciones, y que parecen conservar ras-
tros del paganismo céltico, no proceden, sin embargo, de la
antigua mitología de la Península (como pudiera sospecharse
-al ver que sólo se los encuentra en Asturias y en Portugal),
sino que se derivan de los poemas franceses del ciclo de la
Tabla Redonda, y especialmente del más célebre de ellos,
Tristán é Iseo, cuya parte maravillosa pasó á estas canciones
nuestras, que en su estado actual no han de ser muy anti-
guas, pues contienen inoportunas reminiscencias de otros ro-
mances, especialmente de El Conde Arnaldos y de La linda
Melisenda (153 y 198 de la Primavera),
Hay en portugués las siguientes versiones :
a) Conde Nillo (III, 9-12 del Romanceiro de Almeida
Oarrett), que sospechó ya el origen extranjero déla canción,
aunque no llegó á determinarle <Da nossa Hespanha é que
elle nao me parece oriundo»,
h ) Romance do Conde Niño, Variante de Tras os-Montes
(T. Braga, Rom. ger., 37-40).
c) Dom Diniz. Versión del Algarve (Apud. Estacio da
Veiga, 64-67).
d ) Dom Duardos. Dos variante de la isla de San Jorge
(Cantos pop. do Archip. Agoriano, 271-274).
e ) Dom Bernal y Don'Aninha (tradicional en la isla de la
Madera, 118 122).
Por supuesto, que el Conde Niño de estos romances nada
tiene que ver con el personaje histórico Don Pedro Ñuño,
Conde de Buelna, si bien la celebridad de sus aventuras
pudo influir en que su nombre se aplicase arbitrariamente al
héroe de estos romances, así como en el Algarve se le llamó
Don Diniz por recuerdo del famoso Rey del mismo nombre,
y en las Azores Don Duardos, acaso por influjo del libro de
/
76
LÍRICOS CASTELLANOS
Caballerías Primaleón y Polendos ó de la tragicomedia de
Gil Vicente.
Coinciden con estos romances, pero sólo en el final, A Er-
mida no mar, tradicional en las Azores (274-276); O Cagador,
recogido en la isla de San Miguel por Th. Braga (notas á los
Cantos popular-es do Brazil, II, 153-168).
Nota el mismo Braga que el episodio de los dos árboles na-
cidos en la sepultura de los amantes es un elemento poético
de carácter universal, que se halla en el cuento egipcio de
Los dos hermanos, en tradiciones y leyendas de China, del
Afganistán, de los cosacos de la Ukrania, etc., y de un modo
muy próximo á nuestros romances, pero mucho menos poé-
tico, en un canto popular de Normandía, recogido por Beau-
repaire :
Sur la tombe du gargon
on y mit une épine,
sur la tombe de la belle
on y mit une olive.
L'épine crut si haut
qu'elle embrassa l'olive,
on en tira du bois
pour batir des églises.
24.
Ija esposa de Don Oareía. — I.
En poder de moros va,— -en poder de moros iba,
en poder de moros va— la esposa de Don García.
—Dios la guarde, la mi madre,— Dios la guarde, madre mía.
¿Por aquí pasó mi esposa,— la mi esposa tan querida?
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 77
— Por aquí pasó esta noche —tres horas antes del día;
vihuela de oro en las manos, — y muy bien que la tanguía.
— Andes, andes, mi caballo; — guárdate Santa María :
llevarásme á los palacios — donde mi suegra vivía;
que lo que mi madre ha dicho,— mi suegra revocaría.
— Dios la guarde, la mi suegra; — Dios guarde la suegra mía.
¿Por aquí pasó mi esposa,— la mi esposa tan querida?
— Por aquí pasó esta noche — tres horas antes del día;
vihuela de oro en las manos— de pesar no la tanguía :
toda vestida de luto— por donde iba oscurecía.
— Andes, andes, mi caballo — guárdete Santa María;
pasárasme aquella sierra, — aquella sierra bravia;
si á aquella sierra llegares,— nunca mas aquí volvías.
— Dios los guarde á los moros— y á toda la morería,
grandes guerras les armasteis — al Infante Don García,
y le robasteis la esposa —de los palacios de usia.
— Tomelá, el caballero;— por cien doblas la darían,
si doncella la trajimos, — doncella la volvería. —
El la agarró por el brazo,— y á caballo la ponía.
=^ 25.
Eia esposa de Don Grarcía* — II.
Válgame Nuestra Señora— y la sagrada María;
que cayó en poder de moros — la esposa de Don García.
Diez mil moros la llevaban— y todos en romería.
— Ande mi caballo, ande, — ande de noche y de día,
hasta llegar al palacio —donde está la madre mía.
— Dios ayude la mi madre. — Bien venido Don García.
— Lo que voy á preguntar — pronto me respondería ;
78
LIRICOS CASTELLANOS
si vió por aquí esta noche — mi esposa Doña María.
—Por aquí pasó esta noche— dos horas antes del día,
vestida de colorado, — que una reina parecía,
vihuela de oro en sus manos,— y muy bien que la tangía.
Cada vuelta que le daba,— cuernos, cuernos, Don García. —
— Ande mi caballo, ande — de noche como de día,
hasta llegar al palacio—donde estaba la mi tía.
— Dios ayude á la mi tía. — Bien venido, Don García.—
— Lo que voy á preguntar — pronto me respondería :
si vió por aquí esta noche— mi esposa Doña María. —
— Por aquí pasó esta noche — tres horas antes del día,
toda vestida de negro, — que una viuda parecía,
vihuela de oro en las manos, — de pesar no la tangía;
cada vuelta que le daba, — ¡valme, valme, Don García! — •
— Ande mi caballo, ande — de noche como de día. —
Toca en el medio del monte — la bocina Don García :
— Escanciador que da el vino, — escancie con cortesía,
guárdeme un vaso de vino— para aquel de la bocina.
— No le guardaría uno, — como dos le guardaría,
sino fuera su hermano— ó su esposo Don García.—
—Hermano no tengo yo,— y ni esposo conocía;
es que lástima me dan — los que andan de montería.
En estos y otros comedios— allí llega Don García :
— Dios ayude á los morillos,— morillos de morería.
— Bien venido el cristianillo, — que buen caballo traía.
— Yo vengo de Santiago, — camino por Turquería.
— Allá vamos todos juntos, — iremos en compañía.
— Mi caballo tiene zuna — que jamás la perdería,
que entre tropa de caballos— él delante nunca iría.
— Nosotros delante iremos, — y usted detrás quedaría.
— Allá abajo hay un reguero, — ¿quién ha de pasar la niña?
— Pasarála el cristianillo, — que buen caballo traía.
— Mi caballo tiene zuna — que jamás la perdería,
mujer que no tenga honra— sobre sí no consentía.
— Si la trae de su tierra—nadie se la quitaría. —
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
19
Guando iba cuestas arriba — ojos que lo mirarían :
cuando iba cuestas abajo — ni el diablo lo alcanzaría.
— Vuelta, vuelta, mi caballo,— ya entramos en Turquería.
Adiós, adiós los morillos — morillos de Morería.
— Adiós, adiós el cornudo, — el cornudo Don García :
esa mujer va preñada — de cuantos moros había.
— Pára, moro perro, pára, — yo se lo bautizaría.
Válgame Nuestra Señora — y la sagrada María.
Nada podemos conjeturar con fundamento acerca de estos
dos singularísimos romances, que hasta ahora aparecen solita-
rios en la tradición de la Península, y que parecen ser degene-
ración de algún romance histórico. El segundo, inédito hasta
ahora, parece más moderno que el primero, puesto que mez-
cla con rasgos afectuosos y delicados otros de una brutalidad
extrema, y desfigura, sobre todo el final, de un modo libre y
desvergonzado, que no es propio de la genuina poesía po-
pular.
El Don García de estos romances, ¿será por ventura el Con-
de de Castilla Garci-Fernández, que fué famoso por sus des-
venturas conyugales?
26.
Kl galán esta villa*
¡Ay! un galán d' esta villa — ¡ay! un galán d' esta casa,
;ay! él por aquí venía, — íay! él por aquí llegaba.
— ¡Ay! diga lo qu' él quería, — ¡ay! ¡diga lo qu' él buscaba!
— ¡Ay! busco la blanca niña— ¡ay! busco la niña blanca
que tiene voz delgadina, — que tiene la voz delgada;
la que el cabello tejía, — la que el cabello trenzaba.
— ¡Ay! ¿trenzadicos traía? — ¡Ay! ¿trenzadicos llevaba? [casa,
¡ A.y!i que non 1' hay n' esta villa, — ¡ay! que non V hay n' esta
80
LIRICOS CASTELLANOS
si non era una mi prima,— si non era una mi hermana,
¡ay! de marido pedida,— ¡ay! de marido velada...
]Ay! bien qu' ora la castiga, — ¡ay! bien que la castigaba,
]ay! con varas las d' oliva, — ;ay! ;con varas las de malva!
Es la causa otra su amiga,— es la causa otra su amada,
que la tien allá en Sevilla, — que la tien allá en Granada...
— ;Ay! diga á la blanca niña, — ¡ay! diga á la niña blanca,
¡ay! que su amante la espera, — ¡ay! que su amante la aguarda
al pie d' una fuente fría, — al pie de una fuente clara ,
que por el oro corría, — que por el oro manaba,
donde canta la culebra,— donde la culebra canta. —
Por arriba d' una peña — por arriba d' una mata,
donde canta la culebra, — donde la culebra canta,
vi venir una doncella;— es hija del Eey d' Arabia.
¡Ay! llegó á la fuente fría, — ¡ay! llegó á la fuente clara.
Ya su buen amor venía,— ya su buen amor llegaba
por sobre la verde oliva, — por sobre la verde rama;
por dond* ora el sol salía, — por dond' ora el sol rayaba,
jay! mañana la tan fría, — ¡ay! mañana la tan clara.
]Ay! Antonio se decía, — ¡ay! Antonio se llamaba;
á su cuello una medida,— á su cuello una esmeralda.
Perdiérala entre la yerba, — perdiérala entre la rama.
Hallárala una doncella,— hallárala una zagala,
la qu* el cabello tejía, — la que el cabello trenzaba.
lAy! agua la depedía, — ¡ayl agua la demandaba;
jayl agua de fuente fría, — ¡ay! agua de fuente clara.
iAy! ¡lo que allí le decía! — ¡ay! ¡lo que allí le falabal
y celos la depedía,— y celos la demandaba:
— ¡Ay! la vinaja dorida,— ¡ay! la vinaja dorada...
— ¡Ay! trájola de Sevilla, — ¡ay! trájola de Granada,
jay! de mano de su amiga,— ¡ay! de mano de su amada.
— ¡Ay! yo te la mercaría, — ¡ayl que yo te la mercaba;
lay! más galana y puUda,— ¡ay! más pulida y galana,
iay! si quies mi compañía,— ¡ay! si quies la mi compaña.
— ¡Ay! sí, por el alma mía, — ¡ay! sí, por la vuestra alma;
ROMANCES TRADíGíONALES DE ASTURIAS 81
layl qu' el que me dió la cinta, — ¡ay! que el que me dio lasa-
[ya,
layl non quiere que o la vista, — ¡ayl non quiere que o la traiga:
iay! quier que la ponga en rima,— ¡ay! quier que la ponga en
[vara,
la quier para otra su amiga, — la quier para otra su amada,
que la tien allá en Sevilla, — que la tien allá en Granada. —
jAy! ¡cantaba la culebra! — ¡ay! ¡la culebra cantaba!
¡ay! ¡voz tiene la doncella!— ¡ay! ¡voz tiene la galana!...
— ¡Ayl ¡padre, le tengo en vida! — ¡ay! ¡padre, le tengo en casa!
Un viene á la romería, — un viene á la Eoma Santa
con el que yo más quería,— con el que yo más amaba.
¡Ay! Antonio se decía, — ¡ay! Antonio se llamaba;
aquel qu* audaba en la guerra, — aquel que en la guerra anda-
con espada y con rodela,— con rodela y con espada! [ba
Él se fuera y non venía, -él se fuera y non tornaba,
muy tiernas cartas me envía, — tiernas cartas m' enviaba:
''<Non te me cases, mi vida, — non te me cases, mi alma;
presto será mi venida, — presto será mi tornada.»
¡Ay! fuese á la romería, — ¡ay! fuese á la Roma Santa
con el que ella más quería — con el qu' ella más amaba.
¡Ayl la niña estaba en cinta,— ¡ay! la niña en cinta estaba.
¡Ay! llegáronse ála ermita,— ¡ay! llegáronse á la sala,
¡ay! donde el abad diz misa, — ¡ay! dond' el abad misaba;
¡ay! misa en n' la montiña, — ¡ayl misa en n' la montaña :
¡ayl el molacin 1' audiva, — ¡ay¡ el molacin V audava.
¡Ay! vueltas las que darían, — ¡ay! vueltas las que le daban
á redores de la ermita, — á redores de la sala;
¡ay! que el parto le venía, — ¡ayl que el parto le llegaba.
— ¡Santa María es mi madrina!— ¡Santa María es mi abogadal
Un. niño en brazos traía, — un niño en brazos llevaba;
Jesucristo le decía, —Jesucristo le llamaba.
ToxMo X. 6
82
LÍRICOS CASTELLANOS
El Niño rosas traía,— el Niño rosas llevaba,
cuatro ó cinco en una pifía, — cuatro ó cinco en una caña.
De la caña más florida, — de la caña más granada,
lay! dale á la blanca niña, — lay! dale á la niña blanca; [ba.—
¡ay! pues ella estaba en cinta,— layl pues ella en cinta esta-
¡Ay! parió una blanca niña,— ¡ayl parió una niña blanca;
bautizóla en agua fría,— bautizóla en agua clara;
púsole en nombre Rosina, — púsole en nombre Rosaura;
qu' el Niño rosas traía,— qu' el Niño rosas llevaba.
lAy! mandara el Rey prenderla, — ¡ay! mandara el Rey prin-
en cadenillas meterla — y en cadenillas cebarla; [darla;
¡ay! arriba en la alta mena, — ¡ay! arriba en la mena alta:
quier que le sirva á la mesa,— quier que le sirva á la tabla,
¡ayl con la taza francesa, — ¡ay! con la francesa taza;
que file paños de seda, - que file paños d' Holanda,
con rueca la de madera, — con rueca la de su casa;
los que filaba la Reina, — los que filaba la Infanta,
¡ay! con el tortoriu d* oro, — co'l tortoriu de esmeralda.
¡Ay! tortoriu trae de piedra,— ¡ay! ¡tortoriu, fuso y aspal
Llabra en él la seda fina, — llabra en él la seda clara;
¡ay! al Rey le fay camisa, — ¡ay! al Rey le fay delgada,
¡ay! del oro engordonida, — ¡ay! del oro engordonada.
He aquí el romance más famoso y popular de Asturias, el
que sirve de tiempo inmemorial para acompañar la danza pri-
ma. Ha sido también el primero en que se fijó la atención de
la crítica. Ya Jovellanos le menciona en su carta sobre las
romerías. Cuantos le han oído están contestes en afirmar el
poético efecto que causa, á pesar de lo incoherente de su con-
tenido, ó quizá por esta misma razón. Sus variantes son in-
numerables, pero la más completa es isin duda la que publi-
ca el Sr. Menéndez Pidal. Ha sido impreso en varios libros
de viajes, y también en una hoja suelta que publicó D. José
ROMAiNCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
83
Pérez Ortiz, antiguo Catedrático de la Universidad Ovetense,
con el estrambótico título que sigue : El Galán de esta villa.
Romance antiguo, natural compañero de la danza propia para
ostentar el sexo femenino la alegre oficiosidad doméstica que le
corresponde en la sociedad conyugal, y por cuyo olvido deja de
practicarse aun por las honestas. Finalmente, de la populari-
dad de este romance da fe el verbo asturiano estavillar^ que
quiere decir hablar apresuradamente, sin tino ni concierto.
Tal como suele cantarse este romance, parece, en efecto,
una retahila sin sentido; pero el Sr. Menéndez Pidal, reunien-
do trozos de diversas versiones, ha llegado á ofrecer un con-
junto bastante satisfactorio, aunque no sin lagunas. Ha de
tenerse en cuenta que la segunda parte de cada verso es re-
petición del octosílabo anterior, puesto que el romance se
canta por dos coros : uno de hombres y otro de mujeres.
27.
Ija ausencia. — I
Estando yo ante mi puerta — labrando la fina seda,
vi venir un caballero — por la* alta Sierra Morena;
con las armas n' el caballo,— á mi marido semeja.
Atrevime á preguntarle — si venía de la guerra.
— De la guerra, no, señora;— -pero vengo cerca della. [lia?
¿Por qué lo entruga (1), señora? — ¿Por qué lo entruga, donce-
— Porque tengo á mi marido — há siete años en la guerra :
de los siete años que estuvo, — nunca me envió una letra.
Diga, diga, la señora; — diga de qué señas era...
— Era alto como un pino — y galán como una estrella;
llevaba un caballo blanco — todo cubierto de seda...
— Por las señas que me dabais, — en la guerra muerto queda;
(I) Entrugar^ preguntar, de interrogo.
84
LIRICOS CASTELLANOS
SU cuerpo revuelto en sangre, — su boca llena de arena.
— lAy, triste de mí, cuitada! — ¡Ay, de mi suerte tan negra!
¡Siempre truje toca blanca, — abora vestiréla prieta!
Tres hijos que me quedaron — los criaré en mi tristeza;
y, en cuanto manejen armas, — mandarélos á la guerra
para vengar á su padre — que le mataron en ella...
— Non se aflija la señora; — no se acordó je, mi dueña,
nin vista los negros paños, — que yo su marido era.
28.
Ija ausencia* — II
Estando un día á la puerta — labrando paños de seda,
vi venir un caballero — allá por Sierra Morena.
Atrevime y preguntéle — si venía de la guerra.
— De la guerra, sí, señora; — de la guerra, sí, doncella.
¿Tiene allá algún primo hermano— ó alguno que le dé pena?
— Yo tengo allá á mi marido; — más hermoso que una perla.
— Déme las señas, señora;— señora, déme las señas.
— Llevaba el caballo blanco, — la silla dorada y negra :
dos criados que llevaba, — iban vestidos de seda;
iban vestidos de luto — de los pies á la cabeza.
— Vuestro marido, señora, — en la guerra muerto queda.
— ;Ay, pobre de mí, cuitada;— que estoy sola en tierra ajenal
¡Mis pobres hijos queridos— quien los mandará á la escuela;
y á mi hija Teresina— quien la casará en su tierral
— Los sus hijos y los míos— xuntos irán á la escuela,
y á su hija Teresina — yo la casará en mi tierra. —
Á otro día de mañana, — madrugó á misa primera:
iba vestida de luto— de los pies á la cabeza,
y al tomar agua bendita —co '1 caballero se encuentra.
— ¿Por quién trae luto, señora; — por quién trae luto, doncella?
— Tráigolo por mi marido, —que se me murió en la guerra.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 85
— Non llore por él, señora; — señora, non tenga pena,
nin vista paños de luto, — que yo su marido era.
Es lugar común en la poesía popular el reconocimiento
del marido que vuelve de la guerra, y rara vez se omite la
enumeración de las señas que sirven para reconocerle. Se en-
cuentra este tema en los cantos de la Grecia moderna (1), en
baladas alemanas (2) é inglesas (3), en las canciones france-
sas Germaine ó Germine y Le retour dii mari, de las cuales se
conocen muchas versiones (4), en La esposa del Cruzado, can-
ción bretona (5), y en una canción italiana. La Frova, que se
halla, más ó menos íntegra, en el Piamonte, en Génova, en
Lombardía, en Venecia, en la Marca de Ancona, en Ferrara,
y en otras partes (6). En rigor, el asunto es humano, y su ex-
presión más poética y más antigua está ya en la Odisea; pero
es tal la semejanza que tienen estas canciones en algunos
pormenores, especialmente en lo que toca á las señas del ma-
rido, que hacen pensar en la transmisión directa de un tema
original, nacido no se sabe dónde.
(1) Chants populaires de la Gréce moderne (colección del Conde de
^ Marcellus). París, 1860, pp. 155-102-163.
(2) Véase la titulada Liebes vrobe en el Deutsche Balladenhuch. Leip'
zig, 1858, p. 14.
(3) Ya Almeida Garrett mencionó oportunamente una que está en Per-
cy, Reliquies of ancient english poetry, London, 18'23. sect. 11^ book i, pá-
gina 261.
(4) Chansons popuhdres des provinces de France, por Champí] eury y
Wekerlin. París, 1860, p. 195. — Études sur la poésie populaire en Nor-
mandie^ por E, de Beaurepaire. París, 1856, p. 76. — Chants et chansons
populaires des provinces de VOuest, por Bujeaud. Niort, 1866, II, p. 215.—
Chants et chansons populaires du Pays Messin^ por el Conde de Puy-
maigre. Paris, 1869, p. ^.—Romancero de Champagne, por Tarbé. Reims,
1863, It, pp. 2-221.
(5) Barzaz Breiz: Chants populaires de la Bretagne, recutilUs, traduits
et annotéspar le Vicomte Hersart de la Villemarqué. 6." ed. Paris, 1867,
páginas 146-150.
(6) Véase noticia de todas estas variantes en la obra monumental de
Nigra, pp. 317-318.
86
LÍRICOS CASTELLANOS
Sin resolver tan ardua cuestión, nos ceñiremos á enumerar
los romances españoles sobre este argumento. Corresponden
á él desde luego los dos castellanos que comienzan Caballero,
si á Francia ides (núms. 155 y 166 de la Frimavera), muy tar-
díos uno y otro y con visibles reminiscencias de los viejos
romances carolingios de Gaiferos y Valdovinos, y muy espe-
cialmente del que empieza Ñuño Vero, Ñuño Vero (núm. 168
de la Primavera).
Pertenecen también los siguientes romances portugueses :
a ) Bella Infanta. Dos lecciones recogidas por AÍmeida
Garrett (IL 7-14). El mismo Garrett intercaló este romance
con mucho efecto dramático en el acto V de su drama O Al-
f ágeme de Santarem.
h ) Dona Infanta, — Dona Catherina. Variantes de la Bei-
ra Baja. En el Romanceiro de ,T. Braga, 1-7.
c ) Romance da Bella Infanta. Versión de la isla de San
Jorge {Azores, 298-300).
d ) Bella Infanta. Recogido en la isla de la Madera
(202-204).
e ) Bella Infanta. Variante de la provincia del Miño. Pu-
blicada por C. Michaelis de Vasconcellos en el Zeitschrift fur
romanische philologie (III, 63). Difiere mucho de todas las
demás.
/) Dona Infanta. Versión de Río Janeiro. En el tomo I
de los Cantos populares do Brazil, 1-3.
En Cataluña existe La vuelta del marido (núm. 202 del
Romancerillo de Milá), con algunas palabras castellanas, in-
dicio evidente de su origen. La heroína se llama Blarícaflor.
Cf. Cansons de la térra, de Pelay Briz (I, 173, II, 191) y Agui-
ló, núm. IX, con el título de Blancaflor ó la tornada del marit.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 87
29.
Ija esposa infiel*
Estando una bella dama— arrimada á su balcón,
vió venir á un caballero —miróle con atención;
de palabras se trabaron, — de amores la comprendió.
—Bella dama, bella dama,— con usted durmiera yo.
— Suba, suba, el caballero— dormirá una noche ó dos.
— Lo que temo es su marido,— que tenga mala intención.
— Mi marido es ido á caza — á los montes de León :
para que no vuelva nunca, — le echaré una maldición :
«Cuervos le saquen los ojos — águilas el corazón,
los perros de mis rebaños — le arrastren en procesión.» —
Estando en estas palabras — el marido que llegó.
— Ábreme la puerta, luna,— ábreme la puerta, sol,
que te traigo un cervatillo— de los montes de León. —
Al bajar á la escalera, — la color se le m :dó.
— Tú tuviste calentura, — ó dormiste con varón.
— Yo ni tuve calentura— ni he dormido con varón;
solo que perdí las llaves — de tu puerta del salón.
— Si las perdiste de hierro, — de plata las haré yo.
— El herrero está en la fragua, — y el platero en el mesón...
— ¿De quién es aquel sombrero — que en mi cuarto veo yo?
— Es tuyo, marido mío; — mi padre te lo mandó.
— Da las gracias á tu padre; — buen sombrero tengo yo,
iCuando yo no lo tenía, — no me lo mandaba, nol
¿De quién es aquella capa — que en mi percha se colgó?
— Es tuya marido mío— mi padre te la envió.
Da las gracias á tu padre — buena capa tengo yo.
¡Cuando yo no la tenía — no me la enviaba, nol
¿De quién es aquel caballo — que en la cuadra relinchó?
— Es tuyo, marido mío; — mi padre te lo endonó.
Da las gracias á tu padre;— buen caballo tengo yo.
8a
LÍRICOS CASTELLANOS
¡Cuando yo no lo teníí:,— no me lo endonaba, no!
¿De quién es aquella espada — que colgada veo yo?
— Clavadla, señor marido; — clavadla en mi corazón,
que bien la muerte merece— quien á un marido engañó.
No menos universalmente divulgado que el anterior se ha-
lla este romance, cuyo asunto es tan viejo como la flaqueza
y la malicia humanas. Querer enumerar todas las canciones
de distintos pueblos que tienen argumento análogo sería ta-
rea tan pueril como la de aquel buen señor de quien D. Ma-
nuel Milá me refirió que habia tomado muy á pechos el de-
mostrar que todos nuestros romances de esposas infieles
castigadas por sus maridos eran trasunto del episodio de
Francesca de Rímini. ;Como si con la heroína dantesca se hu-
biese acabado la casta de las adúlteras más ó menos senti-
mentales!
Más adelante daremos a conocer otras versiones populares
del romance asturiano. Baste advertir por ahora que es una
variante de los números 136 y 136 bis de la Primavera, que
comienzan Blanca sois, señora mía... y Ay cuán linda que
eres, Alba,
Tiene en portugués las correspondencias siguientes :
a ) Dona Branca. Variante de la isla de San Jorge. Sólo
en el final coincide con el nuestro {Cantos popul. do Archipe-
lago Acoriano, 233-235).
b ) Dom Alberto. — Flor de Marilia. Tradicionales en la
misma isla. Substancialmente idénticos á los de nuestro ro-
mancero (Ib., 236 241).
c ) Dona Alda. — Dom Aldonso. Dos romances de la isla de
la Madera (103-107). En el primero el marido mata al aman-
te, pero se enternece con la mujer, y la perdona. En el se-
gundo mata á los dos adúlteros.
En Cataluña se canta un romance mestizo (núm. 254 del
Romancerillo, con el título de La adúltera castigada)^ del cual
Milá recogió hasta doce versiones. La mejor y más completa
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 89
tiene la particularidad de que el marido y el amante se ma-
tan mutuamente en desafío, quedando la triste dama sens con-
suelo ni amor, Cf. Briz, Cansons de la térra, tomo IV, Lo
retorn soptat, y Aguiló, núm. X, Punido de la adultra.
30.
Ell caballero burlado. (1)
Allá arriba en aquel monte, — allá en aquella montifía,
do cae la nieve á copos — y el agua muy menudina;
(1) El Romancero General dado á luz por nuestro docto y buen amigo
el Sr, Durán (Tom. I, pág. 152, Madrid, 1851) tiene un romance al mismo
asunto, el cual empieza :
De Francia partió la niña,
de Francia la bien guarnida, etc.
Ofreciendo también aliado de esta versión anónima otra de Rodrigo
de Reinosa, versificador del siglo xvi. tíl Sr. J)urán opinaba, al dará la
estampa su Romancero, que este romance «es de origen francés, é imita-
ción de alguna trova caballeresca».
En el mismo año que salía á luz el Romancero del Sr. Durán, publica-
ba el suyo en Lisboa el docto Almeida Garrett, incluyendo en el tomo II
otra versión de este canto popular en Asturias, y teniéndolo, de igual modo
que el crítico español , como originario de Francia (pág. 30).
Fúndanse, sin duda, ambos escritores en los siguientes versos, conser-
vados en una y otra versión casi con las mismas palabras :
— Sou filha d' el rey de Franca
e da rainha Oonstantina.
En la versión asturiana, que ofrece notables vestigios de antigüedad res-
petable, nada hay, sin embargo, que se refiera á Francia; el color local de
todo el romance, y la descripción con que empieza, sobre todo, huelen á
montaña, dando á entender que si esta leyenda penetró en Asturias deri-
vándose de la literatura caballeresca, se fundió allí en el molde común de
los cantos populares antes de que tomase en Castilla y en Portugal carta
de naturaleza. Las versiones recogidas por Durán y Garrett, son, en efec-
to, más artísticas que la asturiana, por vez primera recogida y dada á luz
por ^nosotros. Durán puso á este romance título de La Infantina, Garrett
lo imprimió con el de Á Inftitic.ada— (N . de Amador de los RíosJ
90
/
LÍRICOS CASTELLANOS
donde canta la culebra — responde la serpentina,
al pié del verdoso roble ~ se veye la blanca niña,
con peines d' oro en la mano, — conque los cabellos guía
cada vez que los guiaba— el monte resplandecía.
Allá arriba en aquel monte— un caballero venía
que las carreras perdiera, — que las carreras perdía.
Tuvo miedo el caballero, — tuvo miedo y pavoría
que se perdies' en el monte; — e que osos le comerían.
— Non hayades, señor, miedo, —nin miedo nin pavoría;
que yo cristianilla soy, — de las cristianas nacida.
— A cual dello quiere ir, — ¿á las ancas ó en la silla?...
— En la silla, el caballero; — que allí me pertenescía.—
Ya camina el caballero; — con la doncella camina:
en medio de las carreras — de amores la requería.
— Tate, tate, el caballero;— non toquedes ropa mía;
que fija soy de un malato— y de una malatofiña.
El home que me tocara— malato se tornaría;
el campo que yo trillare— nunca otra yerba daría;
caballo que yo montara,— muy sedo reventaría.
— Apead vos, apeadvos; — apeadvos por mi vida,
é non culpéis á mi fé - si fago descortesía;
que si el caballo revienta, — mal ganancia yo tendría. —
Estas palabras diciendo— de la montaña salían,
dó las campanas se oyeran — que en la ciudad se tañían.
A la salida del monte— á la entrada de la villa,
tornábase la doncella — con la su faz alegrina.
Tornárase la doncella — calcárase grande risa
y con falangueras chufas — al caballero decía :
— lA fijas del rey del monte— crey estes lo que decían!
Fiz puesta con mis hermanos — cien vasos de plata fina,
de rondar con vos el monte, — volver con honra á la villa.
— Atrás, atrás la señora; — atrás, atrás, vida mía,
que en la fuente dó bebimos — quedó mi espada perdida.
— Miente, miente el caballero; — ca la traedes ceñida.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 91
Aunque imitado de un fabliau francés según opinión muy
verosímil, el lindo y picante romance de La Infantina echó
grandes raíces en la tradición poética de la Península, y se
le encuentra por todas partes. En las antiguas colecciones,
principiando por la de Amberes, sin año, está representado
por la versión que comienza «De Francia partió la niña» (nú-
mero 154 de la Primavera), Eodrigo de Keinosa, autor, al pa-
recer, de la refundición de este romance contenida en un
pliego suelto gótico (154 a de la Primavera) le amalgamó con
otro de asunto diverso aunque análogo, que principia «A ca-
zar va el caballero» {Primavera, 151). Pero esta contamina'
<ñón de los dos romances no fué capricho de aquel ingenioso
versificador, puesto que, también se encuentra en casi todas
las versiones populares.
Abundan sobremanera en Portugal, aunque ninguna de
ellas tiene tantos rasgos de antigüedad como la asturiana. O
Cagador [Romanceiro de Almeida Garrett, II, 21-24), corres-
ponde al de «A cazar va el caballero»; pero todos los demás
que vamos á citar, son variantes de La Infantina propiamen-
te dicha.
a ) A Infeitiqada (Almeida Garrett, II, 32-35: texto ecléc-
tico, según su costumbre). Conserva los rasgos de hechicería
que hay en el romance del Cazador, y tiene un final muy pa-
recido al del romance asturiano de D. Bueso, puesto que el
caballero reconoce que la Infantina es su hermana.
6 ) Romances da Infanta de Franca. Dos versiones reco-
gidas por Teófilo Braga, una en Covilham (Beira Baja), otra
en Foz do Douro [Rom. GeraL, 26-29). La primera es muy
análoga á la de Garrett: la segunda es muy abreviada.
c ) Romance de D. Almendo (en otras versiones Alberto)
recogido en el Algarve por Estacio da Veiga {Rom, do Alg.,
38-44). Difiere mucho de todos los demás, pero tiene trazas de
estar retocado por algún poeta culto.
d ) Romance da filha do rei de Franga, — O Cagador e a
donzilla, — Donzella encantada. Tres variantes de la isla de
San Jorge, en los Cantos Populares do Archipelago Acoriano
92
LÍRICOS CASTELLANOS
(183- 191). En las dos últimas se repite la peripecia del reco-
nocimiento de los dos hermanos.
e) La filha del reí de Franca. Variante de la isla de la
Madera (apnd Eodrigues de Azevedo, 360-363). Termina con
el reconocimiento. Hay también rastros de La Infantina en
otro romance, muy novelesco y al parecer no muy antiguo,
recogido en la misma isla con el título de La rainha mulata
(354-360). Mulata parece ser una corruptela de la voz anti-
cuada malata^ que ya el vulgo no entiende.
/) O Cacador (versión de la isla de San Miguel, impresa
por T. Braga en sus notas á los Cantos populares do Brazil,
II, 153-155).
En Cataluña no es desconocido el romance de La Infanti-
na, pero no debe de ser de los más populares, puesto que ni
Milá ni Briz le insertaron en sus respectivas colecciones, y el
infatigable Aguiló, que le trae con el núm. XI, sólo llegó á re-
coger cuatro versiones, dos de ellas en puntos tan excéntricos
como las islas de Ibiza y Tormentera. Su lección difiere poco
de las dos de la Primavera, y carece, como ellas, de encanta-
mientos, pero coincide con la mayor parte de las portuguesas
en el infeliz final de la anagnorisis de los dos hermanos, que
indudablemente es un pegote moderno y basta para echar á
perder toda la gracia y malicia del primitivo romance, tal
como se estampó en los romanceros de Amberes y Zaragoza^
y tal como vive aún en labios del pueblo asturiano. La inter-
vención, de las hadas ha de tenerse también por cosa ajena
y sobrepuesta al donoso y enteramente humano cuento que
inventó el viejo juglar, francés ó castellano.
Son numerosas las canciones populares de varios pueblos
que presentan situaciones análogas á este romance. Puy-
maigre cita, á este propósito, una canción recogida por Ge-
rardo de Nerval en Norman día, y que se canta también en
Borgoña, en Provenza, en el país de Metz, en el Franco-Con-
dado, en Champagne, en otras provincias francesas, y hasta
en el Canadá. Existe también una balada anglo-escocesa,
The haffled knight iChilá, IV, 479-83).
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 93
Sobre el mismo tema versa una canción piamontesa, de la
cual Nigra (Canti populari del Piemonte, 1888, pp. 375-378) ha
publicado cuatro lecciones, con el título de Occasione man-
cata, á las cuales debe añadirse otra en dialecto de Monfe-
rrato, dada á conocer por Giuseppe Ferraro {Canti populari
monferrini, 76).
Aunque la más antigua versión francesa se remonta al si-
glo XV (1), las españolas no son trasunto de ella. Puede conje-
turarse que proceden de otra más antigua que se ha perdido.
31.
Doña Arbola.
Estándose Doña Arbola — sentadita en su portal,
guya d' oro, dedal d' oro, — cosía en un cabezal (2).
Entre puntada y puntada, — dolor de parto le dá;
sus manos blancas retuercen, — sus anillos quiéen quebrar:
— ¡Oh, palacios los palacios, — palacios del Valledal:
el Key mi padre vos fizo— quien fuera parir allá! —
Allí llegara la suegra — (¡Más valiera non llegar!)
(1) Vieux Auteurs CasUllans, II, 251. Otras canciones francesas pue-
den verse indicadas en el Petit Romancero del mismo autor, 140, y en
otro libro posterior suyo que lleva por título Folk-Lore (París, 1885). Una
de estas poesías populares francesas {yiá-Vaux deVirede OlivierBasselin,
París, 1858) que parece remontarse al siglo xv, tiene evidente semejanza
con nuestras versiones peninsulares :
Quand elle f ut au bois si beau;
d' amour y Ta requise :
je suis la filie d'un mézeau (leproso)
de cela vous advise-
Cf. A. Gasté, Cliants Normands du ^^v siécle-.- 1866, pág. 72.
(2) Otros dicen •.
Con la su rueca en la cinta— pocas ganas de filar.
91
LTRÍCOS CASTELLANOS
— ¿TÚ que tiene?, Arbolita, — que así non solías estar?
Doña Arbola, ¿quiés parir? — Ve parir al Valledal;
allí tienes padre y madre — que de tí se dolerán,
allí tienes tus hermanos — que al niño bautizarán.
— ¿Y si mi Don Morcos viene, — quién le dará de cenar?
— Yo le daré del mi vino, — yo le daré del mi pan;
de la caza que él trújese — mandaréte la mitad;
de la perdiz algo menos, — de la palomba algo mas. —
A eso de la media noche— da Don Morcos en portal.
— ¿Dónde está mi espejo, madre^— donde me suelo espejar?
— ¿Qué espejo quieres, mi fijo, — el d' oro ó el de cristal?
Si quieres el d* azabache — también lo dir he á buscar.
— Non quiero, madre, el de oro — nin tampoco el de cristal,
nin tampoco el d* azabache, — non me lo vaya buscar.
¿Dónde está mi esposa Arbola, — que es mi espejo natural?
— La tu esposa Doña Arbola — en fuego deben quemar;
dolor de parto sintiera — fué parir al Valledal.
A mi tratóme de puta, — á ti d' hijo de rufián.
— Ensilla el caballo, mozo, — que la quiero dir buscar. —
Sin detenerse un momento — fuese para el Valledal.
Siete vueltas dió al palacio — sin hallar por donde entrar;
el viejo padre de Arbola — asomóse á un ventanal :
— Albricias vos doy, Don Morcos — que un fijo varón tien ya.
— Tenga varón, tenga hembra, — que se baje para acá;
é si á mandar se lo vuelvo —ha de ser con mi puñal.
— Si muere por el camino,— tú ante Dios responderás. —
Arbola, desque lo oyera — de la celda donde está,
besando el recien nacido, — comenzara á suspirar.
Sin detenerse un momento, — bajóse luego al portal:
la cogiera entre sus brazos— tiróla encima el rúan.
Siete leguas anduvieron — en sin palabras hablar.
—¿Por qué no me hablas. Arbola,— como me solías hablar?
— ¿Cómo quieres que yo t' hable— si non puedo respirar;
mujer parida d' un hora,— cómo podrá caminar?
Mira estos montes de Cristo — colorados como están:
las crines de tu caballo — bañadas en sangre van;
ROMANCES TRADICíONALES DE ASTURIAS
95
la silla de tu caballo— semeya un fino' coral (1).
Entre estas palabras y otras — á una ermita van llegar
— Bájame aquí, Conde Morcos — que me quiero encomendar.
lEste niño que aquí llevo — me lo daréis á criar!
No lo deis á vuestra madre—que ella me lo ha de matar:
á mi madre lo daréis; — ella bien lo criará.
Por Dios os pido, ermitaño, — que rae queráis confesar. —
Desque la confesión dicha — el alma quiso entregar.
Desprende el niño los labios — por gracia que Dios le dá:
«mi madre va por los cielos — yo voy á la oscuridad;
á mi güela en los infiernos — los diablos la quemarán:
mi padre, si non se enmienda, — non se sabe donde h*á».
32.
M arbella.
Paseábase Marbella — de la sala al ventanal,
con los dolores de parto— que le hacen arrodillar.
— ¡Si yo estuviera allá arriba, — allá arriba en Valledal,
al lado del rey mi padre, — alguno me había aliviar! —
La picara de la suegra — que siempre la quiso mal :
— Ve parir allá, le dijo, — non te lo puedo quitar.
— ¿Y si mi Don Boyso viene, — quién le dará de cenar?
—Yo le daré de mi vino, — yo le daré de mi pan,
cebada para el caballo,~carne para el gavilán. —
Apenas salir Arbola,— Don Boyso entró en el portal.
—¿Dónde está el espejo, madre, — en que me suelo mirar?
— ¿Quieres el de plata fina, — ó quieres el de cristal;
ó lo quieres de marfil,— también te lo puedo dar?
— No quiero el de plata fina, — ni tampoco el de cristal,
(1) Otros dicen :
Las ventanas de mi padre— cubiertas de luto están.
96
LIRICOS CASTELLANOS
ni tampoco el de marfil, — que bien me lo podéis dar;
quiero la mi esposa Arbola, — que ella es mi espejo real.
—La tu esposa fué á parir,— fué á parir al Valledal,'
como si yo no tuviera — pan y vino, que le dar :
fué preñada de un judío— y á ti te quiere engañar.
Sino me la matas, b.ijo,--;oh, que mal hijo serás;
ni conmigo has de vivir — ni mis rentas has gozari
— ¿Cómo he de matarla, madre, — en sin saber la verdad?
—Es tanta verdad hijo mío,— como Cristo está en el altar.
Posa la muía en que vienes; — monta en otra, y vete allá.
Por donde le ve la gente,— poquito á poco se va;
por donde no le ve nadie, — corre como un gavilán.
Siete vueltas dió al palacio — sin una puerta encontrar;
al cabo de las diez vueltas, — un portero vino á hallar.
— Albricias vos doy, Don Boy so; — que ya tien un mayoral.
— Nunca el mayoral se críe— ni la madre coma pan. —
Sube para el aposento— donde Doña Arbola está.
— Levántate, Doña Arbola, — levántate sin tardar;
y si no lo faces presto, — tus cabellos lo dirán. —
Doncellas que la vestían — no cesaban de llorar,
doncellas que la calzaban— no cesaban de rezar.
— ¡Ay, pobre de mí cuitada, — vecina de tanto mal;
mujer parida de un hora— y la mandan caminar! —
Puso la madre á las ancas— y el niño puso al petral:
el camino por donde iban— todo ensangrentado está.
Siete leguas anduvieron — en sin palabras hablar :
de las siete pa las ocho— Arbola comienza á hablar.
— Pídote por Dios, Don Boy so, — que *ne dejes descansar;
mira este inocente niño — que finando se nos va;
las patas de tu caballo — echan fuego de alquitrán,
y el freno que las sujeta — revuelto con sangre va.
No me mates en el monte, — que águilas me comerán;
matárasme en el camino, — que la gente me verá;
llamárasme un confesor, — que me quiero confesar.
— Allá arriba hay una ermita — que la llaman de San Juan,
y dentro hay un ermitaño —que al niño bautizará;
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 97
te bajaré del caballo, — Jejaréte descansar.
Allegaron á la ermita— y él se comienza á apear;
y al posarla del caballo— ella principia á espirar.
Por la gracia de Dios Padre— el niño se puso á hablar:
<(Dicbosina de mi madre,— que al cielo sin culpa va :
desgraciada de mi abuela, — que en los infiernos está:
yo me voy al limbo oscuro, — mi padre lo pagará».
Juramento hizo el Conde— sobre el vino y sobre el pan,
de no comer á manteles — sin á su madre matar:
dentro de un barril de pinchos— mandárala prisionar
y echarla po '1 monte abajo, por peor muerte le dar.
Los dos romances de Doña Arbola y de Marhella (de los
cuales el segundo es muy superior al primero) son variantes
del tema de la perversa madrastra, común en la poesía popu-
lar. No se encuentra en las antiguas colecciones castellanas,
pero es de los que más abundan en la tradición oral de va-
rias provincias. Almeida Garrett {Rom, III, 40-47) publicó
una versión con el título de Helena, más moderna sin duda
y menos poética que las de Asturias, especialmente en el
final, que el refundido r quiso hacer ejemplar mediante el
arrepentimiento y penitencia del marido y el perdón de la
inocente y ofendida esposa. Mucho más valen los dos roman-
ces de Doña Helena recogidos en la isla de San Jorge {Cantos
populares do Archipelago Agoriano, 225-230); el de Don Pedro,
versión de la Beira-Baja {apud T. Braga, Bom. Geral. 42-45),
los dos de Doña Ouliva y Doña Eurives, procedentes de la
isla de la Madera {apui Rodrigues de Azevedo, 186 190).
Se habrá observado que en el romance de iüar&eZZa el ma-
rido se llama Don Boy so {es decir, Don Bueso). Esta circuns-
tancia sirve para entroncar este romance con otro bellísimo
del mismo argumento, que se canta en el Algarbe, y cuyo
protagonista se llama Don Bozo (vid. T. Braga/ notas á' los
Cantos populares do Brazil, 183-184),
Tomo X. 7
98
LIRICOS CASTELLANOS
Así como en los Algarbes persistió el nombre de Don Bue-
80, como indicio de origen, así en Cataluña, adonde este ro-
mance transmigró desde Castilla como tantos otros, se con-
serva en versiones mestizas, de las cuales Milá recogió hasta
ocho (núm. 243 del Romancerillo, «La mala suegras) el nom-
bre de Dona Arbola, convertido muy frecuentemente en
Doña Arbona, y también en Doña At-quela.
Las versiones puramente castellanas de Andalucía, Alto
Aragón, etc., se pondrán más adelante.
33.
Kl Convite.
— Vengo brindado, Mariana, — para una boda el domingo...
— Esa boda, Don Alonso, — debiera de ser conmigo.
— Non es conmigo, Mariana; — es con un hermano mío.
— Siéntate aquí, Don Alonso, — en este escaño florido;
que me lo dejó mi padre — para el que case conmigo. —
Se sentára Don Alonso, — presto se quedó dormido;
Mariana, como discreta, — se fué á su jardin florido.
Tres onzas de solimán, — cuatro de acero molido,
la sangre de tres culebras, — la piel de un lagarto vivo,
y la espinilla del sapo, — todo se lo echó en el vino.
— Bebe vino, Don Alonso; — Don Alonso, bebe vino.
— Bebe primero, Mariana,— que así esta puesto en estilo. —
Mariana, como discreta, — por el pecho lo ha vertido;
Don Alonso, como joven, — todo el vino se ha bebido :
con la fuerza del veneno, — los dientes se le han caído.
— ¿Qué es esto, Mariana; — qué es esto que tiene el vino?
— Tres onzas de solimán, — cuatro de acero molido,
la sangre de tres culebras, — la piel de un lagarto vivo,
y la espinilla del sapo, — para robarte el sentido.
— Sáname, buena Mariana, — que me casaré contigo.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 99
— No puede ser, Don Alonso, — que el corazón te ha partMo.
— Adiós, esposa del alma, — presto quedas sin marido :
adiós, padres de mi vida, — presto quedaron sin hijo.
Cuando salí de mi casa, — salí en un caballo pío,
y ahora voy para la iglesia— en una caja de pino.
Por uno de los más felices hallazgos del Sr. D. Juan Menén-
dez Pidal puede tenerse este romance, indisputablemente vie-
jo, puesto que uno de sus versos se lee ya en la Ensalada de
Praga (Wolf, Sammlung Spanischer Romanzenj 1860) :
¿Qué me distes, Moriana^ — qué me distes en el vino?
El argumento de este romance es análogo al que publicó
Milá [Romancerillo^ núra. 256) con el título de La innoble ven-
ganza, taraceado de castellano y catalán. El protagonista se
llama Don Guespo y la vengativa mujer Gudriana. Aguiló,
que pone dos versiones enteramente catalanas, y algo sospe*
chosas por lo mismo, conserva el nombre de Gudriana, pero
llama á la víctima Don Jordi (núm. XVIII, La venjanca inno-
ble ó lo despit d' una metzinera).
Hallándose en Asturias este romance, era difícil que falta-
se en Portugal. Se encuentra, en efecto, no en la Península,
sino en la isla de San Miguel (Azores), y lo que es más sin-
gular, en Pernambuco y Ceará (Brasil). Transcribimos la ver-
sión insular (recogida en Ponta -Delgada) por ser la más bre-
ve, la más próxima á la asturiana, y seguramente más anti-
gua que las brasileñas :
— Deus te salve, Juliana, — sentada no teu estrado!
— Deus te salve a ti, Don Jorje— em cima do teu cavallo.
— En venho te convidar — se queres ir ao meu noivado.
— Espéra me ahí, Don Jorje —espera- me um poucochinho,
emquanto te vou buscar — una taga de bom vinho.
— ¿Qué me deste, Juliana,— n' esta ta(;;a com bom vinho?
100
LÍRICOS CASTELLANOS
Que tenho o freio na mao,— nao enxergo o cavallinho!
— Ahí servirá de exemplo— a quem o quizer tomar :
quem deve as honras alheias — consigo irá pagar.
— Já minha madre o sabe — que nao tem o seu menino!
— Já minha madre o sabe — que eu que nao tenho marido.
34.
Venganza de lionor. — I
Por aquellos campos verdes— ¡qué galana iba la niña!
Llevaba saya de grana, — jubón broslado traía;
el zapato pica en verde, — las calzas de lana fina ;
con los sus morenos ojos— amiraba á quien la mira.
Mirábala un caballero, — traidor, que la pretendía,
que diba, paso tras paso, — por ver si la alcanzaría.
Señera la fué alcanzar — al pie d' una fuente fría.
— ¿Adonde por estos prados — camina sola la niña?
— Á bodas de una mi hermana, — d' una hermana que tenía. —
Los dos del agua bebieron, — y se van en compañía.
Él trata quitarle el honra— y la dice con falsía :
—Mas abajo do bebiemos, — quedóme la espada mía.
— Mientes, mientes, caballero; — qu' ende la traes tendida. —
Dieron vuelta sobre vuelta; — derribarla non podía.
Á la postrera que daban, — una espada le caía.
Trabóla con las sus manos— temblando toda la niña;
metiósela por el pecho, — y á la espalda le salía.
Con las ansias de la muerte,— el caballero decía:
— Por donde quiera que vayas - non t' alabes, prenda mía,
que mataste un caballero — con las armas que traía.
— Con los mis ojos morenos— la tu muerte lloraría;
con la mi camisa blanca —la mortaja te faría;
á la iglesia de San Juan— yo á enterrar te llevaría;
con la tu espada dorada— la fosa te cavaría;
cada domingo del mes —un responso te echaría.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 101
35.
Venganza de lionor* — II
Por los campos de Malverde — una muchacha venía,
vestida de colorado, — irrú Dios, qué bien parecía!
Con el pie siega la yerba, — con el zapato la tría (1),
con el vuelo de la saya, — acá y acullá la tira. •
Bien la viera un caballero,— traidor, que la pretendía;
que diba, paso tras paso, — por ver si la alcanzaría :
un correr y otro correr,— alcanzarla no podía.
Trató de quitarle el honra,— y ella le quitó la vida;
que á la salida de un monte,— y á la entrada de una villa,
cayó la espada al galán, — y se la cogió la niña :
Se la metió por atrás — y adelante le salía.
36.
Venganza de lionor. — UI
Por aquellos campos verdes, — por aquellas praderías,
una doncella pasaba;— hija es del Eey d' Hungría.
Era hermosa como un sol; — llámase Doña Lucía.
Bien la viera un caballero, — traidor, que la pretendía;
Diérase paso tras paso— por ver si la alcanzaría.
Ella que le vió venir,— mas volaba que corría;
que por las cuestas abajo— quien la divisar no había.
Metiéronse en unas peñas — donde la mar trasvertía.
— ¿Cuánto me da la doncella — por que la saque á la orilla?
(1) De triyary trillar En bable sé sustituye en muchas ocasiones la II
con la 1/, que después suelen suprimir en la pronunciación como en el pre-
sente caso. Así continúan pronunciando los judíos españoles residentes en
Viena. (Nota del Sr. Menéndez Pidal )
LíRíGOS CASTELLANOS
— Yo non tengo que le dar,— yo que le dar non tenía,
sino un triste cuerpecito— que yo conmigo traía. —
Descalzárase el galán — y sacárala á la orilla.
— Dame tu espada, galán,— ver como yo la ceñía. —
Metiósela por el pecho, — y á la espalda le salía.
Con las ansias de la muerte, — el caballero decía :
— Si te alabas en tu tierra, — non te alabes en la mía :
que mataste un caballero— con las armas que traía.
— Nin me alabaré en tu tierra, — nin me alabaré en la mía;
con los mis ojos menudos — la tu muerte lloraría;
con la mi camisa blanca — la mortaya te faría;
con la tu espada de oro — la fosa te cavaría.
37;
Vengsmz^L de lionor. — IV
Por aquellos campos verdes — una muchacha venía;
viste saya sobre saya— y jubón de cotonía;
con el vuelo de la saya — todas las yerbas tendía.
Miraba á un lado y á otro, — por ver si alguien la veía.
Bien la viera un caballero,— traidor, que la pretendía;
jugando estaba á los dados— con el Príncipe de Hungría.
Dejó el juego de los dados— y fué alcanzar á la niña :
alcanzóla en unos montes — los más desiertos que había.
— ¿Adónde va la doncella;— adónde va, vida mía?
— Voy á bodas d' un hermano — que casárseme quería.
— Pues casémonos los dos, — é iremos en compañía.
— Yo casarme, caballero,— yo casarme no quería. —
Diérale unas siete vueltas, — derribarla non podía;
de las siete pa las ocho, — de oro un puñal le caía :
fué á cogerle la doncella; — fingiéndole cortesía;
xnetióselo por el pecho— y á la espal^j^ le salía.
Con el hervor de la sangre, — el caballero decía :
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 105
— Cuando vayas á tu pueblo— no te alabes, vida mía,
que mataste un caballero — con las armas que traía.
— Yo alabarme, caballero, — yo alabarme bien sabría;
donde no encontrara gente, — yo á las aves lo diría.
Estando en estas palabras — vieron venir la Justicia.
— ¿Quién mató este caballero?— Señor, yo le mataría :
él quiso quitarme la honra, — y yo le quité la vida. —
Todos dicen á una voz : — «¡Viva la gallarda niña;
que ha matado un caballero — con las armas que él traíaí)^
38.
Eia Hija de la Viudina.
Paseábase la Viudina— con dos fijas que ende había;
por la mano las llevaba — por la mano las traía.
Por la mano las llevaba— á la f uent del agua fría;
más relucientes que estrellas - como las rosas garridas.
Viéronlas dos caballeros — é muy bien les parecían:
ya se acercan, ya se llegan ~ é por el camin decían :
— ¿Cuál será la mas fermosa? — ¿Cuál ha de ser la mas linda?
— La de lo morado es bella,— es bella por vida mía.
— La que viste colorado — mejor donaire tenía.
— Dexemos esta querella— que ya se fenesce el día.
Venir que vino la noche— fueron en cas la Viudina:
rezando estaba el rosario— como costumbre tenía.
— Viudina, ambos le dixeron,— ¿dónde están las tus dos hijas?
Mis fijas, los caballeros, — fueron en una visita.
Á una voz ambos responden:— Miente, miente la Viudina;
que sus fijas son en casa, — eso bien yo lo sabía.
Encendamos una luz, — que yo se las buscaría:
encendamos una luz; — veredes vuestra mentira. —
Con el ruido que ficieron,— despertara la más linda.
— Dexédesme, caballeros,— si lo sois en cortesía,
104
LÍRICOS CASTELLANOS
(lexédesme vestir solo— de mi morada basquiña.
— Vestir podés. la señora— esa é cuantas más habría;
vestir podés fasta cuatro— é fasta las cinco ansina. —
Ya se viste, ya se viste, — ya sus sayas se vestía :
é al salir por la su puerta, — estas palabras decía:
— Adiós quedad, la mi madre; adiós, hermana querida;
que ya non tornaré á veros — en los días de mi vida.—
Fuéronse por unos montes, — fueron por una montiña;
en un robledal fincaban — al pie de una fuente fría.
En un robledal fincaban, — é de amor la requerían;
é magüer que estaba sola, — su honor defiende la niña.
— Tate, tate, caballeros, — non fagades bellaquía;
tate, tate, caballeros,— que mi honra en vos se fía. —
Allí su ruego no escuchan;— -quieren hacer villanía:
vuelta el uno, vuelta el otro; — un puñal de oro caía.
Vuelta el uno, vuelta el otro,— allí lo agarra la niña,
é metiólo por los pechos— del que mas fuerza facía.
Metióselo por los pechos; — por la espalda le salía :
con las ansias de la muerte,— estas palabras decía:
— Perdón á los cielos pido,— é á vos mi perdón pedía;
porque perdonarme quiera — la Virgen Santa María. —
Con el agua de la fuente — diérale perdón la niña;
con el agua de la fuente — sus pecados lavaría.
Catando está el caballero — que menos fuerza facía;
é de su boca fablando, — estas palabras decía:
— Non te alabes en tu tierra; — nin te alabes en la mía
que mataste un caballero— porque fuerza te facía.
— Tengo alabarme en tu tierra, — tengo alabarme en la mía
que di muerte á un caballero — porque me fiz bellaquía.
— Si él quiso facerte afrenta, — yo facerla non quería;
bien lo sabe Dios del cielo; — conmigo te casarías. —
Ya cabalgan, ya cabalgan, — ya salen de la montiña;
alegre va el caballero, — é mas alegre la niña.
Ya llegaban á palacio, — ya doblan las siete esquinas :
ya con el Conde se casa — la fija de la Viudina.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS i 05
Estos cinco romances tienen en substancia el mismo argu-
mentó, y los cuatro primeros pueden considerarse como va-
riantes de uno mismo, que al parecer es de los más populares-
en Asturias. Pero el quinto, ó sea el de La hija de la Viudi-
na, se levanta sobre los otros por su Fent'do poético y eleva-
ción moral, en términos tales, qne los deja bastante mal pa-
rados.
Coincide con estos romances, aun en la asonancia, uno por-
tugués que se canta en las provincias del Miño y Tras Os-
montes, y del cual se han impreso dos versiones: A Romeira
publicada por Almeida Garrett (III, 9-14), y A Romeirinha
recogida por T. Braga (Rom. Geral., 24-25). Al parecer, no es
conocido en las islas, ni tampoco en Cataluña.
Es patente, aunque remota, la analogía de estas canciones,^
en lo que toca á la situación culminante, con el romance vie-
jo de Rico-Franco [Primavera^ 119) 7 aun con el de Marqui^
líos {Primavera, 120).
39.
Doña Urgelia*
En mi huerto hay una yerba — blanca, rubia y colorada;
la dama que pisa en ella, — della queda embarazada.
Por Dios querer ó la suerte, — Doña Urgelia la pisara.
Un día yendo á la misa, — su paire la reparara.
— ¿Tu que tienes. Doña Urgelia,— -tuque tienes que estás mala?
— Señor, tengo un mal del cuerpo— que de niña me quedara.
— Si lo dijeras en tiempo,— cirujanos te catara. —
Catd siete cirujanos— de los mejores de España.
Unos dicen : «No lo entiendo»: — otros, dicen que no es nada:
el mas chiquitillo de- ellos— dice que está embarazada. —
Callen, callen, los señores, — callen y no digan nada:'
Kí el Rey mi padre lo sabe — mi vida será juzgada.
LIRICOS CASTELLANOS
Fuése luego hacia su cuarto— donde cosía y bordaba,
y á una ventana arrimóse— por ver quien se paseaba (1),
se paseaba un mancebo— embozado en la su capa,
— Suba, suba el caballero; — que le quiero una palabra...
La palabra que te quiero, — sácame el niño de casa.
Si encuentras al Rey mi padre, — dile que no llevas nada,
sino rosas y claveles — para hacer una guirnalda. —
Al bajar una escalera,— al Key su padre encontrara.
— ¿Qué lleváis, el caballero, — n' el embozo de la capa?
— Llevo rosas y claveles— para hacer una guirnalda.
— De esas rosas y claveles, — dadme la mas encarnada.
— La mas encarnada de ellas— tiene una hoja quebrada.—
— Téngala que no la tenga, — al Rey no se niega nada. —
Entre estas palabras y otras, — el niño varón llorara.
— Lleva el niño, caballero, — que le den salud al alma.
4 Al árbol que dió ese fruto— yo le cortaré la ramal —
La cogió por los cabellos, — la colgó de una ventana.
— Si Doña ürgeha se muere, —aquí queda Doña Juana.
40,
Doña EliüEendra.
Hay una yerba en el campo — que le llaman la borraja;
la mujer que la pisare— luego se siente preñada.
Esta pisó Doña Enxendra, — por la su desdicha mala;
un día yendo á la misa— su padre la reparara. [mala?
— ¿Tú que tienes, Doña Enxendra; — tú que tienes que estás
— Señor, tengo un mal del cuerpo— que de niña me quedara.
(1) Vió venir al Rey Cien -hilos— por la calle emepedreada.
—Toma, llévame este niño — á criar á una buen ama,
de la color morenita— y de la leche delgada;
non te vayas por la calle, — vete por la rodeada, etc-
(Variante del Espin, Naviu.)
ROMANCES TRADICIONALES D£ ASTURIAS 4 0
— Si lo dixeras en tiempo,— cirujanos te cataran. —
Llama siete cirujanos, — los mejores que encontrara.
Unos le toman el pulso, — otros le miran la cara;
todos dicen á una voz: — Doña Enxendra está preñada.
— Callen, callen los señores, — callen y no digan nada;
si el Key mi padre lo sabe— mi vida será juzgada. —
Subióse para su celda, — donde cosía y bordaba;
cada dolor, un tormento, — un dolor cada puntada;
entre dolor y dolor— un niño varón llorara.
Se coge bocina de oro — y se pone á la ventana,
en la vuelta de bocina — á su namorado llama.
— Toma este niño, Don Juan, — en el bozo de tu capa,
llevaráslo á una mujer — que le dé la leche clara.
Si encuentras al Key mi padre,— dile que no llevas nada,
sino rosas y claveles — antojos de una preñada.
Al bajar de una escalera — al Key su padre encontrara.
— ¿Qué llevas ahí, Don Juan, — en el bozo de tu capa?
-Llevo rosas y claveles— antojos de una preñada.
— De esas rosas y claveles— daime lamas encarnada.
— La mas encarnada dellas,— tiene una hoja quebrada.
— Téngala que no la tenga —al Key n,o se niega nada.
Estando en estas razones— el niño varón llorara.
— Anda, llévalo de prisa — que le den salud al alma;
y el árbol que dió ese fruto, — yo le cortaré la rama. —
Cógela por los cabellos; — n'un aposento la cierra,
donde no vé sol ni luna— sino por una ventana.
Ya se añlan los cuchillos, — ya se amuelan las navajas;
fuése para el cuarto della — donde cosía y bordaba;
Doña Enxendra que lo vió, — muy presto se levantara.
— Tate, tate Doña Enxendra, — tate quieta en la tu cama;
mujer parida de ha poco — non puede ser levantada. —
Fizóla cuatro pedazos, — púnxola n'una ventana;
cuando venía de misa— su madre la reparara.
— ¡Ay Enxendra de mi vida! — ¡Ay Enxendra de mi almaí
¡Cuantas cosas yo tenía, — yo para ti las guardaba;
y ahora te veo aquí — colgada en una ventana!
108
LIRICOS CASTELLANOS
41.
* Eia mala liierba (1).
En la villa de Madrid, — junto á los caños del agua,
allí se cría una hierba— muy viciosa y regalada :
la dama que la pisara — se quedara embarazada.
Por su desgraciada suerte — Doña Eugenia la pisara.
Un día, yendo pa misa, — su padre la reparara.
— ¿Tú qué tienes, Doña Eugenia, — tú qué tienes que estás mala?
— Tengo un dolor de cabeza — que me dió boy de mañana.
— Si en tiempo lo hubieras dicho,— yo pronto lo remediara.
Buscara siete doctores — de los mejores de España.
Unos dicen que sí es algo,— otros dicen que no es nada.
Dice el más chiquito de ellos : — La niña está embarazada. —
— Callen, callen, los señores, — callen y no digan nada :
si el Key mi padre lo sabe, — la vida tengo juzgada.
(1) «Versión recogida en Colunga.
«Dos variantes de este romance inserta nuestro querido amigo D. Juan
Menéndez Pidal en su notable Romancero asturiano (núms. 43 y 44, Doña
Urgelia y Doña Enxendra). Su lección se distingue poco de la nuestra :
en ésta la dama se vale de nn hermano suyo para sacar de casa el recién
nacido, mientras que en las versiones citadas Doña Urgelia entrega su hijo
á un mancebo incógnito, y Doña Enxendra
á su namorado llama
para que le preste análogo servicio.
»La variante del texto, en nuestra humilde opinión, aparece más poética-
en cuanto resulta más viva la creencia popular sostenida en el romance, y
á la cual se refiere este cantar *.
En el campo hav una hierba ^
• que la llaman la borraja; \
toda mujer que la pisa í
luego se siente preñada. ■
B. ViGÓN.
(Este señor publicó el romance en un periódico asturiano )
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
109
Subiérase para el cuarto — donde cosía y bordaba,
y entre puntada y dolor,— -un niño varón llorara.
Llamara á su hermano Juan, — muy de priesa le llamara.
Llévame, Juan, este niño — embozado en la tu capa.
Si encuentras al Rey mi padre — dile que no llevas nada.
Al bajar una escalera, — al embocar una sala,
encontrara al Rey su padre —
¿Qué llevas ahí, Don Juan? — ¿Qué tengo de llevar? Nada :
llevo rosas y claveles — por antojos de una dama. —
— De esas rosas y claveles — dame la más encarnada. —
— La más encarnada de ellas— tiene la hoja quebrada.
En estas palabras y otras — el niño varón llorara.
— Anda, anda, picarón, — anda vete noramala,
que el rosal que dió esa rosa — prontd le seca la rama. —
Subiérase para al cuarto — donde Doña Eugenia estaba :
Doña Eugenia que le vió — de levantarse tratara.
— Déjate estar, Doña Eugenia,— déjate estar que estás mala;
mujer que parió ha una hora— no puede ser levantada.
Afilara los cuchillos, — afilara las navajas;
hiciérala cuarterones, — y de un balcón la colgara.
Estos tres romances, poco limpios, recuerdan desde luego
varios de las colecciones impresas, especialmente el de la In-
fanta y Don Galván (Primavera, 159), > todavía más al 160
«De cómo la Infanta, casada á hurto del Rey con el Conde,
parió.» Pertenecen á la misma familia eiDon Galván,hi\mgüe,
de la colección de Milá (núm. 268), y La Infanta y Don Gau-
vany de Aguiló (núm. XIV). Por el contrario, las versiones
asturianas se parecen mucho más á las portuguesas, tienen
muchos versos comunes, y el mismo asonante. Pero induda-
blemente conservan mejor la pureza primitiva, porque en to-
das las del reino vecino hay inoportuna mezcla de otros ro-
mances. Así en Extremadura, en el Alemtejo y en la isla de
Madera, zurcen un final tomado del Conde Claros, y en el Al-
lio
LÍRICOS CASTELLANOS
garbe le compaginan con el de Gerineldo. Las lecciones pu-
blicadas hasta ahora son, por orden de antigüedad, las si-
guientes :
a) Doña Ausenda (Almeida Garrett, II, 172-178).
b ) Doña Averia (variante de Coimbra, en el Rom, Geral.
de T. Braga, 87-89).
c ) Doña Aldonca (en el Romanceiro do Algarve de Estacio
da Veiga, 75-80).
d ) Doña Ausenda. — Doña Alberta (en el Romanceiro do
Archipelago da Madeira, de Rodrigues de Azevedo, 150-158).
La virtud supersticiosa atribuida en estos romances á la
borraja (en serio ó en burlas), es la misma que se atribuye á
la azucena en los romances de Tristán e Iseo (Primavera, 146):
Allí nace un arboledo — que azucena se llamaba,
cualquier mujer que la come — luego se siente preñada :
comiérala Reina Iseo — por la su ventura mala.
42.
Doña Alda*— I.
A cazar va el Rey Don Pedro,-— á cazar como solía;
le diera el mal de la muerte, — para casa se volvía :
á la entrada de la puerta — vió un pastor que le decía :
— Albricias, Señor Pon Pedro,— que dármelas bien podía;
que Doña Alda ya parió, — y un hijo varón tenía.
— ¡Pues si parió Doña Alda,— hijo sin padre sería...!
Con estas palabras y otras, — el Rey subió para arriba.
— Haga la cama, mi madre, — haga la cama de oliva :
aprisa, aprisa con ella, — que presto me moriría.
No diga nada á Doña Alda,— á Doña Alda de mi vida,
que no sepa de mi muerte — hasta los cuarenta días. —
Don Pedro que se murió — Doña Alda nada sabía.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS iii
Viniera Pascua de Flores, — Doña Alda no ha oído misa!
— Diga, diga la mi suegra, — ¿qué vestido llevaría?
— Como eres alta y delgada — lo negro bien te estaría.
— Yo no quiero llevar luto — que voy de linda parida. —
A la entrada de la iglesia — toda la gente la mira.
— Diga, diga D, Melchor, — consejero de mi vida,
¿por qué me mira la gente, — por qué la gente me mira?
— Diréte una cosa, Alda,- que de saberse tenía :
Aquí se entierran los reyes— cuantos lo son de Castilla,
y aquí se enterró Don Pedro — la prenda que mas querías^.
— Oh, mal haya la mi suegra, — qué engañada me traía,
que en vez de venir de luto — vengo de linda parida!
43.
Doña Alda. —11.
A cazar iba Don Pedro, — á cazar como solía;
los perros lleva cansados — y el halcón perdido habia.
Dierale el mal de la muerte; — para casa se volvía.
— ¡Non diga nada, mi madre, -~á Doña Alda de mi vidar
que como es niña pequeña,— de pena se moriría!
Que non sepa de mi muerte — hasta los cuarenta días. —
Doña Alda estaba de parto, — y un niño varón paría.
— Diga, diga la mi suegra; — diga, diga suegra mía;
¿por quién tocarán á muerto — que las campanas tañían?
— Son de la iglesia mayor — que están repicando á misa.
— Oyense cantar responsos,— ¿á quién á enterrar irían?
— Es el santo del patrono, — y hay procesión en la villa. —
Viniera Pascua de Flores;— Doña Alda á ofrecer iría.
— Diga, diga la mi suegra : — ¿qué vestido llevaría?
— Como eres blanca y delgada, — lo negro bien te estaría.
— ¡Viva, viva mi Don Pedro, — la prenda que mas quería;
que para vestir de luto— bastante tiempo tendría! —
4 12
LÍRICOS CASTELLANOS
Las doncellas van de lato, — ella de Pascua Florida.
Encontraron un pastor — que tocaba la guacina;
— ¡Qué viudina tan hermosa;— qué viudina tan pulidal
—Diga, diga la mi suegra; — ¿ese pastor, qué decía?
— Que caminemos, Doña Alda, — que perderemos la xaisa. —
A la entrada de la iglesia, — toda la gente la mira.
— ¿Por qué me mira la gente,— por qué la gente me mira?
— Dirételo, Dofía Alda; — pues de saberlo tenías.
Aquí se entierran los reyes,— caballeros de Castilla,
y aquí se enterró Don Pedro, — la prenda que más querías...
— ;Ay, triste de mí, cuitada, — qué engañada yo vivia!
•que en vez de venir de luto, — vengo de linda parida,
¡Desgraciado de mi hijo,— en mal hora lo paría!
Que por la desgracia suya, — hijo sin padre sería.
Estos bellos romances de Doña Alda, ó más bien de Don
Pedro, son un eco de la famosa canción francesa Le Roi Re
naudy tenida por la joya más excelente de la poesía popular
de nuestros vecinos. Cuanto pudiera decirse para ilustrarla
se encuentra reunido en un artículo de G. Doncieux, publi-
cado en la Romanía (Abril del presente año 1900). El erudi-
to filólogo enumera hasta sesenta versiones francesas de la
canción (ya en lengua de oil, ya en lengua de oc) y seis pia-
montesas, publicadas por Nigra y Ferraro. Cita además, como
estrechamente emparentadas con ella, la canción vasco-fran-
cesa de El Rey Juan, la. canción veneciana de El Conde Anzo-
Un, el presente romance asturiano, otro de Extremadura, que
daremos á conocer más adelante, otro portugués de la misma
familia, publicado por Leite de Vasconcellos en la Romanía
(tomo XI, 1882), y dos grupos de versiones catalanas. El pri-
mero y más sencillo está representado por el célebre roman-
ce de Don Juan y Don Ramón, que Quadrado dió á conocer
en 1842, y del cual hay numerosas variantes en los Koman-
ceros de Milá y Fontanals (núm. 210), Pelayo Briz (III, 171)
RJMANGES TRADICIONALES DE ASTURIAS
M3
y Aguiló (núm. I). Tiene notable analogía con esta forma la
canción piamontesa Mal ferito (Canti popolari del Fimnonte,
149-150), y no es inverosímil que de Cataluña ó de Provenza
pasara al Norte de Italia. Piferrer, en el tomo de Mallorca
de los Recuerdos y bellezas de España, tradujo al castellano
el romance catalán, y conviene ponerle aquí para los que no
le hayan leído en su lengua original :
Ya Don Juan y Don Ramón — regresaban de la caza;
Don Ramón cae del caballo, — pero Don Juan cabalgaba.
Su madre lo ve venir — por un campo que verdeaba,
para curar sus heridas — violetas cogiendo y malvas.
— ¿Qué tenéis, Ramón, mi hijo? — La color traéis mudada.
¡Ay, madre! Sangrado me he, — la sangría ha sido errada.
¡O mal haya tal barbero — que aquesta sangría os dabal
jAy, madre! íío blasfeméis, — que esta es la postrer vegada.
Entre mi caballo y yo — tenemos veinte lanzadas ;
el caballo trae nueve, — y yo todas las que faltan.
El caballo hoy morirá, — y yo por la madrugada :
el caballo lo enterrad— en lo mejor de la cuadra;
á mí empero me daréis — sepultura en Santa Eulalia;
sobre la tumba poned — una espada atravesada; [caza)'.
Si demandan quién me ha muerto,— que «Don Juan el de la
Como se ve, esta primera forma del romance no contiene
más que el diálogo del caballero moribundo con su madre,
asunto de las tres primeras coplas de Le Roi Renaud. Por el
contrario, los romances asturiano, portugués y extremeño
abarcan la totalidad de la canción, con el bellísimo episodio
de la salida á misa de la viuda, llamada en Asturias Doña
Alda, en Extremadura Doña Teresa y en Portugal Leonarda,
Pero también en Cataluña se canta separadamente esta par-
te, debiéndose advertir, como en tantos otros casos, que no
es indígena, sino mal traducida del castellano, siendo eviden-
te indicio de su origen las muchas palabras de nuestra len-
gua que hay en todas las variantes recogidas por Milá (nú-
mero 204 del Romancerillo) y Briz (III, 169). Aguiló, según
Tomo X. s
LÍRICOS CASTELLANOS
SU costumbre, ofrece un texto elegantemente purgado de to-
das ellas {La viuda ó La sortida á missa, núm. 2 del Roman-
cero); pero no sólo confiesa que abundan, sino que en una de
las variantes recogidas por él hay otro indicio de proceden-
cia castellana en el nombre de Don Buesco ó Don Besco (Don
Bueso). Todo induce á creer, pues, que la canción del Eey
Renaiid, cuyos fragmentos aparecen en Cataluña desligados,
llegó al Principado por dos caminos : directamente por Fran-
cia el trozo de Don Juan y Don Ramón; indirectamente, y por
Castilla, el romance de la viuda, que no sólo coincide con los
nuestros en la asonancia, sino que tiene la particularidad de
estar en versos de seis sílabas, lo mismo que la versión de
Extremadura. Este género de versificación suele ser indicio
de origen reciente, y de todos modos estos romances no pue-
den ser muy antiguos, puesto que la canción francesa que les
sirvió de tipo no parece remontarse más allá de la primera
mitad del siglo xvi.
Pero esta canción tampoco era original ni mucho menos,
aunque apareciese muy remozada y con todos los caracteres
del ingenio francés. La sagaz erudición de nuestros días ha
averiguado y establecido perfectamente su genealogía. Le
Roí Renaiid es feliz imitación hecha por un poeta probable-
mente bretón ó nacido en los confines de Bretaña, de un gwerz
ó canto popular de la península armoricana^. El Conde Nann,
del cual existen hasta diez y ocho variantes, bastando para
el caso presente citar como más obvia l'a que trae Villemar-
qué en su Barzaz-Breiz (pp. 25-30). Pero hay entre la canción*
bretona y la francesa una diferencia profunda : en la segun-
da falta por completo el elemento sobrenatural que hay en
la primera, la venganza del hada [korrigan) desdeñada por el
caballero, y que lanza sobre él una maldición ó suerte mor-
tal. En lo demás es evidente el paralelismo de ambos can-
tos, y algunos versos están literalmente traducidos. Pero tam-
poco es original la canción bretona. Hay que remontarse más
lejos y llegar hasta Escandinavia.
Allí se encuentra, nada menos que en sesenta y ocho versio-
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 415
lies, danesas, noruegas, suecas, islandesas y en dialecto de
las islas Feroe, la célebre canción de El Caballero Olaf, víc-
tima de la venganza de la hija del Rey de los Silfos. La ex-
pansión de este canto no se ha limitado á las regiones de len-
gua escandinava. De él proceden una balada escocesa, Clerk
Colvill, y dos canciones eslavas, una de Lusacia y otra de
Bohemia (donde desaparece el elemento maravilloso).
En su forma escandinava la canción pertenece á un orden
de tradiciones ó supersticiones muy antiguas, á las cuales ya
alude Gervasio de Tilbury en sus Otia Imperalia^ compues-
tos por los años de 1211 : €Hoc scimus.,. qiios quosdam hujiis-
modi larvarum qiias ufadas» nominant amatores (fuisse) audi-
vimus, et, cum ad aliarum feminarum matrimonia se transtu-
lerunty ante mortuos qiiam cum superinductiSj carnali se copula
¿nmiscuerint ^ .
Doncieux, cuyas investigaciones he procurado resumir, ter-
mina así su brillante análisis :
«Una misma canción, que se puede intitular, según la por-
ción del asunto que se considere, «La venganza de la hada» ó
i La muerte secreta>^y há revestido nueve formas y ha pasado
á nueve idiomas diversos. Una semilla legendaria, esparcida
en el dominio germánico, y de la cual algún grano caído á
orillas del Rhin había dado nacimiento en el siglo xiV al poe-
ma de El Caballero de Stantenberg^ fructifica en el terruño es-
candinavo, y el genio de un poeta danés del siglo xv ó de
principios del xvi le hace germinar en un canto popular, del
cual proceden directamente tres ramas, una balada escocesa,
una canción esla\ a, un gwerz armoricano. El gwerz engendra
la canción francesa, de la cual han nacido la canción vasca,
la veneciana, la catalana y los romances en castellano y por-
tugués».
116
LÍRICOS CASTELLANOS
44.
Kl Conde Atareos.
La Infantina está muy mala, — llena de melancolía,
por nodexarla casar— con el Cond' de Mayorguía (1).
— Cuando yo te quis' casar — con el Cond' de Mayorguía,
fuísteme decir que aun eras — para maridar muy niña.
Agora casarte quieres : — ningún de tu igual había.
— Cáseme, padre, el mi padre, — pues que tengo mucha prisa ;
que otras fembras de mi tiempo — mantienen casa y famjilia.
Mándele á llamar, mi padre, — á comer de mediodía :
á los manteles alzados — dirále de parte mía
que mate la su mujer — y case con la Infantina. —
Mandóle á llamar el Rey— con un paje que ende había.
— ¿Qué me quería el buen Rey, — el buen Rey, qué me que-
(ría...?
— Que mates á tu mujer — y cases con la Infantina.
— ¿Cómo he de matar yo, el Rey, — á quien tanto me quería...?
— Mata la tu mujer, Conde, — si no yo te mataría. —
Salió el Conde de palacio, — e para su casa iba;
salió el Conde de palacio— con mas pesar que alegría.
Su mujer está á la puerta— que una estrella parecía.
— ¿Qué te quería el buen Rey,— el buen Rey qué te quería?
— Lo que me quiere el buen Rey,— á ti non te placería ;
mándame que te dé muerte — é case con la Infantina.
— ¿Cómo has de matar tú, Conde,— á quien tanto te quería?
— Está la sentencia dada, — será la tuya ó la mía.
— Para ser la tuya, Conde, — mi muerte pertenescía.
Enviárasme á largas tierras,— que padre é madre tenía;
los camisones de Holanda— de allá te los mandaría,
yo te amara, Conde amigo, — como siempre te quería;
yo te amara. Conde amigo — mejor que la que vernía,
(1) Otra versión: de Loml>ar(iía.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS M7
— Callédes, mujer, callédes, — callédes por la mi vida;
que la sentencia está dada — é non me pertenescía.
— Dexédesme decir, Conde, — una oración que sabía.
— Si la oración es muy larga,— primero amanescería.
— La oración non es muy larga,— que luego se acabaría.—
Fizo oración la cuitada, — fizo su oración bendita;
diciendo: «jCielos, val edmel»— Llegó á su postrimería.
El Conde le echó un pañuelo,— lo apretó cuanto podía;
con el fervor de la sangre — estas palabras decía:
«¡Válgame el Eey de los Cielos, — gloriosa Santa María!...»
Non dixera estas palabras— el page del Rey venía,
f Non mates la mujer. Conde, — que ya murió la Infantina.»
Reservando para ocasión más oportuna algo de lo mucho
que puede decirse sobre esta célebre y patética leyenda, cuya
forma más conocida y también la más bella y conmovedora,
aunque con resabios juglarescos, es el núm. 163 de \si Prima-
vera, me limitaré á apuntar aquí las demás versiones españo-
las de que tengo noticia.
En portugués hay las siguientes :
a ) Conde Janno (Almeida- Garre tt, II, 44-55). Advierte el
colector que «es generalmente sabido por todo el reino, y que
las variantes son numerosas.»
b) Conde Alberto, versión de Oporto (T. Braga, Rom. Ger.,
r,8-71).
c ) Conde Alves, versión de la Beira Baja (T. Braga, Rom,
Geral, 71-74).
d) Conde Alberto, versión de Vianna do Castello, publica-
da por Harduüg (I, 149-152). Contiene el incidente maravillo-
no de la criatura que habla en el pecho de su madre; inciden-
te que está en el texto de Almeida Garrett, pero que falta en
las demás lecciones del continente portugués.
e ) Romance do Conde Jano, versión de la Isla de San Jor-
ge {Cantos populares do Archipelago Aqoriano^ 259-264).
418
LÍRICOS CASTELLANOS
/) Conde Elarde— Conde Alario^ dos preciosas variantes re-
cogidas en la isla de la Madera por Alvaro Eodrigues de
Azevedo {Rom. do Archipelago da Madeira, 127-141).
g) O Conde de Alado, versión de la isla de San Miguel
(Azores), publicada por T. Braga en sus notas á los Cantos po-
pulares do Brazil, II, 162-165.
h) Don Alberto, O Conde Al'belto, versión brasileña (de
Sergipe), muy incompleta y estragada (apud Sylvio Eomero
Cantos populares do Brazil, 1, 11-12).
En catalán existe la canción de La cruel Infanta, de indu-
dable origen castellano, de la cual Milá reunió hasta siete
versiones (núm. 237 del Bomancerillo), todas mestizas. En al-
gunas de ellas se llama al Conde Alarcos el Conde Floris.
45.
Kja aldeana*
En la mañana de un lunes — madrugaba la aldeana
á lavar ricos pañales — al pie de una fuente clara.
Acabando de lavarlos, — también lavó la su cara.
Viéndola estaba el buen Rey — asomado á una ventana.
— Aldeana, aldeanita, — tú has de ser mi en{?..morada.
— No lo quiera Dios del cielo, — ni su madre soberana;
que estimo yo á mi marido— en la vida y en el alma. —
La Eeina que tal oyó; — por una falsa criada,
mandara llamar al Conde— para comer en su casa;
y acabando de comer, — desta manera le habla :
— La aldeana mata. Conde; — Conde, mata á la aldeana.
— ¡No la mataré yo tal, — sin saber muy bien la causa!
— Toda mi vida pór ella — vivo yo muy mal casada. —
Entre estas palabras y otras, — el Conde fuese á su casa.
— Ven acá, perra traidora, — hoy pagarás tu disfama.
Y antes del amanecer — has de morir degollada;
ROMAIKIES TRADICIONALES DE ASTURIAS i 19
que el Rey así lo mandó, — y hay que cumplir lo que manda.
— Si causa tuviere el Rey, — lo que mandó que se faga. —
De tres hijas que tenía,— llamara la más galana. [manda?
— ¿Qué me quiere, madre mía; — qué me quiere, ó que me
— Quiérete, hija de mis penas, — que me fagas la mortaja;
que antes del amanecer, —he de morir degollada.
Quitarásme la cabeza, — presto tú irás á apañarla,
y entre dos fuentes de oro — al Rey habrás de entregarla. —
Estando el buen Rey comiendo,— la niña al -palacio entraba.
— «Buenos días, el buen Rey» — «Bien venida, hija galana>
— Vengo á traer esta trucha — que mi madre le enviaba.
— ¡La Reina hallarála dulce, — para mí es triste y amarga!
La aldeana murió de noche, — la Reina por la mañana (1).
46.
Doo Hf artinos.
Estaba un día un buen viejo — sentado en un campo al sol.
— Pregonadas son las guerras — de Francia con Aragón...
¿Cómo las haré yo, triste— viejo, cano y pecador? —
De allí fué para su casa— echando una maldición.
— ¡Reventáres tú, María, — por medio del corazón;
que pariste siete hijas— y entre ellas ningún varón! —
La mas chiquita de ellas — salió con buena razón.
— No la maldigáis, mi padre, — no la maldigades, non;
que yo iré á servir al Rey — en hábitos de varón.
Compraráisme vos, mi padre, — calcetas y buen jubón;
(1) Aunque este romance no es de los mejores, no he querido omitirle
porque tiene reminiscencias de El Conde Alaroos. Pero todavía es mayor
su semejanza con la canción de La inocente acusada^ que es muy vulí:;ar
en Cataluña (versiones bilingües, y aun casi enteramente castellanas en
Milá (núra. 248)- Briz la publica con el titulo de La Contessa de Floris
(V, 13), Aguiló con el de Les dues Dianes (núm. Vj.
420
LÍRICOS CASTELLANOS
daréisme las vuestras armas, — vuestro caballo trotón.
— Conoceránte en los ojos,-- hija, que muy bellos son.
—Yo los bajaré á la tierra — cuando pase algún varón.
— Conoceránte en los pechos— que asoman por el jubón.
— Esconderélos, mi padre; — al par de mi corazón.
— Conoceránte en los pies,— que muy menudinos son.
— Pondréme las vuestras bota?— bien rellenas de algodón..,
¿Cómo me he de llamar, padre, — cómo me he de llamar yo?
— Don Martinos, hija mía, — que así me llamaba yo. —
Yera en palacio del Rey, — y nadie la conoció,
sino es el hijo del Rey— que della se namoró.
— Tal caballero, mi madre, — doncella me pareció.
—¿En qué lo conocéis, hijo; — en qué lo conocéis vos?
— En poner el su sombrero — y en abrochar el jubón,
y en poner de las calcetas,— imi Dios, como ella las poní
— Brindaréisla vos, mi hijo, — para en las tiendas mercar;
si el caballero era hembra — corales querrá llevar. —
El caballero es discreto —y un puñal tomó en la man.
— Loo ojos de Don Martinos — roban el alma al mirar.
— Brindaréisla vos, mi hijo, — al par de vos acostar;
si el caballero era hembra, — tal convite non quedrá.—
El caballero es discreto — y echóse sin desnudar.
— Los ojos de Don Martinos— roban el alma al mirar.
— Brindaréisla vos, mi hijo, — á dir con vos á la mar.
Si el caballero era hembra,— él se habrá de acobardar. —
El caballero es discreto, — luego empezara á llorar.
— ¿Tú que tienes, Don Martinos, — que te pones á llorar?
— Que se me ha muerto mi padre, — y mi madre en eso va :
si me dieran la licencia — fuérala yo á visitar.
— Esa licencia, Martinos,— de tuyo la tienes ya.
Ensilla un caballo blanco, — y en él luego vé á montar. —
Por unas vegas arriba — corre como un gavilán,
por otras vegas abajo— corre sin le divisar.
— Adiós, adiós, el buen Rey,- y su palacio real;
que siete años le serví — doncella de Portugal,
y otros siete le sirviera— si non fuese el desnudar. —
/
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 12t
Oyólo el hijo del Rey — de altas torres donde está :
reventó siete caballos — para poderla alcanzar.
Allegando ella á su casa, — todos la van abrazar.
Pidió la rueca á su madre — á ver si sabía filar.
— Deja la meca, Martines,— non te pongas á ñlar;
que si de la guerra vienes,— á la guerra has de tornar.
Ya están aquí tus amores,— los que te quieren llevar.
Es la única lección enteramente castellana que hasta ahora
se ha publicado del romance de La doncella que va á la gue-
rra, vulgarísimo en la poesía popular portuguesa y no desco-
nocido en la catalana, con la circunstancia de que una y otra
le tomaron de la nuestra, como lo prueba respecto de la pri-
mera el testimonio de Jorge Ferreira de Vasconcellos en su
comedia Aulegraphia (acto III, escena 1.®), y respecto de la se-
gunda las muchas palabras castellanas que hay en todos los
textos recogidos por Milá, únicos que hacen fe para el caso.
Diez años antes de publicar Almeida Garrett su Romanceiro,
un poeta y crítico de bastante erudición, José María da Costa
e Silva, insertó este romance eñ las notas de su poema Isabel
ou a heroína de Aragáo (Lisboa, 1832). Se encuentran versio-
nes de él en el Alemtejo, en Extremadura, en el Miño, en
Tras os-Montes, en las dos Beiras, en Lisboa, y por de contado
en las islas. El supuesto nombre de la disfrazada y guerrera
doncella varía en las distintas provincias, pero más común-
mente se llama D, Martín de Acevedo (por corruptela Avisa-
do), que coincide perfectamente con el Don Martinos de As-
turias. Las variantes que andan impresas son por este orden :
a ) Donzella que vaí á guerra (Garrett, III, 65-71).
h ) Romance de D. Martínho de Avízado, versión de la Bei-
ra Baja (T. Braga, Rom. Ger., 8-11).
c) Dom Martínho, de la misma procedencia (Braga, 1114).
d) Don Bardo, variante de la Foz del Duero (Braga, 15-18).
e ) Romance de Dom Varáo, de la isla de San Jorge (Can-
tos do Archípelago Agoriano, 211-215).
LÍRICOS CASTELLANOS
/) Donzella guerreira, también de las Azores (215-219).
g-h'i) Dom Martinho — Donzella que vae á guerra — Roje
sapregóan guerras. Estos tres romances tradicionales en el
Archipiélago de la Madera han sido publicados por Alvaro
Eodrigues de Azevedo (159-170).
En Cataluña D. Martin se ha convertido en D. Marcos, á
quien en una de las versiones se supone hijo del Conde Alar-
eos. No se encuentra solamente en forma de romance, sino
también de narración en prosa. Vid. Milá (núm. 245, La niña
guerrera), y Aguiló ínúm. XXII, Donzella qui va á la guerra).
El tema de esta canción es común á la poesía de muchos
pueblos. Se encuentra en cantos griegos é ilí ricos, en un frag-
mento bearnés (del valle de Ossau), y especialmente en Ita-
lia, donde además de varias lecciones procedentes de Vene-
cia, Ferrara, Las Marcas, etc., sólo del Piamonte ha reunido
cinco el Conde Nigra, ilustrándolas doctamente (núm. 48, La
Guerriera^ págs. 286-295). No conoció el romance asturiano,
ni, lo que es más raro, el catalán, á pesar de estar impreso en
el libro de Milá que con frecuencia cita; pero tiene razón en
sostener que los romances portugueses, la canción bearnesa
y las del Norte de Italia son idénticas en la substancia y en
la forma, y tienen, por tanto, un solo y común origen. Este
origen quiere buscarle en Provenza, de donde supone que esta
canción fué transmitida á las dos penísulas itálica é ibérica,
y quizá también á los países eslavos. Tratándose de poesía
narrativa, más verosímil parece buscar el origen en la Fran-
cia del Norte que en la Francia meridional, sin que por eso
neguemos que pudo haber una versión provenzal intermedia.
Pero es cierto que ni la catalana ni la portuguesa se derivan
de ella.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 423
47.
I^a Oayarda* — I
Estándose la Gayarda— en su ventana dorida
peinando su pelo negro— que paez seda torcida,
vió un bizarro caballero — venir por la calle arriba.
— Venga, venga el caballero, — venga á ver la mi montisa;
comerán pán de lo blanco, — vino tinto de Castilla. —
Al subir una escalera— alzó los ojos y mira;
reparó cien cabecitas— colgadas en una viga.
— ¿Qué es esto, la Gayarda;— qué es esto vida mía?
— Son cabezas de lechones — que crió la mi montisa.
— Mientes, mientes, la Gayarda, — mientes, mientes, vida mía:
la cabeza de mi padre— yo aquí la conocería (1),
y también la de un hermano— de un hermano que tenía. —
La Gayarda pon la mesa, — caballero non comía;
la Gayarda escancia el vino— caballero non bebía.
Coma, coma, caballero — no coma con cortesía;
que el que viene de camino— gana de comer tendría. —
La Gayarda f ay la cáma^ — caballero miraría :
en medio de dos colchones — un puñal de oro metía:
á las doce de la noche — Gayarda se revolvía.
— ¿Qué buscabas, Gayarda; — qué buscabas vida mía?
— Busco mi rosario de oro, — que yo rezarlo quería.
— Mientes, mientes, la Gayarda,— mientes, mientes vida mía;
que ese rosario de oro - en mis manos volaría. —
Metióselo por el pecho —y á la espalda le salía.
|0h voces que al mundo daba, — voces que al mundo daríal —
Allí vino una doncella — que en su servicio traía.
— ¿De dó viene el caballero — que en esta tierra venía?...
¡Cuántos hijos de buen padre — aquí perdieron la vidal
(1) Miente, miente la Gayarda,— y toda la gallardía :
Que una era de mi padre— la barba le conocía;
y otra era de mí hermano, -la prenda que más quería.
(Variantes de Llamas, Aller.)
12i
LÍRICOS CASTELLANOS
48.
Wjsí Oayarda. — II
Estando un día Gayarda— en su ventana florida,
vió venir un caballero — por debajo de la oliva.
— Sube arriba, caballero;— caballero, sube arriba.
No suba, no, el caballero — que le han de quitar la vida. —
Al subir el caballero — alzó los ojos arriba,
y ve siete calaveras— colgadas en una viga.
Gayarda pone la mesa, — caballero no comía;
Gayarda trae del buen pan, — del más fino que tenía;
Gayarda trae del buen vino, — que es el mejor que tenía;
Gayarda hace la cama,— caballero bien la vía;
entre sábana y colchón,— puñal de oro le metía.
Allá por la media noche — Gayarda se revolvía.
— ¿Tú que buscas ahí, Gayarda— que tanto te revolvías?
Si buscas el puñal de oro— yo en mis manos lo tenía. —
Díérale tres puñaladas — de la menor se moría.
— Abre las puertas, portero; — ábrelas, que ya es de día.
— No las abro, caballero;— Gayarda me mataría.
— Abre las puertas, portero; — que Gayarda está ya fría.
— ¡Oh, bien haya el caballero —y madre que le paríal
De cien hombres que aquí entraron,— ningún con vida salía.
49.
l^a Oayarda.— III.
Estábase la Gayarda— en su ventana florida;
vió venir un caballero, — venir por la calle arriba.
— Sube arriba, caballero; — sube, sube, por tu vida. —
— De subir tengo, señora,— aunque me cueste la vida :
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 125
Al abrir la primer puerta, — le entrara gran pavorida :
viera cien cabezas de hombre— colgadas en una viga;
también vió la de su padre, — que muy bien la conocía.
— ¿Qué es aquello, la Gayarda, — que tienes n'aquella viga?
— Son cabezas de lechones — criados en mi montisa.
— jVoto al diantre la montina— que tales lechones cría!
— Habla bien, mozo, si sabes; — habla bien con cortesía,
que antes de la media noche — la tuya allí se pondría. —
Gayarda pone la mesa, — caballero no comía;
Gayarda escanciaba vino, — caballero no bebía.
Allá para media noche — Gayarda se revolvía.
— ¿Qué es lo que buscas, Gayarda, — que tanto te revolvías?
— Busco mi puñal dorado, — que á mi lado lo tenía.
— Tu puñal de oro, Gayarda, — la vida te costaría. —
Metióselo en el costado,— y al corazón le salía.
— Abre las puertas, portera; — ábrelas, portera mía.
— í^o abriré, no, caballero; — no abriré 5^0 por mi vida;
que si lo sabe Gayarda, — Gayarda me mataría.
— No tengas miedo á Gayarda, — que ya muerta la tenías.
— ;0h, bien haya el caballero,— la madre que lo paría...!
¡Cuántos de los caballeros — entraban y no salían!
Tengo de dirme con él, — servirle toda mi vida.
Estos romances de Gayarda, que al parecer no tienen si-
milares en la tradición portuguesa, tienen en cambio cierta
analogía con los romances extremeños de La Serrana de la
Vera [Primavera, núm. 28 del apéndice), que también pene-
traron en Cataluña, como lo prueban las versiones recogidas
por Milá (núm. 259, La Serrana),
LÍRICOS CASTELLANOS
50.
Delgadina.
El buen Rey tenía tres hijas — muy hermosas y galanas;
la más chiquitína dellas, — Delgadina se llamaba.
— Delgadina de cintura, — tú has de ser mi enamorada.
— No lo quiera Dios del cielo, — ni la Virgen soberana;
que yo enamorada fuera — del padre que me engendrara. —
El pkdre que tal oyó, — la encerrara en una sala.
Non la daban de comer — mas que de carne salada;
non la daban de beber,— sino zumo de naranja.
A la mañana otro día, — se asomara á la ventana,
y viera á su madre enbajo — en silla de oro sentada : [agua;
— ¡Mi madre; por ser mi madre, — púrrame (1) una jarra d'
porque me muero de sede — y á Dios quiero dar el alma!
— Calla tú, perra maldita; — calla tú, perra malvada;
siete años que estoy contigo,— siete años soy mal casada. —
A la mañana otro día,— se asomara á otra ventana :
vió á sus hermanas enbajo — filando seda labrada.
— ¡Hermanas^ las mis hermanas; — purriíme uná jarra d'.agua;
porque me muero de sede — y á Dios quiero dar el alma!
— Primero te meteríamos — esta encina por la cara. —
Se asomara al otro día— á otra ventana más alta ;
vió á sus hermanos que enbajo — taban tirando la barra :
— ¡Hermanos, por ser hermanos, — purriíme una jarra d'agua,
que ya me muero de sede— y á Dios quiero dar mi alma!
— Non te la doy, Delgadina; — non te la damos. Delgada;
que si tu padre lo sabe— nuestra vida es ya juzgada. —
Se asomara al otro día — á otra ventana mas alta,
y vió á su padre que embajo — paseaba en una sala :
— ¡Mi padre, por ser mi padre, — púrrame una jarra d'agua;
(1) Del latín porrigere, extender, alargar. (Nota del Sr. Menéndez Pi-
dal.)
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS i21
porque me muero de sede — y á Dios quiero dar el alma!
— Darétela, Delgadina,— si me cumples la palabra.
— La palabra cumpliréla, — aunque sea de mala gana.
— Acorred, mis pajecicos, — á Delgadina con agua;
el primero que llegase, — con Delgadina se casa;
el que llegare postrero, — su vida será Juzgada. —
Unos van con jarros de oro,— otros con jarros de plata...
Las campanas de la iglesia—por Delgadina tocaban.
El primero que llegó, — Delgadina era finada.
La cama de Delgadina — de ángeles está cercada :
bajan á la de su padre, — de demonios coronada.
51.
Delgadina.— n.
El buen Rey tenía tres hijas —muy hermosas y galanas;
la más chiquita de todas — Delgadina se llamaba.
Un día, sentado á la mesa, — su padre la reparara.
— Delgadina, Delgadina; — tú has de ser mi enamorada.
— No lo quiera Dios del cielo, — ni su Madre soberana,
que de amores me rindiera — al padre que me engendrara. —
La madre qu' atal oyó,— n'un castillo la encerrara;
el pan le daban por onzas — y la carne muy salada,
y el agua para beber— de los pies de una llamarga,
donde canta la culebra, — donde la rana cantaba.
Delgadina por la sed,— se arrimara á una ventana,
y á sus dos hermanas viera — labrando paños de grana.
— iPor Dios vos pido, Infantinas, — que hermanas non vos
[llamaba,
por una de las doncellas — unviayme una jarra de agua;
que el corazón se me endulza — y el ánima se me aparta!
— Quítate allá, Delgadina; —quítate, perra malvada :
un cuchillo que tuviera — te tiraría á la cara;
128
LIRICOS CASTELLANOS
Delgadina, por la sed, —se arrimara á otra ventana;
viera á los dos hermanos — jugando lanzas y espadas.
— Por Dios vos pido, Infantinos, — que hermanos non vos lia
[mab
por uno de vuestros pajes — unviayme una jarra de agua,
que el corazón se me endulza — y el ánima se me aparta.
— Quítate allá, Delgadina;— quítate, perra malvada;
que una lanza que tuviera — yo contra ti la arrojara. —
Delgadina, por la sed, — se arrimara á otra ventana,
viera á su madre la Reina— en silla de oro sentada.
— Por Dios vos pido, la Eeina, — que madre non vos llamab
por una de esas doncellas — unviayme una jarra de agua;
que el corazón se me endulza— y el ánima se rae aparta.
— Quítate allá, Delgadina, — quítate, perra malvada,
que ha siete años por tu culpa, — que yo vivo mal casada. —
Delgadina, por la sed, — se arrimara á otra ventana,
y vió á su padre que enbajo— paseaba en úna sala.
— Mi padre, por ser mi padre, — púrrame una jarra de agua
porque me muero de sed, — y á Dios quiero dar mi alma.
— Daré tela, Delgadina, — si me cumples la palabra.
— La palabra cumpliréla — aunque sea de mala gana.
— Acorred, mis pajecicos, — á Delgadina dad agua:
el primero que llegase, — con Delgadina se casa;
el que llegare postrero, — su vida será juzgada. —
^ünos van con jarros de oro, — otros con jarros de plata :
las campanas de la iglesia— por Delgadina tocaban.
El primero que llegó —Delgadina era finada.
La Virgen la sostenía,— anxeles la amortayaban;
en la cama de su padre — los degorrios se asentaban,
y á los pies de- Delgadina— una fuente fría estaba,
porque apagase la sede —que aquel cadáver pasaba.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS I 2í>
52.
Delgadina. — III
El buen Rey tenía una hija (1), — Delgadina se llamaba.
— Delgadina, Delgadina, — tú has de ser mi enamorada.
— No lo quiera Dios del cielo— ni la Virgen soberana;
que yo enamorada fuera — de un padre que me engendrara. —
El buen Rey que aquello oyó — 'n un aposento la ciarra
donde no ve sol ni luna,— sino por una ventana;
<;uando pide de comer,— le dan cecina salada;
•cuando pide de beber,— le dan zumo de naranja;
tanta es la sede que tiene — que se asomó á una ventana
y vió venir á su padre; — por la calle se paseaba.
— Mi padre, por ser mi padre, — apárrame una sed d* agua.
— Yo dártela sí por cierto,— si haces lo que te mandaba.
— No lo quiera Dios del cielo— ni la Virgen soberana,
<que yo namorada fuera — de un padre que me engendrara. —
Tanta es la sed que tiene, — que asómase á la ventana,
bien vira vir á su madre - de lavar la fina plata.
— Mi madre, por ser mi madre, — apúrrame una sed d' agua.
— Quita d' ahí, perra traidora, —quita d' ahí, perra malvada,
-que va para siete años — que por ti soy mal casada. —
Tanta es la sede que tiene, — que asomóse á la ventana:
vira vir á sus hermanas — de lavar á la colada.
— Hermanas, por ser hermanas, — apurriime una sed d' agua. *
— No te la podemos dar, — porque madre nos mataba. —
Tanta es la sede que tiene, — se asomara á la ventana :
vira estar á sus hermanos— labrando trigo y cebada.
(1) Una preciosa variante recogida á última hora en Rivadesella, co-
mienza así:
En el jardín de Cupido— se paseaba Sildana :
6U padre la envió á llamar— por un paje que tenía.
— ¿Qué me quiere mi buen padre mi padre qué me quería?
—Que te sientes á mi mesa— para hacerme compañía, etc.
Tomo X.
LÍRICOS CASTELLANOS
— Hermanos, por ser hermanos,— apurriime una sed d' agua,
— Arriba pajes del Rey, — arriba con jarros de agua. —
Cuando coP agua llegaron — Delgadina ya finara.
Las campanas del paraíso — ellas de sou se tocaban,
por r alma de Delgadina — que á los cielos caminaba;
el alma^ del Rey su padre, — pa los infiernos bajara.
Á pesar de lo brutal y repugnante de su argumento, ó qui-
zá por esto mismo, puesto que la casta musa popular (que
casta es á su manera) no suele reparar en tales melindres, el
romance de Delgadina es uno de los más populares en Espa-
ña, hasta el punto de que apenas hay región donde no se en-
cuentre. Prescindiendo por ahora de las demás versiones cas-
tellanas, indicaré sólo las catalanas y portuguesas.
Milá recogió muchas (casi todas mestizas), aunque por la
naturaleza del argumento no se atrevió á ponerlas íntegras
todas. En unas se llama á la protagonista Margarita, en otras-
Agadeta, y en algunas Silvana, que es el nombre que tiene
en casi todas las variantes portuguesas y en una asturiana de
Rivadesella (véanse los núms. 29 y 272 del Romancerillo).
Almeida Garrett, que ya en 1828 había publicado una pro-
cedente de Lisboa, como fundamento é ilustración de su
Adozinda, insertó en 1851 en su Romanceiro (II, 109-115) otra
más correcta con el título de Sylvaninha, haciendo notar de
X)aso que la antigua popularidad de este romance en Portugal
estaba atestiguada por D. Francisco Manuel de Meló en su
farsa del Fidalgo Aprendiz {Obras Métricas, León de Fran-
cia, 1665, pág. 247), donde se citan en castellano los prime-
ros versos :
Paseábase Sylvana— por un corredor un día...
Teófilo Braga, en su Romanceiro Geral. (pp. 30-34 y 181-184)
dió á conocer dos versiones, una de Lisboa, y otra de Coim-
bfra con el título de Faustina.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS Í3l
De la isla de San Jorge (Azores) se han publicado otras tres,
una de ellas con el título de Aldina. Pueden verse en los Can-
tos pojMÍares de aquel archipiélago (183-200).
No menos abundante es la cosecha en la isla de la Made-
ra, que presenta tres notables versiones con los títulos de
Aldina, Galdina y Gaudina {Romanceiro de Eodrigues de Aze-
vedo, 107-116). Dos de estas versiones son de más apacible
carácter que las restantes, y terminan con el arrepentimiento
del padre.
En la novela bizantina de Apolonio hay algo que tiene se-
mejanza con estos romances en lo que toca á la pasión inces-
tuosa del padre, pero á pesar de la difusión que esa leyenda
alcanzó en los tiempos medios y del poema que inspiró en
Castilla, no creo que nuestras canciones procedan de ella,
puesto que difieren en todos los demás incidentes.
Almeida Garrett quiso remozar la materia de estos roman-
ces en el poemita Adozinda, que publicó durante su emigra-
ción en Londres, obrilla curiosa por ser la primera del géne-
ro romántico que se escribió en portugués. Pero, á pesar de
su gran talento poético, hubo de estrellarse en las dificultades
inherentes á tan odioso tema, que ababó de echar á perder
con cierto empalagoso sentimentalismo ajeno de la poesía
peninsular y con una infeliz combinación de los octosílabos,
que da aspecto informe y desaliñado á la ejecución métrica.
Todavía más terrorífico que Delgadina es el romance de La
Incestuosa (núm. 63 de la colección del Sr. Menéndez Pidal)
que no incluímos, porque su estilo tiene más de vulgar que
de popular. El argumento parece tomado de la novela del
Dr. Juan Pérez de Montalbán, La mayor confusión, y en la
novela ó en el romance se funda uno de los episodios más
notables de El Drama Universal, de Campoamor: la historia
de Leandra de Zúñiga.
LÍRICOS CASTELLANOS
53.
I^a aparición.
I
En palacio los soldados— se divierten y hacen fiesta;
uno solo non se ríe, — que está lleno de tristeza.
El Alférez le pregunta : — Dime, ¿por qué tienes pena?
¿Es por padre, ó es por madre,— ó es por gente de tu tierra?
— No es por padre, ni es por madre, — ni es por gente de mi
es por una personita — que tengo ganas de verla. [tierra :
— Coge un caballo ligero, — monta en él y vete á verla;
Vete por camino real, — non te vayas por la senda. —
II
En la ermita de San Jorge — una sombra obscura vi :
el caballo se paraba, — ella se acercaba á mí.
¿Adonde va el soldadito — á estas horas por aquí?
—Voy á ver á la mi esposa,— que ha tiempo que non la vi.
— La tu esposa ya se ha muerto : — su figura vesla aquí.
— Si ella fuera la mi esposa,— ella me abrazara á mí.
— ¡Brazos con que te abrazaba, — la desgraciada de mí.
Ya me los comió la tierra : — la figura vesla aquí!
— Si vos fuerais la mi esposa,— non me mirarais ansí.
—¡Ojos con que te miraba, — la desgraciada de mí,
Ya me los comió la tierra : — su figura vesla aquí!
— Yo venderé mis caballos, — y diré misas por ti.
— Non vendas los tub caballos, — nin digas misas por mí,
que por tus malos amores— agora peno por ti.
La mujer con quien casares, — non se llama Beatriz;
cuantas más veces la llames, — tantas me llames á mí.
¡Si llegas á tener Tiijas, — tenias siempre junto á ti,
non te las engañe nadie— como me engañaste á mí!
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 133
Un juglar mal avisado zurció sin duda á este bellísimo y
patético romance la introducción en diverso asonante, que
le desfigura. No he querido suprimirla por respeto á la tradi-
ción, pero la he separado cuidadosamente del texto, y aconse-
jo á todo lector de buen gusto que empiece la lectura por el
verso
En la ermita de San Jorge...
Pocas cosas más bellas que este fragmento pueden encon-
trarse en la poesía popular.
Es romance muy viejo, pero que por caso raro no ha lle-
gado íntegro á nosotros en las colecciones antiguas. En un
pliego suelto gótico de la Biblioteca de Praga de los que dió
á conocer Wolf (núm. 37 de nuestro apéndice á la Frimavera)
aparecen ya algunos versos de él :
¿Dónde vas, el caballero?— ¿Dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga, — muerta es, que yo la vi :
las andas en que ella iba — de luto las vi cubrir.
Duques, Condes la lloraban, — todos por amor de ti.
Luis Vélez de Guevara, en su comedia Remar después de
morir j sacó prodigioso efecto de estos mismos versos, hacién-
dolos cantar después de la muerte de Doña Inés de Castro,
isi bien modificados y parafraseados para acomodarlos al ar-
gumento :
¿Dónde vas, el caballero?— ¿Dónde vas, triste de ti?
Ciue la tu querida esposa — muerta es, que yo la vi.
Las señas que* ella tenía — yo te las sabré decir :
su garganta es de alabastro — y su cuello de marfil...
Consérvase vivo este romance en varias provincias caste-
llanas, y ya iremos encontrando otros vestigios de él. Existe
también en Cataluña (núm. 227 del Romancerillo de Milá, Xa
Condesa muerta). Una de las versiones no deja duda ninguna
íicerca de su procedencia :
434 LIRICOS CASXfeLLANOS
¿Dónde vas, el caballero? — ¿Dónde vá vosté per quif
Cien hatxas V acompañar ariy — cien leguas van resplandí;
cien mujeres la lloraban, — todas por amor de ti.
En Portugal este romance anda revuelto con el de Bernal-
Francez (ó de la Bella Mal Maridada), cuyas variantes son
tan numerosas (1).
Y por un fenómeno singular de atavismo, todavía el pue-
blo español se acordó de este romance, y le refundió á su
modo, con ocasión de la muerte de la Reina Mercedes, pri-
mera mujer de D. Alfonso XII. Todavía oímos cantar en las
ruedas ó corros de los niños :
¿Dónde vas. Rey Alfohsito?— ¿Dónde vas, triste de ti?
— Voy en busca de Mercedes,— que ayer tarde no la vi.
— Merceditas ya se ha muerto, — muerta está, que yo la vi.
Cuatro Condes la llevaban— por las calles de Madrid.
Al Escorial la llevaban, — y la enterraron allí,
en una caja forrada — de cristal y de marfil.
El paño que la cubría— era azul y carmesí,
con borlones de oro y plata— y claveles más de mil.
;Ya murió la flor de Mayo! — ¡Ya murió la flor de Abrill
¡Ya murió la que reinaba — en la Corte de Madrid!
54.
El mal de amor.
Aquel monte arribe, va — un pastorcillo llorando;
de tanto como lloraba— el gabán lleva mojado.
— Si me muero deste mal,— no me entierren en sagrado;
(1) Almeida-Garret (II, 129-135).-T. Braga {Rom. Gér., 34-^7 ¡.-Cantos
populares do Archipelago A(^oriano {202-208) Roma) (ceiro da Madeira
041-150).
ROMANCES TRADICIONALKS DE ASTURIAS 4 35
íáganlo en un praderío — donde non pase ganado;
-dejen mi cabello fuera, — bien peinado y bien rizado,
para que diga quien pase : — «Aquí murió el desgraciado.))
Por allí pasan tres damas, — todas tres pasan llorando.
Una dijo: ¡Adiós, mi primo!— Otra dijo: ¡Adiós, mi hermano!
La más chiquita de todas — dijo: ¡Adiós, mi enamorado!
En el romance de El Conde Freso, popular en Tras os-mon-
tes, hay versos muy semejantes á los que preceden :
ííáo me enterrem na egreja,
nem tam pouco en sagrado :
n' aquelle prado me enterrem
onde se faz o mercado.
Cabega me deixem fóra,
ó meu cabello entran^ado;
de cabeceira me ponham
á pelle do meu cavallo,
que digam os passageiros :
¡Triste de ti, deg!gra(;;ado,
morreste de mal de amores
que hé un mal desesperado!
(T. Braga, Roinanceiro Geral.^ 6i.)
El Sr. Menéndez Pidal que advirtió ya esta coincidencia,
nota también la semejanza que tiene el estilo del romance
asturiano con el de cierto poeta semi- popular del siglo xví,
llamado Bartolomé de Santiago (núm. 1.425 del Romancero
de Durán):
Acordarte has, si quisieres,
de aqueste postrero día,
y en las tierras do estuvieres
tener has por compañía
el corazón desdichado
que en tu servicip moiíii.
136
LÍRICOS CASTELLANOS
Regarás con los tus ojos
el campo do padescía;
poDerme has la sepultura
muy lejos de compañía,
con un mote en ella puesto
que d' esta manera diga :
«Aquí yace el desdichado
que murió sin alegría...
Tales conceptos, por mucho que llegaran á popularizarse^
son evidentemente de origen trovadoresco.
55.
Amor eterno.
Allá en tierras de León — una viudina vivía;
esta tal tenía una hija — más guapa que ser podía.
La niña ha dado palabra — á aquel Don Juan de Castilla;
la madre la tien mandada — á un mercader que venía,
que es muy rico y poderoso... —y mal se la quitaría.
El Don Juan desque lo supo, — para las Indias camina :
allá estuvo siete años, — siete años menon un día,
para ver si la olvidaba — y olvidarla non podía.
Al cabo de los siete años,— para la España venía,
y fuése la calle abajo — donde la niña vivía :
encontró puertas cerradas, — balcones de plata fina;
y arrimárase á una reja— por vei si allí la veía.
Vió una señora de luto, — toda de luto vestida. [vida?
— ¿Poj quién trae luto, mi prenda, — por quién trae luto, mi
Tráigolo por Doña Angela, — que á Doña Angela servía :
-C'on los paños de la boda — enterraron á la niña. —
Fuérase para la iglesia— más triste que non podía;
encontróse al ermitaño— que toca el Ave-María.
ROMANCES. TRADICIONALES DE ASTURIAS
137
— Dígame do está enterrada — Angela la de mi vida.
— Doña Angela está enterrada — frente á la Virgen María.
— Ayúdeme á alzar la tumba, — que yo solo non podía. —
Quitaron los dos la tumba, — que es una gran maravilla,
y debajo della estaba — como el sol cuando salía;
los dientes déla su boca— cristal fino parecían.
Por tres veces la llamaba, — todas tres le respondía :
«Si es Don Juan el que me llama, — presto me levantaría :
si es Don Pedro el que me llama, — levantarme non podría.» —
— Don Juan es el que te llama :— levántate, vida mía;
Don Juan es el que te llama, — el que tanto te quería.
Levantóse Doña Angela
y dio la mano á Don Juan ; — «Este bá ser mi compañía,
que non me quiso olvidar — nin de muerta nin de viva». —
Tomóla Don Juan en brazos,— más alegre que podía;
en un rúan la montara, — y echa andar la plaza arriba.
Encontró con el marido — galán que la pretendía.
—Deja esa rosa, Don Juan;— que esa rosa era la mía. —
Armaron los dos un pleito,— un pleito de chancelía,
y echaron cartas á Roma; — non tardaron más que un día :
las cartas vienen diciendo— que Don Juan lleve la niña,
que el matrimonio se acaba — echándole tierra encima (1).
Como casi todos los romances asturianos, éste de Doña An-
gela (que es lástima que esté tan modernizado y estragado,
(1) Dice una variante recogida en Goviendes (Colunga) :
Metió la mano en el pecho,— sacó un puñal que traía, '
para matarse con él— y echarse en su compañía.
Al tiempo de dar el golpe,— el brazo se detenía.
— ^Quién me detiene mi brazo;— quien á mi me detenía^
—Era la Virgen, Don Juan,— era la Virgen María:
que le tienes ofrecido— un rosario cada día.
—Ahora le ofrezco dos— si resucita la niña.—
Oyera una voz del cielo,— que estas palabras decía :
—"Logra la niña, Don Juan,— que para tí fué nacida.*
t38 r.íRrcos castellanos
porque el asunto es de veras poético é interesante) tiene su
correspondiente forma portuguesa en el romance de Doña
Agueda Mexia, del cual hay publicadas dos versiones, una
por Almeida Garrett (III, 117-122), y otra por Teófilo Braga
(Eom. Ger., 53 55).
Existe también en Cataluña, pero se canta en castellano
(núm. 249 del Romancerillo de Milá, La amante resucitada).
56.
* Ija viuda fíel.
Estando á la puerta un día,— -bordando la fina seda,
vi venir un caballero— por alta Sierra Morena;
atrevime y pregnntéle— si venía de la guerra. '
— De la guerra, sí, señora, — ¿á quién tenedes en ella?
— Nella tengo á mi marido, — siete años ha que anda nella.
— El su marido, señora, — dígame que señas lleva.
— Pues lleva caballo blanco, — la silla dorada y negra,
y en lo alto de la silla— retrato de una doncella :
los pajes que con él van — vestidos de seda negra,
y él, para estremarse dellos, — vestidos de negra felpa.
— Su marido, mi señora, — muerto ha quedado en la guerra;
debajo de un pino verde,— túvele yo la candela.
— ¡Ay de mí triste cuitada!— ¡ A.y de mí triste la dueña!
¿Quién me va á calzar de plata?— ¿Quién me va á vestir de
— Venga, si quiere, señora,— señora, conmigo venga; [seda?
yo la calzaré de plata, — yo la vestiré de seda;
no le mandaré hacer nada, — sino es contar moneda.
— Vaya con Dios, caballero,— vaya con Dios y non vuelva,
que dos hijos que quedaron— voy ponellos en la escuela,
y á una hija que quedó— pondréla á bordar la seda;
voy quitar mi toca blanca; —voy poner mi toca negra,
lutar puertas y ventanas, — y también las escaleras.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 139
Llorade, fiyos, Horade,— vuestro padre muerto queda.
— ¿Quién se lo dijo, mi madre, — quién le dió tan mala nueva?
— Me lo ha dicho un caballero— que ha venido de la guerra.
En otro día de mañana — un hombre á la puerta llega.
— ¿Por quién se luta, señora? — ¿Por quién se luta, mi dueña?
— Lútome por mi marido, — que se me murió en la guerra.
— ¿Quién se lo dijo, señora?— ¿Quién le dió tan mala nueva?
Di jómele un caballero— que venía de la guerra.
i Permita Dios, si es mentira, — que de puñaladas muera!
—Que no muera, no, señora, — que aquel su marido era.
— Hiciste mal, mi marido, — tentarme desa manera,
que el juicio de las mujeres — ya puedes saber cómo era :
es como vaso de vidrio, — que si se cae, se quiebra.
Recogido én el concejo de Boal. Es una preciosísima va-
riante del romance de las señas del esposo. A él son aplicables,
por consiguiente, todas las observaciones que hicimos á pro-
pósito de los dos romances que el Sr. Menéndez Pidal titula
La ausencia.
57.
El Marinero.
Mañanita de San Juan— cayó un marinero al agua.
¿Qué me das marinerito — porque te saque del agua?
— Doyte todos mis navios — cargados d' oro y de plata,
y además á mi mujer — para que sea tu esclava.
— Yo no quiero tus navios,— nin tu oro nin tu plata,
ni á la tu mujer tampoco, — aunque la fagas mi esclava;
quiero que cuando te mueras — á mí me entregues el alma.
—El alma la entrego á Dios,- -y el cuerpo á la mar salada.
Válgame Nuestra Señora,— Nuestra Señora me valga.
140
LÍRICOS CASTELLANOS
En Cataluña se conserva una canción castellana (estropea-
da como todas), de la cual es un fragmento el romance as-
turiano :
De Barcelona partimos — en una noble fragata
querer nombre se decía — Santa Catalina Marta,
(Niim. 34 del Roinancerillo de Milá. —
Comp. Pelay Briz, Cansons de la ie-
rra, tomo IV, pp. 32-33.)
El romance portugués de la l^au Caiherineta, del cual hay
innumerables redacciones (1), pertenece sin duda á la mis-
ma familia, pero es mucho más extenso, y al parecer se fun-
da en el recuerdo de algún naufragio histórico de los que es-
tán relatados en la famosa compilación Historia trágico ma-
rítima. Garrett indica como la fuente más probable la narra-
ción de la tormenta que pasó Jorge de Alburquerque Coelho
volviendo del Brasil en 1565. No en todas las variantes, pero
sí en algunas, aparece la tentación del diablo, que probable-
mente es el verdadero fondo tradicional del asunto y lo úni-
co que ha sobrevido en Cataluña y Asturias. Así en la lee-
ccion de Almeida Garrett :
— «Capitao, quero a tua alma — para conmigo a levar.»
— «Renegó de ti, demonio,— que me estavas a attentari
A minha alma é só de Deus;-~o corpo dou eu ao mar.»
Y en una de las versiones de la isla de la Madera :
En t'arrenego, diabo; — nao me venhas attentar!
Seja minh'alma p'ra Deus; — fique meu corpo na mar.
En otro romance de la misma procedencia el tentador se
disfraza de fraile.
(1) Garret (IT, 8395).— T. Braga {Rom. Ger., 5S-60). — Cantos popula-
res do ÁrchipeJago Áeoriano (285 297). cinco versiones — i2omarMJe^>o do
Algarve (45-52) : el colector E&tacio da Veiga dice que reunió hasta once
lecciones, entre las cuales no había dos idénticas, pero no publica más qué
uníL—Romanceiro da Madeira (238 249), tres versiones.— Caníos popula-
res do Brazil (I, 20-23), dos versiones.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS Hl
58.
Lia tentación.
— ¡Ay, probé Xuana de cuerpo garridol
¡Ay, probé Xuana de cuerpo galano!
¿Dónde le dexas al tu buen amigo?
¿Dónde le dexas al tu buen amado?
— iMuerto le dexo á la orilla del río,
muerto le dexo á la orilla del vado!
¿Cuánto me das, volverételo vivo?
¿Cuánto me das, volverételo sano?
— Doyte las armas y doyte el rocino,
doyte las armas y doyte el caballo.
— No be menester ni armas ni rocino,
no he menester ni armas ni caballo...
¿Cuánto me das, volverételo vivo?
¿Cuánto me das, volverételo sano?
«Este interesante fragmento, ya por el metro, ya por la
construcción poética, descubre íntimo enlace con la poesía
popular gallega, y aun por el último título con la antigua por-
tuguesa.» (Milá y Fontanals) (1). Está compuesto, en efecto,
en aquel género de endecasílabo que vulgarmente se deno-
mina de gaita gallega y que sirve para acompañar el ritmo
de la muñeira, Milá, que le estudió detenidamente, tanto en
sí mismo como en sus relaciones con el verso decasílabo, le
llamó endecasílabo anapéstico. Su aparición en la poesía po-
pular castellana es un fenómeno singular, aun en Asturias
misma, y hasta ahora no se ha presentado más ejemplo
que este.
(1) Obras compktaSy tomo Y .—Opúsculos literarios, segunda serie, pá-
gina 339.
142 Límeos CASTELLANOS
59.
I^a fe del elej^o*
Camina la Virgen pura, — camina para Belén,
con un niño entre los brazos — que es un cielo de lo ver :
en el medio del camino — pidió el niño de beber.
— No pidas agua, mi niño, — no pidas agua, mi bien;
que los ríos corren turbios — y los arroyos también,
y las fuentes manan sangre— que no se puede beber.
Allá arriba en aquel alto — hay un dulce naranjel,
cargadito de naranjas— que otra no puede tener.
Es un ciego el que las guarda, — ciego que no puede ver.
— Dame ciego una naranja— para el Niño entretener.
— Cójalas usted, Señora, — las que faga menester;
coja d' aquellas más grandes, — deje las chicas crecer. —
Cogiéralas d' una en una,— salieran de cien en cien;
al bajar del naranjero— el ciego comenzó á ver.
— ¿Quién sería esa Señora— que me fizo tanto bien? —
Érase la Virgen Santa, — que camina para Belén.
60.
Camino de Belén.
Caminando va la Virgen — en derechura á Belén
con nn niño de la mano; — Jesucristo, nuestro bien.
Como es camino tan largo, — pidió el niño de beber :
—Camina, niño, camina, — camina que s nuestro bien;
estas fuentes se secaron, — y ya no pueden correr;
estos ríos van muy turbios, — no son para ti beber, —
Caminaron más alante, — pidió el niño de comer :
— Camina, niño, camina,— camina, que 's nuestro bien.
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS
143
A las puertas de Don Diego— está un rico naranjel,
que lo guarda un pobre ciego,— ciego que no puede ver.
— Ciego, dame una naranja — para el niño entretener.
—Entre, señora, en el huerto, — y coja las que quisiér;
en cogiendo para el niño, — coja para usted también. —
Cuantas más quita la Virgen, — más salen al naranjel.
La Virgen salir del huerto — y el ciego empezar á ver :
— ¿Quién es aquesta señora — que me hizo tanto bien?
— Es la madre de Jesús; — camina para Belén.
Este piadoso y delicado romance se encuentra también en
Andalucía y en la montaña de Santander.
El Sr. D. Braulio Vigón, que publicó la segunda variante
asturiana en un periódico, cita también un romance portu-
gués, que lleva el número XIV en el Romanceiro de J. Leite
de Vasconcellos.
Ija romera*
Por los senderos de un monte— se pasea una romera
blanca, rubia y colorada, — relumbra como una estrella.
Vióla el Rey desde sus torres, — y enamorárase della.
— ¿Dónde va la romerita— por estos montes señera?
— Non vengo sola, buen Rey, — compañía traigo y buena :
atrás viene mi marido,— más hermoso que una estrella.
A Santiago de Galicia — voy cumplir mi cuarentena,
que me la ofreció mi madre— en la hora que naciera.
Manda el Rey poner la tabla, — manda el Rey poner la mesa;
al medio de su comida — se acordó de la romera :
llamara un paje corriendo :— Ve buscar esa romera :
nin por oro nin por plata— non tornes aquí sin ella.
144
LÍRICOS CASTELLANOS
— Romeras se encuentran muchas,— y no sabré yo cuál era.
— Como aquella romerita — non las hay por esta tierra :
blanca, rubia, colorada, — relumbra como una estrella;
zapato de cordobán, — una polida gorgnera,
y una jaca toledana — que tal non la tien la Reina;
rosario porque rezaba— cinco extremos de oro lleva;
Por el segundo decía : — «Muerto es quien vida espera».
Bajara el paje corriendo; — marchó tras de la romera.
;Bien la viera relucir — en medio de la arboleda!
La encontrara sentadita — en medio de una alameda.
— Mándala llamar el Rey— para comer á su mesa.
— Anda, paje, di á tu amo, — y dil'e desta manera :
«Si él es Rey de su reinado,— yo soy de cielos y tierra».
— Si eres Reina de los cielos, —yo la gloria te pidiera.
— Pajecico, sí por cierto, — y á cuantos de ti vinieran (1).
(1) Hay una variante muy inferior, de más moderno y vulgar estilo,
4i\xe comienza
Por los campos de Castilla— se pasea una romera.
(Núm. 64 de la Colección del Sr, Menéndez Pidal.)
En esta versión la romera no es la Virgen, si 110 la Magdalena :
Oyó una voz por el aire -Que á los cielos se subiera :
—Mal año para los hombres— y el fardo que Dios les diera,
que se quieren namorar -na bendita Madalena.
Otro romance de la Soledad de María comienza en términos análogos á
muchas versiones populares del romance de Silvana :
Por los jardines del cielo— se pasea una doncella
blanca, rubia y colorada,— relumbra como una estrella...
ROMANCES TRADICIONALES DE ASTURIAS 145
62.
Ija devota*
En lo alto de aquel monte — un grande palacio había :
allí habita un caballero— que tiene una hermosa hija,
llóndanla muchos galanes— de noche y también de día :
la niña, como es discreta, — á todos los despedía.
Eosario de oro en la mano, — tres veces lo reza al día :
uno por la mañanita,— otro por el mediodía,
otro por la media noche, — cuando su padre dormía.
Estando un día rezando, — como otras veces solía,
llegó á buscarla la Virgen — para dir en romería.
Fueron á ver á su padre — donde su padre dormía.
— Despierte, señor mi padre, — despierte su señoría;
que en el su palacio andaba— la Santa Virgen María,
que me viene á buscar — para dir en romería.
— Yo bien siento que te vayas,— porque otra hija no tenía;
pero si vas con la Virgen, — vé con la bendición mía.
Consejos que le iba dando— por aquella sierra arriba :
consejos que le iba dando — como una madre á una hija.
— Cuando hablares con los hombres, — baja los ojos, querida. —
En el medio de la sierra— hallara Una fuente fría.
— Aquí has de quedar, galana, — aquí has de quedar, querida,
aquí has de quedar, galana,— siete años menos un día;
ni has de comer ni beber, — nin hablar con cosa viva.
Las avecitas del monte— serán en tu compañía,
y una palomita blanca — aquí vendrá cada día ;
en el pico te traerá— una flor muy amarilla;
por el olor que te dé — ya verás quién te la envía. —
Ya se cumplen los siete años, — siete años menos un día.
— Ya es tiempo, la madamita, — ya es tiempo, la vida mía^
ya es tiempo, la madamita,— que mudemos esta vida :
tú, si te quieres casar, — buen marido te daría;
si te quieres meter monja, — yo también te metería.
Tomo X. 10
146
LIRICOS CASTELLANOS
— Yo no me quiero casar; — meterme monja quería. —
Jesucristo trae el manto, — la Virgen se lo ponía :
ya se rezan los rosarios, — y nadie los rezaría;
ya se encendían las velas,^ — y nadie las encendía;
ya se tocan las campanas, — y nadie las tocaría.
Esta versión, publicada por D. Braulio Vigón en un perió
dico asturiano, es superior en general á las dos que figuran
en el Romancero de M. P. con los números 68 y 69; pero ca-
rece de un pormenor muy poético que hay en una de ellas :
Cumplidos los siete años— bajó la Virgen María :
— ¿Cómo te va, la mi esclava?- ¿Cómo te va, esclava mía?
— A mí me va bien, señora, — mas de sede me moría.
— Pues entre los tus pies sale — una fuente d' agua fría :
bebe, bebe, la mi esclava,— bebe, bebe, esclava mía.
63.
l^a, flor del agust*— 1.
Mañanita de San Juan— anda el agua de alborada.
Estaba Nuestra Señora — en silla de oro sentada,
bendiciendo el pan y el vino,— bendiciendo el pan y el agua.
— Dichoso varón ó hembra — que coja la ñor d' esta agua,
i^a hija del liey lo oyera — de altas torres donde estaba;
si de prisa se vestía, —más de prisa se calzaba.
— Dios la guarde, la señora. — Doncella, bien seas hallada.
¿De quien es esta doncella — bien vestida y bien portada?
— Soy hija del Rey, señora; — mi madre Reina se llama.
— Para ser hija de Rey — vienes mal acompañada.
— Yo me viniera así sola- por coger la flor del agua :
metiera jarra de vidrio— y de plata la sacara.
— ¿Quién he de decir, señora, — que me regaló esta jarra?
ROMAIVGES TRADICIONALES DE ASTURIAS U7
— Que se la dió una mujer — de las otras extremada,
y para mejor decir, — Nuestra Señora se llama.
— Pues ya que es Nuestra Señora,— diga si he de ser casada.
— Casadita, sí por cierto, — y muy bien aventurada;
tres hijos has de tener, — todos cin^uirán espada :
uno ha ser Key de Sevilla, — otro ha ser Key de Granada,
y el más chiquito de todos — será Príncipe de España :
y una hija has de tener : — será Eeina coronada.
La niña que tal oyera, — se cayera desmayada.
La coge Nuestra Señora— en regazos dé su saya.
Estando en estas razones,— allí su hijo llegara :
— ¿Qué tiene ahí la mi madre — en regazos de la saya?
— Aquí tengo una doncella— que en palacio está sentada.
Anda, llévala, hijo mío,— al palacio donde estaba.
64.
Ija flor del ugua*— 11.
Mañanita de San Juan, — mañanita linda y clara,
cuando las perlas preciosas — saltan y bailan en agua,
la Virgen Santa María— de los cielos abajaba
con un ramo entre las manos — y un libro po'l que rezaba.
La Virgen, como es tan buena,— presto behdijera 1' agua :
— Dichosa sea la doncella — que coja la ñor d' esta agua.—
La hija del Rey lo oyera— de altas torres donde estaba;
muy de prisa se vistiera, — muy de prisa se calzara;
más de prisa se pusiera — donde la Virgen estaba.
La Virgen, como es tan buena, — jarro de oro le prestara,
y lo metiera en la fuente : — sacara la flor del agua.
La hija del Rey que tal viera,— en el suelo se desmaya.
— Recuerde la hija del Rey, — recuerde con mi palabra.
— Yo le (juería decir— solamente una palabra :
H8
LÍRICOS CASTELLANOS
si tengo de ser soltera— ó tengo de ser casada.
— Casadita, sí por cierto, — mujer bien aventurada;
tres hijos has de tener, — todos han regir espada.
é
Hay otras variantes del mismo romance (núms. 70 y 71 de
la colección del Sr. Menéndez Pidal), qu^e comienzan:
Mañanita de San Juan, — cuando el árbol floreaba.
Mañanita de San Juan,— cuando el sol alboreaba.
Mañanita de San Juan— anda el agua de alborada.
Pero hemos preferido la tercera variante del Sr. Menéndez
Pidal y la que recogió en Colunga D. B. Vigón, que, aun sien-
do incompleta, parece la más sencilla y primitiva. Todas las
demás tienen extrañas adiciones; por ejemplo :
Has de tener siete hijos,— todos ceñirán espada :
uno ha ser Rey en Sevilla, — otro serálo en Granada;
y has de tener una hija — para monja en Santa Clara.
Ó bien:
Has de tener siete infantes, — los siete Infantes de Lara :
los ha de matar el turco — un lunes por la mañana.
Aunque te los mate todos, — non te llames desdichada;
que has de tener ana hija — monjita de Santa Clara.
En teniendo aquella hija — te tengo arrancar el alma,
y te llevaré á los cielos — en silla de oro sentada.
Este romance, á pesar de su adaptación cristiana, conser-
va los restos de una antigua superstición de las que iban uni-
das con la fiesta del solsticio de verano y se reproducen en
la del Precursor San Juan Bautista. La llamada flor del agua
tiene, según la creencia popular, la virtud de hacer que se
case dentro de un año la primera doncella que la recoge en
la mañana de San Juan.
ROMAISCES TRADICIONALES DE ASTURIAS U9
65.
Kl labrador y el pobre.
Caminaba un labrador— tres horas antes del día,
y se encontró con un pobre — que muy cansado venía;
el labrador se apeaba,— y el pobre se montaría.
Le llevó para su casa, — y de cenar le daría :
de tres panes de centeno, — porque de otro no tenía,
cada bocado que echaba— de trigo se le volvía.
A eso de la media noche, — que el labrador no dormía,
se levantaba en silencio — por ver lo que el pobre hacía.
Le estaban crucificando: — la cruz por cama tenía.
;0h quién lo hubiera sabido!— Yo mi cama le daría (1).
66.
d cautivo*
— Canta, moro, canta moro, — canta, moro, por tu vida.
— ¿Cómo he de cantar, señoi'k, — si entre gentes no podía?
— Canta, moro, canta, moro, — yo te lo rem.ediaría. —
1) Recogido por Y). Ramón Menéndez Pidal en Pajares-Lena.
Es curioso, porque marca la transición del romance novelesco al devoto.
En la preciosa"colección de su hermano D. Juan hay otros varios roman-
ces que omitimos, en los cuales se observa el mismo fenómeno; v. gr., uno
'le la Pasión, que comienza
Navegando va la Virgen,— navegando por la mar;
los remos trae de oro,— la barquilla de cristal-
El remador que remaba— va diciendo este cantar:
^Por aquella cuesta arriba,— por .aquel camino real,
por el rastro de la sangre,— á Cristo liemos de encontrar...
Aquí hay, como se ve, reminiscencias de JSi Conde Armaldos y de uno
do los romances caballerescos de Durandarte.
150
LIRICOS CASTELLANOS
De las damas y doncellas— la niña se despedía :
— Adiós, damas y doncellas — que andáis en mi compañía;
y si os pregunta mi padre— de lo bien que me quería,
que el se ha tenido la culpa — que yo marchosa Turquía.
A eso de la media noche, — cuando amanecer quería,
marchan los enamorados — para el reino de Turquía.
En los brazos de Leonardo — la niña se adormecía.
— Despierta, niña, despierta, — despierta por cortesía,
despierta, niña, despierta,— que ya vemos á Turquía.
—¿De quién son aquellas torres — que relucen en Turquía?
— Una era la del Rey, —otra de Doña María,
otra es la de mi esposa, — de mi esposa Lazandría.
— Por Dios me digas, Leonardo, — por Dios y Santa María,
ó me llevas por mujer— ó me llevas por amiga.
— Por esposa no por cierto, — que esposa yo otra tenía;
la vida tengo de hacerte— que á mí tu padre me hacía:
tengo darte de comer— á donde el cerdo comía;
tengo de hacerte la cama — á donde el galgo dormía. —
La niña desque esto oyera — ya se puso de rodillas :
— ¡Oh, Virgen de Covadonga,— Señora adorada mía,
por Dios, señora, te pido — des al barco aquí otra vía!
Ibanse la mar abajo, — vuélvense la mar arriba.
— ¡E-ema, rema, remador. — rema, rema por tu vida!
— ¿Cómo he de remar, señor, — si la niña maldecía?
A eso de la media noche,— cuando amanecer quería,
se hallan los enamorados — en el reino de Sevilla.
— Ahora canta, moro, canta,— que yo de ti me reiría. —
Nuestra Señora me valga, — válgame Santa María (1).
(1) L, Griner Arivau, Folk-Lore de Proaza, contribución al Folk-Lore
de Asturias, en el tomo 8." de la Biblioteca del Fofh-Lore Español, Ma-
drid. 1886. pp. 149 151.
Hay en este romance algunas reminiscencias del de jDo» D nardos de
Gril Vicente (núm- 288 de Durán) :
Al son de los dulces remos— la Infanta se adormecía.
SECCIÓN SEGUNDA
ROMMCES TRADICIOMLES DE AIALÍIOÍA í EHREMADORA
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Aunque la cosecha de romances castellanos, en ninguna
parte del territorio español es tan abundante ni de tan se-
lecta calidad como en Asturias, no dejan de encontrarse
también en otras provincias, especialmente en las del Me-
diodía, si bien por lo común son versiones menos comple-
tas y más estragadas.
El primero que fijó la atención en los romances tradi-
cionales de Andalucía (1 ) fué el ingenioso, ameno y castizo
escritor D. Serafín Estébanez Calderón (El Solitario), que
á sus dotes de pintor de costumbres juntaba rara erudi-
ción en cosas españolas, y un amor sin límites á todo lo
indígena y tradicional. En 21 de Abril de 1839 escribía
(1) Alguna vaga indicación hay ya en los 7V//V.V o/' the AlJianiJ/ra
de Washington Irving, que son de 1829:
"Los arrieros españoles tienen nn inagotable repertorio de can-
tares y baladas con las que se entretienen eii sus continuos viajes.
Sus aires musicales son severos al par que sencillos, y consisten en
suaves inflexiones. Las coplas que cantan son casi siempre referen-
tes á ((h/ú/i antiguo y tradirioiud roinancr de moros, ó alguna leyenda
de algún santo, ó de las llamadas amorosas; otras veces, y esto es
lo más frecuente, entonan una canción sobre algún temerario con-
trabandista. Se siente una mezcla do severidad y encanto al oir
estas estrofas en los agrestes y salvajes parajes en que se modu-
lan, y más, yendo acompafiadas del especial retÍ7itin de las campa-
nillas de las muías. .,
{Cuciitos de la Alluanl'ra , por el Caballeio
Washinuton Irving. — Versión directa del
inglés por J. Ventura Traveset. Granada,
1888, p. 23.)
15* LÍRICOS CASTELLANOS
'lesde Málaga á D. Pascual de Gayaugos: «Por no perder
»tiempo, voy recogiendo algunos romances orales que se
> encuentran en la memoria de los cantadores y jándalos,
>mis antiguos camaradas; romances que no se encuentran
»en ninguna colección de las publicadas, ni antigaa ni
» moderna. El uno es el romance de Gerineldo, otro es el
»del Ciego de la Peña, y me han prometido cantarme y de-
»jarme aprender otro que se llama el de la Princesa Ce-
y>linday que sospecho pueda ser alguno de los moriscos del
» Romancero general. Si me preguntas por qué estos ro-
» manees no se hallan impresos, de dónde han venido, por
»qué se han conservado en esta parte de Andalucía y no
»en otra parte, son cuestiones á que no podré satisfacer
» cumplidamente. Esto añade algo al vague, que tan bien
»sienta á esta quinta esencia de lo romántico. Por su-
» puesto, que en estos cantares se sorprenden á veces ver-
»sos y aun cuartetillos casi íntegros de los antiguos ro-
»mances, lo que hace conocer que son todos débris de una
»propia fábrica. »
En otra carta de 18 de Junio, anadia: «Ya creo que te
»dijequehe reogido cuatro romances desconocidos, que
»andaban en la boca de los jándalos y cantadores del país.
»Estos oyen mis tonadas moriscas con sumo gusto, y di-
»cen que mi estilp es lo más legítimo que se oye, y que el
»canie del Señorito sabe al hueso de la fruta» (1).
Resulta, en efecto, de las confidencias de su ilustre bió-
grafo y cariñoso deudo D. Antonio Cánovas del Castillo,
que «no sólo entre jándalos y cantadores, sino entre la
»gente principal solía echar el Solitario sus tonadas mo-
»riscas en los patios floridos de Sevilla, aunque no presu-
»mía de músico; y que de los romances moriscos, sobre
(1 El Solitaria ?/ -su. ti*'iiipo... por D. Antonio Cánovas dol Casti-
llo. Madrid, 1883, tomo 2.**, pp. 838 y 343.
ADVERTEiVClA PRELIMÍNAR 155
»todo, creía poseer auténticamente los tonos, las exactas
»notas y el aire mismo con que por allá se modulaban al
» tiempo de la rebelión de la Alpujarra y de la total ex-
»pulsión de los vencidos de aquella tierra» (1).
Juzgúese como se quiera de estas que probablemente
s^erían ilusiones, es lo cierto que D. Serafín Calderón tuvo
el mérito de publicar antes que nadie dos romances po-
pulares de los mejores y más genuinos, el de Gerinéldo y
el de El Conde del Sol, intercalándolos en una de sus pre-
ciosas Escenas andaluzas (1847). Por comentario les puso
estas líneas: «La música con que se cantan estos roman-
ices, es un recuerdo morisco todavía. Sólo en muy pocos
»pueblos de la Serranía de Ronda ó de tierra de Medina y
»Xerez, es donde se conserva esta tradición árabe, que se
«va extinguiendo poco á poco, y desaparecerá para siem-
»pre. Lo apartados de comunicación en que se encuentran
»estos pueblos de la Serranía y el haber en ellos familias
»conocidas por descendientes de moriscos, explican la con-
»servación de estos recuerdos» (2).
D. Agustín Durán, que había pasado parte de su juven
tud en Andalucía, insertó en su gran Romancero general
(1854) los dos romances publicados por Estébanez, y al-
guno más que éste le comunicó; haciendo notar que la
gente del campo daba á este género de romances conser-
vados por tradición, el nombre de corrido ó carrerilla, sin
duda por el modo de recitarlos.
A estos eruditos siguió, con menos doctrina, pero con
gran instinto de la poesía popular, la admirable mujer
que hizo famoso en toda Europa el seudónimo de Fernán
Caballero. Precisamente la vitalidad de sus novelas se debe
en gran parte al empleo hábil de todo género de elemen-
(1) El Solitario y su tiempo, I, 802, y II, 122.
(2) E>ntenaf! (tnialuzan... primera edición. Madiid, 1847, pág. 2tl.
156 LÍRICOS GASTELLAKOS
tos tradicioüales, coplas, cantares, adivinanzas, oracio-
nes, cuentos (1). Son varios los romances que intercaló en
sus novelas, algunos viejos y genuinamente populares; y
además acertó á describir con hondo sentimiento el pecu-
liar efecto de su música. Léase esta página de La Ga-
viota (l^^d):
«El pueblo andaluz tiene una infinidad de cantos; son
Ȏstos boleras, ya tristes, ya alegres; el ole, el fandango,
»la caña, tan linda como difícil de cantar, y otras con
»nombre propio, entre las que sobresale el romance. La
»tonada del romance es monótona, y no nos atrevemos á
»asegurar que, puesta en música, pudiese satisfacer á los
yydilettaníi ni á los filarmónicos. Pero en lo que consiste
»su agrado (por no decir encanto) es en las modulaciones
»de la voz que lo canta; es en la manera con que algunas
»notas se ciernen, por decirlo asi, y mecen suavemente,
»bajando, subiendo, arreciando el sonido ó dejándolo mo-
»rir. Así es que el romance, compuesto de muy pocas no-
»tas, es dificilísimo cantarlo bien y genuinamente. Es tan
»peculiar del pueblo, que sólo á estas gentes, y de entre
»ellas á pocos, se lo hemos oído cantar á la perfección;
»parécenos que los que lo hacen, lo hacen como por in-
»tuición. Cuando á la caída de la tarde, en el campo, se
»oye á lo lejos una buena voz cantar el romance con me-
»lancólica originalidad, causa un efecto extraordinario,
»que sólo podemos comparar al que producen en Alema-
»nia los toques de corneta de los postillones, cuando tan
(1) Para formar exacta idea del rico msiterisLl Jolk-Iórico que con-
tienen las novelas de Fernán Caballero, es muy útil el siguiente
opúsculo de Fernando Wolf :
Biitrdge zu.r i^tponischen VolJíspoesii' mis den Wei-ken Fernán Cahallt-
rv\s... Viena, 1859.
Adviértase, sin embargo, que sólo da cuenta de las obras publi-
cadas jjor la ilustre novelista hasta dicho año, 1859.
ADVERTENCrA PRELIMINAR 157
» melancólicamente vibran, suavemente repetidos por los
»ecos entre aquellos magníficos bosques y sobre aquellos
» deliciosos lagos. La letra del romance trata generalmen-
»te de asuntos moriscos (1), ó refiere piadosas leyendas, ó
»tristes historias de reos. Estos famosos y antiguos ro-
» manees, que han llegado hasta nosotros de padres á hi-
»jos, como una tradición de melodía, han sido más esta-
»bles sobre sus pocas notas confiadas al oído, que las gran-
»dezas de España apoyadas con cañones sostenidas por
»las minas del Perú» (2).
Además de las poesías populares intercaladas en sus
novelas, Fernán Caballero publicó dos colecciones: Cuen-
tos y poesías populares andaluces (Sevilla, 1859), y Cuentos,
oraciones, adivinas y refranes populares é infantiles (1878),
pero en una y otra prescindió de los romances, sin duda
porque llegó á recoger muy pocos.
No son muchos tampoco los que se hallan en las nu-
merosas y útiles publicaciones del grupo folk-lorista de
Sevilla, nacidas en gran parte de la iniciativa y propagan-
da eficaz del malogrado joven D. Antonio Machado y Al-
varez (Demófilo)^ á quien secundaron, con otros varios, el
eminente escritor D. Francisco Rodríguez Marín (Bachiller
Francisco de Osuna), el tierno y elegante poeta D. Luis
Montóte, el ingenioso J. A. de la Torre y Salvador {Micró-
filo), sin contar varios colaboradores de fuera de Andalucía.
Resultado de este movimiento fueron los doce tomos de la
Biblioteca de tradiciones populares españolas (1883-1886),
las revistas tituladas El Folk-Lore andaluz (1882), El
(1) Esto no parece muy exacto, pues de todos los romances
andaluces publicados hasta ahora, sólo hay uno que pertenezca al
género de los moriscos.
(2) Obras completas de Fernán Caballero. (En la Colección de Escri-
torcH caatellanoH), tomo 2.®, La Gaviota, 178-174.
158 LÍRíGOS CASTELLANOS
Foík-Lore hético extremeño (1883, Frexenal) y el Boletín
Folk'lórico español (1885;; las coleccioncitas de enigmas y
de cantes flamencos de Machado, la segunda de las cuales
dio ocasión al magistral estudio de Hugo Schuchardt so-
bre la fonética andaluza (1880-81), el opúsculo de Micr áfi-
lo sobre el Folk-Lore de Guadalcanal (1891), y otra por-
ción de trabajos de mayor ó menor extensión, entre los
cuales debe ocupar el primer puesto la opulenta colección
de Cantos populares españoles, recogidos, ordenados y doc«
tamente ilustrados por D. Francisco Rodríguez Marín
(1882-1883).
(>omo en los cinco tomos de su colección el Sr. E,odi:í-
guez Marín se concreta á la poesía lírica, quedaron fuera
de ella los romances; pero no ciertamente por olvido, sino
para formar una colección aparte, que muy pronto verá
la luz pública, según nuestras noticias. Como anuncio de
ella pueden considerarse los interesantes romances inédi-
tos que engalanan las páginas de este libro, y que el se-
ñor Rodríguez Marín nos ha facilitado con aquel noble
desprendimiento que tan bien sienta en los que saben y
valen lo que él.
Algunos de los modernos folk-loristas, separándose en
esto de la antigua práctica literaria, han transcrito los ro-
mances con su propia ortografía fonética; y por mi parte,
aunque me disuenan algo las palabras estropeadas, he
creído que debía imitarlos, porque este sistema implica
mayor fidelidad y puede dar útiles materiales á quien se
dedique al estudio del dialecto andaluz, siguiendo las hue-
llas de Schuchardt (1).
A los romances andaluces hemos añadido algunos pro-
cedentes de Extremadura, especialmente de la Extrema-
(l) Üí<' -CaiiUuf f (a hit neos ^ por H. Scliucharclt. Halle, 1881. (Eu
el Zeít.^íhriff /,(/■ lout. Fhilologie, V.)
ADVERTENCIA PRELIMINAR 159
dura baja (provincia de Badajoz), región limítrofe y hasta
cieno punto análoga en lenguaje y costumbres al reino de
Sevilla, al cual pertenecen ahora algunos pueblos como
Guadalcanal, que antes fueron extremeños.
Las muestras de romances andaluces recogidas hasta
ahora nos hacen entrever ó adivinar la existencia de mu-
chos más, que acaso podrían lograrse en la Andalucía
alta (reinos de Jaén y Granada) que han sido muy poco
explorados bajo este aspecto, y que por sus condiciones
geográficas se prestan más á la conservación de tal géne-
ro de poesía. Hasta ahora, casi todos los colectores, desde
Eernán Caballero hasta Rodríguez Marín, han sido de
Sevilla ó de los puertos, donde las reliquias de la poesía
narrativa tienen que luchar, no sólo con la invasión de
los elementos extraños, sino con el predominio de una
poesía lírica popular extraordinariamente rica y que se
renueva de continuo, al par que lo épico y legendario, allí
como en todas partes, va borrándose de la memoria del
vulgo.
Siendo muchos de estos romances versiones distintas
de los que ya conocemos por la tradición asturiana, son
aplicables á ellos las notas que en la sección anterior pu-
simos, y sólo advertiremos algo que peculiarmente se refie-
re á las variantes de Andalucía.
ROMANCES TRADICIONALES
DE
1.
Romance de Crerineldo. — I
«Gerineldos, Gerineldos, — mi camarero pulido,
> ¡quién te tuviera esta noche — tres horas á mi servicioU
— «Como soy vuestro criado,— Señora, burláis conmigo».
— «No me burlo, Gerineldos, — que de veras te lo digo».
—«¿A cual hora, bella Infanta — complireis lo prometido?»
— «Entre la una y las dos, cuando el rey esté dormido».
Levantóse Gerineldos, — abre en secreto el rastrillo,
calza sandalias de seda— para andar sin ser sentido.
Tres vueltas le da al palacio —y otras tantas kl castillo.
— «Abraisme, dijo, señora, — abraisme, cuerpo garrido».
— «¿Quién sois vos el caballero— que llamáis así al postigo?»
— «Gerineldos soy, señora, — vuestro tan querido amigo
Tomáralo por la mano,— á su lecho lo ha subido,
y besando y abrazando— Gerineldos se ha dormido.
Recordado había el rey — del sueño despavorido,
tres veces lo había llamado - ninguna lo ha respondido.
«Gerineldos, Gerineldos,— mi camarero pulido,
¿si me andas en traición — trátasme como á enemigo?
Tomo X. 11
LÍRICOS CASTELLAx\OS
Ó con la Infanta dormías — ó el alcázar me has vendido».
Tomó la espada en la mano, — con gran saña va encendido,
fuérase para la cama — donde á Gerineldos vido.
Él quisiéralo matar, — más crióle desde niño.
Sacar^ luego la espada, — entre entrambos la ha metido,
para que al volver del sueño— catasen que el yerro ha visto:
recordado hubo la Infanta — vió la espada y dió un suspiro.
«Recordar heis, Gerineldos, — que ya érades sentido;
que la espada de mi padre — de nuestro yerro es testigo».
Gerineldos va á su estancia— le sale el rey de improviso.
«¿Dónde vienes, Gerineldos, — tan mustio descolorido?»
— «Del jardín vengo, señor, de coger flores y lirios,
y la rosa más fragante— mis colores ha comido. [mido,
— «Mientes, mientes, Gerineldos, — que con la Infanta has dor-
testigo de ello mi espada, — en su filo está el castigo» (1).
2.
€)reriiieldo«— II
(Variante de Osuna.)
— Gerineldo, Gerineldo, — paje del rey más querido,
iquién te cogiera una noche — tres horas á mi albedrío!
— Gomo soy vuestro criado, — señora, burláis conmigo.
— No me burlo, Gerineldo, — que de veras te lo digo.
— ¿A qué hora, gran señora,— se cumple lo prometido?
— Entre las doce y la una, — cuando el rey esté dormido,
con alpargates de 8eda*(2); — porque no seas sentido,
das tres vueltas á palacio— y otras tres das al castillo.
— ¡Traición, traición en palacio!— ¿Quién ha sido el atrevida
(1) Variante del núm. 161 a de la Primavera, pero muy abreviado Pu-
blicó esta lección Y). Serafín Estébanez en aus Escenas andaluzas, 214-215.
(2) En otra lección :
«Calza zapato de seda».
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 163
que se arrima á tai aposento— sin pedir permiso mío?
— No se asuste usté, señora, —que es Gerineldo pulido,
que entre las doce y la una — viene á lo prometido.
Entablaron una lucha — los dos á brazo partido,
á eso de la media noche — el sueño los ha rendido.
A eso de la madrugada,— procura el rey sus vestidos.
— ¡Gerineldo, Gerineldo, — paje del rey más queridol
Unos dicen: no está en casa.— Otros dicen: ha saUdo.
Tiró el rey de la espada, — al cuarto 'e la infanta ha ido;
los ha cogido durmiendo— como mujer y marido.
Tiró el rey de la su espada; — entre los dos 1' a metido;
al resfrior de la espada— despierta despavorido.
— ^Gerineldo, Gerineldo, — paje del rey más querido,
que la espada del mi padre — entre los dos ha dormido.
— ¿Dónde me iré, gran señora, — que no sea conocido?
— Retírate á ese jardín — cogerás ñores y lirios.
— Gerineldo, Gerineldo, — paje del rey más querido,
¿dónde vienes Gerineldo,— tan triste y descolorido?
No te mato, Gerineldo, — que te crié desde niño,
y si mato á la Princesa, — queda er palacio perdido (1).
3.
Gerineldo — III
(Variante de Guadalcanal.)
— Gerinerdo Gerinerdo, — mi camarero pulido,
¡quién estubiera 'sta noche— tres horas en tu arbedrío!
— Como soy buestro criado, — burlarse queréis cormigo.
— No es mentira, Gerinerdo,— que de beras te lo digo.
Han dado las doce y media f — Gerinerdo en er castiyo,
con arpagatas de seda, — para no ser sentidiyo.
(1) J)e hx colección manuscrita de D. Francisco Rodríguez ALuín.
LIRICOS GASTtíLL4N0S
Cada escalón que subía — le costaba un suspiriyo.
Ar subir el úrtimo escalón — la Princesa lo ha sentido.
— ¡Oh! ¿quién será 'ste aleboso? — ¡Oh! ¿quién será 'ste atre-
— Señora, soy Gerinerdo, — que bengo á lo prometido, [bido?
Lo ha agarrado por la mano, — en su cama lo ha metido:
entre juegos y deleites — los dos se quedan dormidos.
Ha despertado el rey — dos horas del sol salido :
ha subido la escalera, — los ha encontrado dormidos.
— No te mato, Gerinerdo, — que te crié dende niño,
y si mato á la Princesa — dejo ar palacio perdido :
pondré mi espada por medio — pa que sirva de testigo. —
Despierta la Princesa, —tres horas del sol salido :
— Lebántate, Gerinerdo, — mira que somos perdidos»
que la espada de mi padre —sirbiendo está de testigo.
— ¿Por dónde me iré yo ahora — para no ser sentidiyo?
— Por los jardines del rey, — cogiendo rosas y lirios.
El rey, como lo sabía, — al encuentro le ha salido :
— ¿D' aonde bienes, Gerinerdo,— tan triste y tan aburrido?
— Bengo del jardín, güen rey,— de coger rosas y lirios;
la fragancia d' una rosa — er color me lo ha comido.
— Es mentira, Gerinerdo, — con la Princesa has dormido.
— Oáme la muerte, güen rey, — que bien me la he meresido.
— Del jardín vengo, señor, — de coger flores y lirios;
la fragancia de una rosa— el color me habrá comido.
— No lo niegues, Gerinerdo, — que con la infanta has dormido.
— Máteme usted, gran señor, — que delito he cometido.
— No te mato, Gerinerdo,^ — que te crié dende niño,
y si mato á la Prinsesa — queda mi reino perdido.
Yo vos pondré en una casa — como mujer y marido (1).
(1) Publicado por D. J. A. Torre (Micrójiló) en su curioso opúsculo Un
capítulo de Folk-Lore Guadalcanalense (Sevilla, 1891), pá?. 93.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCIA Y EXTREMADURA 4 65
4.
£1 Conde del ^ol. — I
(Variante de Osuna.)
Se publicaron las guerras — que de Francia á Portugal
nombra al conde Gerineldo,— su capitán general.
La reina como es tan niña, — no hace más que llorar.
— ¿Cuántos días, cuántos meses — hombre ha de echar por
. — Si á los siete no viniere, — niña, te puedes casar. [allá?
Ya los siete van pasados — camino de ocho va:
le pidió licencia al padre, — para salirlo á buscar.
El padre como es tan niña, — no se 1' a querido dar;
se vistió de pelegrino — y le ha salido á buscar.
En una montaña oscura, — se ha encontrado una vacá.
— Vaquerito, vaquerito, — por la santa Trinidad,
que me niegues la mentira— y me digas la verdad.
¿De quién son tantos ganados— con tanto hierro y señal?
— Son del conde Gerineldo— que ya está para casar.
—•Toma este doblón de oro,— vaquerito, y ponme allá.
La ha agarrado de la mano — y la puso en el portal.
Fué pidiendo una limosna — por la Santa Trinidad.
Salió el conde Gerineldo — y se la ha salido á dar.
— ¿Eres Roberto, señora,— que me ha salido á buscar?
— No soy Roberto, señor, — que soy tu esposa estimá.
Toma este puñal dorado — y dame de puñalás.
— ¿Cómo quieres que te mate, — si eres mi esposa estimá? (1).
(1) De ia colección manuscrita de l). Francisco Rodríguez Marín.
166
LIRICOS CASTELLANOS
5. ^
El Conde del Sfol.-II
Grandes guerras se publican — entre España y Portugal;
y al Conde del Sol le nombran — por capitán general.
La Condesa, como es niña,— todo se la va en llorar.
— «Dime, Conde, cuantos años, — tienes de echar por allá».
— «Si á los seis años no vuelvo,— os podréis, niña, casar».
Pasan los seis y los ocho, — y los diez se pasarán,
y llorando la Condesa — pasa así su soledad.
Estando en su estancia un día, — la fué el padre á visitar.
— «¿Qué tienes, hija del alma,— que no cesas de llorar?»
— «Padre, padre de mi vida, — por la del Santo Grial (1),
que me deis vuestra licencia— para el Conde ir á buscar».
— Mi licencia tenéis, hija; — cumplid vuestra volnntad».
Y la Condesa á otro día, — triste fué á peregrinar.
Anduvo Francia y la Italia — tierras, tierras sin cesar.
Ya en todo desesperada — tornábase para acá,
cuando gran vacada un día— halló en un ancho pinar.
— «Vaquerito, vaquerito, — por la Santa Trinidad,
que me niegues la mentira, — y me digas la verdad :
¿de quién es este ganado — con tanto hierro y señal?*
— «Es del Conde el Sol, señora, — que hoy está para casar)^.
— «Buen vaquero, buen vaquero, — ¡así tu hato veas medrarl
que tomes mis ricas sedas —y me vistas tu sayal,
y tomándome la mano— á su puerta me pondrás,
á pedirle una limosna, — por Dios, si la quiere dar».
Al llegar á los umbrales, — veis al Conde que allí está,
cercado de caballeros,— que á la boda asistirán.
—«Dadme, Conde, una limosna.» — El Conde pasmado se ha
—«¿De qué país sois, señora?» — «Soy de España natural».
(1) Este rasgo erudito, y que en ninguna otra versión se halla, fué se-
guramente añadido por El Solitario.
ROMANCES TRAD. DE ANDALüCrA Y EXTREMADURA 107
— «¿Sois aparición, romera, — que venisme á conturbar?
— «No soy aparición, Conde, — que soy tu esposa leal*.
Cabalga, cabalga el Conde,— la Condesa en grupas vá,
y á su castillo volvieron, — sanos, salvos y en solaz.
(Publicado por D. Serafín Estébanez Cal
derón en sus Escenas andaluzas, 1847,
pp. 209-211. Es variante muy abrevia
da del niím, 135 de la Pj-imcTcra .)
().
Del^adina. — I
Tenía una vez un rey —tres hijas como una plata;
la más chica de las tres — Delgadina se llamaba.
Un día estando comiendo, - dijo al Rey que la miraba:
— Delgada estoy, padre mío — porque estoy enamorada.
—Venid, corred, mis criados, — á Delgadina encerradla :
si os pidiese de comer, dadle la carne salada;
y si os pide de beber, — dadle la hiél de retama. —
Y la encerraron al punto — en una torre muy alta.
Delgadina se asomó^por una estrecha ventana,
y á sus hermanas ha visto— cosiendo ricas toballas.
— jHermanas! jsi sois las mías... — dadme un vasito de agua,
que tengo el corazón seco, — y á Dios entrego mi alma!
— Yo te la diera, mi vida,— yo te la diera, mi alma;
mas si padre Rey lo sabe— nos ha de matar á entrambas.
Delgadina se quitó— muy triste y desconsolada.
A la mañana siguiente — asomóse á la ventana,
por la que vió á sus hermanos — jugando un juego de cañas.
—¡Hermanos! ¡si sois los míos... — por Dios, por Dios, dadme
que el corazón tengo seco— y á Dios entrego mi alma! [agua,
—Quítate de ahí, Delgadina, que eres una descastada:
si mi padre el Rey te viera, — la cabeza te cortara.
Delgadina se quitó— muy triste y desconsolada.
^68 LIRICOS CASTELLANOS
A otro día apenas pudo— llegar hasta la ventana,
por la que ha visto á su madre — bebiendo en vaso de plata.
— ¡Madre! ¡si es que sois mi madre, — dadme un poquito de
que el corazón tengo seco— y á Dios entrego mi alma, [agua!
— Pronto, pronto, mis criados,— á Delgadina dad agua,
unos en jarros de oro, — otros en jarros de plata. —
Por muy pronto que acudieron, — ya la hallaron muy postrada*
A la cabecera tiene — una fuente de agua clara;
Los ángeles la rodean— encomendándole el alma,
la Magdalena á los pies — cosiéndole la mortaja,
el dedal era de oro,— y la aguja era de plata.
Las campanas de la gloria— ya por ella repicaban:
los cencerros del infierno — por el mal padre doblaban.
(Variante andaluza publicada por Fernán
Caballero en su diálogo Cos¿^ cudi-
plida... sólo eii la otra vida. Madrid,
1857, págs. 16-18. Wolf, Beitráge zur
spariischen Volkspoesie aus den Wer-
ken Fernán Caballero's, Viena, 1859,
7.
Algarina (Delg^adina). — II
Tres hijas tiene el Eey Moro— más bonitas que la plata,
y la más rechiquitita, — Algarina se llamaba.
Un día estando en la mesa, — su padre la recreaba:
— Algarina, anda á comer. — Padre, si no tengo gana.
— Acudid todos los mozos, — para que sea encerrada
en el cuarto más ozcuro, — que hubiera en toda la casa :
y si pide de comer, — dadle carne muy salada;
y si pide de beber, —dadle sumo de retama.
Se entró Algarina llorando, --llorando que reventaba,
con lágrimas de sus ojos— toda la sala regaba;
con las trensas de su pelo, — toda la sala esteraba.
Al otro día siguiente, — se ha asomado á una ventana;
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 1G9
vio á su hermano en el jardín,— jugando á broches de plata.
— Hermano, si eres mi hermano, — dadme una poca de agua,
(jue el corazón me lo pide — y á Dios le entrego mi alma. —
—Yo te la diera, Algarina, — yo te la diera, mi alma,
pero si padre se entera — á tí y á mí nos mataba.
Se entró Algarina llorando, — llorando que reventaba ^
con lágrimas de sus ojos —toda la sala regaba;
con las trensas de su pelo, — toda la sala esteraba.
Al otro día siguiente, — se ha asomado á la ventana;
ve á su hermana en el jardín, — y de este modo le habla:
— Hermana, si eres mi hermana,— dame una poca de agua,
(jue el corazón me lo pide, — y á Dios le entrego mi alma. —
— Yo te la diera, Algarina, — yo te la diera, mi alma,
pero si padre se entera — á tí y á mí nos matara.
Se entró Algarina llorando , — llorando que reventaba,
con lágrimas de sus ojos — toda la sala regaba;
con las trensas de su pelo,— toda la sala esteraba.
Al otro día siguiente, — se ha asomado á la ventana;
ve á su padre en el jardín, — sentado en sillón de plata.
— Padre, si usted es mi padre, — déme unii poca de agua,
que el corazón me lo pide, — y á Dios le entrego mi alma. —
— Entrate, só recochina, — éntrate, só avergonzada,
que no quisistes hacer— lo que tu padre mandaba. —
Se entró Algarina llorando,— llorando que reventaba,
con lágrimas de sus ojos,— toda la sala regaba;
con las trensas de su pelo, — toda la sala esteraba.
Al otro día siguiente, — se ha asomado á la, ventana;
ve á su madre en el jardín, — sentada en sillón de plata.
— Madre, si usted es mi madre, — déme una poca de agua,
(jue el corazón me lo pide, — y á Dios le entrego mi alma. —
— Acudid todos los mozos,— á darle á Algarina agua,
y el que llegase primero, — con Algarina se casa. —
Unos con jarros de oro, — otros con jarros de plata,
por muy pronto que acudieron, — Algarina muerta estaba.
A los pies la Magdalena —cortándole la mortaja,
y á la cabecera tiene— una pila de agua clara.
170 LIRíGOS C4STELLAN0S \
Los cencerros del infierno, — para su padre tocaban :
las campanas de la gloria, — por Algarina doblaban (1).
8.
Delgadina* — III
(Versión de Guadalcanal.)
Este era un hombre muy rico — que tenía tres hijas,
y la más chica de todas — se y amaba Dergadina.
Un día estando 'n la mesa — su padre la requebraba :
— Padre, ¿qué tengo yo, — que mira tanto mi cara?
—Que si fueras mi mujer— fueras la reina de España.
— No lo permitan los cielos — ni la hostia consagrada.
— Subir todos mis criados — y enserrarla 'n una sala;
y si pide de beber — darle sumo de retama,
y si pide de comer,— carne de perro salada;
y si pide de corchón — los ladrillos de la sala. —
Ar cabo d' unos tres días,— y también d' una semana,
Dergadina s' ha asomado— por una bentana arta,
y bido á sus agüelitas — peinándose ricas canas:
—Agüelas, si seis agüelas, — por Diog, una poca d' agua,
que 'r corasón se me seca — y la vida se m' acaba.
— Quítate, perra judía,— quítate, perra marbada,
que si padre rey nos hiera — la cabeza nos cortaba.
Dergadina s' ha metido — muy triste y desconsolada;
con lágrimas de sus ojos—toda la sala regaba;
con la sangre de sus benas— las paderes charpicaba.
Ar cabo de unos tres días, — y también d' una semana,
Dergadina s' ha asomado — po' una bentana mág arta,
y bido á sug hermanitas —bordando ricas tohayas :
— Hermanas, si seis las mías, — por Diog, una poca d' agua,
que er corasón se me seca — y la bida se m' acaba.
(1) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA il I
— Quítate, perra judía, — quítate, perra marbada,
que 8i padre re}'^ nos hiera — la cabeza nos cortaba.—
Dergadina s' ha metido — muy triste y desconsolada;
ron lágrimas de sus ojos — toda la sala regaba;
con la sangre de sus benas — las paredes charpicaba<
Ar cabo d' unos tres días, — y también d' una semana,
Dergadina s' asomado— po' 'otra bentana mág arta,
y bido á su padre rey, — sentado en siyón de plata :
— Padre rey, si usté es mi padre, — por Dios, una poca d' agua
que V corasón se me seca — y la bida se m' acaba.
— Yo te la daré, si jases— lo que padre rey te manda.
Dergadina s' ha metido— muy triste y desconsolada;
con lágrimas de sus ojos — toda la sala regaba;
con la sangre de sus benas— las paderes charpicaba.
Ar cabo d' unos tres días, — y también d' una semana,
Dergadina s' ha asomado— po' 'tra bentana mág arta,
y bido á su madre reina — en siyón d' oro sentada :
— Madre reina, si es mi madre, — por Diog, una poca d' agua,
que mág de sé que de jhambre— á Dios le entriego mi arma.
— Subir todos mis criados, — y echarle á mi hija agua,
unos con basos d' oro— y otros con basos de plata.
Ar subir por la 'scalera— Dergadina que espiraba,
y á la cabesera tiene — una fuente que le mana,
con un letrero que dice : — «Murió pór farta de agua».
Las campanas de la gloria— por Dergadina doblaban;
las campanas del infierno — por su padre repicaban (1).
(l) Un capítulo del Fofk-Lore Guadalcanalense por Micrójilo (J. A. de
la Torre y Salvador). Sevilla, 1891, págs. 78-82. Dice que «ha escogido en-
tre varias la versión del texto por ser la más completa de cuantas copió
de la tradición oral . Añade que en algunas de ellas la heroína se llama
Doña Elvira^ y que en el final intervienen, ya San José y Santa Ana, ya
la Magdalena .
San José tiene la vela,
Santa Ana la amortajaba ..
La Magdalena á los pies
haciéndole la mortaja,
con agujitas de oro
y dedalito de plata.
472
LIRICOS CASTELLANOS
9.
HeSgadina (0ergardlna)« — 1\
Un padre tenía tres hijas, — más bonitas que la plata,
y la más rechiquitita, — Bernardina se llamaba.
Bergardina se pasea — por una sala cuadrada,
ijon gargantilla de oro — y el pelo que le arrastraba.
Estando un día comiendo, su padre la retrataba,
y le dijo —Bergardina, — tú has de ser mi enamorada.
— No lo permita Dios, padre, — ni la Virgen consagrada.
— Vengan pronto los criados — y á Bergardina encerrarla
en un cuarto muy profundo - que en este palacio haiga,—
Ella se metió pá dentro —con las lágrimas saltadas,
con lágrimas de sus ojos — todo el cuarto lo regaba.
—Y si pide de comer — darle carne muy salada,
y si pide de beber— darle zumo de retama. —
Al otro día siguiente —por un balcón se asomaba,
y vió á sus dos hermanitos —jugando al juego de damas.
— Hermano, por ser mi hermano, — dame una poca de agua,
que tengo más sed que hambre ~y á Dios le entrego mi alma.
— Calla, puerca, deshonesta, — cochina, desvergonzada,
que no quisistes hacer — lo que el Eey padre mandaba.
Al otro día siguiente— por un balcón se asomaba,
y vió á su madre venir — peinándose puras canas.
— Madre, por ser vos mi madre, — dadme una poca de agua,
que tengo más sed que hambre ~y á Dios le entrego mi alma.
— Hija de mi corazón, — te la diera de buena gana;
pero si padre se entera,— el pescuezo me cortara.
Al otro día siguiente— se asomó por otra ventana,
y vió á su padre sentado — en sillón de rica plata.
— Padre, por ser vos mi padre, — dadme una poca de agua,
que tengo más sed que hambre, — y á Dios le entrego mi alma.
— Vengan pronto los criados— y á Bergardina con agua,
unos con jarros de oro— y otrós con jarros de plata;
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCIA Y EXTREMADURA 4 73
el que venga más primero, — con Bergardina se casa. —
A la vuelta los criados— á Bergardina encontraron
con ángeles á la cabecera
y á los pies la Magdalena — que tristemente lloraba.
Repiquen las campanas de la gloria — por Bergardina que ha
y para su padre, — las campanas, del infierno (1). [muerto.
10.
Ilelgadina (i^n^eliiia). — V"
Rey moro tenía tres hijas— bonitas como la plata,
la más bonita de todas— Angelina se llamaba.
Un día estando en la mesa— su padre que la miraba.
— ¿Qué me miras, padre mío,— qué me miras á la cara?
—Yo te miro, hija mía, — que has de ser mi soberana.—
— No lo permita \ni Dios — ni mi Virgen soberana,
que sea madre de mi madre — y madre de mis hermanas.
Mandó el padre la encerrasen— en una sala cuadrada.
Si pidiera de comer,— carne de perro salada.
Para dormir le pusieron— un montoncito de paja.
A los tres días se ha asomado —Argelina á una ventana,
y vió á su querido hermano— que á la pelota jugaba.
— Hermano, si eres mi hermano, — dame una poca de agua,
que el corazón tengo seco— y á Dios entrego mi alma. —
— Métete para adentro —cochina desvergonzada,
que no quisistes hacer, — lo que tu padre mandaba.—
Se mete Angelina dentro, — llorando que reventaba.
A los tres días se ha asomado — Angelina á otra ventana,
y vió á su hermana querida— bebiendo en jarro de plata.
— Hermana, si eres mi hermana, — dame una poca de agua,
que el corazón tengo seco — y á Dios quiero dar el alma.
(l) Versión de Bormujos (provincia de Sevilla), publicada por Machado
y Alvarez, en el Folk-Lore andaluz (p. 320).
174
LÍRICOS CASTELLANOS
— Métete para adentro— cochina, desvergonzada,
que no quisistes hacer —lo que padre te mandaba. —
Se mete Angelina dentro— llorando que reventaba,
con lágrimas de sus ojos —toda la sala regaba.
A los tres días se ha asomado— Angelina á otra ventana,
y vió á su querida madre — peinando sus ricas canas.
— Madre, si eres mi madre, — dame una poca de agua,
que el corazón tengo seco — y á Dios pienso dar mi alma. —
— Yo te la quisiera dar, — pero si padre se entera
las dos moriremos juntas
Se mete Angelina dentro — llorando que reventaba.
Con el pelo que tenía— toda la sala barría,
con las lágrimas que echaba — toda la sala regaba.
A los tres días se ha asomado —Angelina á otra ventana,
y vió á su querido padre— que en su trono descansaba.
— Padre, si eres mi padre,— dame una poca de agua,
que el corazón tengo seco — y á Dios pienso dar el alma. —
Ha mandado á sus ministros — con jarros de oro y de platu,
y el que llegara primero — con Angelina se éasa.
Todos han llegado juntos, — Angelina muerta estaba,
los ángeles le cantaban — con clarines y guitarras,
y al cielo se la llevaban (1)
11.
Oelgadina. — VI
(Versión de Zafra.)
Este era un rey con tres hijas— más hermosas que la plata,
A la más rechiquetita — Delgadina la llamaban.
Estando un día merendando— su padre el rey Ja miraba.
(1) Versión de Sevilla, publicada por A. Machado y Alvarez en El Folk-
Lore Andaluz {p-dg 32J;.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCIA Y EXTREMADURA 175
— ¿Qué me mira usté mi padre, — qué me mira usté á la cara?
— Que antes de salir el sol — has de ser mi enamorada:
— No lo quiera Dios del cielo — ni la reina soberana,
del padre que me engendró — sea yo la enamorada. —
Mandó á los cuatro criados, — los que trajo de Granada,
([ue la lleven á matar, — la encierren en una sala,
y si pide de comer — le den sardinas saladas,
y si pide de beber— le den zugo de retama.
Ya se va la Delgadina, — ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos— toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días— s' ha asomado á una baranda,
y ha visto á sus hermanitos— jugando un juego de cañas.
— Mi hermano, por ser mi hermano, — que me des una sed de
[agua;
que no la pido por vicio,— que á Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca — y el aliento se m* acaba.
— Yo te la diera, alma mía,— yo te la diera, mi hermana;
pero si padre lo sabe — la cabeza nos cortara. —
Ya se va la Dplgadina,- ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos — todas las salas regaba.
Al cabo de ocho días — s' h' asomado á otra baranda,
y ha visto sus hermanitas— haciendo medias caladas, [agua;
— Mi hermana, por ser mi hermana, — que me des una sed de
que no la pido p^r vicio,— que á Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca — y el aliento se m acaba.
— Yo te la diera, alma raía, — yo te la diera, mi hermana;
Pero si padre lo sabe — la cabeza nos cortara.
Ya se va la Delgadina, — ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos— toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días — s' h' asomado á otra baranda,
y ha visto su madrecita — alisándose las canas.
— Mi madre, por ser mi madre,— que me des una sed de agua;
que no la pido por vicio, — que á Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca— y el aliento se m' acaba.
— Yo te la diera, hija mía, — yo te la diera, mi alma;
Mas si tu padre lo sabe - la cabeza me cortara.
LIRICOS CASTELLANOS
Ya se va la Delgadina,— ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos— toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días — s' h' asomado á otra baranda
y ha visto al rey, su padre,— sentado en sillón de plata.
— Mi padre, por ser mi padre,-— que me des una sed de agua
que no la pido por vicio,— que á Dios le entrego rai alma,
Que se me seca la boca, — y el aliento se m' acaba.
— Yo te la diera, hija mía,— yo te la diera, mi alma,
pero h* hecho juramento — sobre la cruz de mi espada,
de no darte de beber — á no ser mi enamorada.
Ya murió la Delgadina— ya murió la desgraciada.
Las Campanas de la Gloria— por Delgadina doblaban;
Las Campanas del Infierno— por su padre repicaban (1).
12.
Xias tres Cautivsis»
A la verde, verde,— á la verde oliva,
donde cautivaron — á mis tres cautivas.
El picaro moro — que las cautivó,
á la reina mora— se las entregó.
¿Qué nombre tienen — estas tres cautivas?
—La mayor Constanza, — la menor Lucía,
á la más pequeña,— t/aman Rosalía.
— ¿Qué oficios daremos — á estas tres cautivas? —
Constanza amasaba, — Lucía cernía,
y la más pequeña — agua les traía.
Diendo un día por agua — á la Fuente Fría,
se encontró un anciano — que d' ella bebía,
(1) Publicó esta notable versión D. Sergio Hernández en El Folk-Lon
Bético- Extremeño (Fregenal 1883), pp. 125-127.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA ill
— ¿Qué hace usté ahí, buen viejo— en la Fuente Fría?
—Estoy aguardando — á mis tres cautivas.
— Pues usté es mi padre— y yo soy su hija;
voy á darle parte — á mis hermanitas.
— Ya sabes, Constanza, — ya sabrás, Lucía,
como he visto á padre — en la Fuente Fría.
Constanza yoraba, — Lucía mía,
y la más pequeña — así les decía :
— No yoreSf Constanza, —no gimas, Lucía;
que en viniendo el moro— larga nos daría.
La picara mora— que las escuchó,
abrió una mazmorra — y ayi las metió.
Cuando vino el moro— de ayí las sacó,
y á su pobre padre — se las entregó (1).
13.
Don Pedro.
(Versión de Zafra.)
Ya viene D. Pedro — de la guerra herido;
viene con el ansia— de ver á su hijo.
—Cúreme usté, madre, — estas tres heridas,
que me voy á ver — la recién parida.
— ¿Cómo estás, Teresa, — de tu feliz parto?
—Yo buena, D. Pedro, — si tú vienes sano.
— Acaba, Teresa, — con esas razones;
que m' está aguardando— el rey en la corte.
(1) Folk-Lore Bético- Extremeño, 128-129. El colector D. Sergio Hernán-
dez pone esta nota antes de los dos últimos versos: «Hasta aquí llega la
«canción tal como la aprendimos en Zafra cuando pequeños; posteriormen-
te la hemos oído cantar á unaaiiña en El Monti jo, y á lo ya referido, agre-
»gaba, como conclusión, la última cuarteta». Por el metro y por el estilo,
€sta linda canción recuerda la de Don Bueso*
Tomo X. 12
LÍRICOS CASTELLANOS
Al salir del cuarto — don Pedro que espira;
se quedó la madre — triste y afligida.
Tocan las campanas; — vienen por don Pedro,
se quedó la madre — haciéndole el duelo.
— Madre, la mi madre,— la mi siempre amiga,
pero ¿esas campanas— por quién las repican?
— Por tí, la mi alma, — por tí la mi vida;
son juegos de cañas — porque estás parida.
— Madre, la mi madre, — la mi siempre amiga,
¿qué saya me pongo— para ir á la misa?
— La negra, mi alma,— la negra, mi vida;
yeva la de sarga— que te convenía.
Al entrar en misa — la gente decía:
— La viudita honrada, — la viudita linda;
¡qué saya me trae — pa venir á misal
Trae la de sarga — que le convenía.
— Madre, la mi madre, — la mi siempre amiga,
¿pero esas palabras — por quién las dirían?
— Por tí, la mi alma, — por tí, la mi vida,
que don Pedro es muerto, — tú no lo sabías.
Se metió en su sala, — corrió las cortinas.
— Si don Pedro es muerto, — no es razón yo viva (1).
(1) Esta preciosa variante recogida en Zafra, ha sido publicada por don
Sergio Hernández en El Folk Lore Bélico- Extremeño^ pp. 129-130. En la
misma revista (182-183) publicó D. Antonio Machado y Alvarez algunos frag-
mentos de otras versiones menos puras del mismo romancillo, procedentes
de Badajoz, Montánchez (provincia de Cáceres) y Constan tina (provincia de
Sevilla).
Compárese con los romances asturianos que llevan los números 42 y 43.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 179
14.
Eia esposa infiel. — I
Estando un caballerito— en la isla de León,
se enamoró de una dama — y ella le correspondió.
Que con el aretín, — que con el aretón (1).
— Señor, quédese una noche,— quédese una noche ó dos;
que mi marido está fuera— por esos montes de Dios.
Estándola enamorando, — el marido que llegó :
— Abreme la puerta, cielo, — ábreme la puerta, sol.
Ha bajado la escalera, —quebradita de color;
— ¿Has tenido calentura? — ¿ó has tenido nuevo amor?
— Ni he tenido calentura,— ni he tenido nuevo amor;
me se ha perdido la llave— de mi rico tocador.
— Si las tuyas son de acero,— de oro las tengo yo.
¿De quién es aquel caballo— que en la cuadra relinchó?
— Tuyo, tuyo, dueño mío, — que mi padre lo mandó,
porque vayas á la boda— de mi hermana la mayor.
— Viva tu padre mil años, — que caballos tengo yo.
¿De quién es aquel trabuco— que en aquel clavo colgó?
— Tuyo, tuyo, dueño mío, — que mi padre lo mandó,
para llevarte á la boda— de mi hermana la mayor.
— Viva tu padre mil años,— que trabucos tengo yo.
¿Quién ha sido el atrevido — que en mi cama se acostó?
— Es una hermanita mía, — que mi padre la mandó,
para llevarme á la boda - de mi hermana la mayor.
La ha agarrado de la mano, — al padre se la llevó :
— Toma allá, padre, tu hija, — que me ha jugado traición.
— Llevátela tú, mi yerno,— que la iglesia te la dió.
La ha agarrado de la mano, — al campo se la llevó.
Le tiró tres puñaladas, — y allí muerta la dejó.
La dama murió á la una — y el caballero á las dos (2).
(1) Este estribillo se repite en todas las coplas del romance.
(2) Fernán Caballero publicó este romance en La Gaviota (Madrid, 1858) ,
180
LÍRICOS CASTELLANOS
15.
Eia esposa infiel.— II
(Versión de Guadalcanal.)
Mañanita, mañanita, — mañanita e San Simón,
estaba una señorita— sentadita *n su balcón,
muy peinada y muy lavada, — los ojitos d* arrebol.
Ha pasad' un cabay ero,— hijo del emperador,
con la guitarra en la mano — tocándol' el estrebol.
tomo págs. 12S-131. No dice dónde le recogió: probablemente en algu-
no de los pueblos de la Bahía de Cádiz.
Fernán Caballero intercaló en sus libros otras poesías populares, que
por el metro no son enteramente romances, pero sí por su origen. Tal es
la siguiente canción que trae en su novela ¡Pohre Dolores! (1857? pági-
nas 210-11), y que seguramente es uaa forma degenerada del Romance de
una gentil dama y un rústico pastor (núm. 45 de la Primavera) y de la
glosa de Alonso de Alcaudete :
Llámabale la doncella
y dijo el vil :
al ganado tengo de ir.
—Pastor, que estás en el campo— de amores tan retirado,
yo te vengo á proponer— si quisieres ser casado.
—Yo no quiero ser casado,— responde el villano vil :
' tengo el ganado en la sierra :— adiós, que me quiero dír.
—Tú, que estás acostumbrado— á ponerte esos sajones.
Si te casaras conmigo— te pusieras pantalones.
—No quiero tus pantalones,— responde el villano vil :
tengo el ganado en la sierra :— adiós, que me quiero ir.
—Tú, que está¿ acostumbrado— á ponerte chamarreta,
si te casaras conmigo— te pondrías tu chaqueta.
—Yo no quiero tu chaqueta,— responde el villano vil :
tengo el ganado en la sierra : —adiós, que me quiero ir.
—Tú, que estás acostumbrado— á dormir entre granzones,
si te casaras conmigo -durmieras en mis colchones.
—Yo no quiero tus colchones,— responde el villano vil :
tengo el ganado en la sierra :— adiós, que me quiero ir.
—Te he de poner una fuente— con cuatro caños dorados,
para que vayas á ella— á dar agua á tu ganado.
—Yo no quiero tu gran fuente,— responde el villano vil :
ni mujer tan amorosa— yo no quiero para mí.
ROBIANGES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 181
— ¡Quien durmiera con ti, lunal — ¡quién durmiera con ti, sol!
— Mi marido no 'stá en casa; — benga usté una noche ó dos;
mi marido no está en casa, — que está en montes de León:
y para que no biniere —le 'charé una mardisión. —
A eso de benir er día, — er marío que yamó :
—Ábreme la puerta, luna,— ábreme la puerta, sol,
que te traigo un pajarito — de los montes de León. —
Se ha levantado la niña, — mudadita de color :
— ¿Has tenido calentura,— ó has tenido mal d' amor?
— Ni he tenido calentura — ni he tenido mal d' amor;
me s' ha perdido la yabe —de tu hermoso tocador.
— Si la yabe era de jhierro, — de plata te T haré yo;
que 'r jherrero está 'n la fragua, — y er platero 'n er mesón.
Estando en estas rasones — er cabayo relinchó:
— ¿De quién es ese cabayo— que 'n la cuadra relinchó?
— Tuyo, tuyo, cabayero, — mi padre te lo compró,
— Biba tu padre mir años, — que 'n bida lo heredo yo.
— ¿De quién es esa escopeta— que 'n er rincón beo yo?
— Tuya, tuya, cabayero,— que mi padre te la dió,
pa que caces los sirgueros— de los montes d^ León.
— ¿De quién es ese capote— que 'stá ensima ese siyón?
— Tuyo, tuyo, cabayero, — mi padre te lo compró.
— ¿De quién es aquer sombrero— que en la siya beo yo?
— Tuyo, tuyo, cabayero,— que mi padre te lo dió.
— ¿Y las botas qu' hay debajo,— que desd' aquí beo yo?
Tuyas, tuyas, cabayero, — mi padre te las compró.
Y la agarra de la mano — y en la arcoba la metió.
— ¿Quién es aquer cabayero — qu' en la cama veo yo?
Es er novio de mi hermana... — de mi hermana la mayor.
Y la coje de la mano— y á su padre la yebó:
— Tío, tenga 'sté su hija — y enséñela 'sté mejor.
— Que la enseñe su marío— que tiene la obligación.
Y la coje de la mano — y á los montes la yebó.
La niña murió á la una — y er caballero á las dos (1).
(1) Micrójilo (Tone), FoIk Lore Guadakanalense, 75-78.
lÍRICOS CASTELLANOS
16.
Ija Esposa Infiel. — III
Mañanita, mañanita, — mañanita del Señor,
estaba una bella dama— sentadita en su balcón,
muy peinada, muy lavada, — su poquito de arrebol.
Ha pasado un caballero— hijo del emperador;
con la guitarra en la mano— una coplita le echó (1).
— Abreme, cara de luna, — ábreme, cara de sol. —
— Mi marido está cazando— en los montes de León,
y que no vuelva más— le echaré una maldición :
cuervos le saquen los ojos — y águilas el corazón,
y los perros con que caza — lo arrastren en procesión (2).
— ¿Dónde pongo este caballo? — En la cuadra lo metió.
— ¿Dónde pongo esta escopeta? — En un rincón la dejó.
— ¿Dónde pongo esta chaqueta? — En la percha la colgó.
-^¿ Dónde pongo estos calzones? — En la silla los dejó.
Estando en estas razones — su marido que llamó :
— Abreme la puerta, luna, — ábreme la puerta, sol. —
Ha bajado Margarita— mudadita de color.
— ó tú tienes calentura- ó tú tienes mal de amor.
-^Yo no tengo calentura —ni tampoco mal de amor,
me se ha perdido la llave - de tu rico comedor.
— Si la tuya era de plata, — de oro la traigo yo. —
Entraron más adelante, — y un perrito que ladró.
—¿De quién es ese perrito — que en mi casa veo yo?
— Tuyo, tuyo, caballero, — que mi padre te lo dió
(1) En otra variante .
Le ha cantado una canción.
(2) También hay en Andalucía una copla que dice, con visible reminis-
cencia del romance :
Cuervos te saquen los ojos— y águilas el corazón,
y serpientes las entrañas— por tu mala condición.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 183
para que fueras de caza— á los montes de León.
— Viva tu padre mil años; — muchos perros tengo yo,
y cuando no los tenía, — no me los mandaba, no. —
Entraron más adelante, — y un caballo relinchó.
— ¿De quién es aquel caballo — que en mi cuadra veo yo?
— Tuyo, tuyo, caballero, — que mi padre te lo dió,
'pa que vayas á la boda — de mi hermana la mayor. —
— Viva tu padre mil años, — caballos no quiero yo,
cuando yo no los tenía,— tu padre no me los dió. —
Entraron en una sala— y una escopeta allí vió.
— ¿De quién es esa escopeta — que en mi casa veo yo? —
— Tuya, tuya, dueño mío, — que mi padre te la dió,
para que fueras de caza — á los montes de León. —
— Viva tu padre mil años, — que escopeta tengo yo;
cuando yo no la tenía — tu padre no me la dió. —
Entraron más adelante, — y en la percha se fijó.
— ¿De quién es esa chaqueta— que en mi percha veo yo?
— Tuya, tuya, caballero, — que mi padre te la dió. —
— ¿De quién es aquella sombra — que va por el corredor?
— La sombra será mi muerte, — que bien la merezco 'yo. —
La ha cogido por la mano, — á su casa la llevó.
— Aquí tiene usté á su hija, — sin honra ni estimación. —
— Si mi hija no tiene honra, — con honra te la di yo. —
La ha cogido por la mano — y al campo se la llevó,
y allí le ha dado la muerte, — y con eso concluyó (1).
(De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.)
(1) En otra variante :
Le tiró tres puñaladas— y allí muerta la dejó.
La dama murió á la una— y el galán murió á las dos.
484
LÍRICOS CASTELLANOS
17.
Blanca Flor y Filomena. —I
(Versión de Osuna.)
Por las calles de Morón — se pasean dos donseyas;
una era Branca-Fró — y la otra Filomena;
se pasea un cabayero— con mucho candar y hasienda,
se enamoró' e Branca-Fró — no despresió á Filomena.
Dispusieron su bodita; — marcharon hasia su tierra;
á eso de los nuebe meses — yega Taquino á la puerta.
— Madre, sabe usté que bengo — por mi cuñá Filomena.
— Hombre, no te lo consiento, — porque es mosita y donseya.
— No le ha de pasar nada, — apuesto con mi cabesa,
y si no apuesto con eso, — con mi casiya y hasienda.
— Pues si eso es asin, Taquino, — á Filomena te yebas. —
A la subida de un serró, —á la bajá de una güerta,
s'echó abajo der cabayo,— logró su gusto con eya.
Biba le sacó los ojos, — biba le arrancó la lengua.
S' ha aparesido un pastó— qu' embiado de Dios era;
traía tinta y papé— metidiyo en la montera:
— La pluma se me ha quedao — en los cerros de Guinea,
Mi lengua sirba de pluma; — mis ojos de tinta negra (1).
(1) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 185
18.
Blanca Flor y FilomeBia* — II
(Variante de Guadalcanal.)
Por la corte de Madrí— se pasean dos donseyas:
la una era Blanca-Flor — y la otra Filomena.
Se pasea un cabayero - con grande caudiá y hasienda.
Er pretende á Blanca Flor— sin despreciar á Filomena.
En este mismo momento — Tarquino se jhué á la guerra,
á la benida pa cá — se entró en casa de su suegra:
— Güeñas noches tenga 'sté, — yo no las tengo mu güeñas,
sólo por Blanca- Flor— -qu* en bísperas de parir queda.
Sab' usté que soy benido— por mi cuñá Filomena.
— Yo mi hija no la doy, — porque es mosita y donseya.
— Apuesto con mi caudiá — y la mitá de mi hasienda,
y si no tengo bastante — respondo con mi cabesa.
— Con estos cargos la doy, — con estos cargos la yebas,
con estos cargos, Tarquinó, — Tarquino, mira por eya. —
Tarquino montó á cabayo, — Filomena en una yegua.
— Quedarse con Dios, muchachas, — que mi cufiado me yeba. —
A la salía der pueblo — d' amores me la requiebra;
á la bajá d' un arroyo — á la subía d' nna cuesta,
allí se bajó Tarquino; — cumplió su gusto con eya.
Después d' haberlo cumplido — jhiso un jhoyito en la tierra:
medio cuerpo le dejó drento —y medio le dejó jhuera.
— ¡Si biniera un pastorsito, — mandado de Dios venga,
para escribirle una carta, — á Blanca-Flor que la lea!
Disiendo estas palabras — el pastorsito que llega.
— Yo traigo tinta y papel, — y papel de mi montera,
para escribirle una carta — á Blanca-Flor que la lea...
Ha recibido la carta, — de mar parto murió ella,
y el mar parto que tubo — lo friyó en una casuela,
para darle de señar — á Tarquino cuando venga.
LÍRíGOS CASTELLANOS
Apartándolo der fuego, —Tarquino yama á la puerta:
— Abreme la puerta, sol, — ábreme la puerta, reina.
¿Tenemos argo que señar? — Y le plantaron la mesa.
— lAy qué riquito está er cardo! — más rica 'starán las presas.
— Más rico estará el olor— de mi hermana Filomena,
que la dejaste enterrada — en los montes de Gilena. —
Tarquino cuando oyó esto— cayó amorcesido en tierra.
Se levantó Blanca-Flor — como una leona fiera.
Le ha dado de puñaladas, — le ha sacado la lengua,
le ha puesto por las esquinas — para que escarmiento sea,
pa que ningún atrevido — desgonsare á una donseya (1).
19.
Don Manuel.
{Versión de Guadalcanal.)
Una noche muy oscura, — de relámpagos y agua,
ha salido Don Manuel — á visitar á su dama.
Tres plumas en su sombrero, — una verde y dos moradas.
El pasage que le dieron, — hundirlo de puñaladas,
donde se vino á encontrar— en la puerta de su dama:
— Abreme, Polonia mía, — ábreme, Polonia hermana,
que yo vengo muy herido,— y las heridas son malas.
Polonia, si yo me muero,— no me entierres en sagrado;
entiérrame en un pradito — donde no paste ganado,
y á la cabecera pongas — un Cristo crucificado,
con un letrero que diga:— «Aquí murió un desdichado;
no ha muerto de mal de amor,*— ni de dolor de costado, ;
que ha muerto de calenturas — de la justicia matado» (2). •
{^Folk'Lore Guadalcanalense , gi-g2.)
(1) Torre {Micrójilo), Folk-Lore GuadaJmnalense, 71-75.
(2) Compárese con el romance asiriano núm. 5i y con los que se citan
en la correspondiente nota.
ROMANCES TIl\D. 01: AITBALLCXA Y ILKTBEMADV&A 4S1
20.
El Cid y el Conde Ijozano.
En el tiempo que reinaba — el santo rey D. Fernando,
primo de aqnel alevoso— nuestro rey que fué D. Sancho,
mandó hacer un pendón, — con seda todo labrado
y en el medio una cruz roja— del apóstol Santiago,
y cuando lo tuvo hecho,— en la corte se ha plantado.
«¿Hay alguno entre vosotros— de los míos, mis vasallos,
que me guarde este pendón, — que me lo tenga guardado,
pá que cuando se lo pida— sea hombre para darlo?»
Levantóse de su asiento — uno de los más ancianos:
«Déme, buen rey, el pendón, — que yo bien sabré guardarlo.
Tres hijos mancebos tengo, — en armas aventajados,
pá que cuando lo pidáis— sean hombres para darlo.»
Levantóse de otro asiento — ese que llaman Lozano;
le ha pegado un bofetón, — diciendo: «¡Vaya el villano!
porque hay hombres en la corte — más capaces de guardarlo».
Se fué el buen viejo á su casa, — corrido y avergonzado;
- — la mujer le ha preguntado.
Dióle en callar la respuesta — y ha sus tres hijos llamado;
vino el mayor, luego vino— el que era de edad mediano
y también vino el muy chico, — con el sombrero en la mano.
Lo agarró por la muñeca,— lo más delgado del brazo;
tres veces le dijo: «¡Suelta!»— y viendo que no ha soltado,
ha sacado de la cinta— un puñal y así le ha hablado:
« — juro por el cielo santo
que el no quitaros la vida— es porque me habéis criado.
¿Es posible, padre mío, — es posible, padre amado,
que habéis perdido el sentido — Ú os ha la razón faltado?»
— Ni yo he perdido el sentido,— ni la razón me ha faltado;
La honra sí, que me hizo afrenta — ese conde de Lozano.
¿Sabes lo que siento, hijo? —
El verme, como me veo, — viejo y cargado de años,
488
LÍRICOS CASTELLANOS
síq atreverme á salir — con ese traidor al campo.
— No sienta la pesadumbre; — siéntese y tome un bocado.
Mientras el padre comía, — el muchacho se fué armando;
corrió salas y aposentos — y vió colgada de un clavo
una espada ya mohosa —y estas palabras le ha hablado :
«Bien sé que te correrás — de verme niño muchacho;
pero confío en tu cruz — que he de volver bien vengado».
Y montándose en Babieca, — que es un ligero caballo,
hacia la corte camina — y pregunta por Lozano.
El rey le mandó á decir —
«Deten, Eodrigo, batalla — por término de dos años».
Eodrigo dijo que no: — «Dos horas le doy de plazo».
El Conde, como es valiente, — en cólera se fué armando:
Apriesa cogió la silla; — apriesa cogió el caballo;
con una mano lo enfrena; — con la otra lo fué ensillando;
con los dientes de su boca — la cincha le fué apretando,
y sin poner pie en estribo — montó en el veloz caballo,
saltó por medio de todos, — corriendo y galopando,
y las damas le decían — que no le hiciera agravio,
porque es Rodrigo muy niño— y no era razón matarlo.
Rodrigo dijo que fuertes — eran su lanza y su brazo,
y al Conde enciende la rabia — y ambos caminan al campo.
— Ven acá, rapaz, —le dijo. — ¿Me andas amenazando?
Corre, vé y dile á tu padre —y también á tus hermanos,
que con ellos y contigo— haré batalla en el campo.
— Eso no. Conde atrevido; — eso no. Conde villano;
que lo que yo no hiciere — no lo han de hacer mis hermanos.
El Conde tiró su lanza, — que iba los vientos rajando;
Rodrigo tiró la suya, — mas no la tiró jugando;
que atravesó cota y pecho, — silla, y alcanzó al caballo.
También dicen los escritos — que pasó la tierra un palmo.
Viéndose el Conde así herido, —se ha apeado del caballo;
Rodrigo que vido esto— también del suyo ha saltado,
y echan mano á las espadas—y el combate se ha trabado.
Y le cortó la cabeza;— también le cortó la mano.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA i 89
En la punta de su lanza — por bandera la ha clavado
y ufano á la corte llega, — estas palabras hablando:
«¿Hay alguno entre vosotros, — primos, parientes ó hermanos,
que salgan á la demanda? — aquí para el campo aguardo».
Viendo que nadie salía, — á su casa ha caminado,
y á su padre le presenta — la cabeza con la mano:
«Este es Rodrigo Ruy Díaz (sic\—el sin igual castellano,
hijo de Diego Lainez,— que mató al Conde Lozano» (1).
21.
Romatice de la Princesa Celinda.
Por las puertas de Celinda — galán se pasea Zaide,
aguardando qne saliera — Celinda para hablalle.
Salió Celinda al balcón —más hermosa que no sale
la luna en escura noche — y el sol entre tempestades.
— Buenos días tengáis mora.— A tí, moro, Alá te guarde.
— Escucha, Celinda, atenta, — si es que quieres escucharme.
¿Es verdad lo que le han dicho— tus criados á mi paje,
que con otro hablar pretendes— y que á mí quieres dejarme,
(1) Casi completado, entre unos fragmentos que D. Juan Quirós de los
Ríos aprendió, siendo niño, en Antequera, de boca de un pariente de su
abuelo, llamado José González, y otros fragmentos que recogí en Osuna,
por los años de 1876 ó 77, de un viejo pordiosero de la Alameda (Málaga)
que pedía limosna recitando porción de romancillos populares, casi todos
religiosos.
(Nota del Sr. Rodríguez Marín.)
Es un tipo muy curioso de romance juglaresco moderno, compuesto por
un poeta semi letrado que había leído el Romancero de Escobar ó había
visto representar la comedia de Guillen de Castro, y que refunde el tema
poético con cierta originalidad y no sin brío. La rareza de los romances his-
tóricos en la tradición oral, le hace todavia más apreciable, pues del Cid
no sabemos que se canten actualmente otros que éste en Andalucía, y otro
portugués en la Isla de Madera, también juglaresco y centonarlo, que ve-
remos más adelante.
190
LÍRICOS CASTELLANOS
por un turco mal nacido,— de las tierras de tu padre?
IJ^ quieras tener oculto — lo que tan claro se sabe.
¿Te acuerdas cómo dijiste— en el jardín la otra tarde
«tuya soy, tuya seré, — y tuya es mi vida, Zaide?»
De verse reconvenida — la mora en enojos arde,
y cerrando su balcón— al turco deja en la calle.
El galán soberbecido — pisotea su turbante,
y con rabiosas fatigas — ha cantado estos cantares:
— c¿Quieres que vaya á Jerez, — por ser tierra de valientes,
y te traiga la cabeza — del moro llamado Hamete?;
¿Quieres que me vaya al mar — -y las olas atropelle?
¿Quieres que me suba al cielo— y las estrellas te cuente,
y te ponga á tí en la mano — aquella más reluciente?»
La estrella sale de Venus— al tiempo que el sol se pane,
y la enemiga del día — su negro manto descoge (1).
22.
Ejucas Barroso.
Allá va Lucas Barroso, — baquero de gallardía;
lleva las bacas cansadas —de subir cuestas arriba,
de pelear con los moros— dos ó tres beses ar día,
una bes por la mañana, — otra bes ar medio día,
y otra bes ayá á la tarde, — cuando er sor se trasponía.
— Suba, suba, mi ganado — por las cañadas arriba,
que si argún daño jisiere, — mi amo lo pagaría
(1) Publicado por D. Agustín Durán, múmero 5i de su Romancero ge-
eral, con esta nota.
*Este romance, que tal como está parece una mezcla inconexa de varios
trozos de los romances moriscos impresos, da una idea de otros muchos que
con iguales circunstancias se cantan tradicionalmente en la Serranía de
Ronda por los jóvenes aldeanos y campesinos... Me lo comunicó el Señor
D. Serafín Calderón».
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCIA Y EXTREMADURA 191
con er mejor beserriyo— qii* hubiere en la baquería,
hijo der toro Pintado — y la baca Girar Jiya:
la crió Dios tan ligera, — que bolaba, y no corría (1).
(Osuna.)
23.
Carmela.
(Versión de la Puebla de Cazalla.)
Carmela se paseaba — por una sala adelante,
con los dolores de parto,— qu' er corasón se le parte.
— íAy, Dios mío, quién tubiera — una sala en aqner baye
y por compaña tubiera — á Jesucristo y su madre!
La suegra que la escuchaba— qu' era dina d' escucharse (aref)
— Carmela, coge tu ropa; — hete á parí en cá e tu madre;
si á la noche biene Pedro, — yo le daré de sená;
si me pide ropa limpia, — yo le daré pá mudá. —
A la noche viene Pedro: — ¿Mi Carmela, donde 'stá?
—Carmela está con su madre; — que m' ha tratado muy má;
que m' ha puesto de tunanta — hasta el último linaje. —
Monta Pedro en su cabayo— con su moso por delante;
á la salida der pueblo— s' ha encontrado á la comadre.
— Bien benido seas, Pedro; — ya tenemos un infante;
del infante gosaremos; — de Carmela, Dios la sarbe.
— Lebántate, mi Carmela — ¿Cómo quiés que me lebante?
De dos horas de parida — no hay mujer que se lebante.
— Lebántate, mi Carmela, — no buerbas á replicarme. —
S' ha lebantado Carmela— con su moso por delante;
han andado siete leguas — uno y otro sin hablarse.
— ¿Por qué no hablas, Carmela? — ¿Cómo quieres que te hable,
si los lomos der cabayo — han bañados en mi sangre?
— Confiésate, mi Carmela; — qu' á mí me confesó un padre,
(1) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
492
LÍRÍCOS CASTELLANOS
que detrás de aqueya ermita — hago intensión de matarte. —
Las campanas d' aquer pueblo— eyas solas se combaten.
— ¿Quién s' ha muerto, quién s' ha muerto? — La princesa de
[Olibares.
— No s' ha muerto, no s' ha muerto; — que 1' ha matado mi
por un farso testimonio— qu' han solido lebantarle. [padre,
Una agüela que yo tengo,— rebiente por los hi jares.
— M' espanta qu' hable este niño— tan chiquito y de pañales (1).
(De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
24.
I^a Aparición.
(Variante de Osuna.)
— ¿Dónde ba usté, cabayero? — ¿Dónde ba usté por ahí?
— Boy en busca de mi esposa— que hace años que la bi.
— Su esposa de usté s' ha muerto— y yo la bidé enterrar;
las señales que yebaba — yo se las puedo explicá.
La cara era de sera —y los dientes de marfí,
y er pañuelo que yebaba— era rico carmesí;
la yebaban cuatro duques, — cabayeros más de mí.
— Haya muerto ó no haya muerto, — á su casa m' he de ir. —
Ar subir las escaleras — una sombra bidé ayí;
mientras más me retiraba,— más s' acercaba hasia mí.
— Siéntese usté, cabayero; — no te asustes tú de mí,
que soy tu querida esposa, — que base un año que morí.
Los brasos que te abrasaban — á la tierra se los di;
la boca que te besaba — los gusanos dieron fin.
— Cásate, buen cabayero, — cásate y no andes así;
(1) Compárese con los romances de Doña Arbola y Marhella (núme-
ros 31 y 32j.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 193
la primer hija que tengas — ponle Rosa como á mí,
pá cuando á llamarla fueras, — que te acuerdes tú de mí (1).
(De la colección de Rodríguez Mari»,
que le recogió en 1880.)
25.
C^anción de una gentil dama y un rústico
pastor.
— Pastor, que estás en el campo, — de amores tan retirado,
yo te vengo á proponer— si quisieres ser casado.
— Yo no quiero ser casado, — responde el villano vil:
tengo el ganado en la sierra: — á Dios, que me quiero ir.
— Tú que estás acostumbrado — á ponerte esos sajones;
si te casaras conmigo — te pusieras pantalones.
— No quiero tus pantalones, — responde el villano vil:
tengo el ganado en la sierra:— á Dios, que me quiero ir.
— Tú, que estás acostumbrado— á ponerte chamarreta;
si te casaras conmigo, — te pondrías tu chaqueta.
— Yo no quiero tu chaqueta, — responde el villano vil:
tengo el ganado en la sierra: — á Dios, que me quiero ir.
— Tú, que estás acostumbrado —á comer pan de centeno;
si te casaras conmigo, — lo comieras blanco y bueno.
— Yo no quiero tu pan blanco, — responde el villano vil:
tengo el ganado en la sierra : — á Dios, que me quiero ir.
— Tú que estás acostumbrado — á dormir entre granzones;
si te casaras conmigo, — durmieras en mis colchones.
— Yo no quiero tus colchones, — responde el villano vil;
tengo el ganado en la sierra: — á Dios, que me quiero ir,
— Si te casaras conmigo, — mi padre te diera un coche,
para que vengas á verme —los sábados por la noche.
— Yo no quiero ir en coche, — responde el villano vil:
(!) Uompárese coa el romance asturiano ndm. 53.
Tomo X. 13
194
LÍRICOS CASTELLANOS
tengo el ganado en la sierra: — á Dios, que me quiero ir.
— Te he de poner una fuente — con cuatro caños dorados^
para que vayas á ella— -á dar agua á tu ganado.
— Yo no quiero tu gran fuente, — responde el villano vil:
ni mujer tan amorosa — no quiero yo para mí (1).
. ftj£t Iiifaiitieida.— I
(Versión de G u a dale anal .)
Est' era un probé mansebo — casao con una dama,
que lo cuar tenía un hijo— que de esta cuenta le daba.
— Padre, mir' usté qu' han bisto — qu' el arféres entra en casB.
y s' acuesta con mi madre— entre sábanas d' holanda. —
Er padre no jiso caso— de lo qu' er niño declara.
La madre, de que oyó esto — bibito lo degoyaba;
la carne la echó en adobo, — la cabesa la salaba,
la lengüita entre dos platos— al arféres se la manda.
17 arféres la conosió— y á los perros se la echaba;
los perros son tan humirdes, — del suelo no la alebantan..
De r asaura der niño— ha jecho una gran fritada,
pá cuando biniera er padre — tenérsela preparada.
Apartándola der fuego,— er padre á la puerta yama,
(1) Es derivación popular del núm. 145 de la Primavera :
Estase la gentil dama- paseando en su vergel,
y del villancico que glosó Alonso de Alcaudete :
Llamábalo la doncella,
y dijo el vil :
al ganado tengo de ir.
Publicó esta variante andaluza Fernán Caballero en su cuento iPohrt
Dolores! (Madrid, 1857, pp. 210-211). Otra lección menos completa ha re-
cogido en Sevilla Rodríguez Marín.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 195
procurando por su hijo —querido de sus entrañas.
t)oña Inés le respondió, — le respondió sin tardansa :
— Como chiquito y pequeño — en los mandaos se tarda. —
Al echar la bendisión, — er niño en el plato habla:
— Padre, no comas tú eso,— que comes de tus entrañas;
que esta madre que yo tengo — merecía degollarla
con un cuchiyo d' acero — que le traspasara '1 arma. —
Doña Inés, de que oyó esto,— en u^ cuarto s* enserraba.
yamando ar demonio á boses, — que biniera por su arma.
— Doña Inés, ¿qué tiene usté? — ¿Qué tiene que tanto yama?
— Que me quites d' este mundo— y me lleves á tu casa.
(Torre, Folk-Lore Giiadalcanalense , pp. 69-71.)
27.
Eia Infanticida* — II
(Versión de la Puebla de Cazalla.)
Un padre tenía un hijo — y le cuenta lo que pasa :
— Escucha, padre querido,— escucha, padre del arma, [castx
— que la fiera (sic) ha entrado en
y se ha acostado con madre — en su regalada cama, —
El padre no se hacía caso— de lo que el niño le hablaba;
se le ha ofrecido un viaje— de Cádiz para Granada,
por una poca de seda — de aquella más encarnada.
Mientras qu' er padre fué y bino — ar niño lo degoyaba,
con un cuchiyo de asero — que le traspasaba el arma,
y le sacaba la lengua — y á los perros se la echaba;
los perros son tan humirdes,— der suelo no la lebantan.
De las entrañas der niño — hiso una gran casolada,
pá cuando biniera er padre— el lunes por la mañana.
Al otro día temprano— er padre á la puerta yama,
lo primero que pregunta — por su hijo de su arma.
<96
LIRICOS CASTELLANOS
—Siéntate, Francisco, y come,— que er niño en la caye anda
y como es tan pequeñito, — en los mandados se tarda.
Echando la bendisión,— la carne en er plato habla.
— Detente, detente, padre,— que comes de tus entrañas;
que esta madre que yo tengo— meresía degoyarla
con un cuchillo de asero — que le traspasara el arma. —
Oyendo la madre esto — se ha enserrado en una sala,
yamando ar demonio á boses— que la saque de su casa.
Er demonio es tan astuto— que tras de la puerta estaba:
¿Qué quieres, mujer de bien, — que tan aprisa me yamas?
— Que me agarres por los pelos — y me arrastres por la sala
y me yebes al infierno, — que ayí penará mi arma.
La ha agarrado por los pelos, — 1' ha arrastrado por la sala,
cuando bino la justisia— se jayó aún cuerpo y arma;
en una sarta e pimientos— donde eya se recreaba,
en una siyita chica — donde er niño se sentaba (1).
Altamare (famar).
Er rey moro tenía un hijo — que Taquino le yamaban;
s' enamoró de Artamare — qu' era su querida hermana,
Biendo que no podía ser, — malito cayó en la cama,
y fué er padre á bisitarlo— un lunes por la mañana.
(1) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
Este bárbaro romance, que recuerda con circunstancias todavía más
atroces la cena de Tiestes, pertenece, en opinión de algunos, á la categoría
de los mitos solares, como el de Osiris. Idéntico sentido tiene el cuento
popular de Ursuleta, del cual se han publicado variantes recogidas en el
Mediodía de Francia, en Escocia y en Alemania, y una española, de üUde-
cona (provincia de Tarragona) transcrita y doctamente analizada por el
profesor D. Manuel Sales Ferré en El Folk-Lore Andaluz (1882). Véase
también el libro de Husson La Chame Traditionnellc (París, 1874, pági-
nas 19 y 20).
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 197
— ¿Qué tienes, hijo Taquino?— ¿Qué tienes, hijo del arma?
— [Mi] padre, una calentura — que me ha traspasado el arma.
— ¿Quieres que te guise un bicho — d' esos que se crían en casa?
—Guísemelo usté, mi padre; — que me lo traiga mi hermana;
y si mi hermana biniere, — benga sola y sin compaña. —
[Y] como era en berano — 1' ha mandado en naguas blancas.
Apenas 1' ha bisto entrar, — como un león se le abansa;
r h' agarrado de la mano— y la echó sobre la cama;
gosó d' este hermoso lirio— y d' esta rosa temprana.
— Benga castigo der sielo — ya qu' en la tierra no hay(ga).
— Que castiguen á mi padre, — qu'e' 'r que ha tenido lacausa(l).
(Osuna,)
29.
El Ciego.
Huyendo del fiero Herodes — que al niño quiere perder,
hacia Egipto se encaminan — María, su hijo y José.
En medio de aquel camino— pidió el niño de beber.
— No pidas, agua, mi niño, — no pidas agua, mi bien,
que los ríos vienen turbios — y no se pueden beber.
Andemos más adelante — que hay un verde naranjél,
y es un ciego que lo guarda,— es un ciego que no ve.
— Ciego, dame una naranja — para callará Manuel.
(1) Publicado por Rodríguez Marín en el Boletín Folklórico Español-
Es el único romance popular que conozco sobre asuntos del Testamento
Viejo (II, Samuel, XIIl, 1-15). Puede ser obra de algún judío ó morisco,
como parece indicarlo la anteposición del artículo Al al nombre de Ta\
mar. La sustituci 'n de Anión por Taquino ó Tarquino (¿el forzador de la
romana Lucrecia?) es un caso de contaminación muy singular entre dos
temas poéticos : uno de Oriente y otro de Occidente. Ya hemos visto que
el nombre de Tarquino (en Asturias Turquillo) sustituye también al de
Tereo en los romances de Blanca Flor y Filomena. Existe en Andalucía
la comparación vulgar Más malo que Taquino (vid- Rodríguez Marín,,
Quinientas comparaciones andaluzas. Osuna, 1884, núm. 286j.
498
LIRICOS CASTELLANOS
—Coja usted las que usted quiera— que toditas son de usted.
— La Virgen como es tan buena— no ha cogido más que tres:
una se la dió á su niño, — y otra se la dió á José,
otra se quedó en la mano — para la Virgen oler.
Saliendo por el vallado— el ciego comenzó á ver.
— ¿Quién ha sido esta Señora— que me ha hecho tanto bien?
será la Virgen María— que al que es ciego le hace ver (1).
30.
üianta Catalina*— I
(Versión de Osuna.)
Por las barandas der cielo — se pasea una sagala
bestida de azur y blanco — que Catalina se yama.
Su padre era un rey moro, — su madre una renegada;
todos los días qu' amanece — su padre la castigaba.
— No me castigue usté, padre, —que con Cristo estoy casada. —
Mandó haser una rueda— de cuchiyos y nabajas;
estando la rueda en punto— un marinero bogaba.
— ¿Qué me das, marinerito, — y te saco de esas aguas?
— Te doy mis tres nabíos — yenitos d' oro y de plata.
— No quiero tus tres nabíos — yenitos d' oro y de plata;
lo que quiero es que en muriendo — á mí m' entregues el arma.
- — El arma es para mi Dios, — que la tiene bien ganada,
y er cuerpo para los peses— qu' están debajo del agua;
los guesos pá 'r campanero — que repica las campanas (2).
(1) Cuentos y p oebías populares andaluces coleccionados por Fernán
Caballero. Sevilla, 1859, pp. 421-22.
En la misma colección se hallan otros romances piadosos La Pastora
dé Belén, El Nacimiento de Diosy El Niño perdido, que no reproduzco
por no encontrar en ellos el genuino carácter de la poes'a popular, aunque
5Í algunos rasgos de ella. Pertenecen, como otros muchos versos devotos,
al género de la poesía artística popularizada.
(2) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín.
ROMANCES TRAD. DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA 499
31.
üfanta Catalina* —II
Por la baranda del cielo— se pasea una zagala,
vestida de azul y blanco,— que Catalina se llama.
.*Su padre era un perro moro, — su madre una renegada;
todos los días del mundo— el padre la castigaba.
Mandó hacer una rueda — de cuchillos y navajas,
para pasarse por ella — y morir crucificada.
Y bajó un ángel del cielo — con su corona y su palma
y le dice: —Catalina, — toma esta corona y palma
y vente conmigo al cielo — que Jesucristo te llama.
Subió Catalina al cielo— como una buena cristiana. ^
A eso del mismo punto— ha caído una borrasca
llena de aires y centellas— que al mundo atemorizaban;
los marineros del mar — de pecho se van al agua. '
— ¿Qué me das marinerito — porque te saque del agua?
— Te doy mis tres navios— cargados de oro y de plata,
y mi mujer que te sirva— y mi hija por esclava.
— No quiero tus tres navios - ni tu oro ni tu plata;
ni tu mujer que me sirva — ni tu hija por esclava: [alma,
lo que quiero es que en muriendo — que me se entregues el
— El alma es para mi Dios— que se la tengo mandada,
y lo demás que me queda — pa la Virgen soberana.
Santa Catalina— cabellos de oro,
mataste á tu padre— porque era moro.
Santa Catalina, — cabellos de plata,
mataste á tu madre— porque era falsa (1).
(1) De la colección manuscrita de Rodríguez Marín. Compárese con el
romance asturiano de El marinero {n\xm. 57) y con los romances portu-
gueses de La Ñau Catherineta.
200
LÍRICOS CASTELLANOS
32.
El mendigo.
Un labrado mny piadoso, — tres horas antes der día^
caminaba, caminaba, — aonde su apero tenía.
Ayí se le puso er só,— á su casa se gorbía,
y en er camino encontró— un probé que le decía
que si quería recogerlo, — que Dios se lo pagaría.
Le daría de cená;— de tres mantas que tenía
, .—la mejó 1' escogería.
A eso de la media noche —
se lebantó er labrado —
á echarle pienso á la muía, — á be si er pobre dormía.
S' encontró con Jesucristo;— la crus por cama tenía;
le contestó er labradó: —
Si yo lo hubiera sabio - la compaña que tenía,
hubiera puesto una cama — de oro y de prata fina.
Te imprometo, labradó, — pan para toda tu bida,
y á ^ hora de tu muerte— tendrás la groria cumprida(l).
(1) Es variante fragmentaria del romance asturiano núm. 26. Oída por
Rodríguez Marín á un mendigo de Alameda (Málaga), que la solía recitar
pidiendo limosna, si bien prefería por más corto el romancillo que empieza
A tu puerta llega un pobre.
/
SECCIÓN TERCERA
ROMANCES TRADICIOMLES DE VARIAS PROVINCIAS
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS
I. Fuera de Asturias, de Andalucía, de Portugal y de
Cataluña, existen también romances tradicionales, y puede
asegurarse sin recelo de equivocación, que en ninguna pro-
vincia de España faltan, aunque no todas hayan sido ex-
ploradas. Las especies sueltas que vamos á consignar no
llevan más propósito que el modestísimo de llamar la aten-
ción de los eruditos locales sobre estos filones que ellos
pueden beneficiar mejor que yo, pues confieso que no so}''
Jolk-lorista de profesión, y que la poesía popular me inte-
resa principalmente por lo que tiene de poesía, ni más ni
menoS'que me acontece con la poesía artística y erudita,
que vale para mí más ó menos, no en consideración á su
valor social é histórico, sino en relación á su valor estéti-
co. Si esto es error ó falta de criterio científico, confesado
está desde luego, y la sinceridad me salve.
Por espíritu de mal entendido regionalismo, han llega-
do doctos é ingeniosos escritores (1) á negar en términos
n) Así D. Manuel Murguia en su Historia de Galicia{Lugo, 1865),
tomo I, p. 256:
Aquí en este país, en donde abundan las leyendas... puede de-
soírse que carecemcs del verdadero romancey como si se quisiese de-
»cir de esta manera que á nuestro pueblo algo de jyrofundo é insw
operable le separa del resto de la' nación... Casi podemos asegurar
*que no se conoce en Galicia el romance... Parece que hacia la parte
LÍRICOS CASTELLANOS
])oco menos que absolutos la existencia de romances en
Galicia; como si fuera timbre de gloria para ningún pue-
blo de nuestra península el carecer de un género tan po-
pular y tan hermoso. Tal afirmación podía negarse á priori
por el solo hecho de estar colocada Galicia entre dos re~
giones afines, Asturias y Portugal, que son cabalmente las
que mayor número de romances poseen y las que mejor los
han conservado. Pero afortunadamente hay pruebas di-
rectas de la existencia en Galicia de romances gallegos, y
también de romances castellanos. Y para que se entienda
que hablamos de verdaderos romances, es decir, de roman-
ces octosilábicos, prescindiremos de los romancillos ó já-
caras en versos de seis sílabas, como el del Ciego y el de
Sancta Irena, publicados por Murguía (1) y de los cuales
existen también variantes portuguesas.
Don Manuel Milá y Pontanals, en su importante estu-
dio De la poesía popular gallega (inserto en la Romanía^
de París, tomo VI, 1877, y reproducido en el tomo V de
sus Obras completas, 1893, pp. 363-399), dió á conocer
una variante en gallego del romance del Conde Alarcos^
llamado aquí el Conde de Algalia
Indo doña Sil vela— por un corredor arriba,
- tocando n-unha vigüela— n' a calle de' a Figuría...
y además fragmentos del romance de la adúltera castiga-
da, del de la aparición, y del burlesco de Don Gato, del cual
»de Asturias, en Rivadeo y Vega de Castropol, se conservan algu ;
»nos escritos en una de esas variedades del gallego, natural á núes- i
ji>tros pueblos fronterizos... Nosotros podemos decir que á pesar del ,
agrande empeño que en ello hemos puesto, nos ha sido imposible>
2» adquirir en gallego un romance de regulares dimensiones »
(1) Ibidem, pp. 257 y 579. D. Manuel Milá publicó otra versión en
©1 trabajo que mencionaré inmediatamente.
ROMANCES TRADIGíONALES DE VARIAS PROVINGíAS 205
se conoce también una variante andaluza publicada por
Fernán Caballero. En uno de estos romances se ponen en
boca de la adúltera algunos versos enteramente castella-
nos, que en opinión de Milá «son de un poeta malicioso y
»no enteramente lego» :
¡Quién te me diera, marido - tendido en aquella sala,
con las piernas amarillas, — la cara desfigurada,
y yo vestida de luto, — llorando de mala gana,
y los vecinos que digan ahí llora la cautivada»,
y los curas á la puerta — diciendo «que salga, salga»!
Trae también Milá dos romances castellanos de asunto
religioso, recogidos de la tradición oral en Galicia :
I
Caminando va José — caminando va María,
caminan para Belén— para llegar con el día.
Cuando llegan á Belén — toda la gente dormía.
— Abre las puertas, portero, — portero, de portería.
Abre las puertas, portero, — á José, amáis á María. —
— Estas puertas no se abren— en cuanto no viene el día. —
Cuando fué la media noche — la Virgen parida sia,
con su niño en los brazos — lloraba cuando podía;
-echó mano á los cabellos— á un lienzo que tenía,
lo puso en tres pedazos —y al niño envolvió María,
vienen ángeles del cielo, — ricos pañuelos traían.
Los unos eran de lino, — otros de la lana /¿a,
luevo volvieron á ir— cantando el Ave María.
II
Era la hija de un rey moro — que otra hija no tenía,
rezaba cinco rosarios, — todos cinco era en un día.
Uno era por la mañana— y otros dos al mediodía,
y dos en la media noche — cuando su padre dormía.
LÍRICOS CASTELLANOS
Cuando rezaba el rosario — vino la Virgen María :
— ¿Qué haces aquí, mi devota, — qué haces, devota mía?
— Estoy rezando el rosario— que ofrecéroslo quería. —
— Si tú quisieres ser monja — ser monja de monjería,
¿ó quieres subir al cielo — con tan buena compañía?
— Que yo no quiero ser monja, — tampoco de monjería;
que quiero subir al cielo — con tan buena compañía.
Del primero de estos romances hay también versión
gallega, más completa al principio, más truncada al fin,
publicado por el docto portugués Adolfo Coelho en lai2o-
mania (1873, p. 270), juntamente con otro romance de A
morte de Xesus:
Juebes santo, juebes santo— tres días antes de Pascoa»
Apoyado en estos retazos, y en la noticia de otros, y en
la persistencia del metro en poesías vulgares de época mo-
derna, escribió Milá estas palabras tan discretas y pru-
dentes como todas las suyas; «Si juzgamos por las mues-
»tras que hemos reunido, no abundan los romances en
» Galicia; mas no por esto admitimos que haya en ese pue-
»blo una repugnancia innata hacia un género tan natural
»y difundido. Acaso se introdujeron ó se compusieron en
» Galicia en menor número que en Portugal y en Asturias;
»pero basta para explicar la actual carestía la decadencia
»del espíritu tradicional y la mayor afición á otros géne-
»ros más enlazados con la música y la danza».
Desde 1877, fecha de este escrito de Milá, su demos-
tración ha sido confirmada por nuevos datos, á tenor de
los cuales parece imposible negar la existencia en Galicia
de un romancero muy copioso, aunque todavía inédito en
su mayor parte. La Sociedad de El Folk-lore gallego, esta-
blecida en la Coruña en 1883, publicó dos años despué.^
un interesante Cuestionario, donde se da un extenso ca-
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 207
tálogo de romances que al parecer se cantan todavía, si
bien algunos de ellos quizá estén propuestos como meros
temas de investigación, sugeridos por las colecciones por-
tuguesas. Reproduciré esta lista, porque el folleto en que
está impreso (1) ha circulado muy poco, como todas las-
publicaciones de su género. Conservo la numeración del
Cuestionario, que acaso envuelva un sistema de clasifica-
ción, aunque sus fundamentos no se expresan :
«95. Romances tradicionales. Versiones locales délos
de Alhuela, Sylvaniña, Guirinelda, O Segador j O conde Yano,
O Duque cegó, O Conde Nilo, Bu fina hermosa.
»96. Idem de los de A Bella Infanta, O Cazador, A
Enfeitizada, O Conde d' Alemana, Albaniña, Don Aleixo,
Noite de San Joan, Bernal-Francés, Reginaldo, Doña Ausen-
da, Reina e captiva, Don Claros, Claralinda, Don Beltrán,
Don Gaiferos, Justiza de Deus,
»97. Id. de los de A Romeira, A Pelegrina, Don Joan,
A Morena, Doncela que vai á guerra, O captivo, A ñau Ca-
trineta, A Noiva rayana, Doña Guiomar, Don Duardos,
Avalor, Marcelino, O ¡ai! da mal casadd, O Corddo d'ouro,
Gerineldo, Rosalinda, Miragaya, Soldadim,
»98. Id. de los de O gato do convento, A Nena de quin-
ce anos, Gran Torpinos, A Flor da auga, O Férvellas, O
Ceo en aracos, Martín-Conde, ¡Quén fora galgo!, Testamen-
to do Rey de Francia, etc.
»99. Música con que algunos de estos romances y otros
se recitan.
» 100. Romances religiosos, versiones locales de los de
(1) Cuestionario del Fulk-Lore Gallego establecido en la Coruña el
dia, 29 de Diciembre de IbSB. Madrid, E,. Fe, 1885. Fueron redactorest
de este decumento, según al fin de él consta, D. Cándido Salinas^
D. Antonio de la Iglesia y D. Francisco de la Iglesia.
208
LíRrCOS CASTELLANOS
O Nadales, O Anibon, Os bos Beis, A fúgida, A Pasión,
O Calvar o. Por los caminos del cielo, Santa Catalina, etc.,
y música usada con cada uno en la localidad.
»101. Romances jocosos. Versiones locales de los de
O sin ver que 7i andaba, O Xastre da Lomba, O Testamen-
io do Gato, O Testamento do Galo, O Testamento do An-
troido, etc.
»102. Romances infantiles. Versiones locales de los
«de Cántáron o Mayo, De Francia vengo, señora, etc., y su
música. »
De toda esta riqueza hemos visto hasta ahora muy po-
€as muestras. En el Cancionero popular gallego de Pérez
Ballesteros (1), sólo se inserta, además de los recogidos
por Milá, una variante muy curiosa de Doña Arbola (aquí
Doña Albuela), cuyo hijo conserva algo alterado el nombre
de Don Bueso (Don Berso) :
¡Quién me dera estar agora — no palacio de meu pai...
Don Berso é calador,— no monte val á cazar,
cando don Berso viñer— ¿quién lie porá de xantar?
En publicaciones periódicas se habrán impreso, sin duda,
otros, pero no hemos llevado más adelante la indagación,
porque las versiones dialectales no entran por ahora en
nuestro plan más que á título de comparación. Y cierta-
mente que ha de presentar muchas el romancero de Gali-
<íia, si alguna vez llega á imprimirse, porque es el eslabón
que falta entre el castellano y el portugués.
II. Completamente afines á los romances asturianos
(1) Cancionero popular gaUego^ y en particular de la provincia
de La Corana^ por D. José Pérez Ballesteros. Madrid, R. Fe, 1883.
Tomo III, pp. 255-269.
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 209
•son los que se cantan en la vecina Montaña de León y en
la de Burgos (actual provincia de Santander). De la pri-
mera proceden los dos interesantísimos romances que por
primera vez se imprimen á continuación, recogidos uno y
otro en sus excursiones por nuestro generoso amigo don
Juan Menéndez Pidal. El primero es la única forma po-
pular que en España ha aparecido hasta ahora de la fa-
mosa y universal leyenda que dramatizó Tirso de Molina
en El Burlador de Sevilla,
I
Don Juan.
Pa misa diba un galán — caminito de la Iglesia,
no dfba por oir misa— ni pa estar atento á ella,
que diba por ver las damas —las que van guapas y frescas.
En el medio del camino — encontró una calavera,
mirárala muy mirada — y un gran píuntapié le diera;
arregañaba los dientes— como si .ella se riera.
— Calavera, yo te brindo— esta noche á la mi fiesta.
— No hagas burla, el caballero;— mi palabra doy por prenda. —
£1 galán todo aturdido — para casa se volviera.
Todo el día anduvo triste— hasta que la noche llega:
de que la noche llegó —mandó disponer la cena.
Aún no comiera un bocado — cuando pican á la puerta.
Manda un paje de los suyos— que saliese á ver quién era.
— Dile, criado, á tu amo, — que si del dicho se acuerda.
— Dile que sí, mi criado, — que entre pa cá norabuena. —
Pusiérale silla de oro, — su cuerpo seutara 'n ella;
pone de muchas comidas — y de ninguna comiera.
— No vengo por verte á tí,— ni por comer de tu cena;
vengo á que vayas conuiigo — á media noche á la Iglesia. —
A las doce de la noche— cantan los gallos afuera,
A las doce de la noche— van camino de la Iglesia.
Tomo X. 14
210
LÍRICOS CASTELLANOS
En la Iglesia hay en el medio— una sepultura abierta.
— Entra, entra, el caballero, — entra sin recelo n' ella;
dormirás aquí conmigo, - comerás de la mi cena,
— Yo aquí no me metel'é, — no me ha dado Dios licencia.
— Sino fuera porque hay Dios — y al nombre de Dios apelas^
y por ese relicario — que sobre tu pecho cuelga,
aquí habías de entrar vivo - quisieras ó no quisieras.
Vuélvete para tu casa, — villano y de mala tierra,
y otra vez que encuentres otra — hácele la reverencia,
y rézale un pater noster, — y échala por la huesera;
así querrás que á ti t' hagan — cuando vayas des ta tierra (1),
II
líenla.
En casa del Rey mi padre — un traidor pide posada;
mi padre, como era noble, — muy luego se la mandaba.
De tres hijas que tenía— le pidió la más galana;
pero él le dice que no, — que no la tien pa casarla,
que la tien pa meter monja — de la orden de Santa Clara.
No se la sacó por puertas, — ni tampoco por ventánas;
la sacó por un balcón— á favor de una criada;
en ancas de su caballo — llevósela cautivada.
En el medio del camino — el traidor le preguntara:
— ¿Cómo te llamas, la niña; — cómo te llamas, la blanca?...
— En casa del Rey mi padre— doña Ilenia me llamaban,
hora por tierras ajenas— Ilenia la desgraciada. —
Sacó un cuchillo el traidor — la cabeza la cortaba,
la tira n un pedregal — donde andaban cosas malas;
della salió una hermitica— muy blanca y muy dibujada;
(le los cascos, las paredes, — la teja para tejarla.
V'anse días, vienen noches — y el traidor por allí pasa.
(1) Recitado por Josefa Fernández, vecina de Curueña, E.iello'
(León),
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 211
— Decidme, los pastorcillos, — donde el ganado repasta,
de quién es esa hermitica— tan blanca y tan dibujada?
— Esta hermitica es de Ilenia,— n' el monte fué degollada.
—Si esta hermitica es de Ilenia, — vamos todos á adorarla.
Perdóname ti'i Ilenica,--por ser el tu amor primero.
— No te perdonaré yo— ni tampoco el Rey del cielo.
Vete á aquel altar mayor — y enciéndeme un candelero. —
Mientras que la vela ardía— el traidor iba muriendo;
la figura queda allí,— cuerpo y alma pa el infierno (1).
De esta leyenda hagiográfica se conocen, además, una
versión gallega publicada por D. Manuel Murguia con el
título de Romance de Santa Irene, y las siguientes leccio-
nes portuguesas :
a) Romance de Iria a Fidálga. Recogida en Santarem
por Almeida Garret y publicada en sus Viagens na minJia
térra (t. II, p. 35).
b) Santa Iria, variante de Covilham (Beira Baja) en
el Romanceiro General de Teófilo Braga (p. 125).
c) Sancta Helena, variante del Miño. En Braga Rom.
Ger, (p. 126), tomada por él con cierta desconfianza de la
Revista Universal Lisbonense (III, 329).
Estos tres romances, lo mismo que el de Galicia y los
de las islas, están en versos de seis sílabas.
d) Dona Iría, variante del Algarve, en el Rom, de Es-
tacio da Veiga (179-184). En octosílabos como la de León
y con el mismo asonante.
e) Versión de la isla de San Jorge, en los Cantos Po-
pulares do Árchipelago Acor ¿ano (p. 3G4).
f) Estoria de Sancta Irena. — Morte de Sancta Iria, Dos
variantes de la isla de la Madera en el Romanceiro de Ro-
drigues de Azevedo (17-20). ^
(1) Recitado por Josefa Fernán<lez, de 4S años, viula, vecina de
Curueña, Riello (León}, 1HS9.
212
LÍRICOS CASTELLANOS
g) Sancta Iria, versión de Celorico de Basto, publica-
da por C. Michaelis en el Zeitschrift filr romanische FJii-
lologie.
h) Iria a fidalga, fragmento de Río Janeiro, en los
Cantos populares do Brazil, de Sylvio Romero (1, 23).
Es uno de los pocos romances cuyo origen portugués
es indudable, puesto que se refiere á la patrona de Santa-
rem, cuya leyenda, tomada de un antiguo Breviario de
Evora, puede leerse en el tomo XIV de la Esparta Sagrada
(389-391). En las provincias de lengua castellana no pa-
rece que está muy difundida: yo solamente conozco esta
versión leonesa.
III. La vecindad de Asturias, tan rica en romances,
y la frecuente emigración de los montañeses á Andalucía,
donde también abundan, induce á pensar que nuestra pro-
vincia no ha de ser de las últimas en la conservación de
este género de poesía popular; pero la verdad es que hasta
ahora se han publicado muy pocas muestras de él (1). El
inmortal pintor de las escenas montañesas, en uno de sus
más deliciosos cuadros de género, en el que se intitula
Al amor de los tizones (obra maestra de un realismo sano,
alegre y poético), ha descrito la hila montañesa, análoga
á los filandones de Asturias. Uno de los entretenimientos
de aquellas rústicas tertulias es la recitación de roman-
(1) El erudito P. Sota, historiador montañés, á quien ha desacre-
ditado su ciega adhesión á los falsos cronicones, pero que en cosas
más modernas merece sor leido y estudiado con atención, cita en su
Crónica de los Principes de Asturias y Cantabria (Madrid, 1681,
p. 444), al tratar del linaje de los Rosales, el principio de un roman-
ce genealógico que se cantaba en su tiempo, y que de fijo no seria
el único de su clase :
«Y en la Montaña de Castilla la Vieja, donde es su primitivo so-
»lar, se canta vulgarmente en coplas antiguas^'.
¿Conocistes los Rosales — gente rica y principal...
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 213
ees, de los cuales Pereda cita expresamente dos, aunque
no da su texto; el de Don Argüeso (nombre que en la Mon-
taña (1) lleva Don Bueso), y el (Je El Soldado que, á juz-
gar por su principio, es el tan conocido de la esposa infiel:
Estaba una señorita— sentadita en su balcón;
pasó por allí un soldado — de muy buena condición... (2).
Existe en la Montaña un largo romancillo petitorio lla-
mado de las marzas, que suelen cantar los mozos de los
pueblos á las puertas de las casas, y que tiene cierta ana-
logia extraña, pero indudable, con el chelidonismos 6 can-
ción de la vuelta de las golondrinas, que entonaban los
niños de Rodas, y que nos ha conservado el sofista Ate-
neo (3). Son innumerables las variantes de este romance;
pero la más completa que conozco es la siguiente, recogi-
da en el Puente de San Miguel por el admirable escritor
(1) Argüeso es nombre geográfico y también apellido antiguo en
el país.
(2j Tipos y Paisajes^ segunda serie de Escenas MontañesaSy por
D. José Maria de Pereda. Madrid, 1871, p. 367.
(3) Véase la traducción del distinguido helenista alavés D. Fe-
derico Baráibar:
Ven, golondrina — de blancas alas,
ojos brillantes, — pechuga blanca.
Trae del buen tiempo — las horas gratas.
¿Querré del fértil — campo las plantas?
A ella le guíitan — tortas doradas,
y vino, y queso, — puesto en canastas.
¿Nos darás algo, vecino, — ó no vas á darnos nada?
si algo nos regalas, bueno, — pero si no, guarda, guarda.
Que nos hemos de llevar— la puerta de tu morada,
más la mujer que tienes — y lo que dentro recatas.
No nos costará trabajo, — que está bien poco medrada,
á ti quisiera llevarte, — si das cosa que lo valga.
Abre, abre & la golondrina — las puertas de tu morada,
Abre, que no son ancianos, — sino niños los que llaman.
214
LÍRICOS CASTELLANOS
que se oculta con el seudónimo de Juan García (D. Amos
de Escalante) :
Ni es descortesía — ni es desobediencia,
en casa de nobles — cantar sin licencia;
si nos dan licencia, — señor, cantaremos;
con mucha prudencia — las marzas diremos.
Escuchen y atiendan, — nobles caballeros,
oirán las marzas — compuestas de nuevo,
que á cantarlas vienen— los lindos marceros
en primera edad — y en sus años tiernos,
como las cantaron — sus padres y abuelos,
y hacemos lo mismo — para no ser menos.
A lo que venimos, — por no ser molestos,
no es á traer, — y así llevaremos
de lo que nos dieren, — torreznos y huevos,
nueces y castañas, — y también dinero
para echar un trago,— porque el tabernero
no nos acredita — si no lo tenemos.
Ni era la mayore — ni era la menore,
que era doña... (1) — ramito de flores,
y también su esposo — porque no se enoje.
Salga doña... (2) — la del pelo largo.
Dios la dé buen mozo — y muy bien portado,
con el cuello de oro — y el puño dorado,
y también su hermano—muchos años goce,
&u padre y su madre — que los arrecogen,
también sus criados — porque no se enojen.
Con Dios, caballero,— hasta otro año...
á los generosos — líbrelos de daño.
Angelitos somos, — del cielo venimos,
bolsillos traemos, — dinero pedimos.
(1) Aquí el nombre de la señora de la casa.
(2) Aquí el nombre de la señorita.
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 215
Las marzas se recitan en ronda nocturna, «con voz pía-
»ñidera, sin acompañamiento alguno y en un ritmo senci-
»llo de dos frases, parecido al canto llano de la liturgia» (1).
Las marzas, á pesar de su nombre, que es indicio claro
de su origen, no se cantan exclusivamente en las tibias
noches del mes de Marzo. Hay una variante para la noche
-de Navidad, que comienza :
En Belén está la Virgen— que en un pesebre parió,
parió un niño como un oro — relumbrante como un sol...
y termina con estas palabra^:
A los de esta casa; —Dios le dé victoria,
en la tierra gracia — y en el cielo gloria...
Esta copleja tiene (según Pereda) esta otra variante,
que los marzantes suelen usar cuando no se les da nada, ó
<juando se los engaña con morcillas llenas de ceniza :
A los de esta casa — sólo les deseo
que'sarna perruna— les cubra los huesos (2).
Romances religiosos, propiamente dichos, conozco dos,
publicados uno y otro por J uan García, el primero en su
-artículo La Montañesa, el segundo en su bellísima novela
Ave, Maris Sfella. Uno y otro son análogos á otros que
hemos visto ya en Asturias y Andalucía. Dicen así estas
versiones :
(1) Costas y Montañas ( Libro de un caminante), por Juan Grarcia.
Madrid, 1871, pp. 506-509.
(2) Escenas Montañesas, Madrid, 1864, pp . 109-110.
Análogos á los marzas son los cantares de bodas, de que Pereda
ha dado varias muestras recogidas en Tudanca (Vid. Homenaje á
M. P., tomo II al fin).
216
LÍRICOS CASTELLANOS
I
La Virgen se está peinando — debajo de una palmera;
los peines eran de plata, — la cinta de primaveras.
Por allí pasó José; —le dice desta manera :
¿Cómo no canta la Virgen? — ¿Cómo no canta la bella?
— ¿Cómo quieres que yo cante, — sólita y en tierra ajena,
si un hijo que yo tenía, — más blanco que una azucena,
me lo están crucificando— en una cruz de madera?
81 me lo queréis bajar, — bajádmelo en hora buena;
os ayudará San Juan, — y también la Magdalena,
y también Santa Isabel — que es muy buena medianera (1).
II /
El Ciego»
Camina la Virgen pura— de Egipto para Belén;
en la mitad del camino —el niño tenía sed.
Allá arriba, en aquel alto — hay un viejo naranjel:
un viejo le está guardando, — ¡qué diera ciego por ver!
— Ciego mío, ciego mío, — ¡si una naranja me dier,
para la sed de este niño — un poquito entretener!
— Ay, señora, sí señora, — tome ya las que quisier. —
La Virgen, como era Virgen,— no cogía más de tres:
el niño, como era niño, — todas las quiere coger.
Apenas se va la Virgen — el ciego comienza á ver.
¡Quién ha sido esta señora — que me hizo tal merced!
— Ha sido la Virgen pura, — que va de Egipto á Belén (2).
(1) Vid. La Tertulia, rovista publicada en Santander, en 1876^
pp. 82-83.
(2) Ave, Maris Stella^ historia montañesa del siglo X VIJ^ por Jua»
García (Madrid 1877), p. 429.
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 217
rinalmente, en un modesto, pero muy curioso opúsculo^
publicado en 1897 por D. Ramón Ortiz de la Torre y Fer-
nández de Bustamante, encuentro una excelente versión de
Las Hijas del Conde Flores (por otro nombre Reina y Cauti-
va) y fragmentos de otros cuatro romances, Délgadina,
Doña Arbola, Gelinos y el Conde, El Cautivo, recogidos to-
dos en el pueblo de Bejorís (Valle de Toranzo). Bien pare-
ce, y contenta el ánimo, que del solar de D. Francisco de
Quevedo hayan salido estas primicias de la poesía popu-
lar montañesa.
I
Lias Iiijas del Conde F'lores*
— Sal á cazar, el rey moro, — á cazar como solías;
y traerásme una cristiana — de gran belleza y valía. —
Ya se saliera el rey moro— á las carreras salía,
y á la hija del buen conde — allí ficiera cautiva.
Ya la lleva, ya la lleva — camin de la Morería,
la hija del conde moro— de su esposo estaba en cinta.
Ya la presenta á la reina — que hace muy grande alegría.
— Bien venida la mi esclava — la gentil esclava mía,
tengo de hacer contigo — lo que con otra no haría.
Tengo de darte las llaves — de todo cuanto tenía.
— No quiero tus llaves, mora,— tus llaves yo non quería,
pues las tuyas son de fierro — las mías de plata fina.
Quiso Dios y la fortuna — que ambas parieran un día;
la cristiana parió un niño, — parió la mora una niña:
las parteras son traidoras — y por haber las albricias,
llevan el niño á la mora— y á la cristiana la niña.
No tardara mucho tiempo,— que dentro del tercer día,
fué la mora á ver su esclava — por ver qué cama tenía.
— ¿Cómo está así la mi esclava, — la gentil esclava mía?
— ¿Cómo queréis que yo esté?... — como una mujer parida.
— Daráisme mi niño, mora, — que yo le bautizaría,
218
LÍRICOS CASTELLANOS
y pondríale «.Conde Floresy>— que así le pertenecía.
— Si eso decís, la cristiana,— ¿qué pondrías á la niña?
— Si yo estuviese en mi tierra— y la niña fuera mía,
pondríala Blanca-Flor,— y rosa de Alejandría,
que así llamaba mi padre— á una hermana que tenía;
me la cautivaron moros— acá dentro, en Morería,
me la cautivaron moros — día de Pascua Florida.
— Si eso decís, la cristiana, — tú eres la hermana mía. —
Esto que oyera el rey moro — de la alta torre venía:
— ¿Qué tiene la mi mujer? — ¿qué tiene la mujer mía,
pues cuando menos lo espero — hace tantas alegrías?
— Que entendí tener esclava — y dulce hermana tenía.
— Callad, callad, mi mujer,— callad, callad, mujer mía;
que de tres hijos que tengo — el mejor escogería,
y por haceros merced, — con ella le casaría.
— No lo quiera Dios del cielo — ni la sagrada María,
dos hijas del Conde Flores —maridar en Morería.
Válgame Nuestra Señora, — válgame Santa María.
II
Fragmentos de Delgadina.
Tres hijas tenía el rey — todas tres como una plata,
la más pequeñita de ellas— Delgadina se llamaba.
— Delgadina, Delgadina,— tú has de ser mi enamorada.
— No lo quiera Dios del cielo — ni su Madre Soberana.
Unas van con jarras de oro — otras con jarros de plata;
por muy pronto que llegaron — Delgadina ya finaba.
III
Fragmento de Doña Arbola.
— ¿Cómo non fablas mi esposa, — cual me solías fablare?
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 219
— ¿Cómo he de fablaros, conde, — si non puedo respirare?
Los campos por dó pasamos — regados con sangre vane.
IV
Fragmento de Celinos.
Pelea el uno, pelea el otro,— Celinos debajo cae,
— Por Dios te pido, buen conde, no me acabes de matar.
Cortárale la cabeza — en la mitad del umbral (?),
cógela de los cabellos — y á la condesa la trae.
— Mal fecistes, el buen conde— al buen Celinos matar;
si lo saben sus parientes, — ellos te podrán matar,
y si ellos no lo supieran — yo les mandaré llamar.
— Estas palabras, condesa, — la vida te han de costar (1).
Y
Fragmento de El Cautivo*
Me cautivaron los moros — entre la paz y la guerra,
me llevaron á vender — á Jerez de la Frontera.
No había moro ni mora — que por mí una dobla diera,
si no es un perro moro-~(malas puñaladas fuera)
que á la primera palabra — por mí cien doblas diera.
Me daba una vida mala — me daba una vida perra,
de noche majando esparto— de día moler cibera.
Quiso Dios y la fortuna — que tenía el ama buena.
(1) Sospecha, no sin alguna verosimilitud, el Sr. Ortiz de la To-
rre, que este romance pueda aludir á los amores de la condesa de
Castilla, madre de Sancho Garcia
220
LIRICOS CASTELLANOS
qae cuando el moro iba á caza — me espulgaba la cabeza,
todos los días decia :— «Cristiano, vete á tu tierra.
Si lo haces por caballo — yo te daré una yegua,
si lo haces por dinero — yo te daré algunas perlas.
Es lástima que el colector de estos romances no los re-
cordara enteros, porque son versiones antiguas y bue-
nas (1).
IV. Afírmase generalmente, pero no parece creíble,
que en las provincias castellanas por excelencia (la de San-
tander lo es, pero difiere geográficamente de las restan-
tes) apenas se conservan romances. Una reciente excur-
sión de D. Ramón Menéndez Pidal por las provincias de
Burgos y Soria, ha demostrado que en mayor ó menor
número existen, aunque hasta ahora les han faltado colec-
tores.
«Una mrjer de Aranda de Duero recordaba versos suel-
tos de romances que había cantado cuando niña. He po-
(1) Recuerdos de Cantabria. Libro de Bejoris, por Ramón Ortiz
de la Torre y Fernández de Bustamante. 1897. Falencia, Imprenta
y librería de Elias Heredia á.^'-SS pp.
Transcribe también una variante de las Marzas, tal como se can-
tan en Toranzo:
Marzas floridas — seáis bien venidas.
Florido Marzo — seáis bien llegado,
á las cuarentenas — santas y buenas.
Tengan, señores, — muy nobles cenas.
En esta casa habrá — un rey y una reina,
de los dos saldrán — doce hijas hembras (!),
las seis serán monjas, — monjas y abadesas,
y las otras seis, — por ser las más bellas,
Duques y Condes — casarán con ellas.
Angelitos somos,— del cielo venimos,
bolsillos traemos, — dinero pedimos.
Si no nos le dan, — con Dios, que nos fuimos.
ROMANCES XaADlClONALES DE VARIAS PROVINCIAS 221
dido identificar los siguientes : Delgadina, Las señas del
esposo (sabía sólo dos versos
En el puño de la espada— lleva las armas del Rey);
Santa Catalina, El Falmero
¿Dónde vas pobre soldado, — dónde vas triste de ti...
y El Conde del Sol. Otros breves fragmentos me eran des-
conocidos :
Paseaba un capitán, — una mañana serena
con cuatrocientos caballos — debajo de su bandera...
Voces corren, voces corren, — voces corren por España,
que don Juan el caballero — está malito en la cama».
Además de esta nota, el Sr. Menéndez Pidal me ha co-
municado una variante de Doña Arbola, recogida en el
Burgo de Osma, muy imperfecta sin duda, pero curiosa
por su procedencia (cf. el núm. 23 de los romances anda-
luces^. Véase á continuación:
Carmela*
(Versión del Burgo de Osma.)
La Carmela se pasea— por una sala adelante,
la da un dolor de parto — que la hace arrodillarse;
la suegra la estaba oyendo— daba gAsto el escucharla.
— Anda, vete de áhi, Carmela, — á parir á en casa de tu madre,
que á la noche vendrá Pedro, — yo le daré de cenar,
yo le daré ropa limpia, — yo le daré de mudarse. —
A la noche vino Pedro.— La Carmela, ¿dónde está? —
— La Carmela, hijo mío,— nos ha tratado muy mal,
de putas y de ladrones— hasta el último linaje. —
222
LIRICOS CASTELLANOS
Monta Pedro en su caballo — con dos criados delante,
al entrar por una entrada, — se encuentra con la comadre,
— Bien venido sea Pedro, - ya tenemos un infante.
El infante Dios le cría — y la madre Dios lo sabe.
— ¿Quién es ese caballero— que tan buenas nuevas da?
Y si es mi marido, madre, — que se pase por acá,
Beberá del rico vino, — comerá del rico pan. —
— Ni quiero tu rico vino, — ni quiero tu rico pan;
te digo que te levantes, — bien te puedes levantar,
otra vez que te lo diga, — te he de dar con un puñal. —
Las monjas que la vestían— no dejaban de llorar,
los perritos en la calle—no dejaban de ladrar,
los caballos en la cuadra— no dejan de relinchar.
Ya la ha montado á caballo, — la Carmela ya se va.
Andaron como seis leguas — sin el uno al otro hablarse.
—¿Cómo no me hablas, Carmela? — ¿Cómo quieres que yo te
si las ancas del caballo — van bañaditas de sangre? [hable,
— Confiésate, mi Carmela, — que yo se lo diré á un fraile,
que en llegando á aquella ermita^— tengo ánimo de matarte. —
Las campanas se repican — sin que las tocara nadie.
— *¿Quién se ha muerto, quién se ha muerto? — La Carmela de
[Olivares. —
— No se ha muerto, no se ha muerto, — que la ha matado mi
por un falso testimonio — que ha solido levantarle, [padre,
y una abuela que tenía— reviente por los hi jares.
(Otro anadia.)
El hijo subió al cielo— juntamente con su madre,
su abuela á el infierno —
y su amante al purgatorio— á purgar lo qué Dios mande.
V. Es de suponer que en aquella parte de las Provin-
cias Vascongadas donde predomina de antiguo la lengua
castellana (Encartaciones de Vizcaya, provincia de Ala-
va, etc.), hayan penetrado nuestros romances, como en las
demás regiones de la Península. Es más : parecen haber
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 223
influido en la misma pof^sía éuskara, pues el más antiguo
fragmento que de ella se ha citado hasta ahora con carac-
teres de autenticidad, es á saber, el que se refiere á la ba-
talla de Beotivar, ganada por los Guipuzcoanos á los Na-
varros en 1321; el Beoiibarco Giuluay que Esteban de Ga-
ribay publicó en su Compendio Historial, suena á lo me-
nos en nuestros oídos profanos como un fragmento de ro-
mance, nombre que ya le dió Argote de Molina :
Mila urte igarota— ura bere bidean,
guipuzcoarrac sartu dirá— gazteluco etcheaii,
nafarraquin batu dirá — beotibarren pelean (1).
La curiosa erudición del venerable Argote de Molina^
en su Discurso sobre la poesía castellana (1575) ligó ya esta
poesía histórica con las nuestras: «Es romance de una ba-
»talla que Gil López de Oña, señor de la Casa de Larrea^
»dió á los Navarros y á Don Ponce de Moren tana, su ca-
»pitán, caballero francés..., cuya significación en castella-
»no es que, aun pasados los mil años va el agua su ca-
»mino y que los Guipuzcoanos habían entrado en la casa
»de Gaztelu y habían rompido en batalla á los Navarros
»en Beotibar».
Nuestra absoluta ignorancia del vascuence nos impide
averiguar si esta influencia castellana se percibe también
en aquellas poesías fúnebres, endechas ó cantos de duelo,
que se componían en eJ siglo xv, y de que el mismo Ga-
ribay (2) nos dejó tan curiosas noticias en sus Memorias,
Sólo sé que este género de poesía plañidera (análoga á lo&
(1) Vid. F. Michel, Le Pays Basque, París, 1857, p. 243; y Man-
terola (José), Cancionero Vasco, seguiida serie. San Sebastián, 1878^
pp. 67-72.
(2j Memorial histórico español: Colección de documentos, opúscu-
los y antigüedades, que publica la Real Academia de la Historia.
Tomo 7.^. Madrid, 1854.
224 LÍRICOS CASTELLANOS
voceri de Córcega) existía también entre nosotros por el
mismo tiempo y acompañado de iguales costumbres, y
de él son muestras bellísimas las endechas á la trágica
muerte de los Comendadores de Córdoba, y las del fu-
neral de Hernán Peraza, muerto en la conquista de Cana-
rias. De todos modos, las noticias de Garibay son tan
curiosas para la historia de la poesía popular, y están to-
davía tan poco divulgadas, que me parece conveniente po-
nerlas juntas aquí, suprimiendo los versos, porque ni los
entiendo, ni sé siquiera si están transcritos con la exacti-
tud debida.
En Mayo de 1464, los banderizos de la parcialidad oña-
cina mataron á Martín Báñez junto al caserío de Ibarreta,
en el camino de Mondragón á Zaragarza: «Doña Sancha
»Ochoa de Ozaeta hizo gran llanto, muy usado en este si-
»glo, por la desgraciada muerte de Martín Báñez su ma-
»rido y soledad suya y de sus hijos, y cantó muchas ende-
»chas, que en vascuence se llaman <.<ey€siac»y y entre ellas
»se conservan hoy día algunas en memoria de las gentes,
» en especial estas : Oñetaco lurrau, etc. Su significación
»es que la tierra de los pies le temblaba y de la misma
» manera las carnes de sus cuatro cuartos, porque Martín
»Báñez era muerto en Ibarreta, y había de tomar en la
»una mano el dardo, y 'en la otra una hacha de palo en-
»cendida y había de quemar á toda Aramayona. Esta es
xla substancia de estos versos, dando á entender en los
»tres primeros el gran sentimiento de la desgraciada muer-
»te de su marido, y en los otros tres restantes su vengan -
»za» (pp. 46-47).
. Habiendo fallecido moza Doña Emilia de Lastur, natu-
ral de Deva, entendióse que su marido Pero García de
Oro quería contraer segundas nupcias con Doña Marina de
Arrazola. «Hizo mucho sentimiento dello una hermana de
KOMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 225
»Doña Emilia, y venida de Deva á Mondragón, cantó las
» endechas siguientes en cierto día de sus honras, cosa
»muy usada en este siglo: Cer ete da andra, etc.
»E1 sentido de estos versos es que ella, hablando con
»su hermana Doña Emilia, recién fallecida, llamada Milia
»en esta lengua, da á entender no haber sido bien tratada
»del marido, y que estaba ya debaxo de la tierra fría, te-
»niendo encima su losa, y era menester que la llevasen á
i^Lastur, pues su padre baxaba gran hato de ganado para
»sus funerarias, y su madre adrezaba la sepultura; de don-
»de se sigue que los padres eran vivos cuando falleció ella
»moza. Dize más en los últimos versos, exclamando mu-
»cho su muerte, que del cielo había caído una piedra y ha-
»bía acertado á dar en la Torre nueva de Lastur, y había
» quitado la mitad á las almenas, y había menester ir ella
ȇ Lastur y otras razones, haciendo sentimiento del casa-
» miento que se entendía quería hazer con la dicha Doña
»Marina de Arrazola.
»A estas cosas respondió Doña Sancha Ortiz, hermana
»de Pero García de Oro, los versos siguientes: Ec dauco,
» etcétera. Quieren decir que Pero García de Oro no tuvo
»culpa en lo que ella le oponía, sino que fué mandamiento
»del cielo, y que con mucha grandeza había sido ella mu-
»jer de un hombre pequeño y bien hQcho, y así se refiere
»dél haber sido de estatura pequeña, pero de rostro her-
»moso y bien proporcionado en sus miembros . Dize más,
»que sola ella vivir en portal ancho, significándolo por su
»casa grande, y que había sido señora de grande esquero
»de llaves, por significar por ellas su mucha riqueza, y
»sustentada en mucha honra por el marido .
»Hay otras coplas sobre lo mismo, que también las
»quiero poner aquí, cantadas por la dicha hermana de Doña
»Emilia : Arren ene andra, etc.
Tomo X. 1 r>
226 LIRICOS CASTELLANOS
^Hablando con la misma Doña Emilia, quieren dezir,
»que el mensajero no lo había hecho bien y que del cielo
»habia caído un poste, y dado en la Torre alta de Lastur,
»y se había llevado, por dezir muerto, al señor y señora
»de esta casa, al uno primero y á la otra después, y habían
» enviado una carta al cielo para que la diesen á esta se~
»ñora. Dize más que estaba indignada contra Mondragón,
»porque había tomado mal á las mujeres de Guipúzcoa,
»de las cuales nombra tres... Son endechas de mujeres,
»que por conservación de esta vejez las he querido refe-
»rir aquí» (pp. 178-180).
Juzgando estos versos con los ojos, puesto que desco-
nozco la pronunciación, el metro parece octosílabo y la
forma predominante un tetrástrofo monorrimo, aunque
también se notan pareados, y series de cinco ó seis versos
con la misma rima. De todos modos, la forma del romance
está menos caracterizada en estas improvisaciones que en
el canto de Beotivar.
VI, No he visto ningún romance procedente de Na-
varra ni de la Rioja, pero sé por el respetable testimonio
de Amador de los Ríos (Lit, Esp.^ tomo VII, 445), que
existe, por lo menos, el de Delgadina, del cual bien puede
afirmarse que se canta en todas las regiones de la Penín-
sula.
Del Alto Aragón ha coleccionado varias poesías popu-
lares el Sr. D. Joaquín Costa, en quien la originalidad
del pensar se junta con la más vasta y selecta erudición.
En El Folk-Lore Andaluz (Mayo de 1882) publicó una no-
table variante del romance de la suegra perversa, llamada
comúnmente Doña Arbola :
Se pasea la Carmona — por sus salas arrogante,
con dolores de parir — que el corazón se le parte.
ROMANCES TRADíCrONALES DE VARIAS PROVINCIAS 227
Entre dolor y dolor — Carmona reza una salve.
Ya se asoma á la ventana — por ver si corría el aire;
desde allí ha visto el palacio, — el palacio de sn madre.
' — ^¡Oh, quién tuviera una casa, — una casa en aquel valle!
tendría por compañera — á la Virgen y á mi madre.
— Vete, Carmona, á parir — al palacio de tu madre.
— Y Don Bueso, cuando venga, — ¿quién querrá me lo hospe-
— Yo te lo hospedaré, yo, — [daré?
con perdices y capones, — y otros manjares más grandes.
— Ya ha llegado Don Bueso; — le ha preguntado á su madre:
— ¿Dónde está la mi Carmona, — que á recibirme no sale?
— Tu Carmona se ha marchado — al palacio de sus padres,
y me ha dicho «puta vieja»— y á ti hijo de malos padres.
— A delicias, conde mío, — á delicias pienso hablarle,
ha parido la Carmona— un hijo primer infante.
— Que ni el infante lo goce — ni ella de allí se levante.
— Albricias, albricias, conde, — albricias, que pienso hablarte,
que ha parido la Carmona — un hijo primero infante.
— Que ni el infante lo goce — ni ella de allí se levante.
—¿Quién es ese caballero—tan descortés en hablare?
— Es tu marido, Carmona, — que por ti ha de preguntare.
— Levántate de esa cama— antes que yo te lévante.
— Hombre, de una hora parida, — ¿cómo quieres me levante?
— Levántate de ahí, Carmona, — antes de que yo me enfade.
Aprisa pide vestirse — y aprisa pide calzarse,
las doncellas que la visten van bañaditas en sangre.
— ¿Dónde quieres ir, Carmona,— en las ancas ó delante?
— En las ancas, caballero, — que no quiero deshonrarte.
— ¿Cómo no me hablas, Carmona,— de lo que solías hablarme?
— Hombre, de una hora parida,— ¿cómo quieres que te hable?
las ancas de tu caballo — van bañaditas en sangre,
y el camino que traemos — no hay peor para igualarle.
— Ya hemos llegado, Carmona,— al sitio donde matarte.
— ¡Ah! ¡qué delicia la mía— si el recién nacido hablare!
—Quieto, quieto, padre mío,— quieto, quieto, mío padre :
culpas que debe mi abuela, —¿quieres que pague mi madre? —
228
LÍRICOS CASTELLANOS
Alzó los ojos al cielo: — ¡ah, qué delicia tan grande;
niño de una hora nacido— ya le ha habladito á su padre!
VII. Noticias recientemente publicadas, inducen á
creer que en el fértilísimo reino de Murcia hay cosecha
de romances, y no solamente novelescos, sino histórico -
fronterizos, lo cual es singularidad muy apreciable, por-
que los temas históricos son hoy muy raros en la tradición
oral. El erudito investigador D. Pedro Díaz Cassóu, en
un opúsculo sobre literatura popular murciana (1), dice
haber coleccionado varios de este género y nos da sus
principios :
Fumarea, fumarea, — que sale del Almenar
tantos de cristianos matan — que es dolor de lo mirar,,.
El famoso Don Luis— que se apellida Faxardo
(refiérese, como, los anteriores, al Marqués de los Vélez.)
Guardas, guardas, pues lo sodes —esas puertas bien guardallas.
En el gran reino de Muróla — ilustre pompa de España...
(Canta las hazañas de Lisón, comendador de Aledo.)
Medio día era por filo — em día de verano
(Romance de moros y cristianos.)
(1) El 'Cancionero Panocho, coplas, cantares^ romances de la Huer
tí\ de Murcia. Madrid, Fortanet, 1900, p. 85 y ss.
ROMAx\CES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 229
Es lástima que el Sr. Díaz Cassóu se limite á esta indi-
cación en materia tan importante, y no dé íntegro el texto
de dichos romances, acaso por seguir con demasiado rigor
la distinción que establece entre la poesía de la ciudad y
la de la huerta. Tales escrúpulos de clasificación no deben
ser obstáculo para salvar, con cualquier pretexto, estas ve-
nerables reliquias de la poesía tradicional, más interesan-
tes á nuestros ojos que las coplas y cantares á que princi-
palmente atienden los folk-loristas.
VIII. Ya he indicado la sospecha de que en Canarias
puedan existir viejos romances llevados allá en el siglo xv
por los conquistadores castellanos y andaluces. Si se en-
contrasen sería buen hallazgo, porque en casos análogos
se observa que las versiones insulares son más arcaicas y
puras que las del Continente, como sucede en Mallorca con
relación á Cataluña, en Madera y las Azores con relación
á Portugal. ^
De poesía histórica relativa á Canarias no conozco más
que las célebres endechas que en Lanzarote se cantaron
por los años de 1443, á la muerte del sevillano Guillén
Peraza. Los recogió en 1632 de la tradición oral («cuya
memoria dura hasta hoy») el franciscano Abreu Galindo,
y de él las han copiado los demás historiadores del Archi-
piélago. Dicen así :
Llorad las damas, — si Dios os vala.
Guillén Peraza — quedó en la Palma,
la flor marchita — de la sú cara.
No eres Palma, — eres retama,
eres ciprés — de triste rama,
eres desdicha, — desdicha mala.
Tus campos rompan— tristes volcanes,
no vean placeres — sino pesares,
cubran tus flores — los arenales.
230
LÍRICOS CASTELLANOS
Guillén Peraza, — Giiillén Peraza,
¿do está tu escudo?— ¿do está tu lanza?
todo lo acaba — la mala andanza (1).
Este romancillo pentasilábico, notable por la intensidad
del sentimiento poético, consta, como se ve, de cuatro se-
ries asonantadas de seis versos cada una, siendo patente
su analogía con los cantos fúnebres vascongados que cita
Garibay.
En ritmo análogo al de las endechas de Guillén Pera-
za está compuesto el célebre cantar de los Comendadores
de Córdoba (núm. 1902 del Romancero de Durán), cuyo
estudio reservamos para otro lugar. A imitación suya se
compuso luego el de la muerte de D. Alonso de Aguilar :
«¡Ay Sierra Bermeja — por mi mal os vi!^
Y finalmente de la poesía popular pasó este metro á la
erudita, conservando el mismo nombre de endechas, que
luego se aplicó á otras composiciones análogas por el pen-
samiento, aunque diversas por la versificación.
IX. ¿Se cantan romances viejos en la América que
fué española? Podemos afirmar que sí, nada menos que
con el testimonio del colombiano D. Rufino José Cuervo,
que es al presente el primer filólogo de nuestra raza: «En
»un desconocido valle de los Andes he oído á un inculto
»campesino recitar los romances de Bernardo del Carpió
»(que él llama Bernardino Alcarpió) y de los infantes de
»Lara» (2).
(1) Historia de la Conquista de las siete islas de la Gran Canaria^
escrita por el Reverendo Padre Fray Juan de Abreu Galindo. Año
de 1632. Santa Cruz de Tenerife, 1848 (Biblioteca Isleña), pp. 63-64.
(2) Anuario de la Academia Colombiana. Año de 1874. Bogotá.
Página 225.
ROMANCES TRADICIONALES DE VARIAS PROVINCIAS 234
Tal indicación, y viniendo de tal autor, despierta desde
luego la curiosidad, que él puede satisfacer mejor que
nadie. En los libros americanos que he registrado, nada
encuentro que me dé luz sobre el asunto, salvo estas pa-
labras del malogrado y simpático D. José María Verga-
ra (1), hablando de los llaneros de San Martin y de Ca-
sanare: «Sus composiciones favoritas son largos romances
»consonantados (?) que llaman galerón, y que cantan en una
» especie de recitado con inflexiones de canto en el cuarto
» verso. Es el mismo romance popular de España, y contie-
»ne siempre la relación de alguna grande hazaña, en que
»el valor, y no el amor, es el protagonista : el amor es per-
»sonaje de segundo orden en los dramas del desierto. In-
» dudablemente tomaron la forma de metro y la idea de
»los romances españoles; pero desecharon luego iodos los
> originales, y compusieron romances suyos para celebrar
»sus propias proezas».
La cita de Cuervo prueba que no desecharon {olvidaron,
estaría mejor) todos los antiguos, pero los brevísimos frag-
mentos que transcribe Vergara y que tienen mucha seme-
janza con las canciones gauchescas de la Pampa Argenti-
na, pertenecen realmente á la poesía vulgar de jaques y
valentones, más bien que á la popular. Sólo puede hacerse
una excepción en favor de los siguientes versos que co-
rresponden al romance asturiano núm. 54, y á otros anda-
luces y portugueses que se citan en nuestra colección :
Por si acaso me mataren — no me entierren en sagrao,
entiérrenme en un llanito— donde no pase ganao :
un brazo déjenme ajuera — y un letrero colorao,
pa que digan las muchachas: — «Aquí murió un desdichao;
(1) Historia de la literatura en Nueva Granada^ por José María
Vergara y Vergara. Bogotá, 1867 y. pp. 518-522.
232
LÍRICOS CASTELLANOS
no murió de tabardillo,— ni de dolor de costao;
que murió de mal de amores— que es un mal desesperaos.
A juzgar por la muestra, nuestros romances deben de
andar algo desmedrados en América; pero valgan lo que
valieren, será útil reunirlos, sobre todo si los poetas líri-
cos, que allí abundan, no caen en la tentación de retocar-
los, sino que los dejan en su primitiva rusticidad.
SECCIÓN CUARTA
ROMANCES PORTÜGlfESES DE ORIGEN CASTELLANO
ROMANCES PORTUGUESES DE ORIGEN CASTELLANO
Recorriendo las copiosas y bien ordenadas colecciones
que debemos á los eruditos del reino vecino, apenas se
halla romance alguno que con certeza, ni siquiera con ve-
rosimilitud, pueda considerarse como portugués de origen.
Los novelescos y caballerescos, que son los que más abun-
dan, se encuentran también en versiones castellanas, y fre-
cuentemente con los mismos asonantes, en todos los rinco-
nes de la Península adonde la investigación ha llegado; y
otros figuran en los antiguos romanceros impresos. Algu-
nas de estas variantes, por ejemplo las de Asturias, pre-
sentan carácter más arcaico que las portuguesas, cuyo rela-
tivo pulimento artístico las hace sospechosas de elabora-
ción posterior. Los romances castellanos penetraban allí
como en Cataluña, y se fueron traduciendo insensiblemen-
te. En el siglo xvi se cantaban todavía en castellano, á juz-
gar por las referencias de los poetas artísticos. En caste-
llano cita Gil Vicente los de «En París está Doña Alda...»
«Los hijos de Doña Sancha...» «Mal me quieren en Casti-
lla...» y la canción de La Eella Malmaridada. En castella-
no cita Camoens en sus comedias y en sus cartas el «Afue-
ra, afuera, Rodrigo», el «Riberas de Duero arriba — cabal-
gaban zamoranos», el «Ya cabalga Calaínos — á la sombra
de una oliva», el «Mi padre era de Ronda — y mi madre de
Antequera», el «Mi cama son duras peñas — mi dormir
siempre velar». En castellano puso Jorge Ferreira de Vas-
236
LÍRICOS CASTELLANOS
concellos en su Comedia AnlegrapMa el principio del ro-
mance de Don Martín : «Pregonadas son las guerras — de
Francia contra Aragón». En castellano D. Francisco Ma-
nuel de Meló (ya bien entrado y aun mediado el siglo xvii)
el de «Á cazar va el caballero», y el de «Paseábase Silva-
na — por un corredor un día», que es hoy de los más vulga-
rizados en la tradición portuguesa (]).
Admitiendo, como boy admite todo crítico sensato, que
en arte y en literatura no hubo fronteras entre Portugal
y Castilla hasta el siglo pasado, hay que estimar el ro-
mancero portugués como un apéndice valiosísimo del cas-
tellano. Su carácter nada indígena se revela en la absolu-
ta falta de temas históricos. Los únicos romances que se
han compuesto sobre tradiciones portuguesas (con la sola
excepción del romance devoto de Santa Iria) están en cas-
tellano, y figuran en nuestras colecciones, hasta el núme-
ro de unos veinte, entre populares y artísticos. Así los de
D.* Isabel de Liar, los de Inés de Castro, los de la muer-
te del duque de Guimaraens y de la duquesa de Bragan-
za. Es muy probable que alguno de ellos fuera primiti-
vamente compuesto en la lengua del país donde aconte-
ce la escena; pero el hecho de haberse perdido todos los
originales, si es que existieron, indica que el caso sería
excepcional y sin más importancia que una mera imitación.
Castilla pagó á Galicia y Portugal comunicándoles su poe-
sía narrativa la deuda que con ellas tenía por haberle co-
municado en los albores de su literatura las formas líri-
cas. Sólo dos indicios hay de que en muy remotos tiempos
existiera en la parte occidental de la Península algún gé-
nero de poesía épica.
(1) Véanse reunidas éstas y otras indicaciones análogas, que por
brevedad omitimos, en el prólogo de Teófilo Braga á su libro Flo-
resta de voriofi romanees (Porto, 1869).
ROMANCES PORTUGUESES DE ORÍtíEN CASTELLANO 237
Perdida en el gran Cancionero galaico de la Bibliote-
ca del Vaticano, se encuentra con el núm. 466 un frag-
mento de cantar de gesta, que lleva el nombre de Ayras
Nunes Clérigo, que acaso no sería el autor, sino el mú-
sico que asonó la canción. Son diez y ocho versos (nin-
guno de ellos en la combinación 8 -|- 8), distribuidos en
seis grupos monorrimos, de tres versos cada uno. Pare-
cen haber sido extraídos de un poema que se refería á lo
menos en parte á D. Fernando el Magno, primer rey de
Castilla. ¿Este poema estaba en castellano como los de-
más de su género que conocemos hoy {Cid, Infantes de
Lar a, Crónica Rimada, etc.), y como parece que exigía su
asunto, ó fué compuesto originalmente en la lengua en que
se halla? Desde luego la versificación, aunque no entera-
mente regular en cuanto al número de sílabas de los he-
mistiquios, que unas veces son de seis, otras de siete síla-
bas, tiene cierta disposición simétrica que indica la mano
de un poeta artístico (probablemente el mismo Ayras Nu-
nes) que refunde un texto más bárbaro y primitivo, y pro-
cura acomodarlo á los hábitos de la poesía culta. Pero
tampoco es inverosímil, de ningún modo, que un juglar
gallego y aun un clérigo como Ayras Nunes, haya podi-
do componer, á imitación de los cantares de gesta caste-
llanos, uno en su lengua. De todos modos, el trozo que te-
nemos es tan breve, que por sí solo no puede resolver
cuestión alguna, aunque suscite muchas. Dice así, según
la hábil restauración de T. Braga (1):
Desfiar enviarom— -ora de Tudela
filhos de Doin Fernando — d' el rey de Gástela;
e disse el-rey — logo : — «Hide alá Dom Vela».
(1) Cancioneiro Portugw'Z da Vaticana, Edi^ao critica restituida
sobre o tevto diplomático de Halle.,, Lisboa, 187B, pág. 88.
238
LÍRICOS CASTELLANOS
«Desfiade e mostrade — por mi esta razom,
se quiseretn per talho — do reino de Leom,
filhem por en Navarra — ou o reino d' Aragom.
»Ainda Ihes fazede — outra preitesia
dar-lhes ey per talho— quanto ey en Galicia,
e aquesto Ihe fa^o— por partir perfía.
»E fa^o grave dito — cá mens sobrinhos som,
se quiserem per talho— do reino de Leom,
filhem por en Navarra— ou o reino d' Aragom.
»E veed' ora, amigos — se prend' en engaño;
e fazede de guisa— que ja sem meu daño,
se quiserem tregoa — dade Ih' a por un anno.
»Outorgo a por mi— e por eles dom,
c' as tem se quizerem -per talho de Leom,
filhem por en Navarra — ou o reino d' Aragom».
Hay en el mismo Cancionero una poesía burlesca con el
siguiente título (núm. 1080): «Aquí sse comega a gesta,
que fez Don Affonso Lopes a Don Meendo e a seus vassa-
líos, de mal diser». Es en estilo y metro una parodia de los
cantares de gesta, hecha en tres series monorrimas bas-
tante largas (una de ellas de 24 versos), repitiéndose al
fin de cada una el pneuma Eoy. Pero esta parodia sólo
prueba que en Galicia y en Portugal eran conocidas las
gestas castellanas y francesas, hecho que nadie pone en
duda.
Gil Vicente en el Auto da Luzitania (Obras, edición de
Hamburgo, tomo III, pág. 270) trae este fragmento de un
romance del Cid traducido al portugués (1):
Ai Valen^a, guai Valen^a, — de fogo sejas queimada,
primero foste de Mouros — que de Christianos tomada.
(1) Cf. el original castellano que es el que principia :
Hélo, hélo, por do viene — el moro por la calzada.
ROMANCES PORTUGUESES DE ORIGEN CASTELLANO 239
Alfaleme na cabera, — en la mano una azagaya.
Guai Valenga, guai Valenga, — como estás bem assentada;
antes que sejam tres días— de Moiros serás cercada.
En la tradición oral portuguesa se han conservado dos
romances históricos de asunto castellano, y uno del ciclo
carolingioi Creo necesario reproducirlos aquí, tanto por
ser indudable su origen, cuanto por completar los ciclos
respectivos.
El primero, ó sea el del paso de Eoncesvalles, del cual
publicó Almeida Garret (II, 245) una versión procedente
de Tras-os-montes, es una hermosa variante del núm. 185
de la Primavera «Por la matanza va el viejo» y del 185 a
«En los campos de Alventosa».
El segundo, que lleva el título de D. Rodrigo, no se re-
fiere al último rey de los godos, como pudiera creerse, sino
que está compuesto con reminiscencias de los romances re-
lativos á la partición de los reinos hecha por D. Fernando
el Magno, y al cerco de Zamora. Debe de ser bastante mo-
derno, como lo prueba lo anti-histórico de los nombres
(D. Ramiro, D. Gaiferos, D.a Almansa, el conde Losada,
padre de Ximena Gómez) tomados de otros romances ó
de historias posteriores; pero á pesar de esta degenera-
ción, el fondo épico persiste. Este romance no se encuen-
tra más que en el Algarve. Le ha publicado Estacio da
Veiga (Romanceiro do Algarve, págs. 16-22) que obtuvo
dos versiones poco diversas, una oída á una mendiga
de la ciudad de Tavira , otra á una pobre mujer de
Puzeta.
El tercero es un curiosísimo romance del Cid, que se
canta en la isla de la Madera, y ha sido publicado por
A. Rodrigues de Azevedo en su Romanceiro (204-211).
Pertenece al mismo período de degeneración que el ante-
240
LÍRICOS CASTELLANOS
rior, y en él se mezclan con reminiscencias de los roman-
ces del Cid, otras de los romances fronterizos (Cí. Prima-
vera, núms. 55 y 56).
L— nomance do Passo de Itoneesval*
'Versión de Trás-os-Montes).
— «Quedos, quedos, cavalleiros — que el-rey os manda con-
Oontaram e recontaram,— só un Ihe vinha a faltar; [tar!»
-era esse Dom Beltráo, — táo forte no batalhar;
nunca o acharam de menos — senao n' aquello contar,
-senao ao passar do rio— nos portes do mal pasear;
deitam sortes á ventura — a qual o ha de ir buscar;
que ao partir fizeram todos — preito homenagem no altar :
o que na guerra morrese — dentro en Franca se enterrar.
Sete vezes deitam sortes — a quem no ha de ir buscar;
todas sete Ihe cahiram — ao bom velho de seu pai.
Volta rédeas ao cavallo,— sem mais dizer nem fallar...
Que Ih' a sorte nao cahira, — nunca elle havía ficar.
Triste e só se vae andando, — nao cessava de chorar;
de día vae pelos montes, — de noite vae pelo val,
aos pastores perguntando— se viram allí passar
•cavalleiro de armas brancas, — seu cavallo tremedal.
— «Cavalleiro de armas brancas, — seu cavallo tremedal,
por esta ribeira fóra, — ninguem nao n' o viu passar».
Vae andando, vae andando, — sem nunca desanimar,
chega áquella mortandade— dónde fora Eoncesval :
os bra90S ja tem cansados — de tanto morto virar.
Viu a todos os francezes, — Dom Beltrao nao pode adiar.
Volta atrás o vélho triste, — volta por um areal,
viu estar um perro mouro— em um adarve a velar : [nar
— «Por Déos te pego, bom mouro,— me digas sem me enga-
cavalleiro de armas brancas. — se o viste por' qui passar,
honten á noite sería, — horas d' o gallo cantar,
se entre vos está cativo— a oiro o hei de pesar».
ROMANCES PORTUGUESES DE ORIGEN CASTELLANO 244
— «Esse cavalleiro, amigo,— diz' -me tu que signaes traz?»
— «Brancas sao as suas armas, — o cavallo tremedal,
na ponta da sua lan^a — levaba um branco sendal,
que Ih' o bordou sua dama — bordado a ponto real».
— «Esse cavalleiro, amigo, — morto están' essepragal,
<íom as pernas dentro d' agua, — o corpo no are^gX,
Sete feridas no peito, — a qual será mais mortal :
por una Ihe entra o sol, — por outra Ihe entra o luar,
pela mais pequeña d' ellas — um gaviáo a voar».
— «Nao torno a culpa á meu filbo — nem aos mouros de o ma-
tórno a culpa ao seu cavallo — de o nao saber retirar», [tar :
Milagre! quem tal diría,— quem tal poderá contar!
O cavallo meio morto— allí se poz a fallar :
— «Nao me tornes essa culpa, — que m' a nao podes tornar;
tres vezes o retirei, — tres vezes para o salvar;
tres me deu de espora e rédea, — co' a sanba de pelejar,
tres vezes me apertou silbas, — me alargou o peitoral...
A tercera fui á térra -d' esta ferida mortal (1).
(1) Á este romance puso Almeida Garrett la siguiente nota :
< Con ser este um dos mais bellos que tem o romanceiro de Cas •
tella, eu acho-o mais bonito em portuguez, mais repassado d' aque-
lla melancholia e sensibilidade que faz o character da poesía do
nosso dialecto, e que principalmente o distingue dos outros todos
de Hespanlia.
« O cavallo moribundo que se levanta deante do pae de seu senhor,
para se justificar de seu procedimento na batallia, de como fez tudo
para o salvar — ó digno da Iliada e nao desdiz do mais grandioso
de nenbuma poesía primitiva >.
Confieso que este elocuente caballo, que en ninguna otra versión
aparece (puesto que T. Braga se limita á reproducir la de Almeida
Garrett), me infunde algunas sospechas de invención artística y
moderna, nada inverosímil en Garrett, único que parece haber oído
este romance, y que acaso no hizo más que imitarle de las coleccio-
nes castellanas, añadiéndole este lindo final, de su cosecha.
16
242
LIRICOS CASTELLANOS
Dom Rodrigo.
(Versión del Algarve).
Enfermo el-rei de Castella— em cama de prata estava;
des que seu mal o tnrgira, — sete doutos consultava,
qual d' elles de mais sabenga,~quasi todos de Granada.
Uns e outros Ihe diziam — que o seu mal nao era nada,
mas o mais velho de todos — outras falhas Ihe fallava:
— «Confessai vos, Dom Rodrigo,— fazei bem por vossa alma;
sete horas tendes de vida,— e urna ja quasi passada».
— «Fazer quero testamento — n* esta hora atribulada;
deixo a Dom Ramiro o burgo,— a Dom Gaifeiros a barra;
a Dona Aimansa, a formosa, — minha riqueza contada». —
A iste acode a princeza — muito triste e magoada: [nada,
— «Que Deus vos salve, ó meu pae,— e a mim, filha abando-
que assim daes a minha heranga — a quem si vos nao é nada!
Uma só filha que tendes, — bem que a deixaes desherdadal
Ai, pobre de minha vida, — pobre de mim, malfadadal
Para as portas de Sevilha — irei demandar pousada,
ganharei com triste pranto— para ser alimentadal»
— «Mulher que taes fallas resa, — devéra ser degollada;
eu só te deixo em Zamora — uma torre por contada;
e a quem lá fór procurar -te— sej a a cabera cortada (1).
Nao tenho mais que deixar— a uma filha deshonrada».
Ao romper do novo día— Zamora estava cercada. [pada,
— «Que parta já Dom Ramiro, — leve em punho a minha es-
que parta ja Dom Gaifeiros, — commandando a minha arma-
6 que en Zamora nao fique — uma torre alevantada». [da,
— «Lesto, lesto, Dom Ramiro, — com vossa real espada;
lesto, lesto, Dom Gaifeiros,— com a vossa nobre armada;
(1) En otra versión:
Que minha maldicáo haja.
ROMANCES PORTUGUESES DE ORIGEN CASTELLANO 243
que nao fique urna só torre,— Zamora fique arrazada!
DoEQ Ramiro, avante, avante, — con vosso ca vallo e malha;
minha mae vos deu vestidos, — meu pae davos sua espada,
e eu vos dou esporas de ouro,— pendao de seda encarnada
que de um lado leva o sol,— de outro a lúa prateada.
Vencei com esta bandeira — por minha mao só lavrada;
de ha muito que eu vol-a déra, — se essa mao nao fora dada...
Hoje é de XiAena Gomes, — filha do conde Lousada.
Nao m* importara que o fóra, — se me nao devesseis nada^.
— «Pois como assim é, senhora,- vai ella ser degollada.»
— «Nao o queira Deus bendito, nem a virgem consagrada,
que uniáo que o ceu permitte, — seja por mim apartada!
Adiante, ó Dom Ramiro, — com vossa real espada,
que já lá vai Dom Gaifeiros — commandando nobre armada.
Eu só nascí n' este mundo— para infanta desgranada».
Ruy Cid.
(Versión de la isla de la Madera).
Pol la veiga de Granada — el rei moiro passeiava,
de sua lan^a na mao,- com que passaros matava :
na Ihe dava pol los pés — nem pol las azas Ihe dava;
dava-lhe certo no bico,— que logo los derreava.
E, nisto, Ihe cbegam novas, — qu' Alfama Ih' era tomada.
— «Ai, Alfama, minh' Alfama,— que m' estavas mal guardada!
Ainda hontem, dos moiros; — hoje, dos christoes ganhada!
Ai, Alfama, minh' Alfama,— a fogo sejas queimada,
s' ámanha lo sol raiar— sem de moiros ser c' roáda!»
E chamou por seus moiricos. — que Ihe andavam na lavrada:
na Ihe vinham um a um; — quatro, cinco, de manada.
— Quem é lo aventoroso— que me ganh' esta jornada?»
I Repondeu Ih' um moiro velho, — de cem annos, menos nada :
—Esta batalha, bom rei,— só por vós será ganhada;
e lo perro de Ruy Cid— lo tereis pela barbada;
244
LÍRrCOS CASTELLANOS
la sua Ximena Gomes— será vossa captivada;
sua filha Don' Urraca — será vossa mancebada;
e la outra, mais chiquita, —p' ra vos servir descalcada».
Kuy Cid, que estav' ouvindo— da torre, sua morada,
logo chamou sua filha — dona Urraca chamada.
— «Veste, filha, teus brocados — d' ir á festa mais honrada;
de chapins d' oiro, nao prata — vem, tu filha, bem calcada;
^ já, já, poe te á janella, — ao caminho defrontada.
Em quanto vou cavalgar — e cingil la minha 'spada,
detem-me tu lo rei moiro,— que ha de passar na estrada.
Vae tu palavr' era palavra, — cada qual bem demorada;
cada una dellas todas — que seja d' amor tocada».
* — «Como Ih' hei fallar d' amor, — se d' amor eu na sei nada?
— «Falia lhe desta maneira —urna falla bem fallada :
«Bem appar' cido rei moiro, — nesta hor' aben<;pada!
Ha sept' annos, já sept annos,— que de vós sou namorada;
já vae correndo nos oito; — quero m' ir por vós fartada».
Vestida de seus brocados, — de chapins d' oiro calcada,
'stá Urraca de janella — ao caminho defrontada;
e deitando olhos ao longo,— vé lo rei que vem na estrada.
E lo moiro, que la viu, — la saudou, bem cortejada :
— «Alá vos guarde, senhora,— nesta hor' afortunadal:«>
ÉIL entao, desta maneira— fallou falla bem fallada;
e de palavr' em palabra— cada qual bem demorada,
cada uma d' ellas todas — era do amor tocada*.
— «Bem appar' cido, rei moiro — nesta hor' aben^oada!
Ha sept' annos, ja sept annos,— que de vós sou namorada;
já vae correndo nos oito; — quero m' ir por vós furtada».
— «Senhora, n' isso que qu' reis,— andaos bem aconselhada:
de tantas mulheres qu' en tenho, — só vos sois de mim amada;
seréis rainha dos moiros, — en grandes festas c' roada;
de duzentos mil vassallos — tereis vossa mao beijada».
Éll entao Ihe diz, com pena, — já tal vez enamorada :
— «I-vos d' aquí, meu rei moiro; — na me cuidéis refalsada.
Assomar vi cavalleiros, — que lá vem de mao armada
Com meu pae, lo Dom Kuy Cid, — a correr á desfilada».
ROMANCES PORTUGUESES DE ORIGEN CASTELLANO 245
— «Na me temo de Ruy Cid, — nem de sua gent' armada;
só temo lo seu Babieca, — filho da minh' egiia baia :
perdi-lo n uma batalha — bem Ihe siato la patada».
E lo moiro lá se vae — de carreira desfechada,
por meio d' uma courella — ja do arado cortada :
— «Mal baja lo lavrador, — que fez tamanha lavrada!>
Lo moiro sempre correado— de carreira desf echada,
vae a caminho do rio, — á barc' ahí costumada :
— «Tambem mal bajas, barqueiro,~que tens la barca varada!»
E na sua egua baia, — de carreira desfechada,
logo se metteu ao rio, — que na ha qu' esp* rar nada.
— «La mulher mae d' um só filho, — ai, que mae tao desastra-
Espora, que delle caía, —por ninguem será tomada! [da!
Que lo firam, que lo matem , — na tem la morte vingada!
Mas, se desta me vou salvo, — oh, que desforra tirada!»
No cómenos, vem Ruy Cid, — vé lo moro ir a nado;
e, de raivoso. Ib' atira — um dardo bem apontado.
— «Guardae-me lá, genro meu,~este dardo bem guardado».
E no corpo do rei moiro, — ñcou lo ferro cravado.
— «Como guardarte-te, Ruy Cid, — esse dardo traigoado,
se me vae a dentro d' alma,— no corpo atravessado?
Mas na morra desta feita,— que te prometto, sagrado,
varar te c' um cento delles, — sem precisar ser rogado».
SECCIÓN QUINTA
ROMANCES CASTELLANOS TRADICIONALES EN CATALIA
ADVERTENCIA PRELIMINAR
La poesía popular catalana, mucho más original que la
portuguesa, posee un considerable número de canciones
novelescas y de costumbres que son enteramente indíge-
nas ó locales, y otras que tienen más analogía con las de
Provenza y el Norte de Italia que con las de Castilla. En-
tre estas canciones hay algunas de grande hermosura y
de antigüedad indisputable, como la del Gompte Arnau,\si
de la Dama d! Avagó, la de La Gentil Porquerola, etc. Hay
también muchas vulgarfes y prosaicas, compuestas en los
siglos XVII y XVIII, pero enteramente catalanas por la len-
gua y por las alusiones.
La existencia de esta poesía regional no ha sido estorbo
para que desde el siglo xvi hasta nuestros días, los ro-
mances castellanos hayan penetrado y dominado en todas
las comarcas de lengua catalana (sin exceptuar el Rose-
llón y la ciudad sarda de Alguer) con el mismo imperio
y señorío que en todo lo restante de la Península. Y no se
entienda que esto ha pasado principalmente en el bilin-
güe reino valenciano: al contrario, de esta procedencia
conocemos muy pocos romances. En cambio, la tradición
oral del Principado de Cataluña conserva, más ó menos
estragados, no sólo los que á continuación ponemos como
muestra, escogiendo una sola versión entre las innúmera-
250 LÍRICOS GÁST£LLANOS
bles que de /ellos corren, sino otros menos importantes ó
menos primitivos. Y como quiera que este género de poe-
sía no es, por su índole, ciudadana, sino campesina, y no
ha sido recogida en las calles de Barcelona, sino en las co-
marcas más apartadas y montañosas, donde apenas se co-
noce el castellano mán que como lengua oficial; ni podre-
mos dudar del origen de estos romances, ni maravillarnos
tampoco del forzoso desgaste que en ellos ha producido
su continua recitación por gente de distinta lengua y pro.
sodia. La poesía popular se transmite en alas de la música:
se canta á veces lo que no se entiende: las palabras expe-
rimentan siempre mayor degradación que los tonos, y por
eso, á juicio de los inteligentes, es posible distinguir to-
davía en Cataluña las melodías que acompañan á estos ro-
mances importados, de las genuinamente catalanas, aun-
que es de creer que muchas veces habrán acompañado in-
diferentemente á uno ú otro género de canciones.
Greneralmente hablando, todos estos romances castella-
nos y semi-castellanos recogidos en Cataluña tienen pa-
radigmas en la tradición popular de Asturias, de Portu-
gal, de Andalucía ó de los judíos de Levante: suelen co-
incidir en las asonancias (aunque muchas veces están de-
formadas por la introducción de voces catalanas), y pre-
sentan continuamente no sólo frases, sino versos enteros
casi iguales. Su aspecto no es muy antiguo : de seguro nin-
guno de ellos se remonta más allá de fines del siglo xvi,
y aun creo que son pocos los que alcanzan esta fecha. Son,
por lo común, versiones degeneradas, si se las compara
con las asturianas y portuguesas, pero no en relación con
las que hasta ahora se ha encontrado en otras partes de
España. Sorprende, además, su número, y hay que agra-
decer al verdadero pueblo catalán, tan español siempre, el
cariño y la tenacidad con que ha conservado esta parte de
ADVERTENCIA PRELIMINAR 251
nuestro tesoro poético, mostrándose en esto más castellano
que los castellanos mismos.
A la sabiduría y honradez crítica de D. Manuel Milá y
Fontanals se debe el hallazgo y publicación de estos ro-
mances, que nunca cayó en la tentación de refundir ha-
ciéndolos pasar por canciones catalanas, como luego han
hecho otros. Ya en las Ohservacioim sobre la poesía popu-
lar (1853) insertó tres muy notables: el de ¡oh falencia!,
¡oh Valencia!, el de Flores y Blanca-flor y el de La aman-
te resucitada (1) y dió razón de la existencia de otros mu-
chos, añadiendo esta nota:
«Creemos que los romances castellanos empezarían á
hacerse tradicionales en Cataluña á últimos del siglo XV
y durante el siguiente, ya por raedio de juglares, ya por
medio de personas ó familias residentes en nuestro Prin-
cipado, ó ya por medio de Romanceros, ó más bien de plie-
gos sueltos como los del Marqués de Mantua y del Conde
Alarcos, que todavía se expenden. Acaso algunos de los
romances impresos entonces se recogieron ya en Cataluña
como los que aquí insertamos. De los ya impresos hemos
oído recitar el del Conde Albertos y el de Doña Isabel
de Liar. Aun algún romance del Cid, como el de San Pedro
de Cárdena, se conserva tradicionaimente en Barcelona, Pero
generalmente no son de los primitivos y sueltos, y se reci-
tan todos con un lenguaje muy corrupto».
Los romances castellanos, según Milá, alternan indis-
tintamente en la tradición con los provinciales, y aun mu-
chos de los últimos están salpicados de palabras del habla
nacional; pero esta mezcolanza, las más veces accidental
y arbitraria, y no constante en todas las versiones de una
(1) Omitimos aquí los dos primeros, porque ya Wolf los copió
en la Primciw-ra (núms. 23 y 24).
252 LÍRICOS CASTELLANOS
misma composición, se debe principalmente al deseo de
dar á los relatos un aire heroico y peregrino. Debe esti-
marse, pues, como síntoma de influencia, pero no de de-
rivación. De estas canciones, genuinamente catalanas, no
tratamos ahora : tienen un sello peculiar que impide con-
fundirlas con los romances castellanos, por muy estro-
peados que se presenten. Estos son los únicos que recla-
mamos.
Nada podemos decir por falta de experiencia y de com-
petencia acerca de las melodías que acompañan á estas
canciones. Piferrer (1) y Milá las admiraban con entusias-
mo y escribieron sobre el asunto páginas bellísimas. El
segundo, todavía en 1853 las tenía por enteramente origi-
nales é hijas del país. Pero en los preliminares que dejó
escritos para la segunda edición del Romancerillo (2), pro-
cede con más cautela y hace salvedades muy oportunas,
que conviene transcribir ahora que con tanto afán se bus-
ca por todas partes música popular :
«]\jayor indigenismo ofrecen, al parecer, los tonos ó
aires de música que la letra de las canciones. No es ma-
teria para ser tratada de paso y por un profano en la cien-
cia musical la del carácter nacional de las melodías popu-
lares. Es obvio que este carácter existe y es fácil distin-
guirlo en ciertos casos, como, por ejemplo, si se compara
tal melodía germánica con otra andaluza ó romana. Mas
no es menos cierto que se notan singulares analogías en-
tre las diversas músicas populares, y también se ha de
decir en este punto que no todo lo que conviene á un pue-
blo deja de convenir á otro, y pueden ser comunes á va-
rios ciertas delicadas armonías entre el modo de sentir y
la música, entre la expresión hablada y la cantada, entre
(1) Estudios de critica (Barcelona, 1859), p. 196.
(2) Vid. Obras completas, tom. 6.**, pág. 199.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
253
la construcción gramatical y el corte de la frase melódica.
De suerte que es cosa muy hacedera que un autor catalán
se apropie una melodía venida de fuera, modificando, es
verdad, la vocalización y el acento. Sin embargo, no suele
ser así, y letras catalanas poco menos que idénticas á otras
francesas ó pro vénzales llevan diferentes melodías».
Tampoco sobre la originalidad de la poesía popular ca-
talana se mostraba Milá, en sus últimos años, muy afir-
mativo. «Desde luego puede asegurarse (dice) que el in-
»digenismo de nuestras canciones es menos general de lo
»que á primera vista se creyera. El que fija la atención en
»la poesía de su país, sin atender á las de los demás, halla
»que las ideas, los sentimientos, la versificación y el len-
»guaje convienen en gran manera á lo que entre lo suyos
»ha observado, y no recuerda que hay cosas que convie-
»nen á todos los hombres, otras á muchas naciones y al-
agunas á pueblos de igual procedencia y de costumbres y
»lengua semejantes. De suerte que en nuestra poesía po-
»pular hay cosas que son catalanas, pero no exclusivamen-
»te catalanas. De algunas canciones es indudable la pro-
»cedencia de adentro España ó de ultrapuertos, sin que
»valga en contra tal ó cual variante más feliz que se note
»en nuestras versiones. Otras, que no traen pruebas intrín-
»secas de aquella procedencia, se hallan tan derramadas
»en Oteos pueblos, que sería temerario sostener, á no me-
»diar una razón especial, que todos las aprendieron de
»nosotros. Mas quedan no pocas, especialmente entre las
» históricas (1) y las de costumbres, cuyo origen catalán
(1) Entiéndase que estas históricas son todas de asunto moder-
no, y no hay ningana anterior al siglo xvii. Inclúyense en este
número las de bandidos, y algunas relativas á la guerra de Suce-
sión, á la de la Indepenrlcncia y á las contiendas civiles de nuestro
siglo.
254 LÍRICOS CASTELLANOS
»es indisputable, no obstante una que otra voz castellana
»6 francesa, usada por los cantores por efecto de hábitos
» contraídos al recitar las de origen forastero».
De la seguuda edición del libro de Milá (1882) hemos
entresacado las principales canciones bilingües que no de-
jan duda en cuanto á su procedencia castellana, omitiendo
otras que sinceramente creemos del mismo origen, pero
que por estar más catalán izadas pueden prestarse á con-
troversia. Reproduzco sólo la versión que Milá escogió
como tipo, por estar más completa ó por ser de más valor
estético. Las restantes pueden verse en las notas del Bo-
mancerillo.
ROMANCES CASTELLANOS
aTRADICIOMAIvES KM CATALUÑA
1.
fSanta Catalina*
(Núm. 24 de Milá.)
Aquí dalt en estos montes — y en tierras muy regaladas,
rC hi nasqué una criatura — que Catalina se llama.
Su padre es un rey moro, — su madre una renegada.
La varen doná á cria — á una dida cristiana.
La dida (1), la hona dida, — la doctrina ni ensenyava.
El dia que-ho va sabésn padre la atormentaba,
Que en deixés la Iley de Cristo— qu en prengués la luterana.
Ella dice que no puede — que á un Dios estaba donada.
Son pare manda los criados, — para más atormentarla,
que guarnesquian una rueda— de cuchillos y navajas.
Cuando la rueda está al punto — la santa está aparejada;
ya baja un ángel del cielo — con la corona y la palma.
cSube, silbe, Catarina, — que Dios del cielo te manda
que te n has de doná comte — de la teva vida santa.
Tres cadiras hay al cielo, — Catalina, pgr sentarte,
y altres tres al purgatorio— por tus germans y germanes,
y altres dos en el infierno— por tu padre y por tu madre.
(1) Dida, ama de cría.
256
LÍRICOS CASTELLANOS
La una ya n es de fuego— ^er tant que t' atormentaren,
y V altre ya n es de punxas—per lo tant que te punxaren
A las doce de la noche — Catalina ya finaba,
ya V en baixam á busca — amh una custodia d' angels.
Aquella cansó cantarás— todos los viernes del año,
Treurás un alma de pena — la tuya si está en pecado (1).
2.
Margarita»
(Núm. 29 de Milá.)
Tres hijas tenía el Eey — todas tres como oro y plata,
el rey se enamora de una, — Margarita se llamaba.
— «Margarita, tú has de ser — lo que tu padre rey manda». —
— «No lo quiera Dios del cielo— ni la Virgen soberana,
que sea mujer del Rey, — madrastra de mis hermanas».
— «Prontos, prontos mis criados, — encerrarla en una cambra,
que no vea sol ni luna, — ni claror per habitarla^).
— «Margarita, Margarita, — treu el cap á la ventana,
que verás tus heYmamtos—qiiam pilota d' or jugavan :
— «Hermanitos de mi vida, — hermanitos de mi alma,
os pido por caridad — que me déis un vaso íZ' aygiia».
— «No la beberás, traidora,— traidora, falsa y malvada,
porque no has querido ser — lo que tu padre rey manda».
— «Margarita, Margarita, — treu el cap á la ventana,
que verás tus hermanitas,— que en tambores d' or brodavam.
— «Hermanitas, hermanitas, —hermanitas de mi alma,
os pido por caridad — que me déis un vaso d' aygua^.
— «No beberás, traidora, — traidora, falsa y malvada,
porque no has querido ser — lo que tu padrq rey manda >.
(1) Hay otras ocho variantes más ó menos catalanizadas.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 257
— «Margarita, Margarita, — treu el cap á la ventana,
que verás tu padre rey — qW en mesa de oro dinava».
— <;Ay padre rey de mi vidal — ;ay padre rey de mi alma!
Os pido por caridad, — que me déis un vaso d' aygua»,
— «Pronto, pronto, mis criados, — que la traigan á matarla».
Mientras él está comiendo — V ánima al cel s en pujava.
Agadeta.
(Versión de Alguer ciudad de lengua catalana en la isla
de Cerdeña).
Tres hijas tenía el mal Eey — todas tres como una plata,
la más que estimaba el Eey — Agadeta se llamaba.
— «; Agadeta de mi vida! — ¡Agadeta de mi alma!
¿Quieres ser mi mujer— y mi linda enamorada?»
— «No agrada á Dios del cielo— ni á la Virgen soberana,
el ser mujer de mi padre, — madrastra de mis hermanas>.
— «¿Qué me dices, Agadeta? — mira que te doy la muerte,
mira que te doy la muerte», — y en esto tomó la espada.
— «Más priesto quiero la muerte— y no vivir deshonrada».
Llama, llama el camariero — «encerrádmela en una cama (sic).
No le donieu de comer,— sino de la carne salada.
No le donieu á beber, — sino del aygua malvada.
Pasa un día y pasan dos, — se ponía en la ventana :
— «Alzame, ó Rey mi padre— álzame un pichen- de agua;
todo tiempo de mi vida, -seré vuestra enamorada».
Y después de haber bebido,— cayó en tierra desmayada.
— «No siento yo de Agadeta,— siento no ser confesada».
— Responde un ángel del cielo—
— «Confiérate tú mal Rey, — que ella está ya confesada,
Tomo ^, 17
258
LÍRICOS CASTELLANOS
porque ella de cuando es nada, — está en el cielo sentada,
y tú de cuando naciste— estás en lo infierno asentado > (1).
4.
El üiarlnero*
(Núm. 34 de Milá).
De Barcelona partimos— en una noble fragata,
que per nombre se decía, — Santa Catarina Marta.
Al ser en medio del mar— marineros se espantaban,
reclamaba un San FráVicisco — y un San Antonio de Pádua.
El dimoni li responde — de V altra parte de V aygua:
— «¿Qué me darás, marinero, — que yo te trauré de V ayguaf»
— «Yo te donaré un navio — cargado de oro y de plata».
— «Yo no quiero tu navio, — ni tu oro, ni tu plata,
sino quant te morirás —que me entregues la tev^ ánima».
— «L' ánima la entrego á Dios — y el cuerpo á la mar salada.
Y un Padre Santo hi ha á Roma — que perdona los pecados,
que me los perdonará á mí, — yo qu' en tengo de tan grandes.
Desho7irí yo una doncella— en medio de mi palacio...
Ella va parí tres hijas — todas tres como una plata, -
todas tres las he ahogado — sin darles el agua santa».
En haixa un ángel del cel—ab la corona y la palma:
Vina ensá, bon marinero, — que 7 Rey del cel te demana,
que f en vol fé dona comtes — de la tu vida pasada» (2).
(1) Además de estas dos variantes de Dolgadina, se han publicado otras
ocho, más catalanizadas en el lenguaje. Trata asunto análogo, pero con
más repugnante aspecto, el romance de Silvana (núm. 272 de Milá).
(2) Hay otras cuatro versiones, todas con muchas palabras castellanas.
Cf. El Marinero (núm. 57 de los romances asturianos y el 30 y 31 de los
andaluces.)
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALlfÑA 259
5.
L<a Viuda.
(Núm. 204 b¿s de MUá.)
Al cuarto de don Francisco — galans plós y dols hi havia^
y al cuarto de doña Ana, — galans bailadas ni havia,
Sa sogra n' entrava al quarto—molt fellona y molt trista :
— <¿Qné tiene la mía madre, — de que n estaba tan trista'í»
« Tinch uh únele capelJá, — s' ha muerto á la morería».
— ^ No plore, la mía madre, — d' úneles altres n* hi havia^.
L' enterra sense campanas,— perqué no haje sentida, [co?>
— i(¿M' en diría, la mía madre, — donde estaba don Francis-
— « Don Francisco está á la corte, — que el rey mandado
[r había >.
— tM' en diriay la mía madre, — cuánto tiempo allá estaría?»
— «Unos hi están un año, — otros un any y den días»,
— s<¿No 'm diría, mío, madre, — gwawí tiempo estaré á eixímissaf*
— «Unas hi están un mes, — otras están quince días,
otras están tres semanas,— otras un any y un día.
Vos, como doña Ana hermosa, — cumpliréis V any y deu dias» .
— «Non diría, la mía msidre,—de quin coló van vestidas?»
— « Unas hi van de domás^altras de tapicería,
otras hi varen de perlas, — otras de luto vestidas;
vos, como doña Ana hermosa,— de luto hi iréis vestida».
Al exime de la puerta, — toda la gente decía: ;
— «Ahora ix la linda hermosa, — ahora ix la linda viuda».
— '<¿No 'm diría, linda madre— qu' es lo que la gente dice?»
— «No lo dice por tí, Ana, — sólo por mí lo decía».
Al entrantne de la Iglesia— toma del agua bendita:
— «Agua bendita, te tomo, — por un año y por un día».
Ella vegié una tomba—qne de luto está vestida,
ella se pone á leer — trova qu' es lo seu marido.
Quant doña Ana ha visto esto —cau en térra esmortuida;
260 ^ LÍBICOS CASTELLANOS
no la pueden retornarla, — vino blanco y malvasía,
si no son tres parauletas — que sá sogra li decía :
— €Alc€uvos,fló de las flós^ — alcemos, floretas mías,
capellá qu es al altá—ya pasaba ara la misa».
Al exintne de la Iglesia, — toma del agua bendita.
— «Agua bendita, te tomo, — por un año y por un día».
Don Francisco murió al mars^ — doña Ana al maig moría (1).
6.
Ija cruel Infanta.
(Núm. 237 de Milá.)
Aquí está la hija del rey — qu' ella la fresca ^rm¿a
y viene muy descontenta — de las novas que corrián.
Dona la culpa á su padre — porque no era casadita.
Su padre se lio escuchó —de la cambra ahont vivía:
-— (í¿De qué lloras la infanta, — de qué lloras y suspiras? »
— -« Vosté li diré, mi padre, — qu' á un altre no lo diría :
de las niñas de mi tiempo — todas casadas ya sigan,
y yo como á hija vuestra — casadita aún no siga.
Ya podría ser casada — con el conde de Sevilla,
sino por Don Juan de Lorca— que su fe me prometía.
Padre, fassi 'n un diná — y convideV hi un día,
mentren estará dinand0,'^párleli de parte mía.
Dient aquestas palabras — el comte per casa arriva.
— »¿No' vías promés, el comte, — casarte con la meva hija?»
— cYo bien li h avía ^romes, — pero no li mantenía»,
— «Mata ta mujer, el compte, — antes que no venga el día».
Posa la sella al cavall^—casa seva se volvía,
condesa lo veu vení — á recibirlo salía.
(1) Cántase también el mismo asunto en un bello romance de seis síia
bas, mucho más catalanizado. Cf. el romance asturiano de Doña Alda
(núms. 42 y 43) y el romance extremeño núm. 13. ^
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 264
— ^ Aparta t de mí, condesa, — apartat por vida mía».
Posa los hijos á íawía,— todos tant com ne tenia.
De tant que lloraba el comte, — toda la mesa corría.
— «¿De qué lloras tu, hon comte, — de qué lloras y suspiras?»
— «Ya yo f ho diré, condesa, — quant serem á la cambrilla».
El comte dice que té, — hont la comtessa áormÍB.:
la traidora de V infanta—d' amores 1' en requería.
— «Yo te tengo de matar — antes que no vinga el día», [rian^
— «Tórname á casa mis padres, — que muy bien m' aplega-
— «No puede ser, no, condesa, — que descubierto sería».
— i<Pórtam en amh un convento, — que /are moZí santa vida>.
— «No puede ser, no, condesa, — que dos mujeres tendría».
— »Portani en amh un hosquito^qiV eís perros me comerían».
— «No puede ser, no, condesa, — que esto también se sabría.
¿Qué P estimas mes, condesa, — la tu mort ó la mía?»
— «La mía m' estimo, comte— per los amors que ws tenían;
pasam un mocado al coll — que 'm mate de garrotillo>.
De tant que llora 7 ho comte, — mes estrenye no podía.
— ^Estrenya, estrenya, 7 hon comte — que no *m fassi tan pa-
Estant en aquest instant—un criat del rey arriva: [time»,
«Detente, detente, el comte, — detente por vida mía,
que V infanta ya está muerta — y el rey también se moría».
— Yo no perdono al rey— ni menos la seva filia,
y al comte si que '1 perdono— per que mal no hi mereixia^ (1) •
7.
Kl Preso.
(Núm. 239 de Milá.)
Mes de Mayo, mes de Mayo, — n* es tiempo de grans calo-
cuando la cebada grana— los trigos n' están en flores. - [res,
I
(1) Cita Milá otras siete variantes del Conde A tarcos ( Conde Florispán >
Conde de Floris...J, todas con mezcla de palabras castellanas.
262 LIRICOS CASTELLANOS
Los condes y caballeros — van á ver á sus amores,
y yo, pohret de mí— m' en estich en duras prisiones,
sin saber quant es de día— ni tampoch quant es de noche,
sino por dos pajaritos — que volan sobre la torre;
lo uno n' hi marca lo día,—/' otro n'hi marca la noche.
Los cabellos de mi cabeza — m' en redondean els talones,
los pelos de mia barba — m' en redondean els genoUos,
las uñas de mias manos — parecen uns tajadores (1).
lia Muerte*
(Núm. 240 de Mílá.)
Aquesta nit he somiat — somiava y no dormía,
somiava V amor meu—qu' ais meus brassos la tenía.
Veig entrar una senyora — molt blanca y descolorida,
— «¿Pr' Jiont n' ets entrat, V amor meu, — pr*on n ets entrat.
Las puertas están cerradas — ventanas y xelosias. [amor mía?»
— «No soy V amor, caballero :— la Muerte que Dios t' envía».
— «Ay muerte tan rigorosa— dame un día más de vida,
per confessá y combregá — y per veure mi querida,
que si no V anava á veure— -mi alma se condenaría».
— «No puede ser, caballero, — no más que una hora de vida».
En un momento *s calsava — en un momento 's vestía,
y ya se va por la calle— donde habita su querida.
Ya la llamaba á la puerta: — «Baja á abrir, querida mía;
la Muerte me está buscando, — puede que no me hallaría».
— «No puede ser, caballero, — gran pena fuera la mía;
(1) Es variante del núm. 114 de la PHmavera, El Prisionero, del cual
se lee^a un fragmento en el Cancionero general de Hernando del Castillo
(1511) y el texto íntegro en el Cancionero de Romances de Amberes, sin
año, anterior á 1550.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 263
mi padre va por palacio,— no duerme la madre mía;
yo te enviaré un cordón— que sea de seda fina».
— «Si la seda fuera delgada — el cordón se rompería».
—«Menfre están en estas páranlas — la Muerte també hi arrivá»,
— «Vamos, vamos, caballero, — que la hora ya está cumplida».
agafan mano^er mano — y se van^er un camino.
Pasan 2?er una montaña— que /¿¿había una hermita,
hi había un hermitá — que feya una santa vida.
— «Hermitá, bon hermitá — que haces de la santa vida, [dida?»
los hombres que d' amores mueren— si tendrán su alma per-
— «No ho sé per cert, caballero, — que Deu del cel ho sabría:
el mal que usted tiene ahora — también lo tuve algún día,
cortejando una gran dama, — dama noble de Sevilla.
Ella se ha hecho monja, — yohermitaño de esta hermita» (1).
9.
El Conde Preso»
(Núm. 241 de Milá.)
Al palau del Rey — hi falta un caballo.
El Rey dice al comíe— si 1' había hurtado;
Comte no lo ha hecho, — ni menos pensado.
Ya r en puso preso— y encarcelado,
que no vea el sol, — ni la luna clara,
si no un carpintero— cómo carpintaba.
— «Carpintero noble, — ¿per qui son las f oreas?»
(1) Milá dice haber regularizado la versificación de este romance, cata-
lanizando alpunas palabras. Cita algunos versos de otras tres versiones.
Tiene analogía este fantástico romance con las curiosímas Coplas de la
Muerte cómo llama d un poderoso caballero, composición impresa en un
pliego suelto gótico sin lugar ni año. (Vid. núm. 195 del Catálogo de la
Biblioteca de Salvá^ y tomo 6.° de esta Antología, p. 383 )
264.
LÍRICOS CASTELLANOS
— «Per vos soD, el comte—per vostra persona».
— «Feu que sean altas, — altas y espayosas,
no coman los perros — de mis carnes dolsas,
T' en daré un diamante — costa cien doblones;
el Key me lo ha dado — día de mis bodas.
¿Qué dirán los hijos? — me han visto en prisiones.
¿Qué dirán los grandes? — me han visto en grillóles».
El Rey y la Eeina — de sus miradores,
y los caballeros — de sus altas torres,
cridan al verdugo, — que despinje al conde,
— ^Afluixa, verdugo, — afluixa la soga».
Respon el verdugo — que ya no n' es hora,
qu' el comte ya es muerto, — que Dios lo perdone» (1).
10.
I^as dos hermanas.
(Núm. 242 de Milá.)
Moro, si vas á la España,— j?oríams una cautiva;
no sea blanca ni fea, — ni gente de villanía,
no sea mujer del Rey, — sino del Princep de Castilla.
Ved venir el comte Floris — que viene de romería,
viene de prega}' á Dios, — que le diese un hijo ó hija.
— «Comte FÍoris, comte Floris,— tu mujer será cautiva».
— «No será cautiva, no, — aunque me cueste la vida».
Mataron al comte Floris,— queda su mujer cautiva.
— «Aquí traigo, Reina mora, — una cristiana muy linda,
que no es blanca ni fea,— ni gente de villanía,
(1) Hay otras cinco variantes. Tiene alguna remota analogía con los ro-
mances asturianos de Bernardo del Carpió (núm. 10-11-12) y con los por-
tugueses que citamos en la nota correspondiente.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 265
ni es la mujer del Rey, — es del princep de Castilla».
— «Doscientas esclavas tengo,— tú serás la más querida,
¿Quina tomará las llaves — para hacer la mi cocina?»
— «Yo las tomaré, Señora, — pues tan gran dicha es la mía.
La Reina estaba preñada, — la cautiva estaba en cinta,
volgué Dios y la fortuna, — las dos parieron un día.
La Reina parió en el trono, — la esclava en tierra paría;
un hijo parió la esclava,— la Reina una hija paría;
les llevadores (1) son falses —les criatures cambien,
donen el hijo á la Reina — y á V esclava dan la hija».
Un día quant la volcave (2) — estas palabras decía:
— «No llores, hija, no llores, — hija mía y no parida,
que si fuese á la mi tierra, — muy bien te hatejaria.
Yo te pondría por nombre^— María, flor de Castilla,
que yo tenía una hermana— que este nombre se decía;
que yo tenía una hermana, — de moros era cautiva;
que 7s moros la cautivaron — una mañanita fría,
cogiendo rosas y flores — en un jardín que tenía>.
La Reina se ho escóltave— del quarto q' ella dormíe,
ya r enviaba á busca— per un negro que tenie:
— «¿Qué dices, la linda esclava? — ¿qué dices, linda cautiva?»
— «Lo que decia la Reina, — 5^0 también te lo diría.
No llores, hija, no llores, — hija mía y no parida».
— «Si aixófos veritat — las dos germanas seriem^^.
— «Aixó es veritat y señora, — como el día en que nacía».
— «Ya s' abrassaven las dos— con un gran llanto qii' hi havie^.
Lo rey moro lo sentie — del quarto — qu*ell escrivie,
ya r enviaba á busca — per un negro que tenie.
— «¿Qué lloras, la meva prenda? — ¿qué lloras, regalo mío?»
— «¿Si 'f donen pena los moros, — los moros de la marina?»
— «No 'm donen pena los moros, — los moros de la marina».
¿^Si f dome pena la esclava, — que yo la castigaría?»
— «No m' done pena la esclava — qu' es una germana mía»,
— »Gracias li dono, Señora,— con lo mejor de Turquía».
(\) Las comadres ó parteras.
(2) La mecía ó acunaba.
266
LÍRICOS CASTELLANOS
Ya w respondía la Keina, — estas palabras decía : [tos».
— <No quiero que la mi sangre — vaya á estos perros maldi-
Un día mientras paseaban — con su hijo y con su hija,
echan convenio las dos— y á su tierra se volvían (1).
11.
Ija mala suegra.
(Núm. 243 de Milá.)
Don' Arbona se paseja — por una sala muy grande,
los pensamens qu' ella feya—no eran buenos ni malos :
ella n' estaba dient—dient aquestas páranlas :
— tSi pogués ana ápari—á casa la meva mare,
allí sería servida — de criats y de criadas».
Sa sagra s' está al baleó — que de tot se ha escoltava :
— < Ves-hi, ves-hij Don 'Arbona, — a parí á casa ta mare,
que allí serás bien servida — de criats y de criadas;
Quant Don Alonso vindrá — promte li diré que lii vaji*,
Quant Don Alonso arrivá — Don 'Arbona demana va : ^
— cDon 'Arbona es á parí — á casa la seva mare;
si sabias, el meu ñll—com nos ha despreciado!
Á mí me ha tratado de hifa (sic) — y á ti hijo de un mal fraire».
Promte mana los criats — que gurnissen lo caballo,
no el que 'nés corriendo, — sino el que 'nés volando.
A cada cantó de sella — hi ha fet posa un punyalo.
De tant que 7 cavall covñsi — Isis pedras van fogueando..
(1) Hay otras cinco lecciones, y otra variante (núm. 242 bis de Milá)
mucho más catalanizada, pero que todavía conserva rastros de su origen
en las palabras castellanas intercaladas.
Es el romance de Flores y Blanca-Flor ó de la Reina y la Cautiva, uno
de los más sabidos y decantados en toda España. La lección catalana se
parece mucho á las de Asturias.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA
267
Quant es arrivat allí— ya n' encentra una criada,
li dona la enhorabuena — del hijo que Dios le ha dado.
No n esiich per norabuenas— del hijo que Dios mo ha dado,
no n' estich per norabuenas, — Don 'Arbona que devalli».
—€¿Com devallará r Arbona— si tot ella va de sangre?»
Sa mare ya T en vestía— y sas germanas la calsaban,
per dissimulá la cosa — li posan vestit de grana.
Y r engafa per un hras — y se V en munta á caballo.
Diez y seis leguas caminan— sewse dirse cap páranla;
cabadas las diez y seis leguas — Don Wrbona s' hi esmayava
— «¿Qué me darás, Don AXonm—per fer (ne) passá el desma-
— Dona las tetas al hijo, — que te tengo de matarte. [yo?»
— «¿Qué t' hi fet yo, Don Alonso, — qu' a mí m' hajis de ma-
— «Hijo mío del meu cor, — ¿n' obrarías un miracle?^ [tarme?»
— «Que se detengui mi padre,— no mati la meva mare»,
«Por la llenga de su madre — tres mujeres ya ha matado».
— «¡Válgame Dios de los cielos— y la Virgen soberana,
que un hijo de tan pocas horas— me diga á mí estas palabrasi
¿Me dirías j el meu fill, — quin cástich mereix ton áviaf*\
— tEl cástich qu* ella mereix — un Dios del cielo lo sabe.»
Quant arriba á casa seva — troha sa mare 'squrtarada (1).
12.
Wjsí boda Interrumpida.
(Núm. 244 de Milá.)
Las guerras son publicadas— las de Fransa y Portugal,
el fill del conde Don Burgos — 1' han cridatper General.
La trista de la condesa — no feya sino llorá.
(1) Tan popular como el anterior es este romance, que no falta ni siquie-
ra en las provincias donde hasta ahora se ha recogido menor copia de can
ciones populares. Es natural que en Cataluña abunde : Milá obtuvo hasta
nuevd versiones.
268
LIRICOS CASTELLANOS
— ¿De qué lloras tú, condesa— no solías jpas lloráf^ [anáf>
— «¿No tinch que llorar, el Conde,- si veig que f entena
— «Si al cap de set anys no torno, — Condesa, torna f á casáy,
— «No lo manda Dios del cielo — ni la Santa Trinidad,
que mientras el Conde visca, — Condesa 's torni á casáy>.
Los siete afíos son pasados, — los ocho corriendo van.
Un día estando á la mesa - su padre la va llama,
— «¿Perqué no* t casas, Condesa? — ¿com tardas tant á casáf'»
— «Com me casaré, V mi padre, — si lo Conde viii está?
Dónenme la bendición, — que yo V aniré á hmcáy?.
Caminando ciento leguas— romerita *s va cansa,
Retir a{8) tras d' una torre — en un palacio que hi ha,
Quant es detrás de la torre— pagecitos veupassá :
— «¿xlquesta caballería — per qué la quieren ensellá?» [posm,
— '<Pelfill del Conde Don Burgos — qu' esta nit se quiere es-
— «¿Aquet senyó que m' nomena—hont el podría encontrá?»
— « Veji dalt d' aquella sala, — romerita, 7 trovará».
Li demana una limosna— 2?er amor y caritat:
— «Que vengo de la Italia— no hi dut res pera gastá»,
— «Si tu vens de la Italia, — quina nova hay allá?
Mujer del Conde Don Bueso, — ¿si es morta ó que fá?»
— Questa dama que *m nomenas—¿qiiin* ensenya 'f donará?»
— El faldelli qne portava — el día de Vesposá,
Más de cien doblas valían— las guarniciones que hi ha,
y altras tantas ne valdría — si ara V podría ensenyá».
Se quita 7 guant de la mano — son anell d'or li mostrá,
se quita lo guardapié — son faldelli li ensenyá,
¡Ay qué lloros, ay qué lloros, — por aquel palacio hi ha!
Que las primeras mujeres — may se poden olvidé,
s' engafan mano per mano — y á sa casa van aná (1).
(I) Es el romance de El Conde del Sol, tan conocido en Asturias y en
Andalucía. Hay otras siete variantes catalanas.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 269
13.
Ija niña guerrera.
(Núm. 245 de Milá.)
— Maldita seas, comtesa, — y la teva generado,
de siete hijas qu has parida — no has parit ningún varó;
ara cap á mas vellesas — hay d'aná á serví 7 senyó.
Ya respon la mes pequeña : — «Padre, ya hi aniré yo.
Pare, deixem les tiretes, — les tiretes y el layó,
com me llamo Doña Amalia — Don Marcos me diré yo».
Siete años aná 'n campaña— wm^w no la conoció,
sino el hijo de la reina — deis ojos se enamoró :
— «Mare regna, mare regna, — de amores me muero yo, ,
que los ojos de Don Marcos— son de dama, y hombre no».
— «Hijo mío, convidarlo— un día á diná am vos,
las dames com son discretes —totes fan lo vergonyós»,
Don Marcos com era cuerdo — ell todo se lo pensó;
lo milló bocí del plat— Don Marcos se r emportó.
— <í.Mare regna, mare regna,— amores me muero yo,
que los ojos de Don Marcos — son de dama y hombre no».
— «Hijo mío, convidarlo— un día á nadá am vos,
que si Don Marcos es dóna—he ho coneixerieu vos»,
Don Marcos com era cuerdo— cíZ todo se lo pensó;
calsotets y camisola — aixó no se lo llevó.
— (f. Mare regna, mare regna, — de amores me muero yo,
que los ojos de Don Marcos — 6on de dama y hombre no».
— «Hijo mío, convidarlo— un día á dormí am vos,
que si Don Marcos es dona, — be ho coneixerieu vos^/.
Don Marcos com era cuerdo— eZZ todo se lo pensó,
calsotets y camisola — aixó no ee lo llevó.
— «ilífare regna, mare regna,— de amores me muero yo,
que los ojos de Don Marcos— son de dama y hombre no».,
— «Hijo mío, convidarlo — un día al jar di am ios,
270
LÍRICOS CASTELLANOS
les (lames com son discretes — totes corren á lafió^.
De cap fió d' aquel jardi — ell no s' en enamoró,
Al capdevall del jardí—hi havia un gran llimó :
— «¡Ay qué lindas los limones, — que lindos limones son».
— «Más lo son estas palabras— que salen del corazón» (1).
14.
El Quintado*
(Núm. 246 de Milá.)
A la vora de la mar, — á la vora de V arena,
ya n' hi ha dos mil soldados — compañía noble y bella;
los un mil son voluntarios, — r altre mil forzados eran.
Si n' hi havia un trist forzado — que llora la sua pena.
El capitán ho ha entendido,— capitán que los gobierna.
— «¿Qué lloras tú, trist forzado, — qué lloras que te da pena?
¿Que te dan pena los grillos— ó las pesantes cadenas,
o te tratan mal los cómits—6 te azotan que no debas,
ó te quitan la ración — ó no te la dan entera?»
— No me dan pena los grillos— ni las forzadas cadenas,
no me tratan mal los cómits—ni me azotan que no deben,
ni me quitan la ración, — que ya me la dan entera.
Pues que vosté me lo manda— yo li contaré mi pena.
El día que me quintaron — eran mis bodas y fiestas.
Vaig deixá la mía esposa— casada, viuda y doncella.
Yo ya la dejé casada, — porque m' esposé con ella,
yo doncella la dejé, — porque no hi dormit amb ella,
Yo viudeta la dejé, — porque me atrevo por ella».
— '<¿Em diría, mi quintado, — si era bonita ó fea?»
(1) Hay otras ocbo variantes, Es el romance asturiano y portugués de
Don Martirios (núm. 46).
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALüÑA 271
— «Más linda qu' el sol quant sale— brillante com las estrellas,
ya la' n traigo retratada— á la copa del sombrero».
Quant el capitán V ha visto— promte se enamora de ella.
— « Vaji, vaji, mi quintado,— mjí, vaji, con su dueña,
que li dará de mi parte — cien mil abrazos y un beso».
'Al punt de la media noche— ya li trucan á la puerta.
— ({.Tornen demá la mañana — que la porta ohri no puedo.
De la noche els gats son pardos — per enganyá las mujeres.
— Baixa, baixa á ohri, señora — que soy tu marido y dueño.
— Ay, no es mi dueño, nó, — que es pres á la galera,
— Baixa, baixa la senoyra—obri la porta y no tema,
sois per la teva hermosura — m' han donado la llecencia.
15.
' Ija inocente acusada*
(Núm. 248 de Milá.)
La Diana está en el jardín, — en el jardín de su padre,
cogiendo rosas y flores— y violetas boscanas.
En medio de aquel jardín — había una fuente grande,
había cuatro cañones,— todos cuatro van rajando.
Del uno raja oro fino, — del otro la fina plata,
del otro raja el cristal, — del otro el agua más clara;
alrededor d' aquel bulto — había un serpiente grande.
— «(Válgame Dios de los cielos — y la Virgen soberana,
estos son pecados míos — ó la vida se me acaba!»
— «No f espantis, nó, Diana — que soy un rey encantado
que para servirte á ti — seis años que estoy penando.
Si quieres venir conmigo, — serás rica y estimada,
serás reina de Castilla — y princesa de Granada».
— «No quiero venir contigo,— buen marido Dios me ha dado>.
— «Mira que te mataré— con esta cruel espada».
272
LIRICOS CASTELLANOS
—«Más vale morir con honra — que no vivir deshonrada».
La traidora de la Eeina— del balcón se lo escuchaba,
escucha qué dice el Rey,— nó que responde Diana.
Un día que el Rey fué fuera, — fué fuera de su palacio,
ya manda hacer un pregón — por Castilla y por Granada :
todos los condes y duques— han de comer en su casa,
también el conde de Floris,— marido de la Diana.
Cuando fueron á la mesa — buen provecho les ha dado :
— «Con licencia, caballeros, — voy decir cuatro palabras.
Todos los que son aquí — tienen la mujer honrada,
menos el conde de Lara, — marido de la Diana,
Que n es la maja del Rey — y le sirve de enamorada,
de día para la mesa,— de noche para la cama».
Todos dicen á la una : «Diana no te tal fama».
Cuando el conde escuchó esto— muy pronto bajo la escala,
ya 'n desensilla la muía, — ya ^'ensillaba el caballo.
Cuando Dianá el veu vení — á recibirlo anava
con los brazos extendidos — y la rialla en la cara : [vada.
— <LFuigm' en de aquí, tú traidora,— /w¿^m' en de aquí tu mal-
que en el palacio del Rey — hoy por ti me han afrontado :
que eres la maja del Rey— y le sirves de enamorada,
de día para la mesa,— de noche para la cama».
—«Quien te ha dicho esto, el conde, — la verdad no te ha con-
— «Mira que te mataré— con esta cruel espada». [tado».
— «Más vale morir con honra— que no vivir deshonrada».
De tres hijas que ella tiene —ya llamaba la más grande :
— i<Quant tu padre me habrá muerto — y la cabeza quitado,
me peinarás el cabello— y m en rentarás la cara,
y irás á hacer un presente — á la Reina muy honrada.
Quant arribarás allí— que n' arribis hen parlada,
que no f tinguessin de (¿i.-— «Mal hija qui V ha criada? y>
Enpujant de V escalera— ya troha 7 Rey que dinava,
— «Buen provecho tenga el Rey». — «Dios te salve, la hija in-
[fanta».
— «Aquí vengo á/e un present — á la Reina molt honrada».
—«Destápalo, buena hija,— destápalo, buena infanta».
\
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 273
— «Destápelo iistedbuen Rey, — que 7 mete cor no m'hi abasta»,
— «Por los dientes me parece— la cabeza de Diana».
— «¿Quién ha hecho aquesta muerte?— ¿quién la ha hecho y
[la ha mandado?»
— «Mi padre la ha hecho, el Rey, — y la Reina la ha man-
— La Reina será quemada — y tu padre soterrado, [dado».
y tú serás, la Adriana, — lo que había de ser tu madre (1).
16.
Klja amante resucitbada*
(Núm. 2á9 de Milá.)
La ciudad de Barcelona — es muy noble y muy antigua.
Allí había un caballero, — el cual Don Juan se decía,
cerca habitaba una dama, — se llama Doña María,
y los dos se quieren mucho — corazón y alma unidos.
Un día estando en su puerta— casarse se prometían,
mas el padre de la dama — otros inteiífos tenía, {
que la quería casar, — que casarla la quería,
casarla á un mercader, — un mercader de Sevilla,
que era rico y poderoso — ó que esta fama tenía.
Don Juan entonces se fué,— á Perpiñán se volvía
para ver si olvidará— los amores que tenía.
No los podía olvidar, olvidarlos no podía.
(1) Milá llegó á reunir hasta diez versiones de esta canción, que, á pe-
sar de ser tan castellana, no aparece en nuestras colecciones. Aguiló dice
de ella: <'L' interés tragich que desperta e.jta narració, la manté viva en
'da memoria del poblé axi en Catalunya com á les i^alears. Estesa segles
»fa en llengua castellana, no está encora del tot connaturalisada entre
«nosaltres; ses versions, que abundan, mostran pocli ó molt sa proceden-
»cia, ab les castellanades que les cauiperoles hi barrejan {Romancero Po-
putai\ p. 375).
Tomo X. IS
274
LÍRICOS CASTELLANOS
Ya se vuelve á Barcelona — donde está Doña María;
halla la puerta cerrada, ventanas y celosía,
una criada á la puerta — que de luto va vestida.
— «¿De dó has sacado esa ropa— tan triste y adolorida?»
— «Doña María, Don Juan, — por usted perdió la vida.»
Cuando él oyó estas palabras — desmayado ya caía.
Pasando estaban tres frailes— de la religión francisca;
les pide de confesar, — de confesión le servían;
después de haber confesado — de la iglesia se volvían.
En la iglesia no hay ninguno, — ninguno en la iglesia había,
sino un pobre sacristán — que por la iglesia transita.
— «Dígasme, buen sacristán, — dígasme por la tu vida :
¿En dónde estaba encerrada— aquella Doña María?»
— «Debajo de aquella tumba — ella pienso que estaría.»
— «Ayúdamela á sacar— que yo te lo pagaría».
Los dos alzaron la tumba — con gran triunfo y ufanía.
Cuando fué la tumba alzada— dentro Don Juan se metía :
— «¿Dónde estás, bien de mi alma? — ¿Dónde estás, bien de
Quiere darse puñaladas— para hacerle compañía, [mi vida?»
mas la Virgen del Remedio— su mano le detenía :
— «Yo no quiero que se pierda — devoto que yo tenía».
Cada día que el sol saW— me reza el Ave-María,
de día reza el Rosario. — de noche el Ave-María».
Mira á la dama Don Juan— y encuentra la dama viva.
Se cogen mano por Diano — y á su casa se volvían;
encuentran el mercader, — el mercader de Sevilla,
que era rico y poderoso — ó que esta fama tenía.
— «¿Dime tú, Don Juan de mi alma, — dime tú, por la tu vida,
de dó has sacado esta dama — tan triste y adolorida?
Si no que la mía es muerta— diría que era la mía».
— «Tuya era, mercader,— tuya era, ahora es mía».
Se cogen mano por mano — y se van á la justicia.
— «Que dé lamanoá Donjuán— que muy bien lo merecía» (1).
(1) Cf. el romance asturiano de Doña Angela (núm. 55) y el portugués
de Doña Águeda Mexia. Es, como se ve, una situación análoga á la de
Romeo y Julieta.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA
275
17.
EiOs dos liermanos*
(Núm. 250 de Milá.) — (Variante del Rosellón.)
El día de San Joan — es festa per tot lo día,
fanfesta los cristians—y 'Is moros de morería.
En cautivan una dama — la mes linda de Castilla,
fan un present á la reyna—la reyna mora d^Ungria.
~ ^ Reyna mora, reyna mora, — veli aquí linda cautivay^
— «Tórnala, tórnala, 7 moro— del campo d' hont V has traída?
que si 7 rey moro la veya—aV ella se enamoraría,
ella sería la reina,— yo sería la cautiva».
— «Deuli ofici, señora, — deuli ofici per viure,
FássiV aná á rentá 7s paños, — á vora de la marina,
FássiV aná á sol y á viento — sos colors blancos perdría».
Un día rentando 'Is paños,— mirando 7 sol d' hont eixíá,
veu venir un caballero,— caballo blanco traía;
am r ayre del caballero — cristiano li apareixía,
— i<Deu lo guart, la linda dama,— caballero bien venido».
— « Vol veni, la linda dama,— voZ veni ab ma companyia?»
— «No j?er cert, lo caballero— que fiada no hi sería».
— «Tan fiada, linda dama, — com si f os hermana mía».
— ^íDels pañuelos de la reina — dime lo que yo 'n faría'h?
— (.<.Els que son de seda y plata — tirarlos á la marina;
els que son de seda y oro— tirarlos dalt de la silla».
— « Vol aná á gropa, la dama,— á la gropa ó á la silla?»
— «Á la gropa, caballero, — por más honra vuestra y mía».
Siete leguas caminaron, — palabra no se decían,
y á cap d' aqueixas set lleguas — la dama ya se reía.
— «¿Qué te ríes, linda dama, — qué te ríes dama mía?
¿Te ríes de mi caballo— ó la silla mal guarnida?
— «No 'm río de tu caballo— ni la silla mal guarnida,
que 'm río del caballero— que la espuela n ha perdida».
276
LÍRICOS CASTELLANOS
—«Atrás, atrás, linda dama,— á ver si la trovarían.
Si la espuela era de &ron2:o^— d'oro fino la tindríam».
Diciendo estas palabras, — descubrían Camp-d' olivas :
— <.<Camp d' olivas, camp-d' olivas, — allí hont so nada y filia!»
— «Me dirías, noble dama, — de quina casa sou filia?»
— «Mi padre se llama Don Juan, — mi madre Doña María».
— «Si aixó es veritat— loa dos hermanos seriam (1)».
18.
Dpn Ola 1* do*
(Núm. 251 de Milá.)
Por las calles de Madrid — de cuando lo Rey vivía,
si hi ha una linda dama— se llama Doña María,
ün cavallé la festeja, — Don Olardo se decía,
Z' enviá que V en vaji á veure —aquesta noche venida,
que no hi vajipas tot sol — que hi vaji ben percibido.
Á las once de la noche— Don Olardo se vestía,
saliendo de lo seu cuarto — una visión li ha eixida :
— «Que no hi vajis, el promés, — mira que te matarían,
ocho mancebos ti aguardan — y los tres f escometrian,
altres te irán al detrás — usarán de cobardía».
Al entrando del portal — tivQji pedras asesmas :
— «No iixém pedr as j bellacos — qu' es usá de cobardía,
tinch V espasa entre mis manos— ^:)er quant mi defensaría»,
A las dotse de la noche — dotse cents morts hi havía,
la dama se está al balcón — molt trista y molt afligida :
— «Ao vuy sapigué res pus —en aquesta trista vida,
me vuy posá en un conuení— usaré de santa vida» (2).
(1) Compárese con los romances asturianos de Don Bueso (núms. 16
y 17).
(2) Cf. el romance andaluz D. Manuel (núm. 19).
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 277
19.
Doña Isabel.
(Núm. 253 de Milá.)
Doña Isabel se pasea — en su palacio real,
mirando sus campos verdes — romeritos ve pasar.
No n van á pie los romeros, — en buenos caballos van;
los rosarios que ellos traen— son cabezas de metal,
las calabazas del vino — llenas de pólvora van.
Isabel ya los ha visto — las puertas manda cerrar.
Manda á la centinela — que no los dejen entrar;
la centinela no es pronta,— ya los ha dejado entrar.
— €Deu la guarty Doña Isabel». — «Caballero, bien vengáis».
— «No dirá. Doña Isabela, — si 'n coneixeria cap?*
— «Yo conozco á Don Rodrigo — que viene para mi mal;
es hermano de la Reina, — primer hermano carnal».
— Venim de jMrt de la Reina— que la habemos de matar».
— «¿Qué r hi hecho yo á la Reina— que á mi me haya de ma-
— i- Perqué vusté tiene hijos— y la Reina no-n té cap*, [tar?»
— «Si yo del Rey tengo hijos— sabe Dios pef^que me 7s da,
si la Reina no té hijos— sabe Dios si 7s hi dará.
Escuche usté, Don Rodrigo, — li voy á decir verdad.
Cuando era chica y pequeña — muchacha de poca edad,
el rey pide mis amores, — yo no los'hi quise dar,
se los demana á mi madre, — mi madre se puso á llorá,
se los demana á mi padre — resposta no li 'w torna.
Me meten en un convento — para más disimular».
— «Déjese, Doña Isabel,— déjese de tanto hablar,
que lo dia se 'ns escursa — y 7 sol á la posta va».
Aquí tiene el confesore—si se quiere confesa,
aquí tiene el notari—si 7 testament vol firmá,
aquí tiene lo verdugo — que la tiene de matá».
— «¡Mis hijos de mis entrañas — sin madre habéis de quedál»
2^8
LÍRíGOS CASTELLANOS
Aunque quedéis sin madre — padre no os faltará».
Set canas á sota térra— ya la varen enterrá.
Están en estas razones —el Eey ya va arriba,
al bajo de la escalera— Don Rodrigo va trova :
. — € ¿Donde viene Don Eodrigo, — qu' está tan acalorat?^
Ya pregunta á los criados : — «Doña Isabel dónde está?»
— «Doña Isabela n es muerta, — Don Eodrigo la matá».
Muerte de Doña Isabela — vintinou ne va costá (1).
20.
JLsí £idiilter£i castigada*
(Núm. 254 de Milá.)
Un día por la mañana, — mañana de VAscensió,
troba la puerta enramada — de linda flor de limón.
— «¿Qui ha enramado la puerta, — la puerta qui l'enramó?
¿Si la ha enramado Don Buelo,— el hijo de nn labrador?»
— «No la "ha enramado Don Buelo, — el hijo de un labrador,
la ha enramado un caballero, — hijo del emperador».
Per aqui sen pasejava —cantando esta canción :
— «Eosavera, Eosavera, — rosa de mucho coló,
qiiant jo te podía aymarte — no te sabía ayynar jo,
ahora que V aymaria^— tienes otro servidó (2).
Qui pogués dormí, señora, — una noche sens temó,
en una cambt^a daiirada,~en un Hit cubert de flós>y,
— «.Una y dugas, caballero,— wwa y dugas tres y tot.
(1) Procede, aunque con grandes alteraciones, de los romances de Doña
Isabel de Liar (núms. 103, 104 y 105 de la Primavera). Siete versiones
más recogió Milá en Cataluña.
(2) Versos tomados casi literalmente de la bella canción <^ Rosa fresca^
rosa fresca», que probablemente formó parte, al principio, del romance
de La esposa adúltera.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 279
Don Jardín es á la cassa — a' n els monts de Leó,
Ya se li menjés el perro — aquell animal /aZco^
nn río corriendo d'aygua — se li meni el caballo,
un río corriendo cZ' aygua — se li meni ah ell y tot».
Dient aquestas paralelas— Don Jardín Unica á la tor, ¡
ah las mans truca á la porta— y ab la llansa á n el baleó».
— <^<¿Qui es aqueix caballero— tal hora truca al baleó?»
— «Don Jardin, rosa florida, — Don Jardin, la mía amor».
— «Ay trista de mí, mes trista — esta nit moriré yo».
— «Báixali obri la porta, — báixali obri sens temó»,
Al baixant de la escalera — ya tremolava áepó,
al obrintre de la puerta— ya trasmudaba els colós,
— «¿Qué tienes, la gentil dama,— qué tienes, la mía amor?
¿Si w' ets tocada del vino — ó tienes altres amors?»
— «No so to(jada del vino— ni tengo altres amors,
que so perdudas las llaves — del más alto mirador».
— «No f espantis,y gentil dama, — no f esp antis per aixó,
si las llaves son de plata — íZ' or fi las faréfer yo».
— «De qui es aquell caballo — que es ai estable majóf»
— «De vosté, marido mío, — que 'l pare li envió».
-^«iVb sentó grat á ton 'pare — buen caballo tengo yo»,
— «¿Z)e qui es aquella brida — que la reyneta n es d^ or?»
— <í.De vosté, marido mío, — que 'l pare li envió».
•—i<No sentó grat á ton pare— hnen^ brida tengo yo».
— «¿De qui es aquesta espasa — que gasta tanto brilló?»
— «De vosté, marido mío,— que 'Ipare li envió».
— «Aquella espasa es de Don Carlos— agweZZ malahit traydó».
Ya en puja á la escalera — dret adalt del miradó, [dó?»
— i<¿Dos que fas aquí, Don Carlos?— ¿áos que fas aquí tray-
— « Vinch veure la sua senyora — si m' en vol doná V amor».
Don Carlos, j?oría V espasa :—quepeleyarem los dos.
Don Carlos moría á las quatre — á las cinch Don Jardin mor;
va queda la gentil dama— sens consuelo ni amor (1).
(1) Once versiones más apunta Milá de este romance, que se encuentra
oon igual abundancia en todos los rincones del territorio español,.
280
LÍRICOS CASTELLANOS
21.
¡L<a mujer perversa»
I (Núm. 255 de Milá.)
— «Ya n' lú trucan á \a porta ola, ola, qui va assí?
Sahés que f os Don Francisco— luego 1' anida obrí,
Sabes que f os mi marido — primero calsá y vestíy>.
— «Don Francisco soy, señora, — el que V en solía serví».
En ohrintre de la puerta— ya li apago lo candil.
— «Válgame Dios de los cielos— y lo gloriós San Gil».
— «No V espanUs, Marieta, — no f espantis p>€ra, mí».
agafan manojper mano— los dos s' en van á dormí.
En sent á la media noche — ell ne ilansa un gran suspir :
— «¿Qué suspira, Don Francisco, — que no ho solía fe' xi?»
— «Y ahora estaba pensando — quants hijos tienes de mí.»
— «Todos vuestros, Don Francisco, — tan el gran com el me»
menos aquell mifjanet — que es del traydó del marit>\ [xich^
— «No digas mal del marido — que ahora le tienes aquí.
Yo ahora estaba pensando — de que 't faria un vestit,
Un vestit de tela blanca, — y en el coll un carmesh^,
— «Antes que tú no me matis—la finestra vuy eixí,
donzellas, viudas, casadas,-— preñez* exemple de mí» (1).
Aquí está la^udriana— en son jar di delicado,
cullintne lindas floretas—per su lindo enamorado.
(1) Romance análogo al anterior. Hay de él otras nueve versiones de
procedencia catalana.
22.
l^a innoble venganza.
(Núm. 256 de Milá.)
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 281
Mientras las está cullendo—Don Guespo n' es arribado.
— «Deu la guart, la Gudriana».— «Don Guespo, hen arribado».
— «Domingo en som de bodas — aquí vinch á convidarla».
— «Que se senti aquí, Don Guespo, — en estapedra picada,
tomará un bocadito — y en beurá una vegada.
Quant Don Guespo ho que begut—ya no vega el seu caballo,
«¿Qué m' as dat la Gudriana — que no veo mi caballo?»
— «jL' hi dada una medicina — que el Doeío ñola ha ordenado».
— «Si tingués^ape y tintevo— per escriure una carta,
a' la trista de mi madre, — que no 'm veurá torná á casa».
A' diez horas de la noche— Guespo malo ya n estaba,
a' las doce de la noche — Guespo muriendo ya n estaba,
la punta del alba clara— Guespo enterrado estaba,
ya portan la Gudriana— que lañaran á cremarla (1).
23. i
I^a infanta isedueidst.
* (Núm. 258 de Milá.)
La infanta estaba á la mesa— sondare se la miraba :
— «¿De qué mira el Rey mi padre, — de qué tanto me miraba?»
— «Be tinch que niirá, la infanta, — me parece que estás mala;
los vestits te son ja curts, — la camisa no f hi basta».
— «Aixó ho ha fet, pare rey, — lo beure de la mass' aygua».
— « Vinguin mefjes y barbés — los de Sevilla y Granada»,
i' uns la Tcúx^n pels polsos, — altres la miran ^er V aygua;
lo un metje din á V un — V altre metje diu á Valtre :
— «El mal que la hija té—ab non mesos es curada».
Per no doná \m pesa al rey — «la infanta com una plata».
El rey n es escoltado,— que tot aixó s' escoltara :
(3) Es análogo al roraance asturiano núm. 32 El Convite, y á los portu-
gueses que citamos en la correspondiente nota.
282
Líateos CASTELLANOS
— «No me engañarán harhés,—tampoch mefjes de Granada,
que si aixó es veritat —molt promte será curada».
Fromte mana á sos criats—á tancarla en una cambra,
en una presó molt fosca — que no Id viven sino lladres;
ayguet fins á cintura —jpe?- ferli pudrí las carnes
y de cintura en amunt — cadena y grillons porta va.
— ^Quant demani de menjá—doneuli lierbas amargantas,
Y quant demani del beure — aygua de la mar salada».
Siete semanas pasaron — sens' abrirli la ventana.
Ningú no /' anava á veure—caballers y nobles damas,
y també hi han añadas — las monjas de Santa Ciara.
Hi va, ana una criada — del palacio de su madre :
— íEm dirías, Catalina, — quinas novas corren ara?*
— «Las noticias gw' ara corren,-— luego aniré á explicarlas,
las noticias qu' ara corren — que vosté ha de ser cremada,
tiene tres horas de tiempo, — una y media n es passada> .
— «A mi no 'm raca 7 morí — ni tampoch el ser cremada,
em raca la criatura — sé filia de tan bon pare».
Si trovás un pajarito — qu anés corriendo 5^ volando
enviaría una carta— al caballero Don Carlos».
Mentres n' está dient aixó — un pajarito volaba :
— «Sí que hi aniré, señora, — sí que hi aniré volando».
Ab la sangre de sus venas— ya ni ha escrita una carta :
— «iVo V ensenys á mn^w,— sino en sus propias manos».
Quant arriba al palacio,— al palacio de Don Carlos :
— « Veliaqui aquesta carta— que la infanta me la ha dado»,
Al sobrescrit de la carta — ell el coló trasmudaba,
al descobrirne la carta — llágrimas al cielo llansava.
— ^Entornaf en, pajarito, — digas que no esiich de marxa,
que no hi puch anar-hi, nó, — que tinch la mare molt mala,
que en téforta calentura — c^wq prou la ^npensa matarla!»
Promte mana á sus criados— que li ensillen un caballo;
quant li han ensillat un, — diu que li ensillin un altre.
Promtament pren el cami—dret á un convent defrares,
Quant es arrivat allí — el Pare Frió demana,
— ^El Pare Prió no hi es— no tardará en arribarney>.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. DE CATALUÑA 283
Quant están dient aixó — el Pare Frió arrivaha.
— « Yo li vincli á demaná — si m volvía deixá uns Jiáhits»,
— -^El hábitsjo ' s jicaré —y tot quant al convent hi haji^,
Quant li ha deixat los uns, — diu si lo vol deixa v.ns altres,
s en torna penre cami — dret á aquell foch anava;
tot á vora d' aquell foch — hi había treinta damas.
Quant es arrivat allí -demana per confesarla,
las calderas van cremant, — las trompetas van tocando.
— «Válgame Dios de los cielos — y la Virgen soberana.
Set anys ha que la confeso — y ara no jpuch confesarla?»
— «La confessi, diu el Rey— que la vida se li acaba».
Per la Ilicencia donada — ho fa dintre d' una cambra,
Passa al sisé manament : — <¿Ah quant homes has pecado?»
— «No he pecat sino ab wn— que s' anomena Don Carlos».
-^t¿El coneixerías tu— cas que tu 7 vejesis ara?»
— «No pot se, bon pare, nó— que tinch la vista entelada.
Ab els rostros y meneyos— si mipareix á Don Carlos».
— «Cata aquí, la buena infanta, — cata aquí tms d' aquests há-
y om' en he posal els uns -tu f en posarás els altres, [bits,
quant pasen la sentinella— no te 7 miris á la cara,
passarém devant, ton pare -no fassis sino un acato».
Despres la gent tothoni deya : — «¿Qué se n' es fet de la Infan-
Admirábase tothom — d' aná á parells loa frares (1). [ta».
24.
Ija serrana.
(Núm. 259.)
A la montaña de Oro, — allí dentro de una cueva
n hi había una serrana— blanca y rossa y no es morena.
(1) Véanse los romances asturianos de Galanzuca y Galancina (8 y 9)
y los portugueses que se citan en la nota correspondiente. El principio de
la variante catalana recuerda el famoso romance viejo « Tiempo es el caba-
llero—tiempo es de andar de aqui fnúm. 158 de la Primavera)-
284
LÍRICOS CASTELLANOS
Trae el cabello crespado — y con una rica trenza,
Cuando quiere hallar un hombre— ya se va por la ribera.
Veu veni un gallardo mozo : — «Gallardo mozo, detente».
S\ en preñen mano germano — y sen van dalt de la cueva;
la cueva ñera voltada — de cabezas de hombres muertos :
— <rSon los hombres que yo he muerto — allí haix á la ribera,
lo mismo será de ti — cuando mi voluntad fuera...
De tans besos y ahrassadas—X^ serrana s' en aduerme,
yo me vuy á poco á poco — yo me vuy apartar de ella.
Siete leguas caminaba — sense girarme enderrera.
Ya veig veni la serrana — venía tota correnta,
ah un perro al costado — que feya mes pó que ella.
— «Detente, gallardo mozo, — gallardo mozo, detente,
que f en vuy dona una carta— per la gent de la ribera,
sino V escrich de mi sangre — ya F escriuré de la teva^.
— <a^o pot ser, linda serrana,— que yo ya seré á mi tierra.
— «Ay trista de mí, mes trista — ahora seré descubierta».
De tanta rabia y malicia — la serrana se reventa» (1).
25.
Ij» guardadora^ de un muerto.
(Núm. 260 de Milá.)
Siete años que lo tinch muerto— y tancat dins de ma cam-
Yo li mudo la camisa— todas las festas del año, [bra.
(1) Es el romance extremeño de la Serrana de la Vera (núm. 28 de nues-
tro primer apéndice á la Primavera, de "Wolf),t rasplantado á Cataluña,
donde Milá recogió otras cinco versiones. J3ada su antigüedad, pudo ser-
vir de tipo á otras canciones de bandidos, que abundan en la poesía po-
pular catalana, por haber sido Cataluña en el siglo xvii la tierra clásica
del bandolerismo, como después lo fué Andalucía. Algunas de estas can-
ciones penetraron á su vez en Castilla é inspiraron varias obras dramá-
ticas, como JEl Catalán SerraUonga, de Rojas, Coello y Vélez de Guevara.
Cervantes había hecho la sublime idealización del bandido generoso en
Roque Guinart.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 285
yo li n rentava su rostro — con rosas y vino blanco;
veig qu' els ossos se dessossan^áe aquellas carnes tan blancas.
¡Que hi furia yo mesquina — trista de mí, desgraciada!
Si lo digo á mi padre— dirá que es mi namorado,
si lo digo á mi madre — sempre viurá con cuidado,
si lo digo á mi hermana — de amores no entiende nada,
si lo digo á mi hermano — es hombre para matarme,
si lo digo á la justicia — de ella seré castigada :
vale más que no lo diga— que me lo sufra y lo calle.
Un día estando al balcón — á mi ventana asomada
veig pasar un cazador — que por nuestras peñas caza :
— «Cazador, buen cazador, — escúchame una palabra:
voldria enterrar un muerto? — te será muy bien pagado.
No será pagar en cuartos, — sino con oro y con plata».
Bajando de la escalera— dos mil besos li ha dado :
— «Adiós, bien de mi vida, — adiós, bien de mi alma,
no trigará mucho tiempo — que yo vendré á visitarte.
Además de estos romances castellanos, publica Milá
fragmentos de otros varios. Los principales son los si-
guientes :
Oerineldo.
(Núm. 269.)
Aquí estaba Gerineldo— junto á una ventana fría,
limpiando ropón de seda — por andar el rey vestido.
Por aquí pasa la infanta — de amores lo requería.
jC' endemá á la matinada—e\ rey pide su vestido.
Ó es muerto Gerineldo — ú ofende mi Castillo.
Si yo mato á Gerineldo — tanto tiempo me ha servido,
si yo mato á mi hija, — mi estirnada y querida.
Mejor será que los casi, — nada ningú no sabría.
286
LÍRICOS CASTELLANOS
Otra variante*
Arinello, Arinello, — Arinello Pampolino...
Por tres veces lo llamó— y nadie le ha respondido...
Al despertar la infanta — encuentra la espada fina...
«Esta espada es de mi padre — que mucho la conocía...»
— «Buenos días tenga el rey)) — «Arinello, bien venido.
Eres preso ó eres muerto — ó traidores te han traído.,.))
«No era preso ni era muerto — ni traidores me han traído.
Estaba en el camarín — á coger rosas floridas,
á coger rosas y flores — rosavera y satalia)\
Mentr' están en estas ^arawZas — 1' infanta també hi arriba.
— «Buenos días tenga, mi padre». — «Bien venida sea mihija)).
— aEl don que le pido, padre, — no sé si me 7 concediríay) ,
— «¿Qué es lo que pides, infanta, — -infanta, qué es lo que pi-
— «El don que le pido, padre, — Arinello por marido)), [des? o
— «¿Com te lo puedo donar — si tú ya te lo has prendido?»
Pues te lo has tomado tú — que te lo dé no es preciso.
Mejor es cásar los dos — pues tanto ya se querían.
Filomena*
(Núm. 270.)
Al orilla de la mar— 's hi pasejava una reina
con dos hijas al cosíaí— con Blancajió y Filomena.
Ya ha pasado Don Tarquín, — dientli de esta manera:
«Don Tarquín, ^er^we no 'í casas? — cómo vas de esta manera?
— Prou me casaría yo — si 'm diese la Filomena^).
—Cásate con Blancafló, — Filomena es muy pequeña.
Es deshonra por los reyes — de casar la más pequeña.
Fassa avant el matrimonio — y se la lleva á su tierra.
Al cabo de nueve meses— Don Tarquín se fué á la guerra.
No se va á la guerra, nó,— que se va á eiiganyá su suegra...
ROMANCES CASTELLANOS TRÁD. EN CATALUÑA 287
El resto del romance refiere los crímenes de D. Tar-
quino, la lengua cortada de Filomena, y el horrible ban-
quete que su hermana sirve al criminal haciéndole comer
á su hijo recién nacido. En otras versiones, todavía más
degeneradas, se dice Falomera en lugar de Filomena y
D. Arlaquin en vez de D. Tarquín, Otras empiezan :
En la ciudad de Granada...
Por las calles de Madrid...
Copia también Milá (núm. 271) los primeros versos de
un romance catalán, que parece tener análogo argumento:
A la vora de la mar— n hi ha tres doncellas;
ha vingut un cavallé— ha vingut de llunyas térras,
s' enamora de la gran — después de la minjanceta...
Ealta lo demás.
El Cautivo.
(Núm. 267.)
Mi padre era de Burgos— y mi madre de Antequera.
Se embarca á los catorce años. Es cautivado y vendido ^
á un renegado que es natural de mi tierra :
De día m' fápicá esparto— y á la nit sucre y canyella.
M* en posa un mos á la boca— ^er^^we no giMi d' ella.
La nuera (¡) le afloja la cadena cuando está fuera el
moro :
M en dona del pan blanco— y del vi que 'Is moros beuhen.
Los dos quitan al moro la arquimesa y sacan cien es-
288 LÍRICOS CASTELLANOS
cudos para el rescate. Dice al moro que los ha recibido de
su padre :
Maldito sea tu padre— y tu madre si la tienes.
Hay otras dos variantes, de que Milá sólo cita breves
frases.
Es romance seguramente antiguo, puesto que ya le citó
Luis de Camoens con el primer verso ligeramente alterado:
Mi padre era de Eonda— y mi madre de Antequera...
Existe en la tradición oral de la provincia de Santan-
der (p. 219 de este tomo).
Kja msidre perversa*
(Núm. 67 de Milá.)
A Barcelona hi ha una dama — va vestida d' oro y seda...
Su hija avisa al padre que
A casa viene Don Pedro— capitán de la bandera.
La madre corta á la niña la lengua, la cuece y se la sir-
ve al padre. Al tiempo de dar él la bendición oye una voz
que le dice :
No menjes d' aqéesta carn—qu! es de las entranyas tevas.
La madre invoca á diez mil demonios. Estos llaman á
la puerta, baja ella, la cog.en y la despedazan.
Milá dice haber recogido varias versiones contradicto-*
rias, en algunas de las cuales hay dos versos de la canción
de Blanca ñor y Filomena.
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 289
Es el mismo romance andaluz de La Infanticida, re-
presentado en nuestra colección por dos versiones: 26 y 27.
Don Cralván.
(Núm. 268).
Bien se pensaba la reina — que buena hija tenía.
De buena no la té buena, — de buena no la tenía.
La infanta es acusada por una dama, criada de su ser-
vicio. La reina la llama:
— «Dáme licencia, mi madre, — por ana á mi cambreria,
A las criadas que hrodan — oro ó plata 7s faltaría».
— «Si '1 oro ó plata 7s faltase — la culpa sería mía».
Ella munta á la ventana — ver Don Galván si venía.
En tren el guante de la mano — ella envía un signo,
Don Galvano hombre discreto — de pronto Jio ha entendido.
— (i Ara pararás, Galvano, — el paño de tu capilla.
Vesfiremlo d' oro y seda — passaremlo á morería,
de morería á Flandes— de Flandes á Loinbardía;
de LoQibardía mes lluny — allí hont amas se crían».
Don Galván encuentra al rey, y le dice que trae unas
manzanillas :
— «Si m'en queres donar una — d' aquestas lindas manzanas.
— 1^0 per cert, el señor rey — que me las tienen contadas».
Diciendo estas palabras — las manzanillas lloraban.
Además de los romances propiamente populares, han
penetrado en la tradición oral de .Cataluña algunos ro-
mances vulgares castellanos, como el núm. 274 de Milá,
Dona Antonia:
Alto y soberano cielo,
en tí pongo la memoria
Tomo X. l'J
290 LÍRICOS CASTELLANOS
para contar y decir
lo que sucedió en Lisboa...
y el 275, Melchor y Laurencia :
Murallas, fuertes murallas
combaten el mar soberbio...
el mejor puerto de mar
que tiene el Rey en sus Reinos...
— «ádios, Málaga, le dice,
adiós, mi patria bella;
adiós, madre de mi vida,
voy que los moros me llevan...» ^
En la colección de Milá se lee también un romance re-
ligioso (núm. 15) Confesión de Nuestra Señora, casi ente-
ramente castellano, pero siendo prosaico y seguramente
moderno, le omitimos. Por estar muy incompletos y no
ser tampoco enteramente populares, excluímos igualmente
el 60 La Virgen aguardando á su hijo (que tiene algunos
versos muy alterados de la canción que principia For el
rastro de la sangre), el 61 niño perdido^ el 62 La Virgen
Gloriosa, con reminiscencias de los romances de Silvana.
como puede juzgarse por el principio :
Por la escalera del cielo— se pasea una doncella,
vestida toda de blanco. — toda la gloria está en ella....
Pertenecen á la poesía vulgar el 65, La venta de un
Crucifijo :
Allí á la plaza de ArgeJ — hay un Cristo figurado,
y el 66, La Cautiva:
ó gran Reina de los cielos— Madre de Dios soberana...
Historia muy lastimosa — que se ha escrito y se canta.
Considero también como de origen castellano induda-
ble, aunque ya se canta en catalán ó poco menos, el núm. 4
ROMANCES CASTELLANOS TRAD. EN CATALUÑA 291
Duda de San José (donde aun persisten las palabras mau'
sana y mansané; compárase el romance asturiano, núm. 60,
el andaluz núm. 29, y el montañés, pág. 216 de este tomo);
La vuelta del marido (núm. 202, similar de los romances as-
turianos 27 y 28, y de otros más antiguos); el 204, La viu-
da (que conserva las palabras hijo y marido : romance aná-
logo, hasta en el metro, al Don Pedro que se canta en Ex-
tremadura, núm. 12>)\ q\ Don Luis de Montalván (nú-
mero 206) que empieza con el verso tradicional:
La vida de la galera — es muy larga de Xíontar;
el 207, El poder del canto; el 213, La niña encantada, que
es una variante de La Infantina; el 217, El Caballero de
Málaga; el 219, La Peregrina; el 227, La Condesa muerta
(hay una variante que delata su origen desde el principio:
¿Dónde vas el caballero? — ¿Dónde va vasté per qué?);
el 247, Don Gayferos; y el 257, La Princesa, que por ser
breve y muy lindo transcribiremos aquí :
Un castillo, dos castillos — una princesa hi havía,
hi havía dotse comptes— que tots casara' hi volían,
n' hi havía un escuder-qu' en son servey ne servía.
— «Escuder, bon escuder, — molta merced ne f arias
de portar aquesta carta — al caballero de Encina;
que si 'm venía ell a veure— els passos li pagaría
ab vestits tots bordats d' or — tots d' or y de plata fina;
si d' aixó no se contenta— altre cosa li daría.
Li daría dos castells — que tinchvora la marina,
á cada cap de castell— cent soldats armats hi havía.
Teñen socorro pagat — per un any y per un día.
Si d' aixó no 's contentés — yo mateixa me hi daría.
Es, como se ve, un eco del antiguo romance de Monte-
sinos y Eosaflorida (núm. 179 de la Primavera],
SECCIÓN SEXTA
Romances castellanos tradicionales entre los judíos de Leyantc.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Peregrino cuanto importante hallazgo para ''completar
el romancero peninsular es el de los cantos que tradicio-
cálmente se conservan entre los numerosos hebreos de
origen español que hablan y escriben nuestra lengua en
Turquía, en Marruecos, en Argelia, en Túnez, en la Bulga-
ria Ramelia, etc. No se ha hecho cabal estadística de este
contingente nada despreciable de nuestro dominio filoló-
gico, pero sabemos que en Salónica asciende el número de
estos judíos españoles á sesenta mil (es decir, á la mitad
de la población), divididos en treinta sinagogas, tantas
€omo mezquitas; que en Constantinopla hay cincuenta mil,
y quince mil en Andrinópolis. Estos hispano-judíos tie-
nen una literatura bastante copiosa, profana y sagrada;
tienen, no sólo libros de devoción é historias, sino cuen-
tos y novelas; conservan romances viejos, en formas á ve-
ces más arcaicas que las que han podido recogerse de la
tradición oral de la Península; y han publicado hasta la
hora presente más de treinta periódicos en lengua caste-
llana, pero con caracteres hebreos, á excepción de uno
sólo, El Luzero de la Pudenda, que apareció en Rumania
desde 1885 á 1889 en caracteres latinos.
El castellano actual de las sinagogas de Levante es su-
mamente impuro y lleno de solecismos, como no podía me-
nos de sucader dados los heterogéneos é irreductibles ele-
296
LÍRICOS CASTELLANOS
mentos coü quien ha estado en contacto (turco, árabe, per-
sa, griego moderno, lenguas eslavas, etc.), amén de lo»
italianismos y galicismos que andan revueltos en la lengua
franca del Mediterráneo : á todo lo cual hay que añadir la
completa incomunicación literaria en que esta población
ha vivido y vive respecto de España. Las diferencias, sin
embargo, entre el castellano de Oriente y el de España,
en lo que toca á la pronunciación, acaso no sean tan pro-
fundas como pudiera creerse en vista de la transcripción
fonética que usan. Como difieren tanto los dos alfabetos,
ha sido necesario añadir al hebreo, para transcribir el
nuestro, cinco caracteres nuevos; y por el contrario, cinca
letras hebreas han quedado sin uso, por no tener corres-
pondencia en los sonidos castellanos.
La tradición popular conservada por los judíos tiene
excepcional valor, puesto que, exceptuando muy pocos ro-
mances modernos tomados del Antiguo Testamento ó de
ritos y ceremonias de su ley, que fácilmente se distinguen
de los demás, los restantes, es decir, los novelescos y pro-
fanos, puede creerse, si se atiende sólo al núcleo poético,
que se remontan á la grande emigración de 1492, siendo
prueba de antigüedad para cualquier tema su existencia
actual entre los judíos. Pero esto ha de entenderse con
ciertas salvedades. Los romances actuales están corrom-
pidísimos, abundan en voces exóticas, en contradiccione»
é incongruencias, y suelen ser centones, á veces sin senti-
do común, de fragmentos muy diversos. Es evidente que el
pueblo que los canta ha perdido la clave de estos roman-
ces, aunque los repita por el prestigio de la música, y los
venere como reliquia de sus mayores. Aparece, pues, la
poesía judaico-hispana en un estado informe, degradado y
bárbaro, pero que por lo mismo nos guarda grandes sor-
presas.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
297
Ha de tenerse en cuenta, además, que durante los si-
glos XVI y XVII fué continua, aunque parezca do poco mo-
mento, la emigración de judíos peninsulares (principal-
mente portugueses) que huyendo de los rigores de la In-
quisición buscaron asilo en Holanda, Alemania, Francia
é Inglaterra, y algunos también en las comunidades de
Levante. Estos nuevos desterrados, entre los cuales no
faltaban cultivadores de la poesía artística, pudieron re-
novar también el fondo de la poesía tradicional, importan-
do nuevos romances ó componiéndolos ellos mismos. Pero
tal influjo debió de alcanzar en muy pequeña escala á las
sinagogas de Turquía, muy remotas y aisladas, perdidas
entre bárbaros, y pobladas á la sazón de gente pobre, in-
culta y abatida, que en nada semejaba á los opulentos y
refinados mercaderes hebreos de Venecia y Amsterdam.
Por otra parte, la simple lectura de estos romances bas-
ta para probar que son de los más viejos, aunque sean
también de los más alterados. He reunido en esta colec-
cioncita todos los que me parecen de carácter primitivo, y
doy también algún otro más moderno, como muestra de la
poesía, ya religiosa, ya profana, que actualmente cultivan
los hebreos oriundos de España.
Hay entre estos romances algunos inéditos, y no son
por cierto los menos curiosos. Me los envió desde Constan-
tinopla en 1885 mi difunto amigo el malogrado é ingenio-
sísimo escritor D. Carlos Coello y Pacheco, que los había
recibido de Salónica. Pertenecen á este grupo los diez pri
meros romances de nuestra colección: Tarquinos y Lucre-
za, Gian Lorenzo y el rey de Portugal, El Conde Alimán
con la hija de la reina, El Conde Amadí^ El hijo del rey en
Ferismena, Andarleto, La esposa de Don Gaiferos, El
Conde Velo y el Gran Duque, Parisi y las tres hermanas,
Miraibella.
298
LÍRICOS CASTELLANOS
Por lo que mis noticias alcanzan, creo poder asegurar
que fué Carlos Coello el primer colector de romances ju-
díos, y en general sus textos me parecen mejores que los
que luego ha publicado Mr. Danon, aunque la colección
de éste sea mucho más copiosa.
Para hacer fácil la lectura de estos diez romances he-
mos modificado la ortografía especial de la copia que los
contiene. Esta usa casi siempre ch en lugar de nuestra qu^
que rara vez aparece; escribe siempre cia, ció, ci, ce, por
nuestro cha, cho, chi, che; emplea ni por nuestra ñ y li por
nuestra II (alguna vez por y: lio, lia, talio)\ escribe scia,
seto y rara vez sho donde hemos puesto xa, xo; en las ter-
minaciones verbales arcaicas -ades -edes pone -ash -esh,
que hemos transcrito por -ais -eis, La^, que no escribe
más que en homhre, y la t;, y las escribimos según la
ortografía académica.
En el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo
XVI. — Junio de 1890) publicó nuestro docto compañero
y amigo D. Antonio Sánchez Moguel, el romance Yo me
estando en la mi pesca, acompañado de un interesante co-
mentario filológico. Da la noticia de que Mr. Ha-Lévy,
sabio israelita, profesor de la Ecole des Hautes Etudes de
París, que le facilitó copia de dicho romance y de otro de
carácter lírico, había reunido en un volumen algunos can-
tos populares de sus hermanos israelitas.
No parece que esta colección se haya publicado has-
ta ahora, pero otra muy importante ha visto la luz pú-
blica en la Revue des études juives^ de París (1896).
Consta de 45 romances (así los llama el colector, auDque
no todos lo son en rigor estricto), acompañados de tra-
ducción francesa, introducción y notas, debido todo á la
erudición y diligencia de Mr. Abraham Danon, residente
en Andrinópolis.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
299
La mayor parte de estos romances proceden de la tra-
dición oral recogida así en aquella ciudad como en Saló-
nica, en Constan tinopla, en Bulgaria y en otras partes,
donde todavía se cantan estos romances conservados como
reliquias de generación en generación. Otros fragmentos
se han transmitido por el camino más inesperado , es
decir, por el de la literatura litúrgica. Mr. Danon hace
constar que estos romances de origen profano han ejerci-
do notable influjo en los poetas hebreos de decadencia,
hasta el punto de excitar los recelos de los rabinos más
ortodoxos. Así Menahem Lonsano reprueba las poesías
religiosas que comienzan con palabras imitadas del caste-
llano; por ejemplo, un canto compuesto sobre el aire de
estos versos
«Muérome, mi alma — ay, muérome>,
«cuyo autor ignoraba que este procedimiento es abomina -
»ble, porque despierta en el que canta estos versos recuer-
»dos lujuriosos».
A pesar de este anatema, el célebre poeta neo -hebraico
Israel Nagara, que florecía á principios del siglo xvii, no
tuvo escrúpulo en adaptar á sus himnos religiosos los aires
de canciones griegas, turcas, árabes y españolas, y hasta
de imitar sus palabras mediante el procedimiento de la ali-
teración. Como al frente de estas composiciones suele in-
dicarse la melodía de ellas, conocemos asi los principios
de varios romances cuyo texto no se conserva.
iPara completar la lista de los restos del Romancero
español (dice Mr. Danon) me he servido igualmente de las
colecciones de letanías rimadas que existen entre nosotros
bajo el título de Jwwcos/ inéditos todavía, y que sirven de
tiempo inmemorial para que los asistentes de nuestros mi-
nistros oficiantes se ejerciten todos los sábados por la ma-
300
LÍRICOS CASTELLANOS
ñaña, en la sinagoga portuguesa, la más importante de
Andrinópolis, en cantar verses, á título de ejercicio mu-
sical, conforme á las modulacionés árabes llamadas maka-
mat (sesiones). Para este uso se emplean principalmente
los poemas de Nagara, con adición de otros cantos poste-
riores».
De uno de estos manuscritos, copiado ya en 1641, y el
más antiguo de los que hasta ahora se conocen, ha entre-
sacado el Sr. Danon muchos principios de romances, y con
ocasión de ellos exclama:
«Cuando se ve á nuestros poetas hebreos de la última
época volver á estas fuentes vivas de la antigua melodía,
no puede sorpi;endernos el irresistible atractivo que el
falso Mesías Sabbatai Cevi ejercía sobre sus fieles, cantan-
do con alusiones místicas el romance de Melisenda, la hija
del Emperador».
Advierte, finalmente, el discreto colector, que muchos
de estos poemas se hallan truncados; que á veces hay so-
lución de continuidad en las partes que restan; que otras
veces las estrofas están confundidas y revueltas de un
modo inextricable, y que con frecuencia las ancianas que
son las que principalmente conservan y repiten estos can-
tos, por olvido de alguna palabra ó de algún verso sustitu-
yen otro de su propia composición. Hay también reminis-
cencias y transposiciones de frases de un romance á otro.
«Aparte de estas modificaciones, nuestros romances han
recibido del medio ambiente muchas palabras turcas, ára-
bes, persas, griegas y hebreas. Contienen también mu-
chos idiotismos propios de nuestra jerigonza (el ladino
ludesmo ó lengua sefardí), que á pesar de ^\x forma caste-
llana, no se encuentran en los diccionarios, ó se encuentran
con una acepción diferente. Este cambio de formas y pa-
labras anticuadas por otras equivalentes estaba en la na-
ADVERTENCIA PRELIMINAR
301
turaleza de las cosas. Conforme se alejaban del tiempo
del éxodo español, nuestros abuelos, no pudiendo apreciar
ya todos los matices, todas las delicadezas de la lengua
castellana, encontraron natural emplear otras palabras
que ellos comprendían. Además, han introducido en al-
gunos romances ideas religiosas, que parecen en ellos en-
teramente inoportunas. Por otro lado, es fácil encontrar
en estos romances expresiones y giros arcaicos, y que han
persistido igualmente en las versiones clásicas de la Bi-
blia que todavía se usan en nuestras escuelas».
En la transcripción de estos romances, el Sr. Danon ha
adoptado los caracteres latinos, respetando en todo lo po-
sible la pronunciación local, sin olvidar la clásica. A su
texto va ajustado el mío, salvo alguna ligerísima corrección.
ROMANCES CASTELLANOS
TKADICIONALES ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE
1.
Tarquines y LéUcreza*
Aquel rey de los romanos, — que Tarquinos se llamaba,
se enamoró de Lucreza, — la noblesa de romana,
que para durmir con ella — grande ambisión trababa:
se hiso hombre de camino, — por su puerta le pasara;
Lucreza que lo vido — como rey le dió posada,
le metió gaína (1) en sena, — cama de oro que se echara.
Al fin de la media noche — Tarquinos se despertara,
se fuera para la cama — ande está la noblesa echada,
le metió puñal en pecho — por ver si despertara.
Despertóse desfavorida — con favor (2) desganada.
— Tus amores, Lucreza, — me hasen penar al alma;
si tú á mi me otorgas, — serás reina de Granada;
si tú á mi no me otorgas,— te mataré con esta espada,,
te mataré á tí, Lucreza, — y al viejo de tu casa.
— Más vale morir con honra, — que non vevir desfamada. —
Desvainó la su espada, — en su vientre la afincara (3).
(1) Gallina.
(2) Es frecuente en estos romances el cambio de p por /; despavorida
por despavorida, favor por pavor,
(3) Romance de asunto histórico romano, único hasta ahora en la tra-
dición popular, pero que ha dejado vestigios en el nombre de Tarquino
dado al forzador en algunos de los romances de Blanca jlor y Filomena,
(núms. 17 y 18) y en el de AUama/re Inúm. 28).
304
LÍRICOS CASTELLANOS
' 2.
Oian Ijoreftizo y el rey de Porlugal*
¡Gian Lorenzo, Gian Lorenzo, — quen te biso tanto mal!
— Por tener rüujer hermosa — el rey me quere matar.
Yo estando en la mi puerta— con la mi mujer real,
taniendo la mi vigüela, — mis hijos al son bailar,
alsí mis ojos en lexos, — quanto más los pude alsar,
en los campos de Arzuma — grande gente vide baxar;
el corason me lo diera — que era el rey de Portugal,
que viene por los mis hijos — y la mi mujer real.
Echí mi manto en mis hombros — y lo fuera á encontrar:
— Estéis en buen ora, buen rey. — Gian Lorenzo, en mal ven-
[gades.
— Me oigáis, el Dio del sielo,— que es padre de piadad. —
Yo le hablaba con buenas, ~él me respondía mal.
— Si vos piase, oh buen rey, — de me vinir á vijitar?
— ¿Y para toda esta gente — qué les daréis á ermorsar?
— Para toda esta gente — vacas y carneros hay;
para mí y Vos, buen rey, — pichonicos con agrás, [siar. —
en mientrés que ordenan mesas— vamos á la güerta á espa-
En la güerta de Gian Lorenzo— hay cresido un buen rosal,
arrancó de ahí una rosa — y una rosa del rosal,
á la mujer de Gian Lorenzo — á ella la fuera dar:
— Tomárais esta rosa, — esta rosa de el rosal,
y de aquí en quinse días— seréis reina de Portugal.
— No matéis á Gian Lorenzo, — ni lo quij erais matar;
desterraldo de sus tierras, — que de ellas non coma pan,
que es padre de los mis hijos, — marido de mi mosedad. —
Yoraba Gian Lorenzo — lágrimas de voluntad.
—Non yoréis, Gian Lorenzo, — ni quijerais yorar;
en forma de carbonero — me verneis á vijitar,
mataré yo al buen rey— y vos asento en su lugar (1).
(1) Curiosísimo romance histórico, de asunto portugués. Se refiere, sin
ilOMANGES TRAD. ENTAE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 305
3.
El liijo del rey en Ferlsmena*
Muerto va el hijo del rey, — muerto va por Ferisraena.
ün día estando en la mesa— sintió apregonar guerras;
ya tomó muía y caballo, — se iba para la guerra,
á la tornada que torna — se echó por ande la esfuegra (1),
la esfuegra desque lo supo,— á resibirlo saliera. —
— Qué hasiais, la mía esfuegra?— El mi yerno, bien vinierais^
que asin la mi hija, — la mi hija Miraibella,
priñada está de ocho meses, — solo está en tierras ajenas.
— Muncho me arrogó y me dixo — si puedía venir ella;
si ella non puedía, — que me diera á Ferismena.
— De dar vo la do, el mi yerno, — como hija mía y vuestra;
con esta espada lo corten, — si traisión le hisiera. —
Ya la viste, ya la endona, — adelante se la lleva;
por en medio del camino — amores 1' acometiera.
— Vos uerco (2) sois, mi cuñado,— oh que uerco paresierais. —
Se echó del caballo abaxo,— le cortó la media elvuenga (3),
quanto mas corre el caballo— mas muncho corría ella;
tanto fué su corritina — que cayó en tierras ajenas.
Por allí pasó un pajico, — conosido suyo era,
duda, á los amores del rey D. Fernando I de Portugal con Dofia Leonor
Téllez, mujer de Juan Lorenzo de Acuña, llamado el di los cuernos de oro,
porque los ostentaba en la corte de Castilla, después que se refugió en ella,
habiéndole robado el Rey su esposa. Versa sobre este argumento la comedía
de Rojas, (Joello y Vélez de Guevara, También la afrenta es veneno, y tam-
bién se enlaza con tal asunto la novelita de A. Herculano Arrhas por foro
de Hespanha.
Hay evidente parentesco entre este romance y los de Dofia Isabel de
Liar (núms. 103 y 104 de la Primavera)'
(1) Es/negra, suegra.
(2) Uerco (¿de Orco, tirtaro ó infierno, en el sentido de hombre perver-
so, demonio encarnado?).
(3) Eluenga, lengua.
Tomo X. 20
306
LÍRICOS CASTELLANOS
que de señas le hablaba, — que de sefías le hisiera,
que le diera papel y tinta, — una carta le escribiera
para mandar al rey su padre— que la quitara de aquellas tie-
[rras (1).
4.
Andarleto*
El rey, que muncho madruga,— por ande la reina se ha an-
topó á la reina en cabello, — en cabello destrensado; [dado,
el rey por burlar con ella — tres dadicas (2) le ha dado.
— Estate, estáte, Andarleto, — el mi lindo namorado,
dos hijos tuyos tengo, — y dos del rey, que son cuatro;
dos tuyos comen en mesa — y los del rey apartado,
los tuyos suben en muía— y los del rey en caballo. —
Voltóse á mano derecha,— topó el rey á su lado.
— Perdón, perdón, el buen rey, — que esfueño me ha soñado.
— Ya vos perdono, la reina, — con un lardan colorado (3).
5.
(Variante de A. Danon.)
El rey que mucho madruga,— -donde la reina se iba.
La reina estaba en cabellos,— en cabellos destrenzados.
Tomó espejo en la mano, — mirándose su buen lindado,
dando loores al de en alto — que tan linda la ha creado.
(1) Es el romance de Blanca Flor y Filomena (21-22 de los asturianos,
17 y 18 de los andaluces), aunque muy abreviado y estropeado.
(2) Golpecitos.
(3) lardan dyerdan es palabra persa que quiere decir collar (A. Danon).
El sentido es *te ahorcaré mañana con un cordón colorado».
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE ^07
El rey, por burlar con ella, — con verga de oro le daba.
— ¿Qué me dais, qué me dais, — mi primer enamorado?
Dos hijos vuestros tengo — y dos del rey que son cuatro.
Los vuestros van á carroza, — los del rey van á caballo.
Los vuestros van á la huerta — ios del rey van á la guerra.
Los vuestros comen pescado, — los del rey sorben el caldo.
Estas palabras diciendo, — ella que lo atinaría:
— Perdón, perdón, mi señor rey, — sueño me ha soñado.
— Amanecerá la mañana — os lo soltaré un buen soltado,
— con un yerdan colorado (1).
6.
El Conde Allmán con la liija de la reina»
En el vergel de la reina — cresía un buen rosal,
en la ramica mas alta — un rusción (2) sentí cantar.
La reina estaba labrando, — la hija durmiendo está.
— Alevanteis, la mi hija,— de vuestro dulse folgar,
sentiredes como canta — la serenica de la mar.
— Non es la serena, mi madre, — si non es el Conde Alimán,
que el Conde es niño é muchacho, — con mi quijo burlar.
— Si esto es verdad, mi hija, — yo lo mandaré á matar.
— Non lo matéis, la mi madre, — ni mandéis á matar;
que el Conde es niño é muchacho, — el mundo quere gosar;
si lo matas, la mi madre, — á mí y á él embarabar (3). —
La reina, que de el mal tenga, — presto los mandó á matar.
(1) Estas dos versiones (en la segunda de las cuales se ha perdido el
nombre de Andarleto ) , corresponden al romance de asunto merovingio
Latidarico (núm. 36 de nuestro Apéndice á la Primavera de Wolf).
(2) Ruiseñor.
(3) Embarabar acaso quiera decir enterrar juntos; en francés hay bieret
ataúd, y en italiano bar a, andas.
308
LÍRICOS CASTELLANOS
7.
(Versión de A. Danon.)
Un hijo tiene el buen conde, — un hijo tiene y no más.
Se lo dió al señor rey — por deprender y por embezar.
El r^y lo quería mucho — y la reina más y más.
El rey le dió un caballo, — la reina le dió un calzar.
El rey le dió un vestido, — la reina le dió media ciudad.
Los consejeros se zelaron — y lo metieron en mal:
que lo vieron con la reina, — en hablar y platicar.
— Que lo valgan que lo maten, — que lo lleven á matar.
— Ni me maten, ni me toquen, — ni me dejo yo matar,
sino iré donde mi madre— dos palabras, tres hablar.
( — Buenos días la mi madre. — Vengáis en buena, mi rejal (1).
Aséntate á mi lado, — cántame una cántica
de las que cantaba tu padre— en la noche de la Pascua) (2).
Tomó tacsim (3) en su boca — y empezó á cantar.
Por alli pasó el señor rey — y se quedó oyendo.
Preguntó el rey á los suyos: — Si ángel es de los cielos
ó sirena de la mar?— Saltaron la buena gente :
— Ni ángel es de los cielos — ni sirena de la mar,
sino aquel mancebico— que lo mandasteis á matar.
(1) La palabra turca rejal, derivada del árabe, designa á los grandes
dignatarios del Estado; pero los judíos la usan en el sentido de hidalgo ó
caballero .
(2) Variante.
Ó que hijo, ó que hijo!— Fn noche de Pascua
me venisteis visitar.— Ó que madre, ó que madre!
Al hijo tiene en la lanza,— le demanda la cuestión.
Otro.
Porque con mi madre,— os cantaré un cantar.
(3) Mr. Danon interpreta esta palabra en el sentido de melodía, y la de-
riva de una voz árabe que significa división, repartición; pero más bien pa-
rece designar algún instrumento músico.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 309
— Ni lo maten, ni lo toquen, — ni lo dejo yo matar.
Tomólo de la mano,— y junto se fué al serrallo (1).
8.
El Conde Amadí.
Aquel Conde y aquel Conde, — que en la mar sea su fin,
armó naves y galeras — echólas en el sanguí;
el sanguí como era strecho, — non las puedía regir,
— Atrás, atrás, los franseses, — non le deis virguensa al Sir;
si el gran Conde lo sabe, — á Fransia non vos dexa ir,
non vos da para comer — ni con las damas dormir. —
En la tornada que tornan — mataron sincuenta mil,
aparte de chiquiticos —que non hay cuenta ni fin.
Grandes bodas hay en Fransia, — en la sala de París,
que casa el hijo del rey — con la hija de Amadí,
Bailan damas y doncellas, — caballeros mas de mil,
el que regía la taifa — era una dama gentil;
mirando la está el buen Conde, — aquel Conde de Amadí.
— Qué miráis aquí, buen Conde, — Conde, qué miras aquí?
ó mirabais á la taifa — ó me mirabais á mí?
(1) Estos dos romances son de diverso asunto, pero tienen comunes los
versos en que se habla del canto de la sirena. E{i el segundo romane*, es"
tos versos, como ha notado el Conde de Puymaigre (a)^ corresponden casi
exactamente á los de un romance portugués {Cantos popucmres do Ar chipe-
lago Aforiano, págs. 249 y 252):
O rei que ia passeando— cavallo mandou parar:
—Qué vozes do ceo sao estas— que eu aqui OU90 cantar?
Ou sao 09 anjos no ceo,— ou as sereias no mar?
—Nao sao os anjos no ceo,— nem as sereias do mar,
É dom Pedro Pequenino— que meu pae manda matar.
{a) En una interesante carta á Mr. Moisés Schwab en la Revue des Éiu-
dts Juives, Octubre-Diciembre de 3896.
310
LÍRICOS CASTELLANOS
— Yo non miro á la taifa, — ni menos te miro á tí;
miro á este cuerpo que es — tan galano y tan gentil
— Hora era, el caballero, — de me ir yo con tí,
que el mi marido está en guerra, — tarda inda de venir;
una esfuegra vieja tengo, — mala está para morir,
los hijicos chiquiticos — no se lo saben desir. —
Embrujóla (1) en un mansil d' oro, — de afuera le quedó el
á la salida de la puerta — encontró con Amadí: [chapín;
— Qué lleváis aquí, buen Conde,— Conde, que lleváis aquí?
— Llevo un pajo de los míos, — que malo está para murir.
— Este pajico, el Conde,— me esfuele á servir á mí,
el día para la mesa, — la noche para dormir;
non la conose en el garbe, — ni menos en el vestir,
la conose en el chapín de oro, — que ainda ayer se lo merquí. —
Esto que sentió el buen Conde, — dexó todo é se echó á
[fuir (2).
9.
Ija esposa de Don Oaifero.
Cativa estaba, cativa, — la esposa de don Gaifero,
pensando está que le escriba— uno de sus mesajeros.
Aparóse una ventana, — vido venir un caballero,
todo cubierto de arma, — en atarse de hombre guerrero.
— [Caballero, así logrades — y así tengades ventura en armas!
si para Francia ibas — y á Gaiferos conoscades,
disilde que á la su esposa — se la queren desposar,
con un tambunico el moro, — que mora al gal (3) de la mar,
muchas son las sus hasiendas — y la su soberbia grande;
(1) Envolvióla.
(2) Aunque muy estragado este romance, conserva una lección más com-
pleta del núm. 157 de la Primavera: «Bodas hacían en Francia «.
(3) Gal (¿de cai^ qnai, cayos, en bajo latín caium^
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 3M
más quería ya ser mtierta — y non con moro bateare.
— Si vos piase, la Miliselda, — de arriba vos echáreis,
yo vos arresibiré en mis brasos— como amiga caronale. —
Ansi se echó la Miliselda — como quen se echa en la mare,
ansí la resibió Gaifero — como amiga caronale.
De la giúma (1) sale el moro,— de la giúma al medio día,
con trescientos caballeros — que lleva su compañía;
non los llevaba por miedo,— ni por temor que tenía,
sinon porque digan la gente: — ¡oh, qué gran caballería!
La toca que el moro lleva— es una rica romanía,
en la punta de la toca — lleva una piedra safira;
el caballo que el moro lleva— sien doblas y más valía,
lo que arrastra por esfuelo— sien pobes ricos hasía (2).
10.
El conde Velo y el Oran Duque*
Alabóse el conde Velo,— en sus cortes s' alabó,
que non hay ni mosa ni casada— que a enconora d' amor.
Allí se topó el Gran Duque, — el hijo del emperador;
— Si tú venses á la enfanta, — sien siodades te do;
si non la venserás, — vos quitaba el corazón.
— Malaño á tus siodades, —voló quito yo á vos. —
Ya se parte el conde Velo,— ya se parte, ya s* andó,
camino de quinse días — en siete los allegó;
por enmedio del camino— una de sus esclavas topó,
á poder de muchos dineros— señas de su vergel le dió:
— Tres salas tiene Parisi, — una y otra más mejor,
la una durme Parisi, — la otra el emperador,
la otra durme la enfanta, — durme con el gran Siñor. —
(1) ¿Aljama, mezquita?
(2) Pertenece al ciclo de los romances carolingios de Gaiferos (cf- nú-
mero 173 de la Primavera).
312
LÍRICOS CASTELLANOS
Arrodeó por el castillo entero, — por ande entrar no topó;
echó sus ojos en alto— una de sus esclavas topó,
á poder de muchos dineros— señas de su cuerpo le dió:
— Debaxo del pecho estiedro (1) — tiene un lunar d' amor^
en la su cabesera tiene— que le canta un rusción (2).
11.
Parisi y las tres Iiermanas.
Durmiendo está Parisi — de esfueño que le venía,
el maso de las sus flechas— por cabesera él tenía,
el caballo tenía atado — al pie de una graviina,
las armas tiene colgadas — en una mata enñorida;
tres damas lo están velando — todas tres en una porñdia;
una le peina el cabello, — otra la sudor V alimpia,
la más chiquitica de ellas — el esfueño le traía.
— ¿Fin á aquí los mis pecados — á seguir me vienen?
¿ó son ángeles del sielo, — ó la mi madre es?
— Ni son ángeles del sielo, — ni la vuestra madre es, [nieron,
sinon son las tres hermanas — que en vuestra busquedad vi-
De allí saltara la grande — con gran favor que tenía :
— Tómame á mí, Parisi,— de dádivas que os daría;
vos daré una bolsa de oro, — que otra en el mundo non había:
siempre que metriais la mano— vasía non la tornaríais. —
De allí saltó la segunda— de grasia que ella tenía :
— Tómame á mi, Parisi, — de dádivas que vos daría;
vos daré espada de oro— que otra en el mundo non había,
que siempre que saliis en guerra— la guerra la venseríais. —
De allí saltó la chiquitica— de grasia que ella tenía:
(1) Estiedro, izquierdo.
(2) Está emparentado con el romance 12 de nuestro Apéndice á la Pri*
mavera : «Alabóse el Cond€ Velez».
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDIOS DE LEVANTE 313
— Tómame á raí, Parisi, — de dádivas que vos daría; [había,
vos daré una mansana de oro — que otra en el mundo non
con amores fué sembrada, — con amores fué cogida,
con amores será dada — de vuestra mano á la mía,
—Esta es la que yo amaba,— esta es la que yo quería (1).
12.
Afiralbella»
Estaba la Miraibella — asentada en su portal,
con dolores de parir — que se quería matar.
— ¡Quen estuviera pariendo— en el vergel de mi padre,
tenerla por visina — á la condesa mi madrel
cuando me asento á parir — que demande piadades.
De allí la oyó la esf negra— de altas torres ande estaba:
— Andavos, la mi nuera, — á parir ande vuestra madre:
si vuestro marido viene, — yo le daré de señare,
le daré sebada á la muía,— carne cruda al gavilane,
le daré vuesos al perro — que non vos vaya detrase.—
Ya se parte Miraibella, — ya se parte, ya se andaré,
en cada paso que daba— una dolor le trababa,
entrando por la puerta — un hijo á partorare.
Estas palabras digiendo, — el buen rey que arribare:
— ¡A todos veo en medio,— á la mía esposa non veol
— La vuestra esposa, mi hijo,— se fué á parir ande la madre;
á mí me llamó puta,— á tí hijo de mal padre.
— Con esta espada lo corten — si non la iré á matare. —
Por el medio del camino — habergís le arribare: [dre.
— Buen siman (2) vos sea el hijo,— se cree con padre y ma-
(1) Este curiosísimo romance es una transformación del tema clásico
del juicio de Paria.
(2) Señal.
314
LIRICOS CASTELLANOS
—Mal siman le sea el hijo, —que arróyente con la madre,
á mi madre llamó puta,— á mí hijo de mal padre.
— Si tal dixo la mi hija, — de esta cama non se alevante.
- í
13.
Asentada está la reina,— asentada en su portal.
Dolores de parir tiene — que no los pode soportar.
— Quién tuviera por vecina — á la reina de mi madre;
cuando me toma el parto, — que me tenga piedad. —
Saltó la suegra y la dijo — como palabras de madre ;
— Andaos, mi nuera mía, — al serrallo de vuestro padre;
cuando os toma el parto, — que os tenga piedad.
Si es por mi hijo, —
Yo le doy gallinas enteras — y pichones á almorzar. —
Estas palabras diciendo, — el hijo que llegaba;
— A todos veo en casa — ¿la mi esposa dónde está?
— La tu esposa, mi hijo, — se fué al serrallo del padre,
cuando le tomó el parto — que le tenga piedad.
Á mí dijo zona y puta— á ti hijo de mal padre. —
Esto que oió el hijo — á su esposa fué á matarla.
(La suegra le dijo: — Un hijo os ha nacido
como la leche y la sangre— un señal sea este hijo. —
— Que revente con la madre. — Saltó la creatura y dijo:
— Si mi madre dijo tai cosa, — de la cama que no se levante. —
Esto que oió el padre, — á su madre fué á matarla (1).
(1) Tanto este romance, como el anterior, son variantes del conocidísi-
mo de «Doña Arbola» (asturianos 31 y 32» andaluz 23, etc.), y el primero
conserva el nombre de Miraldella, que es Marbella en una de las varian-
tes de Asturias.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDIOS DE LEVANTE 3^5
14.
Estábase la reina Isabela — con su bastidor labrando,
agujeta de oro en mano — y un pendón de amor labrando.
Por allí pasó Parisi,— su primer enamorado :
— Estéis en buena ora, la reina. — Parisi, en bien venierais.
— Si vos placía, la reina,— de venir vos á visitarnos.
— Placer me place, Parisi,— placer y voluntad,
por ese cuerpo, Parisi —
¿Qué oficio tenéis, Parisi? — ¿Qué oficio habéis tomado?
— Mercader soy, mi señora, — mercader y escribano.
Tres naves tengo en el puerto, — cargadas de oro brocado.
Las velas son de seda — las cuerdas de ebrijín (l) morado,
— el dumen (2) un cristal blanco.
En la nave que yo tengo — hay un rico manzano,
que echa manzanás de oro — invierno y verano.
— Si vos placía, Parisi,— de veniros á visitar.
— Vengáis en buen ora, la reina, — vos y vuestro reinado — .
Ya se toca, ya se afeita, — ya lo va á visitar.
Cuando entró la reina, — él levantó gancho, abrió velas.
( — ¿Dónde está el manzano, Parisi, — que echa manzanas de
invierno y verano? — Yo soy el rico manzano [oro
que echa manzanas de amores — invierno y verano (3).
15.
Un mancebo había, — muy angelicado,
de una dama hermosa— se habia enamorado.
— Por la calle paso— y me despedazo,
(1) Ebrij'im, palabra persa que quiere decir hilo de seda (A. Danon).
(2) Dumen, palabra turca que significa el timón fA. Danon).
(3) Este romance se refiere al asunto clásico del rapto de Elena por Pa-
rís, y tiene analogía co el núm. 109 de la Primavera,
316
LÍRICOS CASTELLANOS
de veros labrando — en el cedazo.
De batir la puerta, — ya no me quedó brazos.
Abréis, mi galana, — haremos un trato.
— Mancebo, mancebo, — alto y delicado
que por una moza— vais embelecado,
tomad mi consejo, — andados á Belgrado.
Allí toparéis — lo que vos queréis,
que de mí, en tanto — provecho no tenéis.
— Majo, majo, dama, — agua en el mortero,
no hay quien se apiade — de este forastero.
Esto es muy amargo — más que la oliva.
Y decidme un sí — que ya me cansí
(de ver vuestro garbo — yo me hice así) (1).
— Mancebo, mancebo, — dejad esta merequía (2),
porque os trais — en días de etiquía (3).
Tomad mi consejo,~andados á Francia.
— Dodona, dodona (4),— mi cara de luna,
vos que estáis en quince, — ¿yo que mal os hice?
— A Hebrón me vo— y aquí os dejo,
con vida y salud— yo ya me alejo
y decidme, ¿qué haré? — ¿Cómo lo rellevaré
yo en este mundo? —
Si os encampatéis (5),— ya podéis decirlo;
más mal es el mío, — que de encubrirlo.
De los cielos vino, — cale recibirlo.
— Yo ya te quería — más que mi hermano;
no tienes remedio — en este verano.
Buscados remedio, — ni tarde ni temprano.
— Ay! vos sois una rosa — que nunca se amurcha (6).
(1) Variante.
Que de vuestros fuegos— yo ya me así.
(2) Melancolía.
(3) Tisis.
(4) Parece término corrompido de dueña,
(6) ¿Os encubrís?
(6) Marchita.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 317
16.
Andando por estas mares,— navegando con la fortuna,
caí en tierras ajenas — donde no me conocían,
donde no cantaba gallo — ni menos canta gallina,
donde crece naranja — y el limón y la cidra,
donde hay sacsis (1) de ruda — guardián de creatura.
;Ay! Julián falso y traidor,— causante de los mis males,
te entrastes en mis jardines — y me eugañastes.
í Ay! acogistes la flor de mí, — la acogistes á grano á grano.
¡Ayl con tu hablar delicato, — y me engañastes.
jAy! seendo hija de quien soy, — me casaron con Juliano,
hijo de un hortelano— de la mi huerta.
lAy! Julián, vamos de aquí, — de este mundo sin provecho.
Lluvia caiga de los cielos — y mos moje.
17.
El rey de Francia— tres hijas tenía,
la una labraba, — la otra cosía,
la más chiquitica — bastidor hacía.
Labrando, labrando, — sueño la vencía :
— No me harvéis (2) madre, — ni me harvariais,
sueño me soñí— de bien y de alegría.
Me aparí al pozo, — vide un pilar de oro,
Con tres pajaritos— picando al oro.
Me aparí al armario,— vide un manzanario,
con un bulbulico (3)— picando al manzanario.
Detrás de la puerta,— vide la luna entera;
(1) Palabra turca que sií?niíica vaso de flores.
(2) El verbo hervar, en la jerigonza liispano-judaica, equivale á herir.
(3) Diminutivo persa que quiere decir ruiseñor pequeño.
318
LÍRICOS CASTELLANOS
alrededor de ella, — sus doce estrellas,
— El pilar de oro — es el rey to novio.
Y los tres í)ajarit08 — son tus entenadicos.
Y el manzanario, — el rey tu cuñado.
Y el bulbulico, — hijo de tu cuñado.
Y la luna entera, — la reina tu suegra,
Y las doce estrellas, — sean tus doncellas.
Estas palabras diciendo, — coches á la puerta,
ya me la llevan — á tierras ajenas.
A los nueve meses, — parir quería.
— Levantéis, conde, — levantéis, monde,
que la luz del día— parir quería.
Llamadla á mi madre — que me apiade.
Tomó jarros de rosas en su mano — y bogos (1) de fajadura.
En medio del camino. — mizva (2) vería llevar.
— ¿Qué es esto mi conde? — Vuestra hija verdadera
se tornó á casa — triste y amarga (3).
18.
Estrellas no hay en los cielos — el lunar no ha esclarecido,
cuando los ricos mancebos — salen á caballería.
Yo estando en mi barco, — pescando mi provería,
vide pasar tres caballeros — haciendo gran polvaría.
Un baque dieron en la agua, — entera se estremecía.
Echí ganchos y gancheras — por ver lo que sería,
vide un duque educado — que al hijo del rey parecía.
Un paívand (4) lleva en el brazo, — cien ciudades y más valía.
(1) En el dialecto de los judíos, ¿ogo quiere decir paquete.
(2) Voz turca, de que se sirven los judíos de Turquía para designar el
ataúd, y aun todo el cortejo fúnebre.
(8) Tanto por el metro como por el contenido, recuerda este romancillo
los que suelen cantar los niños en sus corros.
(4) Del v^x^^ pabend, cadena.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 3i9
Un anillo lleva en el dedo, — mil ciudades más valía.
Camisa llevaba de Holanda, — cabezón de perlería.
En mi buena de ventura, — salió el rey de Constantina.
Recogí la mi pesca, — al lugar la tornaría.
Yo mi camino en mano, — al serrallo del rey me iría.
Vide puertas cerradas, — ventana que no se abría.
Batía la puerta,— demandí quien había.
Bajad, mi señor rey,— os contaré lo que vide :
Yo estando en mi pesca, — pescando mi provería,
vide pasar tres caballeros — haciendo gran polvaría.
Un bulto llevaba en su hombro —que de negro parecía.
Un baque dieron en la agua, — y la mar estremecía.
Las estrellas de los cielos — y el lunar se obscurecía.
— De ver tala manzía,
echí la mi pesca — por ver lo que había, etc. (1)
19.
Yo estando en mi pesca, — pescando mi pobrería,
vide pasar tres cabayeros — aziendo gran polvería.
Un bulto yevavan en un hombro— que de negro paresía:
un báqui dieron en la mar, — que lá mar estremisía.
Eché las mis pescas — por ver lo que abía.
Vide un duque educado— que al ijo del rei paresía;
Un aniyo yevaba en un dedo— que mil ciudades y más valía.
Camisa yeva de holanda, — cabesón de perlería.
Arrecoxí la mi pesca,— al lugar la tornaría.
Tomí camino en mano, — al sarai (2) del rei me iría.
Vide puertas cerradas, — ventana que no se abría.
(1) Este romance se deriva seguramente de los que se compusieron á la
muerte del duque de Gandía (núms. 26 y 27 de nuestro Apéndice á la Prí-
7nnvera).
(2) Sarai, en persa y turco palacio.
320
LÍRICOS CASTELLANOS
Batí la puerta, — demandé quien abía.
Abaxa, mi señor, — vos contaré lo que vía.
Yo estando en mi pesca, — pescando mi probería,
vide pasar tres cabayeros — aziendo gran polvería;
un bulto yevavan en un hombro— que de negro paresía.
Un báqui dieron en la mar, — que la mar estremisía,
las estreyas de los cielos,— y el lunar se escondía,
— de ver tal amansía.
Eché las mis pescas— por ver lo que abía (1).
20.
(Nochebuena, nochebuena, — noches son de enamorar.
Cuando las doncellas dormen,— el lunar se va encerrar.
Allí estaban diez doncellas, — todas las diez á un metal.
Saltó la vieja de ellas— (vieja era de alta edad) :
— Dormais, dormais, doncellas; — si dormides, recordad,
mañana os hacéis viejas— y perdéis la mocedad).
Se iba la Melisselde, — para la caja (2) se iba.
Se emborujó en un manto de oro— por f altura de brillar.
Allá, en medio del camino,— alguaciles fué á encontrar :
— ¿Qué buscáis, Melisselde? — ¿Qué buscáis por este lugar?
— Vo ir donde una hacina (3),— mala está de no sanar.
Dadme este cuchillo, — el cuchillo de cortar,
que quero echar estos perros — que no me valgan detrás.
Alguaciles, con bondades,— se lo dieron el cuchillo por el cor-
Milisselde, con malicia, — se lo encajó por el cortar (4). [tar.
(1) Es una variante del romance anterior, publicada con observaciones
lingüísticas por D. A. Sánchez Moguel en el Boleim de la Real Academia
de la Historia (tomo XVi).
(2) ¿Calle?
(3) En dialecto judaico-español, eiifenna.
(4) Hay otra variante de este romance, de la cual Danon copia los ver-
sos que siguen :
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDIOS DE LEVANTE 321
21.
— ¿Dónde os vais, caballero? — ¿Donde os vais y me dejáis?
Tres hijicos chicos tengo,— lloran y demandan pan.
— Os dejo campos y viñas, — y por más media ciudad.
— No me basta, caballero, — no me basta para pan.»
Echó la su mano al pecho,— cien doblones le daba ;
— Si á los siete no vengo, — al ocheno os casáis.»
Esto que oió su madre, — maldición le fué echar.
Pasó tiempo y vino tiempo, — escariño la venció.
Aparóse á la ventana, — á la ventana de la mar.
Vido naves galeonas, — navegando por la mar :
— Si vierais al mi hijo, — al mi hijo el caronal?
— Ya lo vide al vuestro hijo,— al vuestro hijo el caronal.
La piedra poE cabecera, — por cubierta el arenal.
Por demás tres cuchilladas, —
por la una entra el sol, — por la otra el lunar,
por la más chiquitica de ellas — entra y sale un gavilán.
Esto que oió su madre, — á la mar se fué echar.
— No os echéis, la mi madre, — que soy vuestro hijo carnal.
Una vez que sois mi hijo,— ¿qué señal dabais por mí?
— Bajo la teta izquierda, — tenéis un benq (1) lunar.
(Tomaron mano con mano, — junto se echaron á volar.) (2)
Noche buena, noche buena— noches son de enamorar.
¡Oh qué noche, la mi madre!— no la puedo soportar,
dando vueltas por la cama -como pescado en la mar.
Tres hermanicas eran ellas— todas las tres en un andar.
Saltó la más chiquitica de ellas:— Yo relumbro como el cristal.
Dormais, dormais, mis doncellas,— si dormides, recordad.
Mientras que sois muchachas— guardados la mocedad.
Mañana en casando— no os la dejarán gozar.
En su primera forma, el romance judío recuerda el de «Rico Franco»
{Prii7invera, 119), y los asturianos «Venganza de honor» y «La hija de la
Viudina», (34-38).
(1) Mr. Danon deriva esta palabra del turco y dice que significa maji-
cha. ¿No podría ser más bien corruptela del adjetivo bel (bello)?
(2) Este romaiíce tiene reminiscencias del 185 de la Primavera: «Por la
Tomo X. 21
322
LÍRICOS CASTELLANOS
22.
Una fuente hay en Sofía — corriente de agua fría.
Quien bebia de aquel agua,— al año preñado venía.
Por su negra ventura, — la infanta bebería.
Parida está la infanta,— parida está de una hija.
Por encubrirlo del rey, — hízose de la hacina (1),
Envió llamar al conde, — al conde que ella quería.
El conde que haiga oido, — no retardó su venida.
Camino de quince días — en cinco le tomaría.
— Estéis en buen hora infanta. Bien venido el conde.
Toméis esta hija, — en puntas de vuestras faldas.
A la entradfe de la puerta, — con el rey se encontraría.
El rey demandó al conde : — (—¿qué lleváis en punta de las
[faldas.
— Almendricas verdes llevo, — gnstizo de una preñada.
— Dadme á mi unas cuantas, — para mi hija la infanta.»
Estas palabras diciendo, — la creatura lloraba.
El rey demandó á los suyos, — qué consejo le daban.
Unos dicen que los mate— otros dicen que los case,
(al rey mucho le place) — (2).
23.
(Ya se asentaron los dos reyes,— y el moro blanco tres,
y la blanca niña con ellos.
Ya se asentan al juego, — al juego de ajedres.
Juga el uno, juga el otro, — jugan todos los tres.) (3)
matanza ya el viejo», y todavía más de la variante portuguesa de Tras os-
Montes, que publicó Almeida-üarret (pag. 240 de este tomo).
(1) Se fingió enferma.
(2) Es una mala variante de los romances asturianos de «Doña Urgelia»
y «jjoña Enxendra» (38-41), del portugués de «Doña Ausenda», etc.
(3) Hay también esta variante citada por Danon :
Tre.3 palomas van volando— en el palacio del rey.
Volan, volan y posan— en el palacio del rey.
La jugó el rey su padre —al j uego de ajedrés.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JÜDÍOS DE LEVANTE 323
Ya la gana el moro blanco, — de una vez hasta tres.
— ¿De que lloráis, blanca niña? —De que lloráis blanca flor?
Si lloráis por vuestro padre, — carcelero mío es.
Si lloráis por vuestra madre — guisandera mía es.
Si lloráis por los tres hermanos — ya los maté á los tres.
— Yo no lloro ni por mi padre ni por mi madre — ni por mis
si no que yo lloro — por mi ventura cuala es. [hermanos tres;
— Vuestra ventura, mi dama, -al lado la tenéis.
— Una vez que sois mi ventura—dadme el cuchillico de ciprés;
lo mandaré á mi madre— que sé guste de mi bien.
El moro blanco se le dió derecho, — la blanca niña lo tomó á
se lo encajó por el bel (1). [través,
24.
— Dicho me hablan dicho — que mi amore está en Venecia,
asentado en una mesa— con una linda Francesa.
Madre, dadme la licencia,
¿Cuando vo ir á servir
á mi marido gentil?
— Hija mia si te vas— hace bien parar mentes.
En la ciudad que irás, — no has primos ni parientes.
A los ajenos hace parientes,
no te hagas aborrecer,
hija de buen parecer.
— Mi madre cuando morió, — morió con su buen tino.
A los amigos encomendó —que me den un buen doctrino.
Ellos me dieron un espino,
no me dejaron gozar;
casadica quero estar.
— Quien quiere ser casada,— no conviene ser morena,
(1) Bel, palabra turca que quiere decir los ríñones ó los lomos, según
A. Danon — Este romance pare oe derivarse del de « Rico Franco » (núme-
ro 119 de la Primavera).
324
LÍRICOS CASTELLANOS
sino blanca y colorada, — redonda como la perla;
no debe ser morena,
no debe ser picuda,
sino harif (1) y aguda,
menuda como la ruda (2).
25.
( — ¿De que lloras, blanca niña? — ¿De que lloras, blanca, flor?)
— Lolóro que perdi las llaves,— las llaves de mi cajón.
— De plata las perdites, — de oro te las hago yo.
— Ni de oro ni de plata— las mis llaves quero yo?
— ¿De quien eran estas armas — que aqui las veo yo?
— Vuestras son, el mi señor rey,— vuestras son, mi señor,
que os las trujo mi señor padre — de las tierras de Aragón.
— ¿De quien es este caballo? — que aqui lo veo yo?
— Que os lo mandó mi hermano — de las tierras de Aragón.
— ¿De quien es este cauq (3) — que aqui lo veo yo?
Que os lo mandó mi padre— de las tierras de Aragón.
— Merced á tu padre, — que mejor lo tengo yo (4).
Tres hijas tenia el rey, — tres hijas cara de plata.
La mas chiquitica de ellas— Delgadilla se llamaba.
Un día de los dias, — se asentaron en la mesa.
En comiendo y bebiendo : —
— ¿Que me mira, señor padre? — ¿Que me mira que me mata?
(1) Palabra talmúdica, que quiere decir ingetiiosa.
(2) Es canción lírica y moderna.
(3) Palabra turca que quiere decir gorra tle paño.
(4) Casi inútil parece advertir que este romance es el popularísimo de
«La esposa infiel >, del cual se lian recogido tantas versiones tradicionales
en España.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 325
—¿Que te miro, la mi hija? — Que te miro y que me enamoro.
— No lo quere ni el Dio ni la gente — ni la ley santa y bendita,
ser comle8a(l) de mi madre — y madrastra de mis hermanas.
— Remata Delgadilla, — remata perra mala.
Si el rey de la tierra quiere, — por espada sois pasada.
Allá, en medio del camino, — que le fragüen (2) un castillo,
ni puerta ni ventana— para Delgadilla.
¿Que comida le darian? — carne cruda bien salada,
que se muera de sed de agua. — Allá fin de quince días,
allá fin de tres semanas, — un día por la mañana,
se asentó en la ventana, — vido pasar á sus hermanas.
— Hermanas mías queridas, — hermanas mías amadas,
deisme un poco de agua,
que de sed y no de hambre— al Dios vo dar la alma.
— Vate de aqui Delgadilla, — vate de aqui, perra mala,
el rey tu padre si lo sabe— por espada sois pasada.
Allá fin de quince días, — allá fin de tres semanas,
un día por la mañana— se asentó en la ventana,
vido pasar á su padre : — Padre mío, muy querido,
padre mío, muy amado,— deisme un poco de agua,
que de sed y no de hambre — al Dios vo dar la alma.
— Remata Delgadilla,— remata, perra mala,
si el rey tu padre quere — por espada sois pasada.
Allá fin de quince días, — allá fin de tres semanas,
un día por la mañana — se asentó en la ventana,
vido pasar á su madre :— Madre mía, mi querida,
madre mía, mi amada, — deisme un poco de agua,
que de sed y no de hambre— al Dios vo dar la alma.
— Presto que le traian agua, — de las aguas destilladas,
para Delgadilla. — Hasta que trujeran agua,
Delgadilla dió la alma (3).
(1) Combleza, manceba.
(2) Fabriquen.
(3) Es una nueva y bastante apreciable versión de «Delgadina», que
debe añadirse á las numerosas que en esta colección hemos recopilado.
320
LÍRICOS CASTELLANOS
27.
Traisió la Duvergiui— por el palacio del rey.
Vestida iba de pretos,— de su cabeza á los pies.
El rey estando en la miFa,— vido pasar una mujer;
vestida iba de pretos,— de su cabeza á los pies.
Preguntó el rey á los suyos : — Quién es esta mujer?
—Madre de Duvergini- que en preso lo tenéis.
Siete años anduvo, siete — que en preso lo tenéis.
— Saliremos presto de la misa — y lo iremos á ver.
—Buenos días, Duvergini ^Bienes me tenga, señor rey.
Siete años anduvo, siete — que en preso me tenéis.
Ya me crecieron las uñas— de un palmo hasta tres.
Ya me crecieron los cabellos— de un palmo hasta seis.
Ya me crecieron las pestañas — que ya no puedo ni ver.
—Presto que la quiten á Duvergini. —
y que lo lleven al baño,— al baño que bañó el rey.
Que lo vtstan el vestido, — vestido que vestió el rey.
Que lo suban á caballo,— caballo que caballó el rey (1).
28.
Arboleda, arboleda, — arboleda tan gentilj
en la rama de más arriba — hay una boJisa (2) d'Amadi,
peinándose sus cabelles — con un peine de marfil;
la raiz tiene de oro,— la cimenta de marñl.
Por allí pasó un caballero - caballero tan gentil :
— ¿Qué buscáis, la mi bolisa? — ¿qué buscáis vos por aquí?
— Busco yo á mi marido, — mi marido D'Amadi.
— ¿Cuánto dabais la mi bolisa,— que os le traigan aquí?
— Daba yo los tres mis campos— que me quedaron de Amadí.
(1) Es el romance de «Vergilios» fnúm. 111 de la Primavera J.
/2) Dama, ¿egúli la interpretación de A. Tanon.
ROMANCES TRAD. ENTUE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 327
El uno araba trigo — y el otro zengefil (1),
el mas chiquitico de ellos — trigo blanco para Amadí.
—¿Mas que dabais, la mi bolisa,— que os lo traigan aquí?
— Daba yo mis tres molinos— que quedaron de Amadí.
El uno moliaclavo-y el otro zengefil,
el mas chiquitico de ellos —harina blanca para Amadí.
— ¿Mas que dabais, la mi bolis^,— -que os le traigan aqui?
— Daba yo las tres mis hijas— que me quedaran de Amadí.
La una para la mesa, — la otra para servir,
la mas chiquitica de ellas — para holgar y para dormir.
— Dados á vos, la nú bolisa,— que os la traigan aquí.
— Mal año tal caballero — que tal me quijo decir.
— ¿Qué señal dais, la mi bolisa — que os la traigan aquí?
— Bajo la teta izquierda — tiene un benq maví (2)
— No maldigáis la mi bolisa— yo soy vuestro marido Amadí.
Echados vuestro trenzado, — me subiré yo por allí.
(Tomaron mano con mano— y se fueron á holgar) (3).
29.
Ya vienen los cautivos— con todas las cautivas.
Dentro de ellas — hay una blanca niña.
¿Para que la traen— esta blanca nina,
que el rey Dumbélo— se enamoraría?
— Cortadle, señora, — el beber del vino,
que perde colores^ — que cobra suspiros.
— Cuanto mas le corto— el beber del vino,
mas se le enciende- su gesto valido,
— Cortadle, señora, — el beber del clarOj
que perde colores, — que cobra desmayos.
(1) Jengibre.
(2) Un lunar azul.
(3) El principio de este roniance recuerda el de la «Infantina». Lo de-
más difiere y se asemeja más bien al de las señas del esposo.
328
LÍRICOS CASTELLANOS
— Cuanto más le corto — el beber del claro,
mas se le enciende — su gesto galano.
— Mandadla, señora, — á lavar al rio,
que perde colores — que cobra suspiros.
— Cuanto más la mando — á lavar al rio,
mas se le enciende — su gesto valido».
Ya amaneció el dia, — ya amanecería,
cuando la blanca niña — lavaba é tendía,
¡oh! qué brazos blancos — en el agua fría.
— Mi hermano Dumbelo — por aqui si pasaría.
— ¿Que hago, mi hermano— las ropas del moro franco?
— Las que son de seda— echadlas al nado:
Las que son de sirma (1) — encima de mi caballo.
—Abriréis, madre, — puertas del palacio,
que, en lugar de nuera,— hija yo os traigo.
— Si es la mi nuera— venga á mi palacio,
si es la mi hija— venga en mis brazos.
— Abriréis, mi madre, — puertas del cillero,
que, en lugar de nuera, — hija yo os traigo.
— Si es la mi nuera — venga en mi cillero,
si es la mi hija — venga en mis pechos (2).
30.
Levanteisos vos toronja — del vuestro lindo dormir.
Oiréis cantar hermoso — á la sirena de la mar.
— Sirena de mar no canta — ni cantó ni cantará,
sino que es un raancebico — que me quere alcanzar.
Si lazrará (3) dia y noche, — no me podrá alcanzar.
(1) Palabra turca que quiere decir filigrana, según A. Danon; pero na
parece que viene aquí muy al caso.
(2) Es una preciosa variante del romance asturiano de 'Don Bueso»
(núms. 16 y 17 de nuestra colección).
(3) Los judíos usan el verbo anticuado lazrar ó lazdrar, en significación
de procurar con ansia alguna cosa.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 329
Las olas de mar son muy fuertes — no las puedo navegar.
Esto que oió el mancebo, — á la mar se fué á echar.
—No os echéis vos, mancebo, — que esto fué mi mazal (1).
(Echó su lindo trenzado — y arriba lo subió)
Ella se hizo una toronja— y él se hizo un toronjal.
{Tomaron mano con mano — y se echaron á volar)
(Volan, volan; ¿donde posan? — en el castillo del rey).
Esto que oió su padre— maldición le fué echar.
— No maldigáis, vos mi padre, — que esto fué mi mazal.
(Tomaron mano con mano — y se fueron á volar)
(Volan, volan; ¿donde posan?— en el serrallo del rey)
(Tomaron mano con mano — y se fueron á casar).
31.
— Abridme, cara de flor, — abridme la puerta.
Desde chica erais mía; — en demás ahora.
Bajó cara de flor — abrirle la puerta;
toman mano con mano, — junto se van á la huerta.
Bajo de un rosal verde, — allí metieron la mesa.
En comiendo y bebiendo, — junto quedaron dormiendo.
Al fin de media noche, — se despertó quejando :
— Dolor tengo en el lado — que me responde al costado.
— Os traeré médico valido— que os vaiga mirando.
Os daré dinero en bolsa— que os vaiga gastando.
Os daré fodolas (2) frescas— que vaigais comiendo.
— Después que matáis al hombre— miráis de sanarlo.
(1) Mi destino. Mazal es palabra hebrea.
(2) Palabra turca que quiere decir panes.
330
LIRICOS CASTELLANOS
32.
Ya quedaron preñadas,— todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
Ya cortaron fajadura,— todas las dos en un día,
.la reina con la cautiva.
La reina corta de sirma, — la cautiva de china,
y hicieron los dulces— todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina hizo de azúcar,— la cautiva enjuagadura.
Ya Ies toman los partos,— todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina colcha de sirma;— la cautiva estera pudrida.
Ya parieron— todas las dos en un día,
la reina con la cautiva.
La reina páre á la hija, — la cautiva páre al hijo.
Las comadres son ligeras,— trocan á las creaturas.
La reina en la camareta, — la cautiva en la cocina.
Allá, en medio de la paridura— cántica la cantaba :
— Lálo, lálo, tu mi espacio (1), — lálo, lálo, tu mi vista;
si tu eras la mi hija, — ¿que nombre te metería?
Nombre de una hermana mía — que se llamaba Vida.
Lálo, lálo, tu mi alma,— lálo, lálo, tu mi espacio;
si tu eras la mi hija— ¿que hadas te hadaría?
El rey por alli pasara, — las palabras oiría :
— ¿Que habla la mi cautiva?— ¿que dice la mi cautiva?
— Si queréis saber, mi rey,— mi estado enriba la estera pu-
Las comadres fueron ligeras— trocaron á las creaturas. [drida.
Tomó el rey con su mano— trocó á las creaturas.
Tomó el rey hadas grandes,— hadaría á la cautiva;
arriba la subiría;
y á la reina— á fondo la echaría (2).
(1) Es decir: «tú cine dilatas mi corazón de alegría».
(2) Es el tan conocido romance de «Flores y Blanca Flor», tradicional
en Asturias, Montaña de Santander, Cataluña y otras partes.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEV^A^TE 331
33.
Levantíme, madre, — un lunes por Ja mañana;
me laví las manos,— también mi linda cara.
Me asentí en la ventana, — vide pasar un mancebico.
—alto era como el pino.
Se lo demandí d mi padre— que me lo diera por marido.
Mi padre por no descontentarme-— presto atorgó conmigo.
Lo demandí á mis hermanos— que me lo dieran por marido.
Mis hermanos, por no descontentarme— presto atorgaron con-
Lo demandí á mi madre— que me lo diera por marido, [migo.
Mi madre por contentarme — presto atorgó conmigo.
A la entrada de la puerta, — me pareció un cirio encendido.
A la subida de la escalera, — me pareció un cirio florido.
A la entrada de la sala, — me pareció una almenara.
A la entrada de la cama,— me pareció un viudo entendido.
Si se lo digo á mi padre — me dice : tu te lo quijistes.
Si se lo digo á mis hermanos— me lo toman por mal hadado.
Si se lo digo á mi madre, — luego se mete á llorar conmigo.
(Ahora por mis pecados, — me lo llevo yo conmigo).
34.
Enfrente veo venir— como un grano de granada.
Le preguntí al mocico :— ¿casada era ó muchacha?
— Casada, por mis pecados; — siete maridos ha tomado,
á todos los siete los ha matado. — Y vos si sois el mi marido,
mi encendéis una candela.— Hasta que encendió la candela,
le regió la linda cena — de alacranes y culebras.
— Y vos si sois el mi marido,— coméis de esta linda cena.
Hasta que comió la linda cena— le regió la linda cama
— de cuchillos y espadas.
— Vos si sois el mi marido, — os echáis en esta linda cama.
332
LÍRICOS CASTELLANOS
ün botón desabotonaba,— ciento y uno abotonaba.
Hasta fin de media noche— sueño lo vencía.
— en la pierna se le echaba.
Desenvainó la su espada — la cabeza le cortaba (1).
35.
Asentada está la reina, — asentada en su kiojé (2),
labrando un destemel (3), — la labor del menekjé (4).
Allá, fin de media noche, — la puerta se le batía.
¿Quien es que bate la puerta? — Yo soy, la mi bolisa,
— abridme, la mi bolisa.
— No te abro, mi mezquino, — si no viene mi señor.
— Tu señor lo mataron Moros, — el haber te truji yo.
Si no te crées, la mi bolisa, — el chapéo lo llevo yo.
Tomó el candil en su mano, — presto bajó y abrió.
A la entrada de la puerta— el candil se le amató.
¿Que es esto mi mezquino,— que vuestra usanza no es así?
— Tengo los ojos marchitos— que no los puedo abrir.
Ya le da á lavar piés y manos — con agua de jabón.
Ya le da la tobaja (6)— de sirma y clavedon.
— ¿Que comida le daremos?— Una toronja y un salmón.
La toronja le vino dulce — el salmón le amargó.
En comiendo y bebiendo, — (en la pierna se le echó.
Desenvainó la su espada,— y la cabeza le cortó).
Por la ventana la mas alta— por alli lo arrojó.
— Tu muerto en el callejón (6).
(1) Este romance parece de origen judaico, y está compuesto con remi-
niscencias del Libro de Tobías y del Libro de Judit.
(2) Palabra persa que equivale á camarín.
(3) Un pañuelo. Destemél es palabra persa.
(4) De color de violeta: voz persa también.
(5) Toalla.
(6) El principio de este romance recuerda el de <Yo me era mora Mo-
raima». Lo demás difiere.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEV4NTE 333
36.
En la ciudad de Marsilia,— una linda dama
se tocaba y se afeitaba — (y en la ventana se asentaba.
Por alli pasaba un mancebico); — vestido iba de malla.
De besarlo me dió gana :
— Ven aqui tu, pastor lindo, — gozarás de los mis bienes.
Comerás y beberás— y hacerás tu lo que queres.
— Yo no oio á mujeres,
—Le dijo Sel vi—
que yó con mi galána
me quiero ir.
— Si tu vias mis cabellos —tan rubios y tan bellos.
— Va, ahórcate con ellos,
— Le dijo Selví —
que yo con mi galana
me quiero ir.
— Si tu vias las mis manos — con mis dedos alheñados.
Cuando paso por la plaza,— todos se quedan mirando.
— En el fuego sean quemados
—le dijo Selví —
que yo con mi galana
me quiero ir.
— ¿Pastor malo en mi que vites— que á mi no me quijites?
Los ángeles de los cielos — ya te vieron lo que hizites.
— Ni con esto me vencites
— le dijo Selví—
que yo con mi galana
me quiero ir.
— Allá valgas, pastor lindo, — allá valgas y no tornes;
tus hijicas huerfanicas — tu mujer venga en mi mesa.
— Maldición de puta vieja
no me alcanza á mi
— le dijo Selví —
33i
LÍRICOS CASTELLANOS
que yo con mi galana
me quero ir (1).
37.
Mal año tripa de madre— que tanta hija parió sin un hijo
Saltó la más chica de ellas : [varón.
— No maldigáis señor padre — que yo parezco varón.
HacedQie un jubón de seda —
— Tienes los pechos grandes— no los puedes encubrir.
— Hacedrae un jubón de seda— que yo los puedo encubrir.
— Tienes cabellicos rubios,— no pareces á varón.
— Hacedme un cauq (2) ancho — que parezca á varón.
Arma muías y caballos— y á la guerra ya se va.
A la ida de la guerra— á todos daba selam (3).
En la primera batalla, — tres cabezas ya apuntó.
En la segunda batalla, — el cauq se le caió
El buen rey que lo vido, — caió y se desmayó.
Ni con vino ni vinagre,— el buen no se retornó.
Mujdegis (4) que han venido— que la hija ya tornó.
— y la guerra ya venció.
La recibió el su padre: —que ya pareces á varón.
—Y el romance se acabó (5).
(1) Es una graciosa variante del romance «De una gentil dama y un rús-
tico pastor » (núm. 145 de la Primavera), que también existe en la tradi-
ción popular de Andalucía.
(2) Gorro.
(3) Saludo.
(4) Palabra árabe que quiere decir los emisarios que trasmiten buenas
noticias.
(5) el romance de «Don Martinos ó de la doncella que va á la gue-
rra», popular en Asturias, Portugal y Cataluña.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 335
38.
— Una ramica de ruda — di, mi hija, ¿quiéa te la dió?
— Me la dió nn inancebico— que de mí se enamoró.
— Hija mía, mi querida, — no te eches á perdición.
Más vale un marido más, — que una nueva amor.
— El mal marido, mi madre, — el pellizco y la maldición;
el nuevo amor, mi madre, — la manzana y el limón.
Me demanda una demanda— que me hace morir.
Me demanda baño en casa, — ventanas par él yalí (1).
Los muslukes (2) sean de oro,— las pilas de fagfurí (3).
¿Qué demanda me demanda — que me hace tresalir (4)?
39.
Siete años anduví — por una linda dama;
no me la dejan ver— ni por puertas ni ventanas.
Híceme un Eomero— de la Koma santa.
Fui á la su puerta, — demanda le demandaba
(la madre cosía — la hija labraba):
— Levantéis, bolisa,— del vuestro labrado;
le deis la limosna — á este Romero.
—Madre, la mi madre,— ¿qué es este mal Romero?
Yo le dó la limosna, — él me apreta el dedo.
— No pecáis, la mi bolisa,— que él allá es un ciego.
— A tientas, á tientas, — os apretí el dedo.
Mostradme, bolisa, — ¿por dónde es el camino?
(1) Palabra turca que quiere decir la playa.
(2) Grifos del baño (en turco^.
(3- Porcelana (en árabe).
(4) J)e tresaillir, francés. En otra variante, estremecerse.
Me parece notar parentesco entre este romance y el «de la gnimaldade
rosas» (núm. 144 de la Primavera),
336
LÍRICOS CASTELLANOS
Yo OS daré á vos — anillo de oro fino.
Mostradme, bolisa,— ¿por dónde dó el paso?
Yo os daré á vos —anillo de oro (¿en?) mano. —
Estas palabras diciendo — al hombro se la echó.
Pregoneros salían— por todas las vías.
¿Quién vido á la ñor— y la florería?
— ¿Quién vido al Romero— que bulto llevaría?
(—Si es la mi hija, — traédmela al lado.
Si es la mi nuera,— llevadla al palacio) (1).
40.
Una dama muy hermosa— que otra mejor no hay.
Sayo lleva sobre sayo, — un jubón de clavedón.
Camisa lleva de Holanda, — sirma y perla el cabezón.)
La su frente reluciente, — sus cabellos brilles (2) son.
La su ceja muy nacarada, — los sus ojos almendras son.
La su nariz pendolica, — las sus caras yules (3) son.
La su boca muy redonda,— sus dientes perlas son.
La su garganta delgada, — sus pechos nares (4) son.
El su bel, muy delgado, — y su boy, selví boy (5).
A la entrada de la misa,— la misa (6) se relumbró.
El tañedor que la vido — de rodillas se asentó.
— Tañed, tañed, desdichado, — que por vos me vine yo.
Y por el quien vine yo—no está en la misa, no.
Cl) Á propósito de esta canción cita Puymaigre el romance portugués
«O CQgO^^ {^omancezro £-enera¿ de ^rSigSL, pág. 149. — Cancos pop, do Ar-
chipelago agoriano, pág. 373. — Cantos poptilares do Brazil^ I, 349).
(2) Oropel, en dialecto judaico-hispano.
(3) Rosas. Es palabra persa.
(4) Granadas. También es voz persa.
(5) Esta jerigonza, entre turca y persa, quiere decir, según Danon, que
el cuerpo de la muchacha es alto y esbelto como el ciprés.
(6) Misa está aquí por iglesia.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 337
Siete años hay que espero— como mujer de honor.
(Si al ocheno no viene — al noveno me caso yo.)
Me toma el rey de Francia — ó el duque de Stambul.
Í3i el duque no me quiere, — me toma el tañedor;
que me taña el día y la noche, — que me cante el albor.
Tomaron mano con mano — y juntos se fueron los dos.)
41.
Quien se casa con amores, — simpre vive con dolores.
Ella una mujer pomposa; — él, un hombre gastador.
— Gastí mi hacienda y la suya — y la que su padre le dió.
Ahora, por mis pecados, — vine á ser un cardador.
Yo cardo mi oquita (1); — mi mujer, hiladla vos.
Hiladla muy bien delgada, — que así quijo el patrón.
Tengo los ojos marchitos, — de meldar (2) la ley de Dios.
— Más y más yo los tenía — de labrar en el bastidor.
Traedme seda de Brusa, — clavedón de Stambul.
Os labraré el sol y la luna, — y las estrellas cuantas son.
Que se lo mandéis donde mi padre — que sepa de mi dolor.
Si preguntan mis hermanos,— les decís que no lo hice yo.
Si pregunta la mi madre,— le decís que lo abrí yo,
— que llore -ella y lloro yo.
42.
Ir me quero, la mi madre, — ir me quero, y me iré,
Y las yerbas de los campos— por pan me las comeré.
(1) Oca, peso otomano de 400 dracmas; 312 dracmas eauiv^alen á un kí-
logramo.
^2) Leer ó aprender.
Tomo X. • 22
338
LÍRICOS CASTELLANOS
Las lágrimas de los ojos, — por agua me las beberé.
(Y en medio del camino, — una kulé (l) fraguaré.)
Por adentro kauli-katil (2) — por afuera serrallo del rey.
Todo quien pasa y torna, — arriba los llamaré.
Ellos que canten sus males^ — más y más yo les cantaré.
Si los suj^os salen los muchos, — á paciencia yo los tomaré.
Si los míos salen más muchos, — á la mar me echaré.
43.
Horicas de tarde— el Chélébi (3) venía,
toma el pico y la chapa— á cavar se iría.
Ella ya sabía — detrás se le iría,
vía que se entraba— donde la nueva amiga.
Entró más adentro, — por ver lo que había,
vido mesas puestas —con ricas comidas.
Pesquir (4) de Holanda,— salero de plata,
sal de la Valaquia.— El vaso le daba,
— saludar se saludaba.
— De hija que os nasca — con la nueva amiga.
Entrí más adentro— por ver lo que había,
vide camaretas — con ricas cortinas.
Él, en camisica, — ella, en jaquetica,
lo oí que le dice: —Mi alma y mi vida.
(Tornóse á su casa— triste y amarga.)
Cerra á su puerta — con siete aldabas;
toma la cuna delante— al que más quería :
— Dormite, mi alma, — dormite, mi vida,
que tu padre estaba— donde la blanca niña.
(1) Palabra árabe que quiere decir torre.
(2 Palalabras turcas que A. Danon interpreta nn repaire cVhommes de
sac et de cor de.
(3) El amo ó el dueño: palabra turca.
(4) Servilleta, en turco.
ROMANCES TRID. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 3
(Allá á media noche— la puerta le batía):
— Abridme, mi alma, — abridme, mi vida,
que vengo cansado— de cavar las viñas.
— No venis cansado — de cavar las viñas,
sino que veníais— de la nueva ami^a.
No es más hermosa — ni más colorida;
carica encalada, — cejica teñida.
— Si es por cadenas, — os haré manillas.
— No quero cadenas —ni quero manillas,
donde estuvisteis de prima,— estados hasta el día
44.
Mi padre era de Francia, — mi madre de Aragón;
se casaron junto— para que nasca yo.
Él, come el pescadico,— las espinicas yo;
él, come la franzelica (1),— los mendrugos yo.
Él, bebe el vino puro —y la agüita yo;
él, se echa en cama alta, — en la esterica yo.
Allá fin de media noche, —agua le demandaba;
agua no había en casa;— á la fuente la enviaba;
la fuente era longe. — Sueño la vencía;
por allí pasó un mancebo — tres palabras le echó.
45.
Por esta calle que vó, — me dicen que no hay salida.
Yo la tengo que pasar, — aunque me cóste la vida.
La vida me alargáis,
La olor me retornáis.
Paróse á la ventana — cara de lindo papel :
(1) Palabra turca, que equivale á rau de flor.
340
LÍRICOS CASTELLANOS
— Dadme un poco de agua- -que yo me muero de sed.
— No tengo taza ni jarro — ni con qué daros á beber.
— Dadme con vuestra boquita — que es mas dulce que la miel.
La vida me alargáis.
La olor, etc.
Por esta calle que vó— echan agua, crece ruda.
Esta la pueden llamar, — la calle de las agudas.
Ocho y ocho diez y seis, — veinte y cuatro son cuarenta (l);
la moza que me quere bien — déjeme la puerta abierta.
La vida me alargáis.
La olor, etc.
Yo á vos mucho quería — y no á otra amarilla;
de veros día por día, —
La vida me alargáis.
La olor, etc.
¿Hasta cuando me dais pena? — Vos sois blanca y no morena;
me metéis en preso y cadena.
La vida me alargáis.
La olor me retornáis (2).
46.
Vos venid, mi dama, — por la mañana :
beberéis raki (3)— con naranjada,
(1) Danon explica estos números diciendo que hay ocho días de bodas,
y ocho desde el día del parto hasta el de la circuncisión.
(2) Esta composición y casi todas las que siguen no son romances, sino
canciones líricas, de varias formas, pero se incluyen aquí tanto por su
analogía métrica con el romance propiamente dicho, como por dar mues-
tras de los diversos géneros populares que actualmente cultivan los he-
breos oriundos de España. Esta canción y las tres siguientes son de las que
suelen entonarse en los regocijos de las bodas.
(3) Raki, palabra turca con que se designa una especie de aguardiente.
El principio de esta canción recuerda una sabida letrilla de Góngora-
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
Y ríase la gente.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDIOS DE LEVANTE 341
Hablaremos, burlaremos,
bodas haremos.
Vos venid, mi dama, — por entre el día;
haremos la boda - con alegría.
Venid, mi dama,
hablaremos, etc.,
bodas, etc.
;Ohl que caminado — á paso á paso!
El que os creó — es el de en alto.
Venid, etc.,
hablaremos, etc.,
bodas, etc.
¡Oh! ¡que relustror — de cara y de frente!
Vos me parecéis — la luna creciente.
Venid, mi dama,
hablaremos, burlaremos,
bodas haremos.
47.
Me ven chiquitica, — pensan que soy chica.
Las de mi edad — mandan hijos á moldar (1).
Me ven jugar coches, — pensan que es de doces.
Mi madre, ¿cuando ya?
No puedo soportar.
Me ven jugar dados, — pensan que es ducados.
Mi madre, etc.
No puedo, etc.
Hijas de quince años— hijos en los brazos
Yo de veinte y cuatro — sin casar y sin gozar.
Mi madre, ¿cuando ya?
No puedo soportar.
(1) En dialecto judaico-hispano, leer. Danon la deriva de la palabra
meliodare, que por 8u forma parece latina, pero (lue no consta en el glosa-
rio de Ducaage.
LÍRICOS CASTELLANOS
48.
Hablar yo os quero laquirdi (1) secreto,
porque yo me topo en grande apretó,
de ver vuestra ceja y el ojo preto...
Vos sois mi amiga mas y mas que hija,
dadme un consejo como que me rija.
No topí muchacha que os asemeja,
sois muy convenible como la oveja.
Vuestros cumplimientos no son cosa poca,
se desmayan gentes cuando abréis boca.
Me echáis palabras que en la alma tocan.
Quien fuera poUico y vos ser la clueca.
Decidme mi doña, en que me determino.
Si es que hay provecho, mostradme camino,
porque no me pasa ni agua ni vino.
No me deis en mano de médico ni adevino.
Hoy ó mañana espero respuesta,
por acompañaros junto en la fiesta.
Mi vida sin vos nada no apresta;
si me dais á mano, yo estó alesta.
(- Provecho no tenéis ni este verano,
mirados remedio tarde ó temprano)
(Ya me apiado mas que un hermano),
no estoy en tiempo de daros á mano (2).
49.
Ya vino el niño, — ya vino el niño;
y, de los cielos altos,— el patrón del mundo,
(1) Palabra, en turco.
(2) Composición interesante por su forma métrica, que tiene analogía
con el romance a>-.turiano núm. 58, y con varias poesías populares de Ga-
licia, antiguas y modernas.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 343
«el, que haga este mandado,— ogurli (1) bien estrenado.
íAyI de la romería. —
Con sí trae el niño — toda la pedrería.
En bien sea venido. — lAyl toda la ley santa.
Nuestro padre es el bueno — y un midrás (2) le fragua.
En bien sea venido. — Y un midrás le fragua
■en piedras preciosas, — y ricas esmeraldas,
la menora de oro — y de la fina plata.
Aceite de oliva — la oliva clara.
En bien sea venido. — Y digaisle : el hizo á los cielos.
Gentes bajaban, — malahim (3) subían.
Y, en la su boca, — le echó una llavezica.
Cuando el señor del mundo— licencia le daría,
con bien lo querería. —
Y, en las sus plantas, — tres ramas traía,
para guardar al niño — y á la bien parida (4).
50.
¡Ay! ¡que mañanica clara — amanecía por aquí!
iAy! ¡que ventura la nuestra— hoy nos trujo por aqui!
— Por mandado vine aqui— en que fui muy arrojado.
De hoy en tres años mejorado. —
Se levantó señor parido— en una mañanica clara,
A la puerta de la esnóga (5). — ¡Ayl alli se le alborearía,
(1) En turco, buen agüero.
(2) Escuela.
(3) Angeles, en hebreo.
(4) Esite romance, en v iado á Mr. Danon desde Salónica, pertenece al
género de los que se cantan en la noche que precede al día de la circunci-
sión, noche que los judíos pasan en vela para preservar al recién nacido de
las asechanzas de los e3píritus de las tinieblas-
(5) Sinagoga.
344
LÍRICOS CASTELLANOS
libro de oro en la su mano. — ¡Ay! buenas berahot (1) cantaba,
donde le nace un bien venido. — Que los muchos años le pa-
ira (2).
51.
Cantar quero una farsa (3)
que nos sea por membranza,
contar todo lo que pasa
por la cabeza del hombre.
Desde que nace el chico,
hasta años cuatro cinco,
como se crea el pellico
asi se crea el hombre.
Quien lo abraza y quien lo besa;
alegría de la mesa;
cuando hablar ya se envesa (4),
de verlo se gusta el hombre.
En los brazos de su padre
y en los pechos de su madre,
como la rosa que se abre
asi asemeja el hombre.
Dicen : ¡si verais su gracia,
cual os sea la ganancial
Ni en Venecia ni en Francia
(1) Bendiciones, en hebreo.
(2) Esta especie de romance puede servir de muestra de los que se can-
tan para festejar el nacimiento de un niño. Los versos 3 y 4 están puestos
sin duda en boca del recién nacido. Con la extraña frase de Señor parido
se designa al padre de la criatura. Este romance procede de Salónica coma
el anterior.
(3) Esta composición humorística es seguramente muy moderna, é in-
dica la triste decadencia á que ha llegado la musa judaico- castellana en
las comunidades de Turquía. Parece que de estos versos con chistes como
de almanaque se componen todavía bastantes.
(4) Se aveza, se acostumbra.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 345
no lo vido ningún hombre.
Cuando tiene los diez años,
todos sus hechos son daños,
de destruir y romper paños
que no abastece el hombre.
Lo que quere habla y dice
y no hay quien le avise.
Dicen : tiendrá años quince,
de suyo se hace hombre.
Cuando ya va por los veinte
se hace un león fuerte.
En casar su tino mete
por entrar en cuenta de hombre.
Ya casó como puedía,
alcanzó lo que quería.
Esto es toda su alegría
que ha de alegrarse el hombre.
Antes que pase la añada,
la mujer le queda preñada.
Si son dos una entrada,
mala lo encampa el hombre.
Y va todo de dolores,
huiendo de los deudores.
Se le perde las colores
de la cara del hombre.
Se quema como la brasa,
empeza á vender de casa (1).
De aqui empeza la causa
de atemarse (2) el hombre.
Huie en aquel instante,
le demanda casa aparte.
Aqui empeza el combate
de la mujer con el hombre.
(1) Es decir, los muebles de la casa.
(2) Extenuarse ó consumirse.
346
LÍRICOS CASTELLANOS
Cuidados por muchas bandas
empezan con las demandas :
halebís (I) puntas y randas
que lo destruían al hombre.
Cuando tiene los cincuenta,
tiene dolores sin cuenta.
La vejez que lo apreta
y gobiernos del hombre.
De sesenta ya empeza
á trocársele la fuerza.
Ya tiene el pie en la fuesa.
¿Qué espera mas el hombre?
De setenta como loco
todos lo toman en poco.
Se le aflaquece el meollo
de la cabeza del hombre.
Se le doblan los enojos,
se le nublan los ojos.
Empeza á buscar anteojos
para atinar al hombre.
Cuando tiene los ochenta,
en un cantón se asenta.
De nada le hacen cuenta
ni lo contan mas por hombre.
Los noventa de en mentó,
ni en ciienta os lo meto.
Ya se conta como muerto,
no se conta mas por hombre.
Si todo esto sabemos,
¿en que nos lo contenemos?
Si en riqueza diremos,
no lo escapa (2) al hombre.
Quien quiere escapar de penas
(1) Gorros de Alepo.
(2) Es decir: no le libra, no le salva de morir.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVA.\TE
haga bien con manos llenas.
Téjuba (1) y hechas buenas
es lo que escapan al hombre.
Y todo esto no cabe
en hombre que ya sabe.
Cuanto mas viejo es, mas sabe;
cuanto mas viejo mas hombre.
Cuanto mas se envejece,
mas y mas en séhel (2) crece.
De ver sus caras, parece
malahim (3) en forma de hombre.
No os rabeis (á) tan presto,
porque hablo deshonesto;
por mi hablo todo esto,
no lo dije por ningún hombre.
52.
Cuando el rey Nemrod al campo salía,
miraba en el cielo y en la estrellería.
Vido luz santa en la Judería,
que había de nacer Abraham abinu (5).
Luego á las comadres encomendaba
que toda mujer que preñada quedaba
la que pariere hijo que lo matara,
que había de nacer Abraham Abinu.
La mujer de Terah quedo preñada.
De día en día le preguntaban :
—¿De que tenéis la cara mudada?
Ella ya sabía el bien que tenía.
Ij En hebreo, penitencia.
2) En inteligencia: es voz hebrea.
(3) Angel.
(4) Rabiéis ú os enojéis.
(5) Patriarca. Del hebreo.
348 LÍRÍGOS CASTELLANOS
En fin de nueve meses parir quería.
Iba caminando por campos y viñas.
A su marido tal no le descubría.
Topó una meara (1), alli lo pariría.
En aquella hora él hablaba :
— Andados de mi madre, de la meara,
yo aqui topo quien me hablara,
porque soy creado del Dio bendito.
En fin de veinte días lo fué á visitar.
Lo vido de enfrente mancebo saltan (te)
mirando al cielo > bien atentan (te)
para conocer al Dio bendito.
— Madre la preciada ¿que buscáis aqui?
— Un hijo preciado pari yo aqui.
Vine á buscarlo si está por aqui,
si es que está vivo me consolo yo.
— Madre, la mi madre, ¿que hablas habláis?
un hijo preciado ¿como lo dejais?
En fin de veinte dias ¿como lo visitáis?
yo soy vuestro hijo, creado del Dio.
Mirad la mi madre que el Dio es uno,
el creó los cielos uno por uno.
Decidle á Nemrod que perdió su tino,
porque no quere creer en el verdadero.
Lo alcanzó á saber el rey Nemrod ésto.
Dijo : que lo traigan ahina y presto
antes que desreinen (2) á todo el resto,
y dejen á mi y crean en el verdadero.
Ya me lo trujeron con grande albon (3).
Trabóle de la silla un buen trabón.
— Di, raja (4), ¿porque te tienes tu por Dios?
¿Porque no queres creer en el verdadero?
(1) En hebreo, caverna.
(2) Destronen.
(3) Con muchos ultrajes. Del hebreo.
(4) Fn hebreo, impío.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 349
— Encended un fuego bien encendido,
Echadlo presto porque es entendido.
Llevadlo con trabuco porque es agudo.
Si Dios lo escapa es verdadero.
Echándolo al horno, iva caminando,
con los malahim iva paseando.
Los leños fruto iban dando.
De alli conocemos al Dios verdadero.
Grande zehut (1) tiene el señor Abraham abinu,
que por él conocemos al Dios verdadero.
Grande zehut tiene el señor parido
que afirma la mizva (2) de Abraham abinu.
Saludemos ahora al señor parido :
que le sea besiman-tob (3) este nacido.
EUahu-Hanabi (4) nos sea aparecido,
y daremos loores al verdadero.
Saludemos al compadre y también al moel (6).
Que por su zehut nos venga el goél (6)
y rihma (7) á todo Israel.
Cierto loaremos al verdadero (8).
53.
A Yerusalaim, ciudad estimada,
serrallos y mulkes (9) y vicios dejaba.
(1) En hebreo, mérito.
(2) Prescripción.
(3) De buen a/?üero.
(4) El profeta Elias.
(5) Al que circuncida.
(6) El Mesías.
(7) Redima.
(8) Poesía religiosa de carácter semílitúr^ico. Ei una mezcla de diver-
sos Midraschim.
(9) En árabe, inmuebles.
350
LTRíGOS CASTELLANOS
Sueños de mis ojos de mí se tiraba.
Allí daremos loores y alabaciones.
A Yerusalaim la ida sin vuelta.
Parece á la gente que es á la vuelta.
Sabedlo que es una gran revuelta.
Allí, etc.
A Yerusalaim la luz de mis ojos.
Con ello dejamos los nuestros enojos.
Con vida y salud vean nuestros ojos.
Allí, etc.
A Yerusalaim lo vemos de enfrente.
Parece á la luna cuando está creciente.
Con ello dejamos primo y pariente.
Allí darémos loores y alabaciones (1).
54.
(Un lunes me levantí, — un lunes por la mañana).
Tomí areo en mi mano —y ordení esta cántica,
también de la madrugada.
— Así viva el nikokiri (2) —que vaiga por la plaza;
que me merque harina blanca— para hacer el pan de casa,
también de la madrugada».
El marido por la puerta, — el enamorado por la ventana :
— Abridme, mi blanca niña, — abridme, mi blanca dama,
también, etc.
Los pies tengo en la nieve, — la cabeza en la helada.
— lAh! mujer, la mi mujer, — ¿á quién dais tanta palabra?
También, etc.
— Al mozo del panadero —(que los malos años haga).
(1) Se cantaba probablemente en la víspera de la partida de un pere-
írrino para Jerusaléa (A. Danon).
(2) Voz corrompida de la griega ohoy.vqr,^ : el amo de la casa.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDIOS DE LEVANTE 354
Harina no tengo en casa, — levadura me demanda,
también, etc.
¿Dónde te escondo, mi alma? — ¿Dónde te escondo, mi vida?»
Lo escondió en una caja,— la caja era de pimienta,
también, etc.
El marido que viniera, — el enamorado que estornudara :
— ;Ah! mujer, la mi mujer, — ¿quién estornuda en esta caja?
También, etc.
— El gato de la vecina — que á los ratones alcanza».
Tomó la balta (1) en su mano— y rompió la linda caja,
también, etc.
— lAh! mujer, la mi mujer, — yo no vide gato con barba,
mostachico retorcido— y zapatetica trabada.
También, etc.
Tomó la balta en su mano, — la cabeza le cortaba.
Quien tiene mujer hermosa, — que la tenga bien guardada.
Se la llevan de la cama — y se queda él sin nada,
también de la madrugada (2).
55.
Vos venid, mi dama, mi cara de luna,
yo os diré coplas ventiuna,
os las cantaré una por una :
Como me kidearon (3) á llevar el pato.
El pato tenía vedijas de gordura.
Me topí fajando á la creatura,
en año de hambre y mucha secura.
Como, etc.
(1) El hacha: es voz turca.
(2) Es una nueva forma del romance de «La esposa infiel >. Parece mo-
derna, y tomada de la décima novela de la quinta jornada de Boccacio,
quien á su vez la hahía imitado de Apulej'o (Metnmorphoseon, IX).
(3j Es un verbo turco que significa forzar ú obligar.
352
LÍRICOS CASTELLANOS
El pato tenía plumas de colores;
por donde pasaba dejaba olores,
yo me lo creí con muchos dolores.
Como, etc.
El pato tenía pluma amarilla,
yo me lo creí con mucha alegría,
yo por este pato quedí sin manilla.
Como, etc.
El pato tenía pico colorado,
ya se lo comieran con vino delgado.
¿Quién le culpa esto? Lo culpa mi cuñado.
Como, etc. •
Un día me fui para la Castoría.
Vide mucha gente, me torní vacía.
No tuví moneda, vendí la manilla.
Como, etc.
Un día me fui para la plaza,
vide un morico con un pático.
No tuví moneda, vendí el librico.
Por este pecado no comí un pedazico.
¿Cómo me kidearon á llevar el pato? (1)
56.
Oid coplas nuevas por el mal de Francia,
Escritas con fuego de alma y con mucha ansia.
Todo quien las oie, cierto se enfastia.
Roghemos al Dio, hermanos, que el es nuestro padre,
Se apiáde de sus hijos y no se retarde.
(1) No es fácil adivinar el sentido de esta macarrónica composición, que
parece un juego de palabras para divertir á los niños. Infiérese de ella que
los judíos españoles usan la frase llevar el pato, en significación de ser en-
gañado ó cJiasqiieado, lo cual no diñere mucho de nuestra expresión fami-
liar pagar el Pato.
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 35 3
Bendito su nombre grande y alabado.
En los cielos y en la tierra uno es mentado.
El que dá la llaga, dá su cura al lado.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Grande milagro es este que no se entendía :
Un reinado bueno que había y se perdía.
;Ay! que todo toca á la Judería.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Desde que este mundo fué acimentado,
no se tiene oido ni visto tal desbaratado.
De vez que la pénso quéro ser atado.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
¡Ah! que este mundo fué en nuestra suerte!
Con mézonot (1) no se burla, que es cosa muy fuerte.
Quien se embeza bueno le viene la muerte.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Veneciano es este que está en desparte.
- El Turco no tiene ni arte ni parte.
El Francés con todos está en el combate.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Zaruret (2) muy grande estámos llevando.
Mercaderes y corredores y el esnaf (3) llorando.
El gaste pujado, los kiares (4) cortádos.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Hébrot (6) por afueras es cosa muy fuerte.
(1) En hebreo, subsistencia.
(2) Miseria, en árabe.
(3) Gremios ó corporaciones. Es voz árabe.
(4) Beneficios. Es palabra turca.
(5) En hebreo, sociedad. Entiéndase aquí comercial.
Tomo X. 23
354
LÍRICOS CASTELLANOS
Va y viene y jara que ya se mantiene,
y el que no tiene, el Dio lo sostiene.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Todo el que no tiene en Galata (1) hecho,
va y viene á casa, se escupe en el pecho.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Cuando ya le sube la sangre á la cabeza,
Va y viene á casa, á vender empeza.
Sale como loco, no sabe lo que pensa.
Eoghemos, etc.
Se apiade, etc.
Lágrimas me corren como es un rio.
Cien mil gracias oigo al dia, ni de una rio.
¡Ay! que todo esto es un desvarío.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Mirad que estamos en un mundo falso.
Cuando os veis uno al otro, alargad el paso
Dejad los zapatos y huid descalzo.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
No nos conviene hablar de este modo,
porque todos queremos comer á un modo,
todos nos queremos vestir á un modo.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Salud que nos dé el Dio por rellevarlo.
Dános la vida segura para soportarlo.
Dánoá el bien presto, el mal olvidado.
Roghemos, etc.
Se apiade, etc.
Azúcar y paño no se mete en tino.
(1) Arrabal de Constan tinopla, que es el centro del comercio
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS I>E LEVANTE 3o5
Kermes y ropas finas subieron al pino.
Esta mala guerra cerra el camino:
Roghemos al Dio, hermanos, que él es nuestro padre,
Se apiade de nosotros y no se retarde (1).
Además de estos romances, consta la existencia de otros
muchos entre los hebreos españoles de las comunidades de
Levante. Algunos estarán ya olvidados sin duda, pero se
han conservado sus principios por la circunstancia de ha.
ber sido acomodadas sus melodías á otros himnos religio-
sos en hebreo, á pesar del ceño con que siempre han mira-
do esta aplicación los más severos rabinos. En una de las
colecciones de letanías rimadas que se conocen con el
nombre de juncos (del persa jonq^ harpa), manuscrito que
posee A. Danon, y que contiene muchos versos inéditos de
Israel Nagara, poeta neo -hebraico de principios del si-
glo XVII, se ven notados, siempre con letras hebreas, los
aires y las palabras de las canciones turcas, árabes, grie-
gas y españolas, cuyas melodías adapta, procurando á ve-
ces imitar la rima, y valiéndose otras del procedimiento de
la aliteración. De este manuscrito, que se remonta á 1641,
ha entresacado Danon numerosos principios de romances,
algunos de los cuales (los que indicamos de letra cursiva)
corresponden á textos conocidos :
No sé qué iré, á dónde iré...
Estábase la infanta,..
Siempre procuráis^ madre, de engañarme...
Si os juro, el mi amor, que no tengo...
(1) Esta canción histórica, en que un judío se queja de lo mal (lue an-
daban sus negocios mercantiles fué compuesta, al parecer, en tiempo de
la revolución ñ-ancesa ó de las guerras de Napoleón. Procura remedar la
forma acróstica de algunos salmos, pero no resulta completo el alefato he-
braico, sin duda por haberse perdido varias estrofas.
356
-LÍRICOS CASTELLANOS
¡Oh qué lindo amor que hay en esta villa...
Dama, así es la razón...
Morenica, morenica, galana y bella...
Espera, espera...
Los ojos de la blanca niña — no hacen sino llorar.
Doliente estaba Alejandro,.,
Barberico, sácasme esta muela...
En copos de rama...
Par de la mar mis amores...
Morenica, qué te pone...
Soy triste amador...
Ya que en estas tierras — hay una doncella...
Yo estando en la mi puerta...
Adobar, adobar, caldero adobar...
La vida de los galeas — yo os la quiero contar,,.
Ea, digáis los veladores...
Alma mía, luz del día...
Yo amara una doncella...
Desde que perdí el mi amor, penas...
Hermano mío querido — de qué lloráis y de qué vais perdido
— el tino?— Lloro yo y me afino — que me aso y me traspaso,
y á mi dama no alcanzo— la llamo, no me responde— la busco
y se me esconde — y ahora no sé á dónde— toparé yo á mi...
Vente aquí, la mi dama...
Ay, ay, cómo haré...
A quien iré á contar...
No puedo, mi alma, — no puedo, mi vida...
Ay, ay! un pajarico...
Malo estaba el pastorico...
De la vuestra linda novia...
¿Quién me conoce, quién me conoce...
Yo me levantara un lunes...
Ea, llamábalo la doncella.,.
Yo en este mundo mucho caminaba— no sopí otro cpmo
[tí...
Viejo malo en la mi cama — á la fin no dormirá...
ROMANCES TRAD. ENTRE LOS JUDÍOS DE LEVANTE 337
A las huertas donde nacen las rosas...
Fuera va de tino — el triste amador...
En la colección de los poemas de Nagara impresa con
el título de Semiroth Israel (Venecia, 1600), se registran
también los siguientes principios de canciones españolas:
Pase abajo, Silvana...
Ahora lo negáis, señora...
Partisteis, amigo...
Pártome de amor, — que no lo puedo entender...
Gritos daba la pava por aquel monte...
A las montañas, mi alma, — á las montañas me iré...
Ay! decid, galana y bella...
Linda era y hermosa...
En sueño soñí, mis dueñas...
Alba y bicia, graciosa...
TJn hijo tiene la condesa...
Dulce sueño...
Alto y ensalzado...
Pregonadas son las guerras...
Ya se va el invierno — y viene el verano...
Madre ^ un mancehico...
Ya se parten las galeas...
Unas pocas de palabras.
Del dialecto y literatura de los judíos de origen espa-
ñol han tratado modernamente Kayserling en su Biblio-
teca Española- Portugueza- Judaica , Strasburgo , 1890
(vid. una leve indicación sobre los romances, pp. X — XII,
y una amplia colección de refranes al fin del libro), y
M. Grünbaun, Judisch-Spanische-Chrestomaikie (Frank-
furt, J. Kauffmann, 1896).
APÉNDICE
I. El Sr. Menéndez Pidal (D. Ramón) acaba de des-
cubrir UD nuevo romance fronterizo, en un manuscrito de
la Biblioteca de Palacio, que lleva la signatura 2 — H — 4,
y dice en el tejuelo Romances ynanuscritos. Es copia del
siglo XVII, que perteneció á un D. Erancisco de Henao
Monjaraz, y contiene, además de muchas poesías en di-
versos metros, una regular colección de romances, todos
artísticos ó eruditos á excepción del presente :
Romance de la pérdida, de Ben Zulema*
De Granada partió el moro — que se llama Ben Zulema,
allá se fuera hazer salto— entre Osuna y Estepa.
Derribado ha los molinos — y los molineros lleva,
y del ganado vacuno— hecho había grande presa,
y de mancebos del campo — lleva las trayllas llenas;
por hacer enojo á Narváez — pásalos por Antequera;
los gritos de los cristianos — hacían temblar la tierra.
Oído lo había Narváez — qu' está sobre la barrera,
y como era buen cristiano, — el corazón le doliera.
Hincado se ha de rodillas— y aquesta oración dixera :
«Señor, no me desampares — en esta ympresa tan buena;
que por te hazer servicio— dejo yo sola Antequera».
Mandó apercebir su gente, — quanta en la villa hubiera,
y por un xaral que él sabe — al encuentro le saliera.
360
LÍRICOS CASTELLANOS
Quinientos eran los moros,— sólo nno se les fuera,
que era el aicayde de Loxa — que buen caballo truxera.
Con la presa y cabalgada— vuélvese para Antequera.
El Sr. Menéndez Pidal, al publicar este romance en el
Homenaje á Almeida- Oarrett (Génova, 1900) le ha ilus-
trado con oportunas indicaciones históricas. Es de los
romances fronterizos que tratan sucesos más antiguos,
punto que se refiere á una batalla acaecida en 1.^ de Mayo
de 1424. El Narváez á quien se refiere es el alcaide de
Antequera Rodrigo, célebre por su cortesía con el moro
Abindarráez, tema de tantas narraciones poéticas. De la
hazaña que se decanta en este romance hace larga rela-
ción el Licenciado Alonso García de Yegros, en su His-
toria de Antequera (manuscrita todavía) que terminó en
1609; y advierte que «esta vitoria, cómo tan famosa, fué
»por los christianos muy celebrada en Antequera, y hoy
» aquella ciudad haze grandes fiestas todos los años el día
»de San Eilipe y Santiago en memoria della. En aquel
»tiempo hizieron unos versos que están en el archivo de
»lá ciudad de Antequera. Por estas coplas ó versos, aun-
»que torpes, se puede notar los trabajos que la gente de
» Antequera padecía en defensa de la ciudad».
Estos versos, que Yegros transcribe y de los cuales
puede decirse que es un trasunto su narración en prosa,
son unas coplas de arte mayor, compuestas por un Juan
Galindo, vecino de Antequera, y soldado jinete que asis-
tió á aquella jornada (1). Su congruencia con el romance
indica que éste también es muy antiguo y contemporáneo
del hecho que narra, lo cual acrecienta su interés.
(1) Pueden verse parte de estas coplas en el tomo IV del Ensayo de Ga-
llardo (col. 1.183).
APÉNDICE
361
II. Como nada de lo que se refiere á los romances viejos
puede ser indiferente, y conviene reunir el mayor número
de lecciones posibles de ellos, juzgo cosa útil dar aquí no-
ticia de un pliego suelto gótico de la Biblioteca Nacional,
que no ha sido utilizado hasta ahora, que yo sepa, y que
contiene con variantes, más ó menos felices, los romances
de Z>. Tristcm, de la gentil dama y el rústico pastor, de
Rosa fresca; y el de El Palmero, que Wolf excluyó sin
razón de la Primavera, siguiendo el erróneo dictamen de
Durán, que le tuvo por semialegórico y trovadoresco,
cuando es tan popular que todavía algunos de sus ver"
sos se repiten por el vulgo más indocto en campos y pla-
zas (vid. núm. 37 de nuestro primer apéndice á la Prima-
vera, núm. 53 de los romances asturianos, núm. 24 de los
romances andaluces). El pliego suelto de la Biblioteca Na-
cional da mejor texto que el de Sepúlveda, úuico que cita
Durán, y mucho más completo que el del pliego suelto de
Praga descrito por "Wolf.
Aquí comiencan diez maneras de roynances co sus villan-
cicos : é aqueste primero fué hecho al co7ide Oliva.
a) Yo me partí de Valencia — para yr en Almería...
(Romance lírico, estilo de trovadores),
b ) Eomance de D, Diego de Acuña :
Alterado el pensamiento — de ejercicio enamorado..,
c ) «Este romance añadió Quirós desde donde dize : ¿qué
es de ti, señora mía'^yy
Triste estaba el caballero— triste y sin alegj'ía...
d ) Villancico :
Cuydado, no me congoxes,
pues no dura
la vida do no hay ventura.
362
LIRICOS CASTELLANOS
e ) Otro romance viejo hasta donde dize «mi vida quie-
ro hazer», y de ahí adelante hizo Quirós.
Amara yo una señora — y améla por más valer...
f) Villancico.
g ) Este romance fizo Quirós al Marqués de Cénete por
los aníiores de la señora Fonseca:
Mi desventura cansada — de los males que hazía...
h ) Canción por deshecha,
i ) Otro romance de D. Tristán de Leonis:
Herido está Don Tristán— de una mala lanzada,
diera se la el rey su tío — con una lanza herbolada,
dió se la dende una torre — que de cerca no osaba,
tan mal está Don Tristán — que á Dios quiere dar el alma:
va se lo á ver Doña Yseo — la su linda enamorada
cubierta de paño negro— que de luto se llamaba. —
— «Quién vos hirió, Don Tristán —heridas tenga de rabia,
y que no hallasse hombre— que hubiesse de sanalla. —
Tanto están boca con boca — como una missa rezada,
llora el uno, llora el otro — la cama toda se baña,
el agua que de allí sale— una azucena regaba,
toda mujer que la bebe — luego se haze preñada,
que assí hize yo mezquina — por la mi ventura mala,
no más que della bebí — luego me hize preñada,
empreñé me de tal suerte — que á Dios quiero dar el alma. —
Allí murió Don Tristán— y su linda enamorada.
j ) Otro romance de un caballero, cómo le traen nuevas
que su amiga era muerta :
En los tiempos que me vi — más alegre y plazentero,
yo me partiera de Burgos— para yr á Valladolid,
encontré con un palmero — él me fabló y dixo assí :
— ¿Dónde vas tú, desdichado? — ¿Dónde vas, triste de tí?
;0h persona desdichada — en mal punto te conocí.
APÉNDICE
363
muerta es tu enamorada — muerta es que yo la vi,
las andas en que la llevan— de negro las vi cobrir,
los responsos que le dizen — yo los ayudé á dezir,
siete condes la llevaban — caballeros más de mil,
lloraban las sus donzellas —llorando dizen assi :
— ¡Triste de aquel caballero— que tal pérdida perdi. —
De que aquesto oyera mezquino — en tierra muerta cayó (sic).
desde aquellas dos horas — no tornara triste en mí,
desque me hube retornado — á la sepultura fui,
con lágrimas de mis ojos — llorando dezia assi :
— Acoge me, mi señora, — acoge me á par de ti. —
Al cabo de la sepultura — una triste voz oí :
— Vive, vive, enamorado — vive, pues que yo morí.
Dios te de ventura en armas — y en amores assi,
que el cuerpo come la tierra — y el alma pena por tí.
r ) ' Otro romance como un caballero pregunta á su pen-
samiento, y de la respuesta.
Dezi vos, pensamiento — dónde mis males están...
Deshecha.
El día de alegría
al que es triste
de mayor dolor le viste.
1 ) ¡Siffuese un romance de una gentil dama y un rústico
pastor.
Estase la gentil dama — paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos— que era maravilla ver,
hablara me desde lexos,— no le quise responder,
respondíle con gran saña:— ¿Qué mandays, gentil mujer?—
Con una voz amorosa — comenzó de responder :
— Ven acá, el pastorcico — si quieres tomar plazer,
siesta es de medio día — y ya es hora de comer,
364
LÍRICOS CASTELLANOS
si querrás tomar posada — todo es á tu plazer.
— No era tiempo, señora — que me haya de detener,
que tengo mujer é hijos — y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra — que se me iba á perder,
y aquellas que lo guardan — no tenían que comer :
— Vete con Dios, pastorcillo — no te sábes entender,
hermosuras de mi cuerpo — yo te las hiciera ver,
delgadita en la cintura — blanca so como el papel,
la color tengo mezclada — como rosa en el rosél,
las teticas agudicas— que el brial quieras hender,
el cuello tengo de garza— los ojos de un esparver,
pues lo que tengo encubierto — maravilla es de lo ver. —
— M aunque más tengáis, señora, — no me puedo detener.
m ) Romance de rosa fresca,
Eosa fresca^ rosa fresca, — tan crescida con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos — no vos supe servir, no,
y agora que os serviría — no vos puedo aver, no.
Vuestra fué la culpa, amigo, — vuestra fué que mía no,
embiastes me una carta — con un vuestro servidor,
y en lugar de recaudar — él dixera otra razón,
que érades casado, amigo, — allá en tierra de León,
que teneya mujer hermosa — é hijos como una flor. —
— Quién vos lo dixo, señora, — no vos dixo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla — ni en tierras de León,
sino quando era pequeño —que no sabía de amor.
III. Entre las canciones genuinamente catalanas cité
(página 249) la de la Dama (T Aragó (núm. 218 de Milá).
Examinándola ahora más atentamente, y fijándome en lo
que de ella escribió Wolf, que la da por versión del caste-
llano, reconozco que aunque enteramente catalanizada en
APÉNDICE 365
el lenguaje, corresponde al muy lindo romance que á prin-
cipios del siglo XVI glosó Antonio Euiz de Santillana.
«En Sevilla está una liermUa — cual dicen de San Simón»,
IV. De intento omití, al tratar de los romances tradi-
cionales de las Montañas de Burgos y León, uno genea-
lógico que puso Durán con el núm. 1.894 con este título:
«Querellase el señor de Linares de que á sí et á sus fijos
»les non atiende et fase tuerto». Basta leerle, en afecto,
para comprender, como ya insinuó Durán, que se trata de
uno de tantos pedestres y tardíos abortos de la musa he-
ráldica y linajuda, compuesto en lenguaje afectadamente
arcaico y lleno de anacronismos. Pero es tan singular el
modo y forma en que este romance ha llegado á nosotros,
y tanto el aprecio que sin razón han hecho de él muy doc-
tos escritores, que á título de curiosidad quiero consignar-
le, copiándole de un manuscrito inédito, que poseo, del gran
investigador montañés D. Rafael Floranes y Vélez de Ro-
bles, señor del despoblado de Tavaneros. Su texto difiere
en muchísimas cosas del que Amador de los Ríos comu-
nicó á Durán : las variantes de éste van apuntadas al pie.
«Por complemento de esta materia (dice Floranes en
»sus observaciones sobre la colección de poetas anteriores
»al siglo XV que formó D. Tomás A. Sánchez) pondré aho-
»ra un monumento de poesía perpetuado en forma de ins-
»cripción en las piedras de la fachada de la antiquísima
:&hermita de San Pelayo, del barrio de este nombre, en el
» Concejo de Varo, de la provincia de Liébana, mi Patria,
»y poco más de tres quartos de legaa del lugar de mi na-
y.cimiento (Tanarrio). El estilo y fineza de la dicción pa-
»rece mostrar haberse compuesto en el Reynado de Al-
366
LÍRICOS CASTELLANOS
»fonso XI (i), aunque introduciendo el poeta en la escena
»personas y acciones antiquísimas del tiempo del Rey
»Mauregato, contra cuya veleidad y mal gobierno son las
» querellas del caballero de la casa de Linares (siempre
»Patrona de esta hermita) en cuya cabeza y nombre se
» exponen, no sabemos si porque antiguamente estuviesen
»así escritas en latín, y en alguna renovación del edificio,
»cuando ya dominaba la lengua castellana, se tradujeron.
»Es pieza acéfala : faltan los dos ó más primeros versos,
»por haberse por allí consumido las piedras y la letra, eata
»sin duda, de la antigüddd que hemos dicho (*?). Los demás
» dicen como se sigue, aunque sin división de renglones,
»que aquí va hecha como corresponde. Por su antigüedad,
» elegancia y porción de historia que envuelve, no parece
»pieza indigna de merecer algún lugar en la colección de
»poesías de su género que trae entre manos el señor
» Sánchez:
Non vos tengo merescido — el tan menguado favor (1),
non me deis mezquino sueldo, — que heme comunal no soy (2).
He años ochenta é cinco— y en ellos sabedes vos (3) [tió.
cuanta (4) sangre este mío cuerpo— por el vuestro amor ver-
Non me fallé en Cobadonga, — más el mío Padre se halló (5)
cuando por el suo (6) Pelayo— peleó el mío Señor.
Por ende le fizo en Cangas — el suo merino mayor,
con que á las morismas haces (7) — llevaba vuestro pendón.
Y apenas el pelo en barba — tuviera é sabedes vos
(1) Falta este primer verso en Durán.
(2) So.
(3) En anos ochenta fizo,— en ellos sabedes vos.
(4) Cunta.
(5) Mi padre se halló.
(6j So.
(7) Y entre las morismas lides.
APÉNDICE
367
cuantas valentías fice— en las huestes de Almanzor (1)
4 quince (2) valientes moros — en el cerco de León
por un portillo sifiero — la entrada defendí yo (3).
Corrí las mesnadas moras — con los míos fillos dos,
y algunos míos escuderos — hasta la puesta del Sol (4).
Y entre las morismas haces (5)— una águila me guió,
despeinándome sus alas, — me la dieron por blasón.
En batalla en Cobadonga— mío padre ganó el honor
de la su empinada torre — como fuerte guerreador (6),
é quando en mi mancebía — tan alto volaba yo (7),
el águila me llamaron — que en fijo (8) miraba el Sol.
Lo que yo miraba en fijo— los Reyes pasados son,
porque non cegó mis olios (9)— el suo(lO) lindo resplandor.
Mas agora mis (11) fazañas — cuido que ciegan á vos (12),
porque non temáis (?) en mientes — el daylos (sic) buen galar-
[dón(13).
Negasteis á los míos fillos — el vuestro real pendón,
y ficisteis vuestro alférez — otro (14) que es menos que nos.
Mandastes (15) que los casase — muy alueñe (16) de su honor,
que mayores (17) infanzones— non fincan dentro en León.
Mas antiguos que el de Mier — tan nobles como Quirós,
(1) Este verso y el anterior faltan en Durán, y además los cuatro que
hablan de Covadonga y de Cangas están antepuestos á Jos de años ochenta.
(2) Estos moros no son más que siete en el texto de Durán.
•(3) La entrada por el Portillo— señero defendí yo.
(4) Fasta las crestas del Sol.
(5) - Porque á las morismas lides.
(6) Este verso y el anterior faltan en Durán.
(7) También falta este.
(8) Fito.
(9) Que nunca cegó á mis güeyos.
(10) So.
íll) Mías.
(I2j Creo que ciegan á vos.
(13) Pues que no tenéis en mientes— el dalles su galardón.
(14) Áotro.
(15) Mandasteis.
(16) Muy á luefto.
(17) Míchores.
3G8
^LÍRICOS CASTELLANOS
tan ricos como Quiñones — nobles (1) como Estrada son.
Lindeza (2) de fidalguía — la Montaña nos llamó
magüer que nunca la rueda — nos miró con un favor (3).
Mandaisme vuelva á la casa — que el pasado me fundó
cuando se fundó Trasmiera, — ¡lucido quedaba yo!
Bien sé yo cuando jDudiera — la mía mucho mejor
ser la primera del mundo — que otras que agora lo son,
magüer que las mías partes — podían ser Reys de León
por las fazañas tan grandes—que tan conocidas son (4),
yo vos fago pleytesía — magüer que mandares vos (5)
cabo era cuando pude (6) — facerme rey de León,
la mía bondad honrosa — nunca lo tal consintió (7),
aunque si lo consintiera (8) — cuydo non fuera traidor.
A los servicios tan leales — que fizo mi padre y yo,
nunca creí que tuvieran — tan menguado galardón.
Ficisteis (9) treguas con moros — non vos fago mengua, non,
que cuando fincáis sin lides — los buenos non son de pró;
asaz tenéis consejeros— tan mancebos como vos :
finquen con vos en solaz— que yo á la mía torre voy (10).
»Á poca distancia de la hermita se conserva la antiquí-
»sima torre de que aquí habla, y todavía en posesión de
»los caballeros Linares de aquella provincia, aunque hace
» tiempo no viven en ella, sino en otros lugares donde tie-
»nen mayorazgos».
(1) Buenos.
(2j Nobleza.
(3) Con deseo y con favor .
(4) Este verso y los siete que le anteceden faltan en Durán.
(5) Magüer non lo dudáis vos.
(6) Cá hobo era en que yo pude.
(7) Mas la mía bondad honrosa— nunca lo tal amañó .
(8) Y aunque lo tal amañara .
(9) Fecisteis.
(10) El texto de Durán añade dos versos al fin:
De Linares. Esto dijo— aquel anciano señor
■ al nieto de Don Pelayo,— primero rey de León. ^
APÉNDICE 369
El número de variantes que arroja la copia de Floranes,
comparada con la que enviaron de Liébana á Amador de
los Ríos es inverosímil tratándose de un texto grabado en
piedra y que no podía leerse de tan distintas maneras,
pero puede explicarse sin superchería de nadie por haber
desaparecido la inscripción original que todavía existía en
tiempo de Floranes (á cuyo texto me atengo), y quedar
otras copias más ó menos alteradas y retocadas.
A Floranes las letras le parecieron del siglo xiv: á Da-
rán le dijeron que eran de mediados ó fines del xv; pero
el estilo del romance, afectado y contrahecho, desmiente
tal antigüedad, y parece que le coloca en los últimos años
del siglo XVI, en que algunos romanceristas eruditos y
autores de comedias comenzaron á escribir en la jerigon-
za que llamaban fabla ó lenguaje antiguo. El «non es de
sesudos homes», y algunos otros romances del Cid que
tuvieron inmerecida boga á costa de los populares y pri-
mitivos, pueden servir de tipo de este ridículo género, ver-
dadera caricatura de la poesía nacional.
V. No es romance, pero sí poesía lírico-narrativa, de
carácter esencialmente popular y de metro muy afín al de
los romances, el lúgubre Cantar de los Comendadores de
Córdoba, que es la más preciosa muestra que tenemos de
las endechas ó cantos fúnebres usados en el siglo xv. No
debemos omitirle, por consiguiente; y á continuación va,
conforme al texto de Durán (núm. 1.902), que tuvo á la
vista, además del pliego suelto gótico intitulado Lamen-
iaciones de amor, el Cancionero llamado Flor de enamora-
dos de Juan de Linares (Barcelona, 1573) y un códice del
siglo XVI. Sobre la espantosa historia que sirve de argu-
mento á este cantar he escrito largamente en los prolegó-
menos al tomo XI de las Comedias de Lope de Vega re-
cientemente publicado por la Academia Española.
Tomo X. 24
LIRICOS CASTELLANOS
Cantar de los Comendadores.
«¡Los Comendadores, — por mi mal os vi!
Yo vi á vosotros, — vosotros á mi».
Al comienzo malo — de mis amores
convidó Fernando - los Comendadores
á buenas gallinas — capones mejores.
Púsome á la mesa — con los señores :
Jorge nunca tira — los ojos de mí.
«¡Los Comendadores, — por mi mal os vi!»
Turbó con la vista— mi conoscimiento :
de ver en mi cara — tal movimiento,
tomó de hablarme— atrevimiento.
Desque oí cuitada — su pedimiento,
de amores vencida — le dije que sí.
«Los Comendadores, etc.
Los Comendadores — de Calatrava
partieron de Sevilla — á hora menguada,
para la cibdad — Córdoba la llana,
con ricos trotones— y espuelas doradas.
Lindos pajes llevan— delante de sí.
«Los Comendadores, etc.
Por la puerta del Kincón — hicieron su entrada,
y por Sancta Marina— la su pasada.
Vieron sus amores — á una ventana :
á Doña Beatriz — con su criada.
Tan amarga vista— fuera para si.
«Los Comendadores, etc.
Luego que pasaron — d' esta manera,
ante que llegasen— á la Corredera,
le vino de presto— la mensajera :
dice que Fernando— estaba en la Sierra;
qu' en los quince días —no verná de alií.
«Los Comendadores, etc.
Apéndice
374
Desque ellos oyeron — aquella nueva,
la respuesta dieron — desta manera :
—Idos, madre mía, — en hora buena;
que la noche es larga — y placentera :
cenaremos temprano, — iremos dormir.
«Los Comendadores, etc.
Cenan los señores — y se dan prisa,
llegan donde amores — los atendían.
Acuéstase Jorge — con la su dama,
también el su hermano— con la criada,
y los cuatro gozan— de gustos sin fin.
«Los Comendadores, etc.
Entre mil regalos — Jorge se durmió,
pero sueño malo — dicen que soñó;
consigo puñaba — y se dispertó
temiendo la muerte,— que cierta halló.
Cubrióse su rostro — de frío sudor,
guarecerse quiso — de Doña Beatriz,
«Los Comendadores, etc.
Aun la media noche — no era llegada,
ya subía Hernando— por una escala,
y entra muy feroz — por la ventana,
un arnés vestido —y espada sacada.
— Caballeros malos, — ¿qué hacéis aquí?
«Los Comendadores, etc.
Y luego en entrando — sólo á una cuadra,
vido con sus ojos— su afrenta clara.
Pasó el pecho á Jorge— de una estocada,
y á Beatriz la mano— dejóla cortada,
y luego furioso — se salió de allí.
«Los Comendadores, etc.
Habló el hermano: — «Aquí me tenéis;
mi señor Hernando, — vos no me matéis :
á mi hermano Jorge — ya muerto le habéis.
La suya os perdono — si dejáis á mí.
«Los Comendadores, etc.
a
372
LÍRICOS CASTELLANOS
Dijo la cuitada — con gran recelo :
— Vos, amores míos, — tenedme duelo,
pues ya veis mi mano — por ese suelo. —
La triste tendida — sobre su velo,
bien junta con Jorge— degollóla allí.
«Loá Comendadores, etc.
Después de haber muerto — cuantos allí son,
anda por la casa — muy bravo león.
Vido un esclavo — detrás un rincón :
— Tú, perro, supiste — también la traición,
por lo cual, malvado, — morirás aquí.
«Los Comendadores, etc.
Jueves era, jueves, — día de mercado,
y en Sancta Marina — hacían rebato,
que Fernando dicen, — el que es veinticuatro,
había muerto á Jorge — y á su hermano,
y á la sin ventura — Doña Beatriz.
«Los Comendadores — por mi mal os vi».
VI. La precedente Lamentación debe de ser muy poco
posterior al trágico suceso que refiere, acaecido en 1448.
Consta que era ya muy popular en 1503, pues con ocasión
de la heroica muerte de D. Alonso de Aguilar se escribie-
ron aquel año unas Coplas sobre lo acaescido en la Sierra
Bermeja y de los lugares perdidos : tiene la sonada de los
Comendadores. (Pliego suelto gótico de la Biblioteca Na-
cional de Lisboa. — Reimpreso en Sevilla, por D. José
Vázquez Ruiz en 1889.) Esta especie de trova ó parodia
no tiene gran valor poético, pero por su interés histórico,
y por enlazarse con varios romances fronterizos (núms. 95
y 96 de la Primavera) he creído que no debía omitirla,
Ay Sierra Bermeja — por mi mal os vi,
que el bien que tenía — en tí lo perdí.
En tí los paganos— hallaron ventura.
APENDICE
tú de los cristianos — eres sepultura,
tinta tu verdura — de su sangre vi,
y el bien que tenía— en tí lo perdí.
Mis ojos cegaron — de- mucho llorar,
cuando lo mataron— aquel d' Aguilar,
no son de callar — los males de tí,
que el bien que tenía — todo lo perdí.
Es notorio á todos — el crescido mal
deste que á los godos — hallan ser igual,
¡oh mundo final! — ¿Qué diré de tí?
que el bien que tenía— todo lo perdí.
Muchos caballeros— con él se quedaron,
de sus escuderos— pocos escaparon,
todos acabaron — las vidas en tí,
y el bien que tenía— todo lo perdí.
Pues de los peones — no bastaba cuento,
hechos dos montones — pasaban de ciento,
si Dios fué contento— que pasase así,
ay Sierra Bermeja— por mi mal os vi.
En tí los mataban — sin ser socorridos,
el cielo rasgaban — con sus alaridos,
de arneses lucidos —cubierta te vi,
y el bien que tenia — todo lo perdí.
En tí se arrastraron — mil caras lucidas,
las despedazaron — con dos mil heridas,
las vidas perdidas — quexarán de tí,
que el bien que tenia— todo lo perdí.
jOh qué gran quebranto — de tal noche escura,
á do creció tanto — dolor é tristura,
do la desventura — hizo presa en mí,
y el bien que tenía — en ti lo perdí.
Mis barbas mesadas— con tales contralles
vi tus albarradas— hechas de caballos :
¿Quién podrá contallos —los daños que vi?
Que el bien que tenía— en tí lo perdí.
¿Qué memoria ruda— podría olvidalla?
LÍRICOS CASTELLANOS
Pelea tan cruda— sin haber batalla,
es para lloralla— y decir así:
«Ay Sierra Bermeja, — por mi mal te vi».
Mas dexando esto— que es para doler,
con turbado gesto— diré lo de ayer.
¿Quién podrá creer — lo que pasó allí,
que el bien que tenía— todo lo perdí?
Sin traer reguarda — ni tener socorros
dieron por Monarda — cuatrocientos moros
señores, con lloros — ayudad á mí,
aquel bien que tenía — en tí lo perdí.
Habed gran dolor — de tamaño estrago,
yo con disfavor— mis lágrimas trago,
día de aciago— para muchos vi,
yo el bien que tenía — todo lo perdí.
Nuevas sin placeres— para doloridos,
niñas y mujeres— daban alaridos,
todas sus maridos — llevan ante si,
el bien que tenía— todo lo perdí.
Á Axobrique fueron — ninguna dexaron,
tres se defendieron— allí los mataron,
todo lo ^levaron — luego van de allí,
y el bien que tenía— todo lo perdí.
La fortuna aviesa — como sea vil,
llevólos apriesa — á Gin Alguazil,
y aun de Setenil — muchos van allí,
y el bien que tenía— todo lo perdí.
Dicha se les da— á los moros presta,
Abenaheda—ip2L8&n luego desta,
sin armar ballesta — sacan los de allí,
y el bien que tenía — todo lo perdí.
Sin más reparar— salen de poblado,
á Benestepar— presto han arribado,
todo lo han robado— cristianos sentí,
que el bien que tenía — todo lo perdí.
Con el alegría— hacen maravillas,
APÉNDICE
375
ya bien alto el día — dieron en RotillaSy
puestos en traillas — todos van de allí,
y el bien que tenía — todo lo perdí.
De Benarraha — salen muy aina,
y con estos va— luego Tristelina,
pera muy contina — será para mí,
pues si bien tenía— todo lo perdí.
No fué menester — llegar á prendellos,
debéis de creer — que se van con ellos,
á Dios mil querellas — de tal cosa di,
que el bien que tenía — todo lo perdí.
Presto son salidas — con gran afición,
siendo descreídos— desde su nación,
;oh mortal pasión— ésta para mí,
que el bien que tenía — todo lo perdíl
Van por la mar — juntos mil y tantos,
¡con qué blasfemar — rasgaban los sanctos!
Sean hechos llantos — por ser esto así,
que el bien que tenía— todo lo perdí.
A la mar allegan — con poco revés,
cuatrocientos llevan— y más veinte tres,
señores, vereys — tal dolor sentí,
que el bien que tenía — en tí lo perdí.
¡Oh tristes litijos — para recontallos,
ver madres é hijos — aginchineallos (sic),
viendo aporreallos— van diziendo así :
«Ay Sierra Bermeja— por mi mal te vi».
A tales industrias — los moros atentos
entran en las fustas — mil é ochocientos,
sin contralles vientos— partieron de aUí,
y el bien que tenía— todo lo perdí.
No les valió Ronda,— Marbel la é Xhuena,
van por la mar honda— cresciendo su pena,
muerte será buena - á ellos é á mí,
que la negra Sierra — por mi mal la vi.
DE LOS ROMANCES VIEJOS CASTELLANOS
ÍNDICE GENERAL
TOMO I
Páginas.
Advertencia i
Introducción xiii
Romances relativos á la historia y tradiciones de Es-
paña 1
> del rey D. Rodrigo 2
» de Bernardo del Carpió. . 15
» del Conde de Castilla Fernán González. . . 28
> de los siete Infantes de Lara 37
del Cid 55
> del Rey D. Alonso X, llamado el Sabio 119
» del Rey D. Pedro I de Castilla, llamado el
Cruel 124
» fronterizos 141
» sobre la historia particular de los reinos de
Navana, Aragón y Nápoles. . 200
» novelescos y caballerescos sueltos 221
TOMO II
Romances caballerescos del ciclo Carlovingio 7
> sobre el Marqués de Mantua, Valdovinos y
Carloto 2Ü
378 LIRICOS CASTELLANOS
Páginas.
Eomances de Gaiferos 67
> de Montesinos 73
> de Durandarte 104
» de la batalla de Roncesvalles 108
> de Reinaldos 115
» del Conde Claros 132
» de Calaínos 149
Indicación por números de los' romances ordenados
según las tres clases características en que se han
intentado establecer 169
Apéndices á la «Primavera y Flor de Romances».
Advertencia del Sr. Menéndez y Pelayo 173
Apéndice I. — Romances procedentes de manuscritos,
de pliegos sueltos ó de colecciones antiguas 175
Apéndice II. — Romances que se han conservado por
medio del teatro. 259
Apéndice III. — Bibliografía y variantes de los primi-
tivos romanceros 281
TOMO III
Sección jprimera.
Advertencia preliminar 7
Romances tradicionales de Asturias 27
Sección segunda.
Advertencia preliminar 153
Romances tradicionales de Andalucía y Extremadura. 161
Sección tercera.
Romances tradicionales de varias provincias 201
ÍNDICE 379
Páginas .
Sección cuarta.
Romances portugueses de origen castellano 233
Sección quinta.
Romances castellanos tradicionales en Cataluña 247
Sección sexta.
Advertencia preliminar 295
Romances castellanos tradicionales entre los judíos de
Levante 303
Apéndice 359
ERRATAS QUE SE HAN NOTADO
Página 16, línea 24, dice rasgos, léase rastros
> 304, » 5, > real, » 7'eaL